García Harfuch lo vio venir y en lugar de esperar a que esa reorganización se consolidara, en lugar de darle tiempo a los remanentes de la célula para que establecieran una nueva cadena de mando y recuperaran el control operativo de los puntos de la plaza. Buen suspenso tomó la decisión que define la diferencia entre perseguir al crimen organizado y desmantelarlo.
Activó el operativo más grande que Colima ha visto en años. 200 elementos, apoyo aéreo, coordinación simultánea en múltiples puntos y el elemento de sorpresa que solo es posible cuando la inteligencia previa es lo suficientemente sólida como para saber exactamente dónde van a estar los objetivos en el momento en que el operativo se active.
¿Cuántos operativos de este tamaño recuerdas que se hayan lanzado en Colima en los últimos 10 años? Escríbelo en los comentarios porque la respuesta a esa pregunta dice más sobre la historia de impunidad en ese estado que cualquier estadística oficial. El despliegue comenzó en los minutos previos al amanecer del viernes 29 de mayo, en el intervalo de tiempo que los operadores militares y de seguridad conocen como la hora más oscura.
El periodo que antecede al primer indicio de luz natural y en el que la visibilidad reducida, combinada con el estado de sueño profundo en que se encuentran la mayoría de las personas maximiza el factor sorpresa de cualquier operación. Los 200 elementos se organizaron en unidades tácticas diferenciadas según el tipo de objetivo que cada una tenía asignado.
Había unidades de asalto directo para los puntos donde la inteligencia previa había identificado presencia armada de los remanentes de la célula. Había unidades de contención para cerrar los perímetros y evitar fugas hacia las rutas serranas que los miembros de la plaza conocen mejor que nadie. Había unidades especializadas en búsqueda y aseguramiento de evidencia para operar dentro de las casas de seguridad y de los puntos de vigilancia una vez que la resistencia armada fuera neutralizada.
Y había apoyo aéreo activo desde el inicio del operativo, con helicópteros que proporcionaban visión en tiempo real que podían reposicionarse en minutos hacia cualquier punto donde se registrara actividad inesperada. La coordinación entre esas unidades no era improvisada. era el producto de semanas de preparación táctica basada en la inteligencia acumulada durante los meses de seguimiento de la estructura del tío los analistas de la Secretaría de Seguridad sabían qué casas de seguridad estaban activas. Sabían qué puntos de
vigilancia seguían operando después de la detención del líder. Sabían qué rutas usaban los remanentes de la célula para moverse entre las zonas serranas y los núcleos urbanos donde la plaza mantenía presencia. Y sabían con un nivel de detalle que solo es posible después de meses de monitoreo sistemático, ¿cuántos hombres armados podían esperar encontrar en cada uno de esos puntos y con qué tipo de armamento contaban? Cuando los primeros elementos llegaron a las zonas objetivo, la respuesta de los remanentes
de la célula fue inmediata. No huyeron, se atrincheraron. Y eso dice algo importante sobre el estado mental de esos hombres en ese momento, porque atrincherarse frente a 200 elementos de élite con apoyo aéreo no es una decisión táctica racional, es la decisión de personas que ya saben que no tienen a dónde ir y que prefieren la resistencia a la rendición.
Porque en su lógica, rendirse no es una opción que garantice un futuro mejor que el que ofrece el enfrentamiento. Los primeros disparos se registraron en dos puntos simultáneos, uno en la zona serrana. donde mantenía lo que los investigadores describen como su base de operaciones después de la caída del tío la y otro en un tr en un punto urbano dentro del área metropolitana de Colima, donde la estructura había establecido una casa de seguridad que funcionaba también como depósito de armamento y de recursos en efectivo. Los enfrentamientos en ambos
puntos fueron intensos, pero breves. La disparidad de fuerzas era demasiado grande para que la resistencia de los remanentes de la célula pudiera sostenerse durante más de los primeros minutos del contacto armado. Los elementos de las unidades de asalto estaban equipados con armamento y con protección táctica que superaban en todos los aspectos a lo que los hombres atrincherados de la plaza podían oponer.
y el apoyo aéreo eliminaba cualquier posibilidad de que los intentos de repliegue hacia las zonas serranas fueran exitosos, porque los helicópteros podían rastrear el movimiento en tiempo real y redirigir unidades terrestres hacia los puntos de fuga antes de que los fugitivos pudieran alejarse del perímetro de contención.
Suscríbete si te gusta el video. Mientras los enfrentamientos en la zona serrana y en el punto urbano se desarrollaban, el cártel de Jalisco Nueva Generación ejecutó la respuesta que sus operadores consideraron la más efectiva para frenar el avance federal. Los narcobloqueos aparecieron de manera casi simultánea en varias carreteras principales de Colima con vehículos incendiados cruzados sobre los carriles para obstaculizar la circulación e intimidar a los conductores que en ese momento transitaban.
por esas vías en las primeras horas de la mañana. Es el tipo de táctica que el cártel de Jalisco ha utilizado en múltiples ocasiones a lo largo de su historia, cuando siente que una operación de seguridad amenaza con alcanzar una dimensión que no puede contener con medios convencionales. El objetivo no es detener el operativo, porque ningún narcobloqueo puede detener a 200 elementos de élite con apoyo aéreo que ya están dentro del área de operaciones.
El objetivo es otro, es generar caos visible, terror en la población civil. IAS es de vehículos en llamas que puedan circular en redes sociales y que transmitan la sensación de que el cártel todavía tiene capacidad de respuesta, todavía puede golpear, todavía existe como fuerza que merece ser temida. Pero esa narrativa del terror tiene un problema fundamental cuando se usa como respuesta a un operativo como el de esta madrugada.
Los narcobloqueos en las carreteras de Colima no detuvieron ninguna unidad federal, no frenaron ningún avance, no protegieron ninguna casa de seguridad ni ningún punto de vigilancia de los que las fuerzas de seguridad tenían en su lista de objetivos. Lo que hicieron fue confirmar de la manera más visible posible que los remanentes de la célula del tío Laco estaban actuando desde la desesperación y no desde una posición de fuerza.
Una organización criminal con control real de su territorio no necesita quemar camiones en las carreteras para intimidar a nadie. Esa táctica es el equivalente criminal de lanzar sillas cuando ya no quedan más argumentos. Y en este caso las sillas estaban ardiendo en las carreteras de Colima, mientras las casas de seguridad de la plaza caían una por una ante el avance de los 200 elementos que Harfuch había enviado específicamente para terminar con esa estructura esta noche.
¿Te imaginas despertar en Colima este viernes y encontrar la carretera bloqueada con camiones en llamas? Escríbelo en los comentarios. ¿Cómo crees que se siente vivir en un estado donde durante años eso era una amenaza real y cotidiana? Porque esa realidad es parte de los que este operativo está cerrando definitivamente.
El avance de las unidades federales dentro de las zonas Objetivo continuó con una sistematicidad que los remanentes de la célula no tenían capacidad de interrumpir. Casa de seguridad tras casa de seguridad, punto de vigilancia tras punto de vigilancia. Los elementos de las unidades especializadas fueron asegurando los espacios físicos donde la estructura del tío Laco había construido su operación en los meses anteriores.
Lo que encontraron dentro de esas instalaciones es consistente con lo que la inteligencia previa había anticipado, pero tiene un peso específico que va más allá de cualquier decomiso anterior relacionado con esta célula en particular. Armamento de alto calibre en cantidades que superan lo que una célula de ese tamaño necesitaría para su operación ordinaria, lo que sugiere que los remanentes del grupo estaban acumulando recursos para una escalada que el operativo de esta madrugada interrumpió antes de que pudiera materializarse.
equipo de comunicaciones que incluye sistemas de monitoreo de frecuencias de radio utilizadas por las fuerzas de seguridad, lo que explica en parte cómo la célula había logrado mantenerse operativa durante semanas después de la detención de su líder, a pesar de la presión federal sostenida sobre sus estructuras.
Recursos en efectivo que los peritos presentes en el operativo estiman provisionalmente en decenas de millones de pesos, aunque el conteo oficial y la determinación del origen de esos recursos forma parte de las investigaciones activas que la Fiscalía Pública con el desmantelamiento operativo de la plaza y documentación que los analistas reconocen de inmediato porque incluye referencias a rutas y a mecanismos de distribución que aparecen en investigaciones activas contra otras células residuales del cártel de Jalisco Nueva Generación en distintos estados
del país, lo que sugiere que la plaza del tío Laco no era una estructura completamente aislada del resto de los remanentes de la organización, sino que mantenía vínculos operativos con otras células que todavía intentan sobrevivir la ofensiva federal en sus propios territorios. Las detenciones que se registran durante el operativo incluyen varios elementos que los investigadores identifican como figuras clave dentro de la estructura de mando que los remanentes de la célula habían intentado construir después de la caída del tío
lao. No son nombres que vayan a aparecer en los grandes titulares nacionales, porque el nivel mediático de estos operadores es deliberadamente bajo. es parte de cómo sobreviven en el contexto de una ofensiva que lleva meses eliminando a las figuras más visibles de la organización, pero su valor procesal para las investigaciones activas es considerable porque cada uno de ellos tiene información sobre rutas, sobre contactos, sobre mecanismos financieros y sobre estructuras de complicidad local que los investigadores necesitan para
seguir avanzando en el desmantelamiento completo de lo que queda del cártel de Jalisco Nueva Generación, no solo en Colima, sino en los estados adyacentes donde la organización todavía intenta mantener presencia residual. Piensa en esto y lo digo en serio, porque vale la pena visualizarlo con toda su dimensión.
Durante años, los habitantes de Colima vivieron con la certeza de que ciertas zonas de su estado eran territorios donde la ley federal no llegaba o llegaba de manera tan superficial que no cambiaba nada en la realidad cotidiana de quienes vivían bajo el control de la plaza.
Los jóvenes que crecieron en esas zonas conocían los nombres de los líderes locales del cártel antes que los nombres de sus propios representantes en el Congreso. Las madres de familia calibraban sus rutas diarias no en función del tránsito vehicular, sino en función de los puntos donde los halcones de la plaza hacían su trabajo de vigilancia y los negocios locales operaban con la conciencia permanente de que en algún momento recibirían una visita que no era una oferta comercial, sino una extorsión con consecuencias claras si se negaban a pagar. Esa era la
realidad de Colima bajo el control de la plaza del tío Laco y de las estructuras que la precedieron. Esta madrugada del viernes 29 de mayo, 200 elementos de élite entraron en esa realidad para cambiarla de manera definitiva. Al amanecer del mismo viernes, cuando las operaciones de aseguramiento en las distintas zonas objetivo estaban entrando en su fase final, García Harfuch grabó el mensaje que sintetizó el operativo en las palabras más directas y más precisas que el momento admitía. Mandé 200 elementos a combatir
la plaza del tío Laco en Colima. Su plaza está cayendo. No vamos a permitir que recuperen ni un solo metro de territorio. El cártel de Jalisco se termina en Colima. Cada frase de ese mensaje tiene un peso específico que va más allá de la comunicación institucional de rutina. Mandé 200 elementos no es una declaración de orgullo numérico.
Es la descripción de una decisión deliberada de sobredimensionar la respuesta operativa para eliminar cualquier posibilidad. de que los remanentes de la célula pudieran absorber el golpe y reorganizarse una vez más. No vamos a permitir que recuperen ni un solo metro de territorio, no es una frase retórica. Es una declaración de política operativa que tiene consecuencias concretas sobre cómo se van a gestionar los próximos movimientos de inteligencia y de seguridad en Colima durante las semanas y los meses que siguen. Y el cártel de
Jalisco se termina en Colima no es una fanfarronada, es una evaluación de la situación real sobre el terreno que los datos del operativo de esta madrugada respaldan con una solidez que hace muy difícil argumentar lo contrario. ¿Cuántos crees que quedan realmente del CJ en Colima después de esta noche? No lo que dicen los comunicados oficiales, sino lo que tú intuyes con todo lo que has visto de esta ofensiva.
Déjalo en los comentarios porque esa conversación importa y dice mucho sobre cómo está leyendo la gente el estado real de las cosas en el país. Para entender por qué el mensaje de Harf al amanecer tiene el peso que tiene, hay que mirar el operativo del viernes 29 de mayo en el contexto más amplio de todo lo que ha ocurrido antes.
El abatimiento del mencho decapitó la organización en su nivel más alto. Los decomisos en cadena que siguieron desmantelaron las rutas de logística y financiamiento que mantenían operativas a las células regionales. El desmantelamiento de las bóvedas y los archivos que fueron apareciendo a lo largo de esta ofensiva proporcionó la evidencia documental necesaria para conectar a esas células con estructuras de corrupción institucional que durante años les habían garantizado la impunidad operativa.
y la detención del tío Laco días antes del viernes 29 de mayo eliminó al principal operador que todavía intentaba mantener viva la plaza en Colima. Lo que quedaba después de esa detención era exactamente lo que las fuerzas federales encontraron esta madrugada. un grupo de hombres armados que intentaban reorganizarse antes de que la presión federal los alcanzara de nuevo, trabajando con recursos limitados, con una cadena de mando fracturada y con la conciencia de que el tiempo que les quedaba para operar era medido en días y no en semanas. 200
elementos de élite con apoyo aéreo en la madrugada del viernes 29 de mayo fue la respuesta exactamente esa situación. No era el tamaño del operativo lo que importaba en términos absolutos, era el momento en que se activó. La inteligencia de la Secretaría de Seguridad había detectado que los remanentes de la célula estaban en su punto de mayor vulnerabilidad, reagrupándose, pero todavía sin una estructura de mando consolidada, moviéndose con urgencia, pero todavía sin la cautela que caracterizaba sus operaciones cuando el tío Laco estaba al
frente. Ese era el momento exacto en que un operativo de esa magnitud podía maximizar su impacto con el mínimo riesgo de que los objetivos tuvieran tiempo de reaccionar de manera efectiva. Y eso es lo que ocurrió. La ventana de vulnerabilidad que la detención del tío Laco había abierto aprovechada con una precisión que solo es posible cuando la inteligencia previa y la capacidad de respuesta operativa están alineadas al nivel que esta ofensiva ha demostrado de manera consistente a lo largo de los últimos meses. Los narcobloqueos en las
carreteras de Colima se resolvieron en las primeras horas de la mañana del viernes. Los vehículos incendiados fueron removidos por las autoridades con el apoyo de unidades federales que garantizaron la seguridad del personal durante el proceso. Las carreteras fueron abiertas de manera progresiva a medida que los equipos de seguridad confirmaban que no había presencia armada en los alrededores de los puntos de bloqueo.
La circulación vehicular se normalizó antes de que la mayor parte de los trabajadores y estudiantes de Colima tuvieran que salir hacia sus destinos habituales, lo que es en sí mismo una declaración sobre la eficacia del operativo. El cártel montó los narcobloqueos para generar caos y parálisis. Las fuerzas federales los resolvieron en horas como parte de una operación más amplia que ya tenía sus principales objetivos a seu asegurados antes de que el sol terminara de salir sobre Colima este viernes 29 de mayo.
Las reacciones que siguieron al anuncio público del operativo siguieron el patrón que se ha vuelto reconocible a lo largo de esta ofensiva. Hubo voces que cuestionaron la proporcionalidad del uso de la fuerza, que preguntaron sobre los protocolos seguidos durante el enfrentamiento, que exigieron información sobre las condiciones de las personas detenidas y que advirtieron sobre los riesgos de una estrategia de seguridad que prioriza los resultados operativos visibles sobre los procesos institucionales de largo plazo. Esas
voces son parte legítima del debate sobre seguridad en cualquier democracia y nadie con sentido institucional debería descartarlas sin considerar sus argumentos con seriedad. Pero esas voces tampoco pueden ignorar lo que los datos del operativo dicen sobre la situación que había en Colima antes del amanecer del viernes 29 de mayo.
Una célula armada reagrupándose activamente para recuperar el control de una plaza que durante años generó violencia, extorsión y terror en uno de los estados más castigados por el crimen organizado en México. una estructura que ante la presión federal respondió con narcobloqueos diseñados para generar miedo en la población civil y una oportunidad operativa concreta para desmantelar esa estructura de manera definitiva antes de que pudiera volver a consolidarse.
Frente a ese escenario, la pregunta no es si el operativo era demasiado grande, la pregunta es si cualquier respuesta menor habría sido suficiente para terminar definitivamente con lo que quedaba de la plaza del tío Laaco en Colima. Lo que el viernes 29 de mayo representa en el mapa de esta ofensiva no se limita los números del operativo, que son en sí mismo significativos.
200 elementos, múltiples enfrentamientos simultáneos, varias detenciones de figuras clave, el aseguramiento de casas de seguridad y puntos de vigilancia y el decomiso de armamento, recursos y documentación que fortaleces las investigaciones activas contra los remanentes del cártel de Jalisco Nueva Generación en Colima y en los estados adyacentes.
Lo que representa va más allá de esos números, porque lo que está ocurriendo en Colima esta madrugada es el cierre de un pétulo que comenzó hace más de una década, cuando el cártel de Jalisco Nueva Generación decidió que el estado más pequeño de México era una pieza estratégica que valía la pena disputar toda la violencia y toda la corrupción institucional que la organización era capaz de desplegar.
Ese capítulo está cerrando. No con negociaciones, no con acuerdos informales, no con el tipo de equilibrios implícitos que durante años permitieron que ciertas plazas operaran con una impunidad que el Estado fingía no ver. Está cerrando con 200 elementos de ITE en la madrugada y con la declaración de un secretario de seguridad que al amanecer dice sin rodeos que el cártel de Jalisco se termina en Colima.
Suscríbete si te gustó el video porque lo que está pasando en este país en este momento no tiene precedente en décadas y vale la pena seguirlo con la atención que merece. Y déjanos en los comentarios qué estado crees que va a ser el siguiente en ver un operativo de esta dimensión, porque la respuesta a esa pregunta ya la tiene Harf y lo más probable es que el resto del país la descubra de la misma manera que Colima la descubrió esta madrugada sin aviso en la hora más oscura con 200 elementos y apoyo aéreo.
No.