Cualquiera pregunta primero si el contrato viene con flores o con corona. Es una tablita que se llama. Pero después de pensarlo, Dulce Rosario aceptó y con esa decisión nació una nueva etapa para la agrupación. Ya no eran solamente los sepultureros, ahora tenían una voz femenina al frente, algo poco común en los grupos tropicales de aquella época y eso los hizo diferentes.
La alineación quedó con Antonio Durán López en los teclados, acordeón, arreglos y composición, Dulce Rosario como voz principal y compositora. Adrián Cerna en el bajo, Jesús Toto en el requinto, Santos Cortés en la batería y Raúl Hernández en la guitarra. Desde ahí comenzaron los ensayos, las primeras canciones y la búsqueda de una disquera que creyera ellos.
Lo que no sabían era que aquella joven de voz dulce y presencia fuerte no solo iba a cantar con los sepultureros, iba a convertirse en el rostro que muchos recordarían para siempre. Y quién iba a pensar que al ponerle el nombre de Dulce Rosario al frente, aquel grupo llamado Los Sepultureros dejaría de sonar a entierro para empezar a sonar a éxito? Con Dulce Rosario ya metida de lleno en el grupo, los sepultureros dejaron de ser solamente aquellos muchachos de Guanajuato con nombres de espanto y empezaron a convertirse en algo más
serio. Ya no era solamente tocar en restaurantes, ferias o eventos pequeños. Ahora querían grabar, sonar en grande y demostrar que ese nombre raro también podía vender discos. Fue entonces cuando tocaron puertas hasta que Discos Plata les dio la primera oportunidad, pero la disquera les puso una condición.
Si querían grabar el disco tenía que traer cumbias porque la música tropical estaba pegando y muy duro y nadie quería quedarse fuera del baile. Ya saben que en esa época también estaba Rigo Tobar con su matamoros querido. Así fue como en 1972 lanzaron su primer sencillo, una canción escrita por Antonio Durán y en el lado P venía a bailar.
Otro tema que también empezó a gustarle a la gente y miren nomás ese disco de acetato empezó a moverse una historia que todavía hoy muchos la recuerdan. Pero no crean que de la noche a la mañana ya estaban en todos lados. Al principio la radio no los pelaba mucho, sus canciones sonaban poco, la difusión era escasa y parecía que el grupo iba a quedarse como otros tantos con talento, sí, pero esperando que alguien les abriera la puerta.
Y ahí entraron los que muchas veces han hecho famosos artistas antes que la radio, los sonideros. Ellos empezaron a tocar las canciones de Dulce Rosario y los sepultureros en calles, salones y bailes populares. Y como decía mi tía, cuando el pueblo adopta una canción, ya no hay locutor que lo pueda detener. ¿Por qué estás enojado, mi vida, mi cielo, mi papito.
Poco a poco el ropavejero empezó a meterse en el gusto de la gente. Después vinieron canciones como Baila mi cumbia, señorita cumbia, la viudita. Ay. Hace 7 meses que solita. Dulce tormento. Homero el jardinero. El jardín de los amores. Aquí está tu jardinero. Amor incomparable. Mi papaito. Porque estás enojado, mi vida, mi cielo, mi papito.
Mi tablita hija y la coleccionista. Porque tengo muchos novios, todos dicen que yo soy la coleccionista. Temas que fueron formando el sello de la agrupación. Déjenme contarles que en 1973 lanzaron otros discos de larga duración donde siguieron reforzando su estilo alegre, tropical y muy propio. Ya para 1975, el grupo estaba tan fuerte que recibió reconocimiento como conjunto sensación del momento y con canciones como Baila mi cumbia y el ropajero lograron colocarse entre los consentidos del público.
Pero fíjense que aquí la cosa apenas se empezaba a poner buena, porque el verdadero brinco llegó cuando dejaron discos plata. y que firmaron con Melody, una disquera más grande y que también traía muchos artistas de moda. Ahí regrabaron y reeditaron varios de sus éxitos. Y ahora sí, mi gente, la cosa se puso sabrosa.
Las ventas crecieron, la difusión aumentó, bailes se llenaban y Dulce Rosario se convirtió en la imagen que muchos identificaban de inmediato. Ahora el público los conocía como Dulce Rosario y los sepultureros y su carisma terminaron quedando al frente del grupo. El éxito no se quedó solo en México, también llegaron a sonar a los Estados Unidos, Centroamérica y otros países donde la cumbia mexicana encontraba terreno fértil.
Fueron invitados a programas, participaron en películas como El Federal de Caminos, Las Ovejas descarriadas, El Baile y el billetero. Y en los bailes la gente los recibía como verdaderas estrellas. Imagínense no más. Ahí fue cuando tocaron la cima. Entre los años 70 y partes de los 80, Dulce Rosario y los sepultureros vivieron su época más fuerte con giras, discos, reconocimientos y canciones que se volvieron obligatorias en las fiestas.
Porque vean amigos, una cosa es escuchar su nombre y otra muy distinta verlos en vivo con dulce al frente, los músicos vestidos con su estilo peculiar y ese ambiente de cumbia que ponía a bailar hasta el que decía que solo iba para estar viendo. Que tú sientes como que aquello es muy grandioso y dices, “¿Qué? yo me lo pedizo.
Y así fue como aquel grupo que empezó con un nombre que parecía de Panteón terminó convertido en uno de los nombres más recordados de la música tropical mexicana. Pero, ¿qué fue lo que realmente hizo que el público empezara a decir Dulce Rosario y los sepultureros y no solamente los sepultureros? Ahorita pasamos a otro segmento y hablaremos de cuándo el dinero empezó a desafinar la cumbia.
Y como suele pasar en muchas historias de éxito, primero llegaron los aplausos, luego las giras, después los discos y al final apareció el invitado que casi siempre termina sentándose en la mesa sin que nadie lo invite. ¿Y quién es? Pues nada más y nada menos que el señor Dinero. Dulce Rosario y los sepultureros ya no eran aquellos muchachos que tocaban donde los dejaran.
Ahora llenaban bailes, sonaban en la radio, aparecían en programas, viajaban y eran recibidos como artistas grandes. Pero mi gente, cuando el éxito crece, también crecen los egos, las dudas y los comentarios por debajo de la mesa. Pues con el paso del tiempo, Dulce Rosario y Antonio Durán se convirtieron en el centro de la agrupación.
Ella era la voz principal, la imagen, la figura que el público buscaba. Él era músico, el compositor, arreglista y líder del grupo. Y para acabarla de amolar también terminaron siendo pareja, o sea, pues chocaron sus carritos y ahí fue cuando la cosa empezó a ponerse delicada, porque una cosa es trabajar juntos y otra muy distinta es que dentro del mismo grupo haya una pareja llevando las riendas.
Como decía mi comadre, cuando el amor se mezcla con el negocio, alguien termina cantando, pero no precisamente de alegría. Los demás integrantes comenzaron a sentirse que ya no todos estaban parados en el mismo piso. Según se cuenta, el problema más fuerte vino por las ganancias y las regalías. Ya no todos estaban conforme con lo que recibían.
Mientras Dulce y Antonio parecían llevarse la parte más grande del pastel. Claro, ahí empezaron los murmullos, que si unos trabajaban igual ganaban menos, si la imagen de Dulce pesaba más que el grupo, que si Antonio tomaba demasiadas decisiones, que si los sepultureros sin dulce no eran lo mismo, pero Dulce sin los sepultureros tampoco habría llegado igual.
Ay, mi gente, ahí no había solo cumbia, ahí había olla hirviendo. Para mediados de los años 80 la convivencia se fue quebrando. Las diferencias personales, los celos profesionales y el tema del dinero fueron metiendo presión hasta que el ambiente se volvió pesado. Ya no era solamente subir al escenario y hacer bailar a la gente.
trás del telón, tras bambalinas, donde nadie los ve, el grupo se estaba partiendo no en una parte, sino como en cinco partes. Y cuando una agrupación empieza a discutir más por lo que se reparte que por lo que se canta, la música deja de sonar igual, la confianza se rompe, las miradas cambian y hasta el aplauso empieza a sentirse distinto.
Amigos, esa es la triste historia de casi todos los grupos de la onda grupera. Así que aquel grupo que había nacido desde abajo con hambre de triunfo y nombre de Panteón terminó enfrentando su peito más difícil. Y no era contra otra agrupación, no contra la radio, no contra la moda grupera, sino contra ellos mismos.
Pero aquí pregunto yo, ¿qué tan fuerte fue el peito del dinero para que un grupo que había tocado la cima terminara partido en dos? Ahorita vamos a pasar a otro segmento, amigos, y este se trata de cuando el grupo se partió y el nombre quedó en disputa. Después de tanto éxito, tanta gira y tanta cumbia sonando, llegó lo que nadie quería ver.
Pero muchos ya olían desde lejos, la separación. Cuando en un grupo empiezan los pleitos por dinero, por regalías o por quién manda más, ya no importa si la canción está buena, el problema no se queda en el camerino, se sube al escenario, se mete en los ensayos y termina bailando en medio de todos. Cada noche lloro a mediados de los años 80, la relación entre los integrantes ya venía bastante golpeada.
Por un lado estaban Dulce Rosario y Antonio Durán, quienes además de ser parte clave del grupo, también eran pareja, como les había dicho. Y por otro lado estaban los demás músicos, que no estaban conformes con cómo se estaba manejando las ganancias. Así que lo inevitable pasó, el grupo pues se rompió. Por su parte, Dulce Rosario y Antonio Durán decidieron seguir su camino por separado, pero no solos, porque pronto buscaron nuevos músicos para continuar presentándose.
Sin embargo, el asunto ya no era tan sencillo, porque el nombre de los sepultureros también empezó a convertirse en motivo de pleito. Ahí fue donde la historia se puso más enredada que cable de micrófono guardado con coraje. Dulce y Antonio comenzaron a trabajar bajo el nombre de los tremendos sepultureros de Antonio Durán y Dulce Rosario, mientras otros integrantes siguieron usando o defendiendo el nombre de los sepultureros.
O sea, de pronto ya no había una sola agrupación, sino varios caminos tratando de cargar el mismo recuerdo y el mismo ataú, el mismo muerto. Tal vezer los demás músicos también buscaron una nueva voz femenina, una imagen que pudiera ocupar el lugar que Dulce Rosario había dejado, pero ahí estaba el detalle, dijera Cantinflas, porque una cosa es poner a alguien al frente y otra muy diferente es lograr que el público la sienta igual.
El público, que no es tonto, empezó a notar la diferencia. Muchos iban a bailes esperando ver a Dulce Rosario, la voz que habían conocido en el ropavejero, señorita cumbia y baila mi cumbia, pero se encontraban con otra cantante, otro ambiente y otra energía. Y como decía mi tía, cuando uno va por caldo de gallina y te sirve en agua tibia, la cara lo dice todo.
La separación no solo dividió al grupo, también dividió el recuerdo. Y desde ese momento los sepultureros ya no volvieron a sonar igual. Después el nombre de los sepultureros empezó a caminar por distintos lados porque varios exintegrantes quisieron seguir cargando una parte de aquella historia. Pasó así como con la Sonora Dinamita. que hay como 1000 sonoras y así comenzaron a sonar nombres como Adrián Cerna y sus sepultureros, Santos Cortés y sus nuevos sepultureros, Raúl Hernández y sus otros sepultureros, Jesús Soto y los megepultureros y los
tremendos sepultureros y bla bla bla, además de otras variantes que intentaban mantenerse vivas en los bailes del recuerdo. Porque de tu carro no siento ya tu calor. Al final el nombre pesaba, sí, pero también pesaba la voz de Dulce, la dirección de Antonio, los músicos originales y todos esos años en los que juntos habían construido una historia, pero ahí nació el enredo, gente, porque el público escuchaba sepultureros y muchos pensaban que iban a ver a la cantante de siempre, cuando en realidad la historia ya se había partido en 1000
pedazos. Pero la pregunta es, ¿quién tenía más derecho al nombre? Los músicos que fundaron los sepultureros o Dulce Rosario. Aquí vamos a pasar a otro segmento que es cuando la cumbia se quedó sin reflectores. Después de que se separaron, Dulce Rosario y Antonio Durán siguieron trabajando porque una cosa era que el grupo original se hubiera roto y otra muy distinta que ellos soltaran el micrófono así por así, así, así no más.
Pero el problema ya no venía solamente de adentro. Ahora el golpe venía de afuera porque la música también estaba cambiando. Un via tropical que tanto había brillado en los años 70 y parte de los 80 empezó a perder espacio. La radio, los programas y los bailes comenzaron a mirar hacia otro lado. Como decía mi abuelita, cuando llega Santo Nuevo al viejo lo quieren bajar del altar.
Que diga que me quiere, que mío su corazón. En los años 90 entró con fuerza la onda grupera. Ahí muchos grupos tropicales que antes llenaban pistas empezaron a quedarse sin los mismos reflectores. No era que la gente hubiese olvidado sus canciones, pero los medios ya no estaban empujando otros sonidos, ya no había apoyo, eran otros rostros, otros estilos, otra banda.
Dulce Rosario intentó mantenerse activa, grabó una producción con bolos y música de salón, buscando mostrar otra faceta. Pero ese disco pasó casi de largo. No tuvo el ruido ni la fuerza de sus años dorados porque el público ya estaba volteando hacia otra música y la industria no perdona cuando siente que algo ya no está de moda.
Aún así, Dulce no desapareció de un día para otro. siguió presentándose en ferias, fiestas privadas y eventos donde todavía había público que quería escuchar aquellos temas que les recordaba a otros tiempos. Con los años, los bailes del recuerdo les dieron un pequeño respiro. La gente volvió a buscar esas canciones que habían marcado fiestas, juventudes y amores de pista, pero ya no era el mismo mundo, ni el mismo momento, ni la misma fuerza de antes.
Así, poco a poco, aquella cumbia que alguna vez los puso en la cima fue quedándose sin cámaras, sin radio, sin el ruido de los grandes escenarios. Aquí pregunto yo, ¿qué creen que fue lo que pasó? ¿Fue el cambio de moda o la separación del grupo? lo que había hecho que Dulce Rosario ya no sonara como antes. Y vean, amigos, con el paso de los años, la cantante ya no tenía encima los reflectores de aquella época dorada, pero su nombre seguía vivo entre quienes crecieron bailando el ropavejero, señorita cumbia y baila mi cumbia. Y es
que, amigos, hay artistas que no necesitan estar todos los días en la televisión para seguir presentes. A veces basta con que suenen una canción en una fiesta y de inmediato alguien dice, “Ay, comadre, esa sí la bailamos hasta que duelan los pies.” Cerca del 2019, la señorita Cumbia reapareció haciendo un dueto con los sonorrítmicos como parte de esa moda de juntar voces y recuerdos de otras épocas.
No quiero verte llorando a la hora de mi partir. Para muchos seguidores fue una alegría verla otra vez ligada a la música, porque aunque los años ya habían pasado, ella seguía siendo la voz que le dio identidad a una historia que comenzó con un nombre de panteón y terminó bailándose en todo México. Pero después de ese respiro llegó el golpe que nadie esperaba.
En el año 2020 la pandemia apagó escenarios, cerró bailes, frenó eventos y dejó a muchas y dejó a muchos artistas sin poder reencontrarse con su público. Y ese mismo año la noticia cayó como cubetazo de agua fría. El 17 de diciembre de 2020, Dulce Rosario falleció Dulce Rosario falleció a los 74 años después de enfrentar una dura lucha contra el cáncer.
Su partida dolió entre sus seguidores porque no se iba a cualquier artista, se iba una mujer que por más de 50 años estuvo ligada a la música. una voz carismática, querida y recordada por miles de personas que alguna vez bailaron sus canciones. Así que aquella joven que llegó a los sepultureros para cambiarles el destino, terminó convertida en leyenda.
ya no estaba en los escenarios, pero su voz quedó sembrada como nunca se olvida en la memoria de la gente. Y así llegamos al final de esta historia, mi gente. Una historia que comenzó con unos muchachos de Guanajuato, el nombre que parecía salido del panteón y una cantante que terminó dándole alma, rostro y una voz a todo una época.
Dulce Rosario ya no está en los escenarios, pero sus canciones siguen vivas cada vez que alguien pone el ropajero. Porque hay artistas que no se van del todo, no más cambian de lugar, dejan el micrófono, pero se quedan sonando en la memoria. Y como decía mi tía Chuchis, cuando una voz se mete en el corazón del pueblo, ni tiempo la puede callar.
En sus maletas hay muchas cosas, pero hay mamá también las Déjame en los comentarios si tú llegaste a escuchar a Dulce Rosario y los sepultureros, si bailaste alguna de sus canciones o si en tu casa todavía alguien los recuerda con cariño. No olvides dejarme tu like, suscribirte al canal y activar la campanita, porque aquí en las Intrigas de Herberí todavía quedan muchas historias por desenterrar.
Nos vemos en una próxima ocasión. Yeah.