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AURELIO LOPEZ : LA OSCURA VERDAD DETRAS DE SU MUERTE

El mejor beisbolista mexicano apareció a 15 m de su coche boca abajo con la cara destrozada contra la grava. Te dijeron que fue un accidente. Nos mintieron. En ese coche iban tres. Solo él murió. Y los forenses encontraron algo en el cuerpo que no tenía nada que ver con el coche, como si lo hubieran dejado ahí.

Quédate porque la palabra Aurelio fue durante 10 años una sentencia de muerte en Grandes Ligas. Antes de llegar a esa noche donde el cuerpo del campeón mundial mexicano apareció a 15 m del vehículo en una posición que ningún perito ha podido explicar hasta el día de hoy. Tienes que entender algo, porque lo que pasó esa noche no empezó ahí.

Empezó 44 años antes en un pueblo pequeño del centro de Puebla con un niño que pateaba pelotas de fútbol en el atrio de un convento franciscano. Aurelio Alejandro López Ríos nació el 21 de septiembre de 1948 en Tecamachalco, Puebla. Un pueblo de clima seco, calles polvorientas, valle agrícola en la parte central del estado.

Su padre, Aurelio López Hernández era veracruzano. Su madre, [música] Félix Ríos Torres, había nacido en el mismo Tecamachalco. La familia tenía seis hijos. Aurelio era uno de los del medio. Aurelio creció jugando fútbol en el atrio del exconvento franciscano de Tecamachalco con sus amigos del barrio. Era el deporte que le gustaba, el que practicaba todos los días después de la escuela, hasta que se ponía el sol detrás de las montañas que rodean el valle.

Pero a mediados de los años 60 en Puebla, [música] el béisbol estaba en su apogeo y los beisbolistas detestaban el fútbol. Cuando Aurelio y sus amigos se ponían a patear [música] pelotas en el atrio, los beisbolistas que entrenaban cerca los corrían [música] a gritos. Les decían que se fueran, que el atrio era para el béisbol. Un día de 1962 con 14 años recién cumplidos, Aurelio agarró una pelota de béisbol, la sintió en la mano, la lanzó contra una pared.

La pelota rebotó con un sonido seco y Aurelio entendió en ese segundo que la mano que había usado durante años para patear fútbol también podía hacer otra cosa. Podía lanzar, podía lanzar fuerte. Empezó a entrenar solo contra la pared del atrio con una pelota de trapo durante horas todos los días. A los 18 años tenía un brazo derecho que en Tecamachalco era leyenda.

Y en 1967 un casatalentos llamado Ramón Chita García, que recorría a los pueblos de Puebla buscando muchachos para los diablos rojos del México, llegó a Tecamachalco a verlo lanzar. Lo que vio aquella tarde lo dejó callado. Un muchacho flaco [música] de espaldas anchas lanzando rectas que sonaban contra la mascota del catcher como si [música] fueran piedras.

Sin entrenamiento profesional, sin método, solo brazo. Solo lo que en Tecamachalco la gente empezaba a llamar bola de humo. Ramón Chita García firmó a Aurelio López para Los Diablos Rojos del México esa misma semana. le pagó un anticipo de 500 pesos al padre y le dijo una frase que Aurelio guardó en la memoria el resto de su vida.

Le dijo, “Muchacho, tú no sabes lo que tienes en ese brazo, pero lo vas a saber pronto.” Aurelio López debutó con las Choapas en 1967, sucursal de los Diablos Rojos. ponchó a 11 bateadores en su primer juego. Le pusieron un apodo que se le quedó pegado el resto de su vida en México, el hitre de Teca Machalco, porque cuando atacaba no fallaba.

En 1977, ya con Los Diablos Rojos del México como relevista, tuvo la mejor temporada de un piter mexicano en la historia de la Liga Mexicana de Béisbol. 19 victorias, tres derrotas, 30 salvamentos, 165 ponches, una efectividad de 2.01, récord histórico que duraría más de 14 años.

Fue nombrado jugador más valioso de la Liga Mexicana ese año. Tenía 28 años y los Cardenales de San Luis lo firmaron para Grandes Ligas. Aurelio aceptó. Su esposa Celia Corral, originaria de Wasabe, Sinaloa, [música] con quien se había casado dos años antes, lo acompañó a Estados Unidos con su primer hijo en brazos. Llegaron a San Luis, Missouri, en febrero de 1978.

Pero la verdadera historia de Aurelio López en Grandes Ligas empezó un año después, cuando los cardenales lo cambiaron a los Tigres de Detroit a cambio de un jugador llamado Jerry Morales. Aquel cambio visto [música] años después se considera uno de los más desequilibrados de la década porque al llegar a Detroit en febrero de 1979, Aurelio López encontró su hogar.

El manager de los Tigres era George Sparky Anderson, ganador de dos series mundiales con Cincinnati. Sparky vio a Aurelio lanzar en su primer entrenamiento de primavera en [música] Lakeland, Florida, y le dijo a su asistente una frase que después recordó muchas veces. Le dijo, “Este mexicano va a salvar los juegos cerrados de los próximos 5 años de mi carrera.

” Y así fue. La temporada de 1979 [música] fue brutal. 10 victorias, cinco derrotas, 21 salvamentos. [música] Una efectividad de 2.41. Aurelio terminó séptimo en la votación del premio Saiang [música] de la Liga Americana. Le habían puesto un nombre nuevo en Detroit, Señor Smoke, señor [música] Humo. Por la velocidad de su recta que los radares medían entre 90 y 93 [música] mill por la velocidad más alta jamás registrada por un piter mexicano en la historia de Grandes Ligas.

El público de Detroit lo adoptó. Aquella ciudad [música] en plena crisis económica, con sus fábricas de automóviles cerrando una tras otra. encontraba en los Tigres su única esperanza colectiva. Cuando Aurelio salía del bulpen al montículo en el séptimo asalto, [música] 30,000 obreros desempleados se levantaban a aplaudirlo.

Le gritaban smoke, smoke, smoke como si el humo de su recta fuera lo único que les quedaba. Pero el momento más alto de su carrera llegó en octubre de 1984. [música] Esa temporada, los Tigres ganaron la Serie Mundial. Aurelio tuvo un récord de 10 victorias y una sola derrota, 14 salvamentos. En la Serie Mundial contra los Padres de San Diego lanzó seis entradas sin permitir una sola carrera limpia.

En el quinto y último juego en el Tiger Stadium de Detroit, el 14 de octubre de 1984, Sparky Anderson lo metió a relevar en el séptimo asalto con el partido empatado a tres carreras. Aurelio enfrentó a siete bateadores, sacó a los siete. Los Tigres ganaron 8 a cu y Aurelio López se convirtió en el primer pitcher poblano en ganar una serie mundial.

Después del último out, Sparky [música] Anderson lo abrazó frente a las cámaras y dijo otra frase que quedó grabada en la historia del béisbol mexicano. [música] Dijo, “A Aurelio López nada lo sorprende. Tiene corazón y no hay mejor corazón que el suyo. Es uno de los más grandes corazones de todos los tiempos. Tiene corazón.

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