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Marilyn Monroe: Iba a Casarse… 3 Días Antes de Morir

Esa herida nunca cicatrizó. Está al principio de todo y está al final también. 12 días después del parto, Gladis entrega a su hija a una familia de acogida. No es crueldad, es supervivencia. Gladis trabaja largas jornadas en los estudios, no gana lo suficiente, no tiene marido, no tiene familia que la ayude. Una pareja evangelista, Albert e Ida Bollender, en una casa modesta de Hawthorne, California, recibe a la bebé a cambio de $ por semana.

Norma Jean vivirá ahí 7 años. 7 años creyendo que ida es su verdadera madre, llamándola mamá hasta el día en que Gladis, una mujer joven y bonita, pero de mirada extraña, aparece de pronto en la puerta y le dice a ida, “No la llames más mamá. Yo soy su madre.” Esa frase la marca para siempre. Esa frase es el primer terremoto porque a partir de ese momento Norma Jean entiende que su mundo es prestado, que en cualquier momento alguien puede venir abrir una puerta y llevársela.

A los 7 años Claris decide recuperarla. Compra una pequeña casa cerca del Hollywood Bowl. Por primera vez, Norma Jean tiene una habitación que es suya. tiene un piano blanco. Gladis ahorró durante meses para comprarlo. Segunda mano, de una vieja casa de actores en bancarrota. Tiene una rutina, tiene la ilusión de una familia y durante unos meses todo parece posible.

Por las tardes, después de la escuela, Norma Jean se sienta delante del piano y aporrea las teclas. Gladis la mira desde la cocina sonriendo. Es la última vez en la vida de la niña que verá esa sonrisa. Porque una mañana de enero de 1934, Glady se encierra en el cuarto de baño, empieza a gritar, habla con personas que no están ahí.

Cuando los vecinos consiguen abrir la puerta, la encuentran agarrando una cuchilla de afeitar, la llevan en ambulancia al hospital, le diagnostican esquizofrenia paranoide, la internan en un hospital psiquiátrico estatal y salvo unos pocos meses esporádicos a lo largo de los años siguientes, no volverá a salir nunca. Norma Jean tiene 8 años, acaba de perder a su madre por segunda vez y esta vez es definitivo.

Lo que viene después es una sucesión de hogares, 11 familias de acogida, un orfanato, en Los Angeles Orphans Home Society, donde llora durante toda la primera noche porque cree que la han abandonado. Las primeras noches en el orfanato, según sus propias palabras, son las peores de su vida. Es un edificio de tres pisos. Hay 75 niñas. Las camas están alineadas como en un cuartel y desde la ventana del dormitorio común, Norma Jean puede ver a lo lejos las letras gigantes y luminosas de Hollywood brillando en la colina.

Esa visión, esa promesa de luz al otro lado de la ciudad se le quedará grabada hasta el final. Hay una tía abuela, Anna Lower, que será durante un tiempo la única figura cariñosa de su infancia. Una mujer religiosa de la Iglesia de la Ciencia Cristiana, que la lleva al cine los sábados por la tarde, le compra helados, la escucha y un día sentada con ella en una sala de cine, Norma Jean mira la pantalla y susurra, “Quiero estar ahí dentro.

” Ana le contesta, “Algún día lo estarás, cariño.” Norma Jean se acuerda de esa frase toda su vida. Cuando Ana muera, en 1948, Marilyn ya estará empezando a entrar en esa pantalla y nunca más tendrá a alguien que la mire con esa misma ternura. Pero hay algo peor, algo que Marilyn solo contará décadas después en entrevistas privadas y en sesiones de psicoanálisis.

En una de esas casas de acogida, cuando ella tiene apenas 8 o 9 años, un inquilino mayor la lleva a su cuarto y abusa de ella. Cuando se lo cuenta a la mujer que la cuida, esa mujer la abofetea y le dice que es una mentirosa, que no diga nunca más cosas tan horribles. Marilyn aprende ese día que decir la verdad puede ser más peligroso que callarla.

Aprende a no confiar en nadie. Aprende a esconderse detrás de una sonrisa. esa sonrisa, esa que el mundo entero conocería años después, esa sonrisa enorme y luminosa que parecía iluminar las pantallas. Esa sonrisa nació en una casa de acogida como una máscara para sobrevivir y nunca se quitó.

A los 16 años las autoridades le comunican que ya no pueden mantenerla en el sistema de acogida. Tendría que volver al orfanato hasta los 18. Pero hay otra opción. Un vecino joven, James Dowy, 20 años, hijo de una familia obrera del barrio, está dispuesto a casarse con ella, no por amor, por arreglo. Es una manera de mantenerla fuera de las instituciones.

La tía Ana le da su bendición. Norma Jean no tiene madre que la acompañe al altar, no tiene padre que la entregue. El día de la boda, el 19 de junio de 1942, lleva un vestido prestado de una vecina, unos zapatos demasiado grandes que rellena con papel y un ramo de flores cortadas de los jardines del barrio. La fotografía oficial muestra a una chica casi niña con los ojos enormes, sosteniendo la mano de un muchacho que no la mira.

Tiene 16 años, no ha terminado el bachillerato, no conoce a su padre, su madre está encerrada en un manicomio. Su tía acaba de morir y ahora se llama Norma Jean Dharty. ¿Desde dónde nos estás viendo? Cuéntanos en los comentarios. Nos encanta saber desde qué país nos siguen. La guerra estalla en el Pacífico.

James se enrola en la Marina Mercante. Norma Jean se queda sola en California intentando aprender a ser un ama de casa adolescente. Aprende a cocinar, lava la ropa, riega las plantas, escribe cartas larguísimas a su marido, cartas que su marido casi nunca le contesta, porque escribir no era lo suyo y se aburre soberanamente. Tiene 17 años, 18, y siente que su vida ya ha terminado antes de empezar.

Entonces, en abril de 1944 encuentra trabajo en una fábrica de aviones, la Radio Plany en Vanis. Sopla pegamento sobre fuselajes de aviones teledirigidos. Inspecciona paracaídas. Una tarde de junio, un fotógrafo del ejército llega a la fábrica para hacer un reportaje sobre las mujeres que sostienen el esfuerzo de guerra.

Se llama David Conover. Y cuando levanta la cámara hacia esa chica de pelo rizado castaño con las mejillas manchadas de aceite, algo en su visor le hace bajar el aparato, mirarla otra vez y volver a levantar la cámara. Conover diría años después. Era una persona normal hasta que la miraba la cámara y entonces se transformaba, la cámara la encontraba.

Esas fotos circularán por agencias de modelos. En agosto de 1945, una agencia llamada Bluebook contrata a Norma Jean. Le pagan 5 por hora. Le tiñen el pelo de rubio platino porque el rubio vende más, le explican, le enseñan a posar, a sonreír de cierta manera, a inclinar la cabeza, a entreabrir los labios.

En menos de un año, Norma Jean Dowgardy aparece en 33 portadas de revistas y en algún lugar de su mente una idea empieza a tomar forma, una idea peligrosa, una idea que destruirá su matrimonio. Hollywood y si pudiera estar en las películas. Y si pudiera ser alguien que nadie pueda abandonar nunca más. En septiembre de 1946 firma el divorcio.

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