Posted in

El Caso que Conmocionó a Chile: Padre y su Hija desaparecieron en el mar sin dejar rastro

El Caso que Conmocionó a Chile: Padre y su Hija desaparecieron en el mar sin dejar rastro

El caso que conmocionó a Chile. Padre e hija desaparecieron en el mar sin dejar rastros. Solo 6 horas duró la tranquilidad de aquella mañana. Una embarcación salió del puerto de Valparaíso con dos personas a bordo y nunca regresó con ellas. Sin gritos, sin señales de auxilio, sin cuerpos, solo el silencio absoluto del océano Pacífico y un misterio que permanecería sin resolver durante 13 largos años.

 Era el 14 de marzo de 2012. El sol apenas comenzaba a iluminar la costa chilena cuando Rodrigo Herrera, de 41 años, preparaba su pequeño bote pesquero en el muelle de Caleta Portales. A su lado, su hija Sofía, de apenas 9 años, sonreía emocionada mientras ajustaba su chaleco salvavidas color naranja. La niña llevaba una mochila azul con dibujos de delfines y una gorra blanca que le quedaba grande.

 Era la primera vez que su padre la llevaba en una salida de pesca y la pequeña no cabía de felicidad. Y antes, si eres una persona de buen corazón y te gusta hacer el bien, ayúdanos a alcanzar nuestra meta de 1000 suscriptores. Suscríbete al canal y dinos en los comentarios de qué ciudad o país nos estás viendo.

 Los vecinos del sector recuerdan perfectamente esa mañana. Don Carlos Muñoz, un pescador de 68 años que trabajaba en el muelle desde hacía cuatro décadas, declaró haber visto a Rodrigo revisando el motor del bote alrededor de las 6:30 de la mañana. Lo vi tranquilo como siempre”, contó don Carlos años después. La niñita estaba feliz saltando de un lado para otro.

 Le dijo a su papá que quería ver ballenas. Rodrigo se rió y le dijo que tal vez tendrían suerte. El clima estaba perfecto. El pronóstico meteorológico indicaba vientos suaves de no más de 15 km porh y olas de menos de 1 metro. La visibilidad era excelente, con cielos despejados y una temperatura agradable de 18 ºC.

 No había absolutamente ninguna razón para preocuparse. Rodrigo era un pescador experimentado. Conocía esas aguas como la palma de su mano. Llevaba más de 20 años navegando por la bahía de Valparaíso y nunca había tenido un solo incidente grave. A las 7:15 de la mañana, el bote salió del puerto. Se trataba de una embarcación pesquera de fibra de vidrio de aproximadamente 6 m de eslora con un motor fuera de borda yha de 40 caballos de fuerza.

 El bote estaba pintado de blanco con franjas azules en los costados y llevaba el nombre Sofía del Mar en letras negras en la proa. Rodrigo lo había bautizado así en honor a su hija cuando ella nació. Según el plan que Rodrigo le había comentado a su esposa, Patricia Valenzuela, pensaban estar de regreso antes del mediodía.

 Van a ir solo hasta Punta Curaumilla”, le había dicho Patricia a su madre por teléfono esa mañana. Rodrigo quiere enseñarle a Sofi cómo se pesca. “Van a volver antes de almuerzo porque en la tarde tenemos que ir al cumpleaños de mi sobrina.” Pero el mediodía llegó y el bote no apareció. Patricia comenzó a preocuparse alrededor de la 100 de la tarde.

 Intentó llamar al celular de Rodrigo, pero todas las llamadas iban directamente al buzón de voz. Eso no era completamente inusual. La señal en el mar era irregular, pero la inquietud comenzó a crecer en su pecho como una sombra fría. A las 2:30 de la tarde, Patricia llamó a don Carlos al muelle. “¿Ha visto a Rodrigo?”, preguntó con voz temblorosa.

 No, señora Patti, no ha vuelto todavía, pero tranquila, seguro están pescando y se les pasó la hora. Ya sabe cómo es don Rodrigo cuando agarra un buen cardumen. Pero Patricia no logró tranquilizarse. A las 3:45 de la tarde llamó a la Capitanía de Puerto de Valparaíso para reportar la situación. El oficial de guardia tomó los datos con profesionalismo rutinario, descripción del bote, hora de salida, última ubicación conocida, número de personas a bordo.

 Señora, vamos a iniciar un protocolo de búsqueda. Manténgase cerca de su teléfono”, le indicaron. A las 4:30 de la tarde, una patrullera de la Armada de Chile salió del puerto rumbo a la zona de Punta Curaumilla. El sol comenzaba a descender sobre el horizonte, tiñiendo el mar de tonos naranjas y rojos. Patricia esperaba en el muelle, abrazada a su madre, observando el océano con lágrimas contenidas.

 “Van a estar bien”, repetía su madre. “Van a aparecer. Ya vas a ver.” Pero la oscuridad llegó y con ella el silencio. Durante toda la noche del 14 de marzo, las embarcaciones de la armada peinaron la costa. Se utilizaron reflectores potentes que varrían la superficie del agua en busca de cualquier señal. Se activó el protocolo de búsqueda y rescate que incluía la participación de la prefectura marítima, la Dirección General del Territorio Marítimo y Mercante Marina y equipos voluntarios de pescadores locales que conocían cada rincón de esa costa. Nada,

absolutamente nada. La mañana del 15 de marzo trajo consigo la primera pista. A las 8:20 de la mañana, un pescador llamado Héctor Romero encontró algo flotando cerca de playa Las Torpederas, a unos 4 km al norte de donde Rodrigo había planeado pescar. Era la gorra blanca de Sofía, empapada, moviéndose suavemente con las olas.

 Héctor la sacó del agua con una mezcla de esperanza y terror y de inmediato contactó a la Capitanía. La noticia llegó a Patricia como un puñetazo en el estómago. La gorra fue lo primero que ella le había regalado a Sofía para el viaje. La niña estaba tan orgullosa de usarla. Verla ahora mojada y vacía en manos de un oficial de la Armada era como contemplar el inicio de una pesadilla de la que no podría despertar.

 Las búsquedas se intensificaron. Se sumaron helicópteros de la Fuerza Aérea de Chile, bus tácticos de la Armada y equipos de rastreo con perros entrenados que recorrieron toda la costa desde Valparaíso hasta Quintero. Cada playa, cada roquerío, cada caleta fue inspeccionada centímetro a centímetro. Los medios de comunicación comenzaron a cubrir el caso.

 Los noticieros de la tarde mostraban fotos de Rodrigo y Sofía y la gente de todo Chile seguía las búsquedas con el corazón en la mano. El 16 de marzo, al tercer día de búsqueda, ocurrió lo que todos esperaban y temían al mismo tiempo. Encontraron el bote. Fue descubierto por una patrullera de la Armada a las 11:35 de la mañana, flotando a la deriva aproximadamente a 7 millas náuticas al oeste de Punta Curaumilla.

 El sofía del mar estaba intacto. No había daños visibles en el casco, no había señales de colisión. El motor seguía en su lugar sin desperfectos aparentes. Las cuerdas de amarre estaban perfectamente enrolladas. Los chalecos salvavidas, incluyendo el que Sofía debería haber estado usando, estaban guardados bajo los asientos, pero no había nadie a bordo.

Read More