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El Oscuro Secreto que Walter Mercado Suplicaba Ocultar

El Oscuro Secreto que Walter Mercado Suplicaba Ocultar

Walter Mercado murió en noviembre de 2019, suplicando que un secreto jamás saliera a la luz. Lo que escondía determinó todo lo que pasó en los últimos 20 años de su vida. Y hay una persona todavía viva que conoce cada pieza de ese secreto. En los próximos minutos vas a saber quién es y por qué nunca habló. Para este video revisé los expedientes federales de su juicio contra su exmanager y las entrevistas que grabó mientras ya estaba muriendo.

 Lo que vas a escuchar cambia para siempre. ¿Cómo recuerdas a Walter Mercado? Y casi 6 años después de su muerte, alguien sigue beneficiándose en silencio de lo que él jamás se atrevió a contar. Todos lo recuerdan diciendo mucho, mucho amor al final de cada programa, pero murió siendo el ser humano más solitario que pasó por la televisión latinoamericana en cinco décadas.

Y la razón es más oscura de lo que cualquiera imaginó. Pero antes de llegar a esa habitación de hospital, hay algo que tienes que entender, porque lo que ocurrió la madrugada del 2 de noviembre de 2019 no empezó en 2019. Empezó 75 años antes en una casa de madera del barrio Cuarto de Ponce, Puerto Rico, donde un niño aprendió que ser visto como era le iba a costar la vida que quería.

Visual, fotografía en sepia de calle puertorriqueña. Años 30, casa de madera, niño [música] pequeño en el portal. Walter Mercado Salinas. Nació el 9 de marzo de 1932, hijo de José María Mercado, sanmeño de tradición católica estricta y de Aí Salinas, mujer de origen catalán que cargaba una colección de cartas, supersticiones y cristales que el resto de la familia consideraba excentricidades inofensivas.

La casa olía a café fuerte por la mañana y a velas perfumadas por la noche. Walter creció entre esos dos mundos, el de [música] su padre, que esperaba un varón fuerte para hacerse cargo de las tierras agrícolas familiares. Y el de su madre, que desde los 4 años le susurraba al oído que él tenía un don que el mundo todavía no entendía.

Y ese don, según versiones contadas por la propia familia Mercado, se manifestó por primera vez de una manera que su padre prefirió no ver. Walter tenía 4 años cuando, según una historia que él mismo repitió en entrevistas durante toda su vida, encontró un pájaro caído en el patio trasero.

 Lo tomó entre las manos, lo apretó suavemente contra el pecho. Cuando lo soltó, el animal voló. Los vecinos hablaron. Se corrió el rumor de que el niño Mercado curaba con las manos. Algunos llegaron desde el otro lado de Ponce a pedirle que tocara a sus enfermos. Su padre lo prohibió. Su madre lo escondió y el niño aprendió la primera lección de su vida.

 Lo que lo hacía especial era exactamente lo que tenía que ocultar. Esa lección se repitió cada año. A los 6, Walter se escondió debajo de una mesa de comedor durante toda una noche para evitar que un primo de la familia lo obligara a jugar al fútbol con los varones del barrio. A los 8, una maestra de catecismo lo llamó Rarito delante de la clase.

 Y Walter, según le contó a Ru décadas después, decidió esa misma tarde que iba a aprender a esconderse mejor. A los 12 su padre lo sorprendió frente al espejo de la habitación de su madre, envuelto en un mantón rojo, recitando un poema en voz alta. Don José María no le pegó, no le gritó, le quitó el mantón en silencio, lo dobló sobre la cama y le dijo una sola frase.

Esto no se vuelve a hacer en mi casa. Walter no se lo contó a nadie hasta los 72 años durante una entrevista en la que el periodista al escuchar la historia apagó la grabadora. Cuando don José María Mercado murió en 1954, Walter tenía 22 años. La relación entre los dos se había mantenido en una cortesía formal durante toda su adolescencia.

No hubo abrazos, no hubo reconciliaciones. En el velorio, Walter no lloró. Se quedó de pie junto al ataúd durante horas, vestido de traje oscuro, con las manos cruzadas sobre el pecho. Según Aida, su hermana del medio, lo único que dijo en toda la jornada fue una frase dirigida al cuerpo de su [música] padre en voz tan baja que solo ella la escuchó.

Yo iba a poder ser yo cuando tú no estuvieras y resulta que ahora ya no sé cómo. A los 7 años empezó a bailar. Su madre lo inscribió en clases de ballet clásico y de danza moderna en una academia de Santurce que él recorría dos veces por semana en guagua pública. En los años 40, en una ciudad caribeña de tradición conservadora, un niño que bailaba era un niño marcado.

Walter lo entendió rápido. Aprendió a moverse entre dos personajes. el que era frente a su padre, sobrio, contenido, casi invisible. Y el que era frente al espejo de la academia, estático, dramático, libre, esa duplicidad nunca lo abandonó. Visual, niño en academia de baile años 40, luz polvorienta entrando por ventana alta, ballet barre.

 Por lo tanto, cuando entró a la Universidad de Puerto Rico a estudiar pedagogía, psic [música] psicología y farmacología al mismo tiempo, ya tenía construida una armadura. Hablaba bajo, caminaba derecho, saludaba con cortesía formal, to por dentro, según le confesó décadas después a uno de sus directores de documental.

 Sentía que estaba interpretando el papel de un hijo aceptable mientras esperaba que llegara el momento de salir de Ponce. Pero el momento no llegó como él lo había planeado. A finales de los años 50, Walter empezó a trabajar como actor en telenovelas puertorriqueñas, Pequeños Papeles primero, luego protagónicos. Su rostro se hizo familiar en los hogares de la isla.

 Fundó su propia escuela de actuación, el Walter Actors Studio 64, donde formó a una generación de actores boricuas. En la calle empezó a recibir miradas, mujeres que se acercaban a decirle que era hermoso, hombres que se acercaban a decirle otras cosas en voz baja. Walter no contestaba ni a unas ni a otros. Sonreía con la sonrisa que había practicado frente al espejo desde los 12 años.

 Y mientras eso pasaba, en un avión que despegaba de Santo Domingo, rumbo a San Juan, viajaba una mujer que iba a cambiarle la vida en menos de 6 meses. Esa mujer, según la versión que la familia Mercado nunca confirmó, pero tampoco desmintió, [música] era una modelo y azafata de origen brasileño. Trabajaba en una aerolínea regional que cubría rutas entre el Caribe y Sudamérica.

Walter la conoció en una cena en el viejo hotel Caribe Halton de San Juan a mediados de los años 60. Lo que pasó después, las personas más cercanas a él lo describieron siempre con la misma palabra. Cambió. Walter se enamoró por primera y única vez en su vida pública. [música] Dejó de fingir y por primera vez también alguien lo conoció completo.

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