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Así Vivían Las 5 Familias Más Ricas De Argentina En Su Edad De Oro

Imagínate por un momento que estás parado en el centro de Buenos Aires. En el año 1900. El aire huele a cuero, a madera recién cortada, a perfume europeo mezclado con el polvo de la pampa. Las calles están iluminadas con farolas de gas. Los trambías tiran de cables con un chirrido metálico y en las esquinas del centro se levantan edificios tan imponentes que podrías jurar que estás en París.

 Pero, ¿qué estás viendo exactamente? Estás viendo el resultado de algo que muy pocos países lograron en tan poco tiempo. Una transformación económica sin precedentes que convirtió a la Argentina en una de las naciones más ricas del planeta. ¿Cómo fue eso posible? Eso es exactamente lo que vamos a explorar hoy. Para entender a las cinco familias más poderosas de la Argentina, de su edad de oro, primero tenemos que entender el mundo en el que existieron, porque sin ese contexto sus fortunas parecen simplemente una historia de privilegio.

Pero con ese contexto se convierten en algo mucho más fascinante, el reflejo exacto de cómo una nación construye su identidad a partir de la tierra que pisa. Entre 1880 y 1930, la Argentina no era solo un país próspero, era una potencia global y eso en aquella época sorprendía al mundo. Para darte una idea de la escala de lo que estamos hablando, en 1913, el ingreso per cápita argentino superaba al de Francia, al de Alemania, y estaba muy cerca del de Gran Bretaña.

 No es un dato menor, era el equivalente a lo que hoy significaría un país latinoamericano compitiendo de igual a igual con Alemania o Japón en términos de riqueza por habitante. Era algo que nadie esperaba y que muchos en Europa observaban con una mezcla de admiración y escepticismo. Entonces, ¿qué estaba pasando exactamente? Todo empezó con la Tierra y en la Argentina la Tierra no era un recurso más. era el recurso.

 La pampa húmeda, esa franja de llanura que se extiende desde Buenos Aires hacia el interior del país, es considerada hasta el día de hoy una de las zonas agrícolas más fértiles del mundo. El suelo tiene propiedades extraordinarias, profundo, rico en materia orgánica, con lluvias regulares y un clima templado que permite cultivar casi todo el año.

Para quien la poseía en el siglo XIX era literalmente una máquina de producir riqueza. Y la clave está en esa última palabra, para quien la poseía. Porque desde muy temprano en la historia argentina la Tierra no se distribuyó en partes iguales, se concentró. Enormes extensiones quedaron en manos de un grupo reducido de familias que por distintas razones, algunas militares, otras políticas, otras simplemente por haber llegado primero, controlaban millones de hectáreas.

 Esos propietarios se llamaron estancieros y con el tiempo sus estancias no eran simples granjas, eran  imperios territoriales. Ahora bien, tener tierra no alcanzaba. La tierra valía en la medida en que podías llevar lo que producía al mercado y el mercado estaba del otro lado del océano.

 Aquí es donde entra otro factor que transformó todo, el ferrocarril. A partir de 1860 y sobre todo desde la década de 1880, Gran Bretaña invirtió cantidades masivas de capital en construir una red ferroviaria que cubría prácticamente toda la región pampeana. Para los ingleses era un negocio claro. Si conectaban las estancias con los puertos, los productos argentinos podrían llegar a Europa en condiciones competitivas.

 Y eso  fue exactamente lo que pasó. Las vías del tren se extendieron como arterias desde el corazón de la pampa hasta el puerto de Buenos Aires. Carne, trigo, lana, cuero, todo lo que se producía en las estancias podía ahora viajar en horas, lo que antes  llevaba semanas. Y del otro lado del puerto esperaban los barcos, barcos con refrigeración, tecnología que había cambiado todo en la década de 1880, que permitían llevar carne argentina fresca.

 hasta los mercados de Londres, Liverpool y Hamburgo. El resultado, una explosión de riqueza que benefició principalmente a quienes ya tenían lo más valioso, la Tierra. Pero hay algo que hace que esta historia sea todavía más interesante y que muchas veces se pasa por alto. Esta riqueza no se construyó sola,  fue construida también con trabajo humano.

 Millones de inmigrantes llegaron a la Argentina entre 1880 y 1930. italianos, españoles, polacos, rusos, árabes, judíos de Europa del Este, llegaron huyendo del hambre, de las guerras, de la persecución religiosa. Llegaron con la idea de que en la Argentina había un futuro y, en cierto sentido lo había, pero ese futuro no estaba igualmente distribuido.

Mientras las grandes familias terratenientes acumulaban fortunas difíciles de imaginar, la mayoría de esos inmigrantes vivía asinada en los conventillos del barrio de la Boca, de Santelmo, de Barracas, habitaciones pequeñas donde convivían tres o cuatro familias, patios comunes donde se cocinaba, se lavaba, se vivía.

 Las condiciones eran duras. Dos mundos coexistían en el mismo espacio y esa tensión, esa brecha entre la opulencia de unos y la precariedad de otros define de manera profunda toda la historia de la Argentina del siglo XX. Y las familias que nos ocupan hoy, las cinco que vamos a conocer en este documental, no surgieron de la nada, surgieron de ese sistema.

 Algunas lo heredaron desde la época colonial, otras lo construyeron durante el boom del siglo XIX. Todas supieron leer el momento histórico con una claridad notable y posicionarse en el centro exacto del engranaje económico más poderoso que la Argentina ha conocido. Sus nombres no eran desconocidos entonces y no lo son hoy. Los Anchorena, los Albear, los Martínez de Os Pereira Iraola y los Bunge y Born.

Cada uno de ellos representa una forma diferente de entender y ejercer el poder económico. Cada uno deja una marca distinta en la historia del país y eso es exactamente lo que vamos a explorar capítulo a capítulo, con la profundidad que estas historias merecen. Porque no se trata solo de mansiones y fortunas, se trata de entender cómo se forma una élite, cómo se mantiene en el poder y qué nos dice eso sobre la Argentina que conocemos hoy.

 Bienvenidos al principio de esa historia. Hay una pregunta que vale la pena hacerse antes de continuar. ¿Qué significa exactamente pertenecer a la élite argentina de fines del siglo XIX? No se trataba simplemente de tener dinero. En Europa, cualquier comerciante exitoso podía enriquecerse. En la Argentina de aquella época, la riqueza real, la riqueza que duraba generaciones, estaba atada a algo más específico, más difícil de adquirir y casi imposible de imitar.

 el apellido, la tierra y la red de relaciones que venía con ellos. Era un sistema cerrado. Y entender cómo funcionaba ese sistema es clave para entender por qué algunas familias dominaron durante décadas, mientras otras, con igual talento o esfuerzo, nunca lograron entrar al círculo. Empecemos por lo más visible, la Tierra.

 Ya mencionamos en el capítulo anterior que la pampa húmeda era el corazón productivo del país, pero la escala de lo que estamos hablando todavía puede sorprender. Algunas de las familias que conoceremos hoy poseían estancias de cientos de miles de hectáreas. Para ponerlo en perspectiva, una estancia de 200,000 hectáreas es más grande que la provincia de Tucumán, más grande que países enteros de Europa y en algunos casos una sola familia podía tener varias de ellas distribuidas por distintas provincias.

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