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El GUARDIA Que Vigiló al Che Su ÚLTIMA NOCHE — Lo Que Hablaron NUNCA Se Supo

Todos obedecemos órdenes, respondió el cheavidad. Pero antes de las órdenes hay sueños. ¿Cuáles son los tuyos? Nadie le había hecho esa pregunta jamás. En su comunidad, los campesinos indígenas no tenían derecho a soñar. Nacían para trabajar la tierra que no les pertenecía y morir jóvenes de hambre o enfermedad. No sé, admitió Mario, sintiendo vergüenza por su propia respuesta.

El Che cerró los ojos por un momento. Entonces, ya tenemos algo en común. Yo tampoco sabía nada a tu edad, solo sabía que el mundo estaba mal y que tenía que hacer algo. Mario se dio cuenta de que llevaba 5 minutos hablando con el hombre que mañana sería ejecutado. Debía salir, debía cerrar esa puerta, pero no podía moverse.

¿Sabes por qué estoy aquí en Bolivia?, le preguntó el Che. Mario negó con la cabeza. Nos dijeron que venías a imponer el comunismo, a quitarnos nuestras tierras. El che soltó una risa amarga que terminó en tos. Quitarles sus tierras, muchacho. Los campesinos bolivianos no tienen tierras que quitarles. Por eso vine para que las tuvieran.

Mario frunció el seño, confundido. Pero los oficiales dicen que los oficiales, interrumpió el Che, son los mismos que se quedan con las tierras que deberían ser tuyas. Los mismos que te pagan 30 pesos mientras ellos viven en mansiones. Los mismos que te enviaron a matarme porque saben que si triunfo ellos pierden su poder.

Mario sintió un escalofrío recorrerle la columna. Esas palabras tenían sentido. Horrible, peligroso sentido. Yo no quería matarte, dijo de pronto, sorprendiéndose a sí mismo. Yo solo, solo necesitaba el dinero para ayudar a mi madre. Lo sé”, respondió el Che con genuina comprensión. “Por eso estoy aquí atado y herido, porque muchachos como tú necesitan alimentar a sus madres y el sistema usa esa necesidad para convertirlos en soldados contra su propia liberación.

” Mario se sentó en el piso, olvidando completamente su posición de guardia. Su rifle descansaba a su lado. “Y si fracasas y si mueres mañana, habrá valido la pena.” El che lo miró con intensidad. ¿Sabes qué es lo único que realmente muere, soldado? La indiferencia. Yo puedo morir mañana, pero las preguntas que planteé en las mentes de miles de campesinos como tú no morirán.

Tú ahora estás cuestionando y eso, eso ya es revolución. Durante las siguientes dos horas hablaron de todo. El Che le contó sobre su infancia en Argentina, sobre cómo el asma casi lo mata de niño. Por eso entiendo el sufrimiento le dijo. Cuando no puedes respirar, cuando sientes que te ahogas, aprendes a valorar cada bocanada de aire y aprendes que nadie debería vivir así.

Nadie debería ahogarse en pobreza mientras otros nadan en riqueza. Pero lo que Mario no sabía era que la conversación estaba a punto de tomar un giro que lo perseguiría durante 57 años, porque el Che, sintiendo quizás que sus horas estaban contadas, decidió compartir algo que nunca había dicho públicamente.

“Soldado, ¿puedo pedirte un favor?” Mario asintió sin pensar. Sí, sobrevivo. Si por algún milagro no me matan, mañana quiero que le digas algo a mi esposa. Aleida le dictó un mensaje corto. Palabras simples sobre amor, sobre arrepentimiento por las ausencias, sobre esperanza de que sus hijos entendieran algún día por qué eligió este camino.

Pero si me matan, continuó el che voz más firme. Quiero que recuerdes esto. Yo elegí este destino. Nadie me obligó y lo volvería a elegir mil veces porque hay cosas por las que vale la pena morir. Mario sintió lágrimas formándose en sus ojos. ¿Cómo puedes estar tan tranquilo? ¿No tienes miedo? El Che sonrió tristemente. Tengo un miedo terrible.

Pero el miedo no es lo opuesto al coraje. El coraje es tener miedo y hacerlo de todos modos. A las 10 de la noche, Mario hizo algo que podría haberle costado la vida. compartió su comida con el che. Era pan duro y un poco de charque seco, pero era todo lo que tenía. No puedo aceptarlo dijo el Che. Tú también tienes hambre.

Tú más, respondió Mario. Simplemente comieron en silencio durante varios minutos. Luego el Che preguntó, “¿Sabes leer?” Mario bajó la mirada avergonzado. “No, nunca fui a la escuela.” “¿Y sabes por qué nunca fuiste?” La pregunta no era acusatoria, sino educativa, porque en este sistema mantener a los campesinos analfabetos es mantenerlos controlables.

Si supieras leer, podrías leer sobre tus derechos, podrías organizarte, podría ser peligroso para ellos. Mario nunca lo había visto de esa manera. Yo solo pensaba que que era porque somos pobres. Son pobres porque el sistema necesita que lo sean,”, explicó el Che pacientemente. “La pobreza no es accidental, es diseñada y mantenerte analfabeto es parte de ese diseño.

” Por primera vez en su vida, Mario sintió rabia, no contra el Che, sino contra algo más grande, más abstracto, contra la injusticia misma. Pasada la medianoche, cuando la escuela estaba en completo silencio y los otros guardias dormían, el che le hizo a Mario la pregunta más difícil. “¿Mañana te ordenarán que me mates?” Mario sintió que el alma se le caía a los pies.

“No lo sé. Creo que Creo que llamarán a alguien de más rango. Pero si te lo ordenan, lo harás.” El silencio que siguió fue aplastante. Mario sabía la respuesta. Sabía que si le ordenaban disparar, dispararía porque era un soldado, porque necesitaba el salario, porque desobedecer significaba su propia muerte.

“Sí”, susurró finalmente con la voz rota. “Lo haría y me odiaría por ello el resto de mi vida, pero lo haría. Esperaba que el che se enojara, que lo maldijera, que lo llamara traidor, pero no lo hizo.” En su lugar, asintió con comprensión. Lo sé y no te culpo. Este es el genio malvado del sistema. te pone en una posición donde tu supervivencia depende de mi muerte y luego te hace sentir culpable por elegir vivir.

Pero hay una diferencia, continuó el Che, entre matar sin pensar y matar sabiendo lo que estás haciendo. Tú ahora sabes y ese conocimiento te convertirá en un hombre diferente. Durante la siguiente hora, el che le explicó a Mario conceptos que nunca había escuchado. explotación, lucha de clases, imperialismo, solidaridad internacional.

¿Ves estas heridas?”, señaló su pierna sangrante. “Estas son heridas de balas bolivianas, pero yo no soy boliviano, soy argentino. ¿Sabes por qué un argentino viene a morir a Bolivia?”, Mario negó con la cabeza. Porque la opresión no tiene fronteras y la solidaridad tampoco debería tenerlas. Cuando veo a un campesino boliviano pasando hambre, veo a mi hermano.

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