Posted in

¿Vivimos una mentira? El día que Televisa vendió a la Novia de América

¿Vivimos una mentira? El día que Televisa vendió a la Novia de América: Toda la verdad oculta tras el pacto secreto del Tigre Azcárraga y la madre de Lucero que destruyó su felicidad por 11 millones de dólares, un matrimonio por contrato y el llanto prohibido antes del altar.

LUCERO: 30 Años de FARSA ASQUEROSA – El PACTO Sucio entre Tigre Azcárraga y la Madre que La Vendió  

Cierra los ojos, comadre. Imagínate la escena. Una oficina del piso 20 de Televisa San Ángel, año 1996. Detrás de un escritorio de Caova se sienta el hombre más poderoso del entretenimiento en  habla hispana. El tigre Azcárraga Milmo, 66 años, 67  kg de furia y de cálculo. Un hombre que con una llamada podía hacer famoso a un cantante o enterrar para siempre la carrera de una actriz.

 Frente a él sentadas dos mujeres. La primera es una cantante de 27 años que durante  los últimos 17 había trabajado bajo el ala de la empresa.  La conoces como lucero. La segunda mujer sentada a su lado es la verdadera dueña del nombre. Es su madre Luz María León Soubiné. Y entre los tres, comadre, entre los tres, se está cerrando uno de los negocios más sucios del entretenimiento mexicano del siglo XX.

 Se está vendiendo en vivo en aquella oficina sin ruidos sin testigos. Una boda. Ella era la mercancía, mi gente. Ella era la mercancía y ella no lo sabía. O quizás sí lo sabía, pero hacía años que le habían enseñado que lo  que le pedía el tigre no se le negaba a nadie.

 Lo que se decidió en aquella  oficina comadre, aún cuando ninguno de los tres lo dijo en voz alta con esas palabras, fue lo siguiente: Televisa estaba sangrando. La crisis del tequilazo había golpeado a México en 1994 y la empresa necesitaba un evento, un evento gigante, un evento que fuera el equivalente moderno de aquel partido del  Mundial 70.

Algo que paralizara al país, algo  que vendiera ,700,000 en publicidad de un solo plumazo y el tigre  Azcárraga, ese hombre que llevaba años observando a la cantante con la voz limpia, ese hombre que la llamaba Escuincla, aunque  ella tuviera ya 27 años cumplidos, había encontrado el producto perfecto, la boda,  la boda televisada, la boda en vivo.

 en cadena nacional de 4 horas, con misa, con civil, con baile del perrito, con todo. Pero faltaba un detalle, faltaba el  novio y el novio también había que ponerlo comadre porque el negocio no podía depender de que la chica se enamorara. El negocio tenía que garantizarse primero. Hoy vas a descubrir, mi gente, cuatro cosas que durante 30 años nadie en México se atrevió a decir en voz alta.

 Cuatro cosas que estaban en los pasillos, susurradas, comentadas a media voz por los productores, por los directores, por los maquillistas  y peluqueras de la empresa. Cuatro cosas que las altas esferas del entretenimiento mexicanos sabían. Pero que la prensa rosa, comprada hasta la médula por la televisora, jamás iba a publicar.

Primero  vas a descubrir cómo fue realmente la reunión secreta entre el tigre Azcárraga y Luz María León, donde se decidió que Lucero se casaría con Mijares y no con otro hombre. Segundo, vas a descubrir los $1,700,000  exactos que Televisa cobró por la transmisión  y cuánto le tocó realmente a la novia.

 Tercero, vas a descubrir la noche antes de la boda, la noche en que Luz María León lloró encerrada en su cuarto sabiendo lo que había firmado. Y cuarto, lo más doloroso de todo, vas a descubrir la frase que dijo Lucero 14 años después,  en el momento exacto del divorcio. Una frase que demostró que ella en el fondo siempre  supo que su matrimonio había sido una farsa pactada.

 Te voy  a avisar cuando llegue cada una de las cuatro. Comadre, antes de meternos al fondo del asunto, tienes que  entender algo muy importante. La mujer de la que vamos a hablar hoy no era cualquier mujer. Era lucero, era la novia de América,  era la niña que tu hija coleccionaba en estampas, era la voz que sonaba en tu radio durante los desayunos, era la actriz que te hacía llorar las tardes con la amor.

 Era esa criatura limpia, perfecta, virginal, sonriente, con los hoyelos en las mejillas y la voz de cristal  que medio México había decidido adoptar como su propia hija.  Y eso, mi gente, eso era exactamente lo que la convertía en el producto más valioso del  catálogo de Televisa. Porque para vender una boda televisada en cadena nacional necesitabas a una novia que la  gente reconociera al instante.

Una novia con la que todas las mexicanas se identificaran,  una novia que pareciera la hija de cada mujer del país. Y no había otra, comadre.  No había otra. Solo había una. Se llamaba lucero. Para entender de verdad lo que pasó aquel día en la oficina  del tigre. Hay que volver muy atrás.

 Hay que volver al año 1979, cuando una niña pequeña de 10 años, con el cabello  castaño y los ojos enormes, entró por primera vez a un foro de Televisa. La llevaba de la mano una mujer de 34 años, su madre, Luz María León Soubiné. La niña iba a una audición para un programa que se llamaba Alegrías de mediodía.

 Y aquella audición, comadre, aquella audición sería el principio de todo. La niña cantó, los productores se quedaron paralizados. El tigre Azcárraga, que en aquella época todavía no era todopoderoso, pero ya tenía el olfato de los grandes empresarios, oyó la voz y entendió. entendió  que aquella niña no era una cantante más.

 Aquella niña era una mina de oro. Una mina de oro a la que con paciencia, con disciplina, con contratos bien diseñados podías exprimir durante décadas. Lo que muchos no recuerdan, comadre, lo que la prensa rosa de aquellos años se cuidó de no contar, es que  el tigre Azcárraga desarrolló desde aquel día una fijación particular con la niña Lucit.

Le decía Escuincla. Era el apodo  cariñoso, pero un apodo que llevaba dentro algo más. Llevaba a una marca. La escuincla era de la casa. La escuincla era patrimonio de Televisa. La escuincla  como las telenovelas, como los foros, como los actores y actrices del catálogo, era de la empresa.

Read More