El ambiente olía a palomitas, a cerveza fría y a expectativa, esa electricidad que solo se siente cuando estás en una arena de WWE. Pero antes de continuar con esta historia que te pondrá los pelos de punta, te pido que le des un buen click a ese botón de suscripción. Si eres fan de la lucha libre, de las historias que te dejan con el ojo cuadrado, este canal es para ti.
Órale, presiona ese botoncito rojo y activa la campanita para que no te pierdas ni un solo detalle de las mejores narraciones del pancracio mundial. Roman Reigns había llegado a Ra esa noche como invitado especial. El campeón universal indiscutido de WWE, con su impresionante reinado de casi 2 años caminaba como lo que era, un rey entre mortales, acompañado por Paul Hean y sus primos, los usos.

El samoano avanzaba hacia el ring con esa presencia que solo los grandes poseen. Su atuendo negro resaltaba las dos enormes placas de campeonato que llevaba sobre sus hombros como si no pesaran nada. Y ahí está el jefe tribal, el campeón indiscutido Roman Reigns, el hombre que ha dominado WWE con puño de hierro por más de 600 días.
Reigns tomó el micrófono con esa calma característica, esa seguridad de quien sabe que tiene el mundo a sus pies. “Chicago, reconóceme”, dijo con voz profunda. “La mitad de la arena estalló en abucheos, la otra mitad en vítores.” Roman sonrió. Acostumbrado a generar ese tipo de reacciones polarizantes. He vencido a todos, a Brock Lesnar, a Goldberg, a Edge, a John Sena.
No queda nadie en este vestuario que pueda hacerle frente al jefe tribal. Esta es mi era y todos ustedes viven en mi isla. Paul Heyman a su lado asentía con esa sonrisa ladina que lo caracteriza. Mi cliente, el magnífico, el omnipotente Roman Reigns, ha limpiado esta división. No queda nadie digno de compartir el ring con el jefe tribal.
Y entonces sucedió. Las luces del All State Arena se apagaron de repente. La música de entrada habitual fue interrumpida por un rugido estremecedor que resonó en las bocinas. Un rugido de león que heló la sangre de los 20,000 asistentes. ¿Qué demonios? Esta música no puede ser. Es es ver Mahan. Cuando las luces volvieron, ahí estaba él, Ber Mahan, el coloso de la India, un hombre de 275 libras de puro músculo con una melena que recordaba a la de un león y una mirada que podría perforar a cero.
Roman Reigns, por primera vez en mucho tiempo, parecía genuinamente sorprendido. Muchos no lo sabían, pero Birmahan no era cualquier luchador. Antes de WWE había sido un fenómeno como lanzador de béisbol, fichado por los Pittsburg Pirates. Su historia era tan increíble que Disney había hecho una película sobre él, Million Dollar Arm.
Pero esa noche, el hombre que una vez persiguió el sueño americano en los diamantes de béisbol estaba a punto de buscar gloria en el cuadrilátero más importante del mundo. Beer avanzó hacia el ring con pasos lentos pero decididos. Roman ordenó a los usos que lo interceptaran. Pero, santo cielo, Bermahan acaba de derribar a los dos usos como si fueran muñecos de trapo.
Esto es increíble. Con un doble clothline que hizo temblar el suelo, Beer dejó tendidos a los campeones por parejas. Paul Heyman retrocedió. Su rostro una máscara de terror. Roman Reigns, sin embargo, no se inmutó. Se quitó los campeonatos, se los entregó a Heyman y se preparó para el combate. El jefe tribal no huye.
Roman Reigns se está preparando para enfrentar a esta bestia desatada. Esto va a ser una guerra. Ver subió al ring y por primera vez los dos colosos estuvieron cara a cara. A pesar de la imponente presencia de Reigns, Ver Mahan lo igualaba en tamaño y lo superaba en ferocidad. El silencio invadió la arena. Uno podía escuchar hasta el aleteo de una mosca.
¿Sabes quién soy yo?, preguntó Reigns, su voz cargada de arrogancia a pesar de la amenaza frente a él. Ver no respondió con palabras. En cambio, dejó que sus acciones hablaran por él. con una velocidad impresionante para un hombre de su tamaño, conectó un puñetazo devastador en la mandíbula de Reigns, que hizo que el campeón trastaillara.
Dios mío, Bermahan acaba de golpear al jefe tribal. La arena está enloqueciendo. Lo que siguió fue un intercambio brutal de golpes. Roman, recuperándose de la sorpresa inicial, respondió con su característica potencia. Sus puñetazos resonaban como truenos al impactar en el cuerpo de Bir, pero el indio parecía absorberlos como una esponja sedienta.
Estos dos titanes están destruyendo el ring. Nunca había visto a alguien plantar cara a Roman Reigns de esta manera. La multitud rugía dividida. Los fans de Reigns no podían creer lo que veían. Los detractores del jefe tribal habían encontrado un nuevo héroe en este gigante indio que se atrevía a desafiar al rey. Entonces Roman, acorralado como nunca antes, intentó su movimiento característico.
Se preparó en la esquina, esperando el momento adecuado para lanzar su devastadora spiar. Roman se prepara, va a intentar la spear. Esta podría ser la única oportunidad de detener a esta bestia, pero lo impensable ocurrió. Cuando Roman se lanzó con toda su fuerza. Bir no solo no lo esquivó, sino que lo recibió de frente.
El impacto fue como el de dos trenes colisionando. El sonido retumbó por todo el estadio. Madre santísima, Berma Mma acaba de absorber una speier de Roman Reigns como si nada. Esto desafía toda lógica. Por un momento, ambos hombres quedaron inmóviles, mirándose fijamente. La tensión era tan densa que podría cortarse con un cuchillo.
Y entonces, en un movimiento que nadie vio venir, Ver tomó a Roman por el cuello. No, no puede ser. va a intentar su cervical clutch, el mismo movimiento que ha dejado inconscientes a Dominique Misterio y tantos otros. Con una fuerza descomunal, Beer levantó a Roman del suelo aplicando presión en su cuello con esa llave devastadora.
Las piernas de Reigns pataleaban en el aire mientras sus ojos comenzaban a cerrarse. La arena estaba en completo silencio. Los usos, recuperándose fuera del ring, miraban impotentes como su líder, su jefe tribal, estaba siendo dominado. Pero Roman Reigns no había llegado a la cima por casualidad. con un último esfuerzo desesperado, logró conectar un codazo en la 100 de Beir, que aflojó el agarre lo suficiente para que pudiera liberarse.
Ambos gladiadores cayeron de rodillas agotados, respirando con dificultad. Sus miradas se encontraron nuevamente llenas de respeto y odio a partes iguales. Damas y caballeros, estamos presenciando el nacimiento de una rivalidad épica. Ber Mahanán ha hecho lo que nadie creía posible. Ha puesto al jefe tribal contra las cuerdas. Fue entonces cuando los oficiales de WWE y varios luchadores del elenco salieron para separarlos.
