Los soldados lo capturaron. A mí me dejaron escapar. Por supuesto, era parte del plan. Corrí hacia la selva. Me escondí durante 3 días. Cuando regresé a La Paz, había un sobre con dinero esperándome. Mucho dinero, el pago por la vida del Cheegevara. No vas a creer esto, pero lo que Ricardo revela a continuación es aún más devastador.
Al día siguiente, el 9 de octubre, ejecutaron al Cheé en la escuela de la higuera. Yo no estuve allí, pero lo supe inmediatamente. Sentí como si algo en mi alma se rompiera en ese momento. Durante los siguientes 50 años viví una mentira. Continúa Ricardo. Con el dinero que me dieron, compré esta casa, puse un pequeño negocio, nos mudamos de La Paz a Santa Cruz para que nadie nos reconociera.
Le dije a María que había recibido una herencia de un tío lejano. Ella nunca supo la verdad. Nadie supo jamás. Andrés está temblando. Mamá nunca supo. Nunca. Confirma Ricardo. Cuando ella murió hace 5 años se fue creyendo que yo era un buen hombre. Tú naciste en 1969, dos años después de la muerte del Che. Te puse Andrés por el poeta, pero cada vez que decía tu nombre pensaba en el otro Andrés.
Andrés Guevara, uno de los hijos del cheque quedó huérfano por mi culpa. Las lágrimas de Andrés caen más rápido ahora. Su padre, el hombre callado y respetable que conoció toda su vida, era responsable de una de las muertes más famosas del siglo XX. ¿Por qué me lo cuentas ahora, papá? Porque después de 50 años Ricardo mira al techo.
Porque no puedo morir con este secreto. Porque he vivido en el infierno durante medio siglo. Porque cada noche durante 50 años he soñado con los ojos del Che mirándome en ese desfiladero. Todavía no sabes lo que está por venir, porque lo que Andrés descubre en los siguientes días cambiará completamente su comprensión de quién ordenó realmente la muerte del Che.
Ricardo toma aliento con dificultad. Hay más, hijo. Algo que descubrí años después y que hace todo esto aún peor. ¿Qué puede ser peor que esto?, pregunta Andrés. En 1989 cayó el muro de Berlín. Empezaron a desclasificarse documentos de la Guerra Fría. Un periodista argentino, un tal Rodríguez, me encontró, no sé cómo, pero supo que yo había estado en Bolivia con el Cheé.
me ofreció dinero por mi historia. Lo rechacé, por supuesto, pero él me dejó algo, un documento que había encontrado en archivos cubanos. Ricardo señala hacia el cajón de la mesa de noche. Ahí, en ese sobre amarillo, Andrés abre el cajón con manos temblorosas. Encuentra un sobre viejo amarillento por el tiempo. Dentro hay varias hojas mecanografiadas.
Son copias de telegramas entre La Habana y Bolivia, fechados en 1967. Andrés comienza a leer y lo que ve lo deja sin aliento. Los telegramas son comunicaciones entre Fidel Castro y agentes cubanos en Bolivia. En uno fechado, el 15 de julio de 1967, Fidel escribe: “La misión del Che debe terminar de la manera correcta.
Un mártir vale más que un fracaso vivo. Andrés sigue leyendo. Su horror creciendo con cada línea. Otro telegrama del 3 de agosto. Identifiquen a un guerrillero boliviano que tenga familia. Ofrézcanle lo necesario. El sacrificio de uno salvará la revolución de millones y otro más. Del 20 de septiembre. Villanueva ha aceptado.
Procedan con el plan. Asegúrense de que no parezca traición cubana. debe verse como captura del ejército boliviano. Andrés mira a su padre con ojos llenos de lágrimas y rabia. Fidel Castro ordenó tu traición. El mejor amigo del Che ordenó su muerte. Ricardo asiente débilmente. Cuando vi esos documentos en 1989, lo entendí todo.
Joaquín Torres no era un agente renegado. Estaba siguiendo órdenes directas de Fidel. Todo fue planeado desde la Habana. Fidel decidió que era mejor que el Che muriera en gloria, que regresara derrotado. ¿Pero por qué? Pregunta Andrés. ¿Por qué Fidel haría eso? Ricardo cierra los ojos porque el Che se había vuelto problemático para Fidel.
Era demasiado puro, demasiado idealista. criticaba a la Unión Soviética abiertamente, ponía en riesgo las relaciones de Cuba y lo peor era más querido que Fidel por muchos revolucionarios jóvenes. Fidel no podía tenerlo de vuelta en Cuba vivo y fracasado. Pero muerto como mártir, el Che se convertía en un símbolo controlable.
Durante 28 años guardé también ese secreto”, dice Ricardo. “Saber que no solo había traicionado al Che, sino que había sido una pieza en el juego de Fidel Castro, me destruyó aún más. Me volví alcohólico durante los años 90. ¿Te acuerdas, Andrés? Tú tenías 20inte y tantos años. Pensabas que tu padre era débil, que no podía manejar el estrés del negocio. Me acuerdo.
Susurra Andrés. Casi pierdo todo en esos años. Tu madre casi me deja. Pero no podía decirle por qué bebía. No podía decirle que bebía para olvidar la cara del che, para olvidar que el hombre más heroico que conocí murió por mi traición y que esa traición fue orquestada por su mejor amigo. Ricardo tose violentamente.
Andrés le da agua. Cuando el anciano se calma, continúa. Dejé de beber en 1998. Tu madre me dio un ultimátum, pero nunca dejé de sufrir. Cada 9 de octubre, el aniversario de la muerte del Che, me encerraba en mi cuarto. Tú pensabas que era porque me sentía mal de salud. En realidad era porque no podía enfrentar el mundo ese día.
Para un momento, no te pierdas este detalle, porque lo que Ricardo revela ahora sobre Fidel Castro es lo más impactante de toda la confesión. En 2006, Fidel Castro se enfermó y dejó el poder, dice Ricardo. Pensé que finalmente hablaría, que en sus últimos años confesaría lo que hizo, pero nunca lo hizo. En 2016, cuando murió, me di cuenta de que la verdad se iría con él a la tumba, a menos que yo hablara. Andrés escucha en silencio.
Durante años pensé en hacerlo público, contactar a un periodista, publicar los telegramas, pero tenía miedo. Miedo de que no me creyeran, miedo de que los fanáticos de Fidel me mataran y sobre todo miedo de que tú, mis nietos, el resto de la familia supieran lo que hice. Ricardo toma la mano de Andrés, pero ahora estoy muriendo y me di cuenta de que hay algo peor que todos sepan la verdad. que es que nadie la sepa.
Que el cheegue vara murió pensando que fue mala suerte cuando en realidad fue una ejecución calculada por su mejor amigo. ¿Qué quieres que haga con esta información, papá? Pregunta Andrés. La pregunta queda suspendida en el aire. Ricardo cierra los ojos agotado por la confesión. Quiero que decidas tú. Si publicas la verdad, mi nombre será recordado como el traidor del Cheé.
Pero también se sabrá que Fidel Castro traicionó a su hermano y revolucionario. Si guardas el secreto, yo moriré en paz, pero la historia seguirá siendo una mentira. Los siguientes tres días son los más difíciles de la vida de Andrés. Su padre entra y sale de la conciencia. A veces despierta gritando, “¡Che, perdóname, perdóname.
” Otras veces murmura hombres: Joaquín, Fidel, María. Andrés se sienta junto a la cama sosteniendo los telegramas en una mano y la mano de su padre en la otra. Está dividido. Por un lado, siente que el mundo merece saber la verdad. El Chegevara no fue capturado por mala suerte o por incompetencia militar. Fue entregado deliberadamente por orden de Fidel Castro.
La amistad más famosa de la revolución fue una mentira. Fidel sacrificó a su hermano para proteger su propio poder. Por otro lado, piensa en su familia. Su padre será recordado como un traidor. Sus hijos, los nietos de Ricardo, crecerán con ese apellido manchado. Y él mismo, Andrés, será conocido como el hijo del hombre que vendió al Che.
Aún no has visto la mayor sorpresa, porque el 18 de octubre de 2017, exactamente 50 años y 9 días después de la muerte del Che, Ricardo Villanueva muere. Sus últimas palabras son, Che. Lo siento, Fidel me obligó. Perdóname. Después del funeral, Andrés está solo en la casa de su padre. Tiene los telegramas esparcidos sobre la mesa.
Tiene también el diario de su padre que encontró en el mismo cajón. Es un cuaderno viejo donde Ricardo documentó todo. Las reuniones con Joaquín Torres, las coordenadas exactas que transmitió al ejército boliviano, los pagos que recibió y más devastador aún las pesadillas que tuvo durante 50 años. Hay entradas que dicen 12 de octubre de 1970.
Soñé nuevamente con el Che. Me miraba y preguntaba, ¿por qué, Ricardo? ¿Por qué? No tengo respuesta. Otra entrada. 9 de octubre de 1985. 18 años hoy. María preparó pastel para Andrés. Mientras cantábamos feliz cumpleaños. Yo pensaba que el che llevaba 18 años muerto por mi culpa. No pude comer el pastel. Y otra más.
25 de noviembre de 2016, Fidel Castro murió hoy. Vi las noticias. Millones llorando, llamándolo héroe. Nadie sabe que él mató a su mejor amigo. Me pregunto si Fidel tuvo pesadillas como yo. Espero que sí. Espero que el Che lo visitara cada noche como me visita a mí. Andrés llora leyendo el diario. Su padre sufrió cada día durante medio siglo.
No fue un traidor sin conciencia. fue un hombre que tomó una decisión imposible y pagó el precio en culpa y tormento. En ese momento, todo se aclaró para Andrés. Su padre no necesita ser castigado más. Ya se castigó a sí mismo durante 50 años. Pero Fidel Castro, el verdadero arquitecto de la traición, murió celebrado como héroe.
Eso no puede seguir siendo así. Andrés toma una decisión. Va a contar la historia, pero de una manera específica. No va a exponer a su padre al odio público de manera gratuita. Va a contar la historia completa, cómo Fidel ordenó la traición, cómo amenazó a una familia para obligar a un hombre a traicionar a su héroe y cómo ese hombre vivió en el infierno por 50 años.
En diciembre de 2017, Andrés contacta a un periodista argentino. Le da los telegramas, el diario, todo. Le cuenta la historia completa de su padre. El periodista profesional y sensible trata la historia con respeto. No presenta a Ricardo como un villano, sino como una víctima de un sistema que destruye a las personas para mantener el poder.
La historia se publica en marzo de 2018, exactamente 51 años después de que el Che dejara Cuba para siempre. El título es El hombre que traicionó al Che bajo amenaza de muerte. Las órdenes secretas de Fidel Castro finalmente reveladas. El impacto es inmediato y masivo. La historia se vuelve viral. Millones la leen en América Latina, en España, en todo el mundo.
Algunos acusan a Andrés de mentir, de inventar una conspiración para manchar el nombre de Fidel. Pero los telegramas son reales, verificados por expertos. Algunos historiadores que siempre sospecharon que había algo más detrás de la muerte del Cheé, finalmente tienen pruebas. Otros defienden a Fidel diciendo que hizo lo necesario para proteger la revolución, pero la mayoría simplemente está sorprendida, dolida, desilusionada.
La amistad entre Che y Fidel, esa hermandad revolucionaria que inspiró a millones fue una mentira. Fidel sacrificó a su amigo por poder político. A Leida March, la viuda del Che, ahora de 88 años, da una entrevista. dice, “Siempre supe que Fidel no ayudó lo suficiente a Ernesto, pero pensar que activamente causó su muerte es devastador.
Mi esposo murió creyendo en su hermano revolucionario y ese hermano lo traicionó. Y vos ahora has conocido la verdad que estuvo oculta durante 50 años. ¿Has visto como un hombre ordinario fue convertido en traidor por las amenazas de un líder que prefirió un mártir muerto sobre un camarada vivo? Ricardo Villanueva no fue villano, fue otra víctima del Cheegevara, del mismo sistema que mató al revolucionario más puro del siglo XX.
6 meses después de la publicación, Andrés Villanueva recibe un sobre sin remitente. Está sentado en la misma casa donde su padre confesó todo. La casa comprada con dinero manchado de sangre. Abre el sobre con manos temblorosas. Dentro hay una carta escrita a mano en papel amarillento. La fecha en la parte superior dice 15 de marzo de 1968.
Hace 50 años. Andrés comienza a leer y se da cuenta inmediatamente de quién escribió esta carta. La letra es inconfundible. La ha visto en miles de fotografías históricas. Es la letra de Ernesto Chegevara, querido traidor. Comienza la carta. Si estás leyendo esto, significa que he muerto y significa que finalmente alguien está contando la verdad sobre lo que pasó en Bolivia.
Escribo esta carta en mi celda en la higuera, horas antes de mi ejecución. No sé cómo llegará a tus manos, pero confío en que llegará, porque la verdad siempre encuentra su camino. Andrés siente que no puede respirar. El Che escribió una carta para el traidor. ¿Cómo es posible? Sigue leyendo con lágrimas en los ojos. Sé que fuiste tú, Ricardo.
Lo supe en el momento en que nos emboscaron en quebrada del yuro. Vi tu cara, vi la culpa en tus ojos. La carta continúa con una letra cada vez más irregular, como si el Che hubiera estado luchando por mantener la mano firme. No te odio, Ricardo. Quiero que sepas eso. No te odio porque entiendo que no actuaste por malicia. Alguien te obligó.
Alguien te amenazó. Probablemente amenazaron a tu familia. Conozco esas tácticas. Las he visto antes. Andrés siente un nudo en la garganta. El Che perdonó a su padre incluso antes de morir. He tenido mucho tiempo para pensar aquí en esta celda sucia, continúa la carta. He pensado en Fidel, he pensado en nuestra amistad y he llegado a una conclusión dolorosa.
Fidel está detrás de esto. Nadie más tendría el poder, los recursos, la frialdad para orquestar mi captura. De esta manera, el Che sabía, incluso antes de morir, sabía que Fidel lo había traicionado. Durante años sentí que Fidel estaba distanciándose, escribe el Che. Después de la crisis de los misiles, algo cambió en él.
Se volvió más político, más pragmático. Yo era un estorbo ideológico para él, demasiado puro, demasiado inflexible. Y los estorbos deben ser eliminados. Las palabras son devastadoras en su claridad. El Che entendió perfectamente lo que Fidel había hecho y por qué. Escribo esta carta no para ti, Ricardo, sino para la historia. Continúa el che.
Algún día alguien encontrará esta carta. Tal vez en 10 años, tal vez en 50. Y cuando la encuentren, quiero que sepan esto. La revolución que construimos en Cuba fue hermosa al principio, pero el poder corrompe incluso a los más nobles, incluso a Fidel. Andrés tiene que pausar la lectura.
Sus manos tiemblan tanto que apenas puede sostener el papel. Fidel era mi hermano, escribe el che. Luchamos juntos, soñamos juntos, pero en algún momento él eligió el poder sobre la hermandad y yo elegí los principios sobre la supervivencia. Ambos pagamos el precio de nuestras elecciones. Él vivirá, pero cargará con esta traición.
Yo moriré, pero moriré siendo quién soy. La carta continúa. A ti, Ricardo, te digo esto. No cargues con culpa por el resto de tu vida. Fuiste una herramienta. No el arquitecto, el verdadero traidor. No eres tú, es el hombre que te usó. Perdónate a ti mismo. Vive por tu familia. Ellos te necesitan más de lo que la revolución me necesitaba a mí.
Andrés está soyando ahora. El Che perdonó a su padre desde su celda de muerte. Le dio permiso para vivir sin culpa, pero su padre nunca recibió esta carta. nunca supo que fue perdonado. La carta tiene un último párrafo y a quien sea que esté leyendo esto en el futuro, escribe el che, les digo, no conviertan mi muerte en un mito.
No me hagan un santo. Fui un hombre con errores, con dudas, con momentos de debilidad, pero traté de vivir con integridad. Traté de no traicionar mis principios. Si mi vida significa algo, ¿qué signifique esto? Es mejor morir siendo fiel a ti mismo que vivir comprometiendo tu alma. La carta está firmada.
Ernesto Cheeguevara, 9 de octubre de 1967, 6 de la mañana, horas antes de mi ejecución. Debajo de la firma hay una nota adicional en otra letra. Esta carta fue escrita por el Cheegevara y entregada a mí. Julia Cortés, maestra de la escuela de la higuera, minutos antes de su muerte, me pidió que la guardara. y que algún día, cuando la verdad saliera, la entregara a quien la necesitara. Han pasado 50 años.
He leído la historia de Ricardo Villanueva. Creo que su hijo necesita esto. Julia Cortés, 88 años, Santa Cruz, Bolivia. Andrés lee la carta tres veces. Cada vez llora más. Su padre vivió 50 años en el infierno, torturado por una culpa que el Che ya había perdonado desde su celda de muerte.
No vas a creer esto, pero Andrés toma una decisión que cambiará todo. Decide publicar la carta del Che, la entrega al mismo periodista que publicó la historia original. El impacto es aún mayor que la primera vez. La carta del Che se vuelve viral instantáneamente. Millones la leen, millones lloran. La imagen del Che perdonando a su traidor desde su celda de muerte, entendiendo que el verdadero villano era Fidel Castro. Es devastadora y poderosa.
Aleida March, la viuda del Che, pide conocer a Andrés. Se encuentran en La Habana en mayo de 2018. Es un momento histórico. La viuda del Che y el hijo del traidor sentados juntos en la misma habitación. “Tu padre no mató a mi esposo”, le dice a Leida con lágrimas. Fidel mató a mi esposo. Tu padre fue otra víctima.
Se abrazan dos personas conectadas por la tragedia, separadas por 50 años de silencio, finalmente unidas por la verdad. Aleida le muestra Andrés algo que nunca ha sido público. El diario personal del Che de los últimos meses en Bolivia. Hay una entrada fechada el 3 de septiembre de 1967, un mes antes de su muerte. Sospecho que Fidel no enviará la ayuda que prometió.
Sospecho que ya decidió que es mejor que yo muera aquí. El Che sabía semanas antes de ser capturado, ya sabía que Fidel lo había abandonado. Otra entrada del 20 de septiembre. Hay un hombre en el grupo, Ricardo Villanueva, que actúa extraño. Lo he visto alejarse por las noches. Lo he visto con un objeto pequeño que parece un radio.
No quiero sospechar, pero mi instinto me dice que algo no está bien. Si mis sospechas son correctas, no lo culparé. Seguramente lo amenazaron. Andrés siente escalofríos. El Che sabía que Ricardo era el traidor incluso antes de la emboscada y aún así no lo denunció, no lo confrontó, no lo castigó.
¿Por qué no hizo nada?, pregunta Andrés a Aleida. Aleida, cierra los ojos. Porque Ernesto entendía que Ricardo no era el enemigo. El enemigo era el sistema que pone a las personas en posiciones donde deben elegir entre traicionar sus ideales o ver morir a su familia. Andrés, mira las páginas del diario.
Hay una última entrada escrita el 8 de octubre de 1967, el día de la captura. Hoy será el día. Lo sé. Ricardo nos ha llevado hacia la trampa. Vi su cara esta mañana. Está aterrorizado. Quiero decirle que lo perdono, pero no hay tiempo. Si sobrevivo hoy, lo perdonaré. Si muero, espero que algún día él se perdone a sí mismo.
Todavía no sabes lo que está por venir, porque en julio de 2018 algo extraordinario sucede. El gobierno cubano, bajo presión internacional por las revelaciones, abre sus archivos secretos sobre el Che. Entre los documentos desclasificados hay algo que nadie esperaba. Una confesión de Fidel Castro es un documento escrito en 2006 cuando Fidel se enfermó gravemente y pensó que moriría.
He vivido con muchos secretos, escribe Fidel en este documento nunca publicado, pero hay uno que me ha atormentado más que cualquier otro. En 1967 tomé la decisión de no ayudar al Che en Bolivia. Más que eso, tomé la decisión de facilitar su captura. La confesión continúa. Lo hice porque creí que era necesario para la supervivencia de la revolución cubana.
El Che se había vuelto un problema político. Sus críticas a la Unión Soviética ponían en riesgo nuestra ayuda económica. Su popularidad entre los jóvenes revolucionarios amenazaba mi liderazgo. Pensé que un che muerto sería más útil que un Che vivo y crítico. Fidel admite todo. El plan, la manipulación de Ricardo Villanueva, las amenazas a su familia, todo.
Usé a un hombre bueno, Ricardo Villanueva, como instrumento. Escribe Fidel. Lo convertí en traidor para salvar mi revolución. Fue pragmático, fue cruel y fue la decisión correcta para Cuba, pero la decisión equivocada para mi alma. La confesión de Fidel sacude al mundo. Por primera vez, el propio Fidel Castro admite que traicionó al Chegevara.
No hay forma de negarlo ahora. No hay forma de decir que es conspiración o propaganda. Son las propias palabras de Fidel. He vivido 39 años más que el Che, continúa la confesión. Cada uno de esos años ha sido una mezcla de victoria y tormento. Cuba sobrevivió. La revolución continuó, pero el precio fue mi hermano, el precio fue mi alma.
Fidel escribe sobre las pesadillas que tuvo durante décadas. Sueños donde el Che lo confrontaba. Momentos de vigilia donde veía el rostro del Che en multitudes. En 1997, cuando finalmente encontramos sus restos en Bolivia y los trajimos a Cuba, tuve que dar un discurso. Escribe Fidel. Tuve que hablar sobre mi hermano caído, sabiendo que yo había facilitado su caída.
Tuve que llorar lágrimas públicas que eran reales, pero no por las razones que la gente pensaba. Lloraba por mi traición, no por su muerte accidental. La confesión termina con una línea devastadora. Si pudiera volver atrás, no sé si haría las cosas diferentes. La revolución me lo exigió, pero el hombre que fui murió el día que el Che murió.
Lo que sobrevivió fue solo el político y los políticos no tienen alma. Para un momento, no te pierdas este detalle, porque lo que sucede después de la publicación de la confesión de Fidel es algo que nadie anticipó. Raúl Castro, hermano de Fidel y quien gobernaba Cuba en 2018, da una conferencia de prensa histórica.
“Mi hermano Fidel cargó con este secreto durante toda su vida”, dice Raúl con voz temblorosa. Yo sabía, siempre supe, pero él me hizo prometer que nunca lo diría mientras él viviera. Ahora que está muerto y ahora que su propia confesión ha salido a la luz, siento que Cuba merece saber toda la verdad. Raúl revela detalles adicionales.
Confirma que Joaquín Torres existió, que era un agente de inteligencia cubano, que había otros Ricardos identificados en caso de que el primero fallara. Fue una operación completa, admite Raúl. Teníamos planes de respaldo. Teníamos múltiples formas de asegurar que el Che no saliera vivo de Bolivia. No podíamos arriesgarnos a que regresara.
La conferencia de prensa es transmitida en vivo a todo el mundo. Millones la ven. El gobierno cubano, por primera vez en su historia, admite haber traicionado a su propio héroe revolucionario. Las reacciones son mixtas. Algunos cubanos están furiosos. Sienten que les mintieron durante 51 años. Otros defienden a Fidel diciendo que hizo lo necesario para Cuba, pero hay un grupo que tiene una reacción diferente.
Los hijos del Che Guevara, Aleida Guevara, Camilo Guevara, Celia Guevara y Ernesto Guevara. Los cuatro dan una conferencia de prensa conjunta en La Habana. Aleida, la mayor, habla primero. Durante 51 años nos dijeron que nuestro padre murió por mala suerte, por errores tácticos, por la traición de campesinos bolivianos. Dice, “Ahora sabemos que murió porque el hombre que llamaba su hermano decidió sacrificarlo.
No hay palabras para describir cómo nos sentimos.” Camilo, el segundo hijo, añade, pero hay algo más importante que nuestro dolor. Nuestro padre, incluso sabiendo que Fidel lo había traicionado, incluso sabiendo que Ricardo Villanueva era el instrumento de esa traición, eligió el perdón.
Esa es la lección que debemos aprender. Ernesto, el hijo menor, lee la carta que su padre escribió en la higuera. Su voz se quiebra varias veces. Cuando termina dice, “Mi padre no querría que odiáramos, querría que entendiéramos. Ricardo Villanueva no fue el villano. Fidel Castro no fue simplemente un villano.
Fueron hombres atrapados en un momento histórico imposible, tomando decisiones imposibles. Celia, la única hija del segundo matrimonio del Che, concluye: “Honramos a nuestro padre no con odio, sino con comprensión.” Él entendió. Es tiempo de que nosotros también entendamos. En agosto de 2018, exactamente 51 años después de la última conversación entre el Che y Fidel en vida, sucede algo extraordinario.
El gobierno boliviano, el gobierno cubano y la familia Villanueva organiza. Miles de personas asisten. Andrés Villanueva está allí. Los cuatro hijos del Che están allí. Raúl Castro está allí. Julia Cortés, la maestra de 88 años que guardó la carta del Che durante 50 años, está allí, en el mismo salón donde el Che fue ejecutado, ahora convertido en museo.
Andrés lee públicamente la carta de perdón que el Che escribió para su padre. No te odio, Ricardo. Lee Andrés con lágrimas. Entiendo que no actuaste por malicia. Alguien te obligó. Cuando termina, Aleida Guevara camina hacia Andrés. Se abrazan frente a las cámaras del mundo entero. Tu padre fue otra víctima de mi padre”, le dice Aleida.
Ambos fueron destruidos por el mismo sistema. Luego, en un gesto que nadie esperaba, Aleida saca algo de su bolso. Es la boina del Che, la famosa boina negra con la estrella que usó durante años. Esto perteneció a mi padre, dice. Lo usó en Sierra Maestra, lo usó en Cuba, lo usó en Bolivia. Quiero que tu familia lo tenga no como símbolo de heroísmo, sino como símbolo de perdón.
Andrés no puede hablar. Toma la boina con manos temblorosas. Es un objeto que ha visto en miles de fotografías un símbolo reconocido mundialmente y ahora está en sus manos, entregado por la hija del hombre que su padre traicionó. ¿Por qué? Logra preguntar finalmente, porque mi padre hubiera querido esto. Responde a Leida. Él no creía en el odio eterno.
Creía en la humanidad, incluso en sus traicionadores. Creía que todos somos víctimas de sistemas más grandes que nosotros. El evento en la higuera termina con algo sin precedentes. Un minuto de silencio, no solo por el Cheeguevara, sino también por Ricardo Villanueva, por el traidor que vivió 50 años en el infierno, por el hombre que fue convertido en instrumento y que pagó el precio más alto. Su conciencia.
Aún no has visto la mayor sorpresa, porque dos meses después, en octubre de 2018, exactamente 50 y 1 años después de la muerte del Che, se inaugura algo extraordinario en Santa Cruz, Bolivia. Es un museo pequeño, modesto, se llama Museo de las Víctimas de la Revolución. Dentro hay dos secciones, una dedicada al Cheegevara, otra dedicada a Ricardo Villanueva, ambos presentados no como héroe y villano, sino como dos hombres destruidos por el mismo sistema.
El museo fue idea de Andrés y fue financiado por donaciones de todo el mundo. La sección del Che muestra su vida, sus ideales, su lucha, su muerte, pero también muestra su humanidad, sus dudas, sus errores. La sección de Ricardo muestra los telegramas, el diario, las pesadillas. Muestra cómo un hombre ordinario fue convertido en traidor por amenazas contra su familia.
muestra los 50 años de tormento que sufrió. En el centro del museo hay una placa con una cita del Che. Es mejor morir de pie que vivir de rodillas. Y debajo una cita de Ricardo tomada de su diario. Elegí vivir de rodillas para que mi familia pudiera vivir y morí de pie solo cuando confesé la verdad.
El museo se vuelve un lugar de peregrinación, no solo para fanáticos del Cheé, sino para cualquiera interesado en las complejidades morales de la revolución, del poder, de la traición. Estudiantes de todo el mundo vienen a estudiar este caso. ¿Qué harías tú en el lugar de Ricardo? ¿Traicionarías a tu héroe para salvar a tu familia? ¿Qué es más importante? ¿Los principios o los seres amados? No hay respuestas fáciles y esa es precisamente la lección.
En diciembre de 2018, Andrés recibe una llamada inesperada. Es de un hombre que se identifica como Joaquín Torres Junior. Mi padre fue el agente que amenazó a tu padre en 1967, dice la voz al teléfono. Murió en 2005, pero antes de morir me confesó lo que hizo. Me dijo que durante 38 años vivió con la culpa de haber destruido la vida de tu padre. Quiero reunirme contigo.
Se encuentran en enero de 2019 en un café en Buenos Aires. Joaquín Junior tiene 65 años. Trae consigo otro sobre. Esto es de mi padre, dice. Lo escribió antes de morir. Es una disculpa para tu padre. Nunca tuvo el valor de enviársela mientras ambos vivían. La carta de Joaquín Torres, Señor, es breve, pero devastadora.
Ricardo Villanueva, te convertí en un traidor. Seguí a órdenes, pero eso no me absuelve. Destruí tu vida para cumplir una misión y esa misión destruyó a todos los involucrados. El Che, tú, yo, Fidel. No hay ganadores en las traiciones, solo diferentes tipos de perdedores. Perdóname si puedes. Andrés y Joaquín Junior hablan durante horas.
Descubren que ambos cargaron con el peso de los pecados de sus padres. Ambos crecieron con secretos que no entendían. Ambos finalmente encontraron la verdad. Y esa verdad, aunque dolorosa, es liberadora. Hoy, en 2025, casi 58 años después de la muerte del Cheeguevara, la historia completa finalmente se conoce.
Fidel Castro traicionó a su mejor amigo. Ricardo Villanueva fue el instrumento de esa traición. El Che perdonó a ambos antes de morir y las familias de todos los involucrados finalmente encontraron paz en la verdad. Andrés Villanueva tiene ahora 65 años. Dirige el museo en Santa Cruz.
Da charlas en universidades sobre ética, traición y perdón. Cada 9 de octubre, en el aniversario de la muerte del Che, Andrés y los hijos del Che se reúnen en la higuera, no para celebrar ni para lamentarse, sino para recordar. Recordar que la historia no es blanco y negro. Recordar que los héroes tienen defectos y los traidores tienen razones.
Recordar que el verdadero enemigo nunca fue una persona, sino un sistema que obliga a las personas a tomar decisiones imposibles. Y vos ahora has conocido la historia completa, la historia de cómo el hombre más puro de la revolución fue traicionado por su mejor amigo. La historia de cómo un hombre ordinario fue convertido en traidor y vivió en el infierno por 50 años.
La historia de cómo el perdón, incluso desde una celda de muerte, puede sanar heridas de medio siglo. Fidel eligió el poder. El Che eligió los principios. Ricardo no eligió nada, solo fue elegido. Tres hombres, tres destinos, una sola verdad. En las revoluciones todos pierden algo y a veces lo que pierden es su humanidad.
Yeah.