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SONIA Furió: su CUERPO hallado tras varios DÍAS… El MACABRO final de la DIVA entre sus PERROS

Piensa en lo que era el cine mexicano en esos años. era la segunda industria cinematográfica de habla hispana del mundo, solo superada por España. Y en América Latina era la primera sin discusión. [música] Las películas mexicanas se exportaban a toda la región. Llegaban a los cines de Buenos Aires, Caracas, Santiago Madrid, Bogotá.

Las estrellas del cine mexicano tenían una dimensión continental que hoy resulta difícil de imaginar si no se ponen en contexto los medios de comunicación de la época. Sin televisión masiva todavía, sin internet, con la radio como único medio de comunicación que entraba en los hogares de manera cotidiana. El cine era la ventana al mundo, el espacio donde la gente veía representada la vida que podía haber sido y la que era.

Los actores y las actrices de esa industria no eran simplemente trabajadores [música] del entretenimiento, eran figuras culturales con un peso específico que ninguna categoría posterior puede traducir del todo. Si las historias de las mujeres que el cine mexicano produjo, usó y olvidó te importan, suscríbete y activa la campanita porque lo que viene es la historia [música] que el cine de oro mexicano nunca quiso contar sobre una de las actrices que más claramente lo representó.

Y Sonia Furió fue parte de ese universo durante 40 años, no en el margen, sino en el centro o cerca del centro durante la mayor parte de su carrera activa. Pero detrás de los aplausos, detrás de la imagen construida con cuidado durante décadas de trabajo en el cine, la televisión, el teatro y la radio, se gestaba un silencio que terminaría por devorarla.

Un silencio que no llegó de repente, sino que se fue instalando con la lentitud de las cosas que el sistema produce cuando deja de necesitar a alguien. La industria de la que Sonia Furio formó parte durante 40 años no la expulsó con un golpe dramático, la fue dejando fuera con la indiferencia que reserva para los que ya cumplieron su función.

El teléfono que suena cada vez [música] menos, las propuestas que ya no tienen el peso de antes, la sensación de que el mundo que conociste está siendo reemplazado por otro que no tiene lugar para ti. Hoy abrimos el expediente [música] completo de Sonia Furio, la historia que los homenajes rápidos y las notas de aniversario [música] no cuentan con la profundidad que merece.

Cuatro cosas que necesitas saber para entender de verdad quién fue esta mujer y qué le pasó. El origen en Alicante y la llegada a México como hija del exilio español. La carrera que la convirtió en una figura central de la época de oro. El veto que un gobierno autoritario le impuso por atreverse a ser honesta sobre quién era.

Y el final en Cuernavaca, la ciudad donde fue a buscar paz y donde la encontró de la única manera en que el abandono permite encontrarla. Pero antes de hablar del silencio final y de la casa de Cuernavaca, hay que entender de dónde venía esta mujer, porque la historia de Sonia Furio empieza mucho antes de que México la conociera.

Empieza en España, en una ciudad mediterránea, en una familia que tuvo que huir de su propio país porque el país había decidido destruirse a sí mismo. Licante. 30 de julio de 1937. En plena guerra civil española, cuando el país llevaba un año desangrándose en una confrontación que no tenía nada de civil y que destruiría generaciones enteras de familias españolas, nació María Sonia Furio Flores, hija de Nicolás Furio Cabanés, un concejal republicano del Ayuntamiento de Alicante que había dedicado su vida a la política

local con la convicción de los que creen en la democracia como un valor que merece defenderse y de María Flores Guillén, su esposa. El año del nacimiento de Sonia fue también el año en que Alicante vivió algunos de los episodios más brutales de la guerra. La ciudad que había apoyado a la República desde el principio, fue bombardeada en varias ocasiones.

El mercado central de Alicante sufrió uno de los ataques aéreos más mortíferos de toda la guerra en 1938, [música] cuando la aviación fascista italiana lo destruyó con una precisión que buscaba no la derrota militar, sino el terror civil. Alicante fue también en las últimas semanas del conflicto el lugar donde miles de republicanos esperaban desesperadamente los barcos que deberían haberlos rescatado y que llegaron demasiado tarde o no llegaron.

El exilio para las familias que pudieron salir antes de ese punto de no retorno fue una solución, el único camino disponible. La familia Furio optó por irse antes del colapso definitivo. En 1940, cuando Sonia tenía dos o tr años y la República Española había sido [música] aplastada por el régimen de Franco, Nicolás Furio tomó la decisión de llevar a su familia a México.

La decisión fue posible [música] gracias a la política del presidente Lázaro Cárdenas, que en aquellos años tomó la resolución de recibir a los exiliados republicanos españoles con una generosidad que no tiene parangón en la historia diplomática latinoamericana. Cárdenas no solo abrió las fronteras, facilitó los recursos, estableció instituciones específicas para los exiliados, les permitió naturalizarse con relativa facilidad, lo que el régimen de Franco llamaba rojos y expulsaba.

México los llamaba ciudadanos y les daba una segunda oportunidad. México fue para el exilio republicano español un país que se convirtió en hogar de una manera que pocas migraciones forzadas consiguen. Los intelectuales, escritores, artistas, científicos y políticos que llegaron en esas soleadas del final de los 30 y los 40 se integraron a la vida cultural y académica mexicana con una profundidad que transformó a los dos países, a México que recibió un capital humano de enorme calidad y a los exiliados que encontraron un espacio donde seguir

siendo quiénes eran, aunque lejos de casa. El Colegio de Madrid establecido en México, las publicaciones del exilio, los teatros donde las compañías republicanas siguieron actuando, las familias que construyeron vidas completas en la Ciudad de México o en Guadalajara o en Veracruz, mientras mantenían el recuerdo de los lugares de los que venían como una herencia que se transmitía en la mesa y en las conversaciones de los domingos.

Todo eso formó parte del mundo en que Sonia [música] Furio creció. Para una niña de dos o tres años como Sonia Furio, esa historia de exilio y guerra era todavía demasiado grande para ser procesada de otra manera que no fuera como el simple hecho de que México era su mundo. La ciudad de México era la ciudad donde crecía.

El español que hablaba en casa tenía un acento que sus amigos notaban, pero que a ella le parecía simplemente el acento de su familia. Creció siendo mexicana de adopción antes de serlo oficialmente, con esa doble pertenencia que los hijos del exilio llevan como una segunda piel, un poco de aquí, un poco de allá, completamente de ninguno de los dos lugares y perfectamente cómoda en los dos.

El 2 de mayo de 1952 con 14 años, Sonia Furio se naturalizó como ciudadana mexicana. El trámite legal formalizaba lo que ya era un hecho vivido. México era su país. [música] España era el lugar de donde venía la historia de su familia, el lugar de los relatos de su padre sobre la guerra y la derrota y los amigos que se quedaron atrás, pero no el lugar donde ella había crecido, ni el que sentía como propio.

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