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¡EL ENGAÑO MÁS MACABRO DE LA HISTORIA! Un hombre aniquiló a la familia entera de su amante (¡niños y perritos incluidos! ) aterrorizado por las amenazas de un cártel despiadado. Pero el giro te dejará helado: ¡el “cártel” NO existía! Todo fue un plan enfermizo de su propia prometida celosa, quien se hizo pasar por mafiosos por mensaje para manipularlo y obligarlo a jalar el gatillo. ¡Él murió sin saber que dormía con su verdadero verdugo! Haz clic para descubrir los escalofriantes detalles.

 El 17 de septiembre de 2023, la policía de Romeoville, Illinois, Estados Unidos, acudió a la casa de una familia para realizar un control de bienestar, pero una vez allí, los agentes descubrieron algo mucho más aterrador. Dentro del hogar familiar encontraron una escena terrible.

 Alberto Rolón de 38 años, Soraida Bartolomei de 32 y sus dos hijos Diego de 7 años y Adriel de 9. Junto con sus tres perros habían sido ultimados. Lo que siguió fue una investigación que se desarrolló rápidamente y destapó un plan criminal verdaderamente extraño. Una persona de la que la familia tenía no mucho conocimiento.

 Llevaba meses preparando al sujeto para que fuera su verdugo. Hola a todos. Es hora de jugar un juego. El juego es sencillo, están los mejores y solo uno podrá levantar la estatuilla. Hoy Criminalista Nocturno está nominado a los Spotify Podcast Awards en la categoría Crimen Verdadero. Millones de personas votarán y tú has sido elegido para ello.

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Tú decides quién gana o pierde. Que comience el juego. Alberto Rolón y Soraida Bartolomei eran una pareja de origen puertorriqueño, tranquila y reservada. padre de los niños llamados Adriel y Diego. En abril de 2023 se mudaron a Riomioville, una pequeña localidad a 41 km al suroeste de Chicago, para cumplir el sueño de comprar su propia casa.

Ambos trabajaban a tiempo completo, Soraida durante el día en control de calidad en Navanti, en Generin, un fabricante de piezas mecanizadas y Alberto por las noches en una distribuidora de bebidas alcohólicas. Según sus vecinos, eran considerados como una buena familia, trabajadora y que parecía muy unida.

 Mantenían prolijo su jardín y nunca se veía los chicos en el frente. Solo jugaban en el patio trasero. Si bien el matrimonio había tenido problemas por una infidelidad por parte de Soraida, se habían quedado juntos por sus hijos. Los dos niños asistían a la escuela primaria RCIL y parecían ajenos a los problemas de sus padres hasta que conflictos más graves tocaron a la puerta de su casa.

El domingo 17 de septiembre de 2023, la hermana de Soraida, Briana Bartolomei, intentó  comunicarse varias veces con ella. Al lograrlo, llamó a Alberto, quien tampoco respondió. Los intentos continuaron durante el resto del día sin éxito. Como si esto fuera poco, la madre de Briana y Soraida recibió una llamada del trabajo de Alberto, donde le dijeron que no había ido a su turno de trabajo.

 Al caer la noche, Briana llamó a la policía de Romeoville para pedir una visita de bienestar en la casa de  su hermana. Su madre hizo lo mismo, preocupada por su hija, yerno y nietos, aclarando que este tipo de conducta no era habitual en la familia. La policía de Romeoille llegó a la vivienda familiar ubicada en el bloque 500 de Concor Avenue a las 8:43 de la noche.

 Nadie les abrió la puerta y tampoco había indicios de movimiento dentro del hogar. Esa fue la primera alerta. Al revisar la parte trasera de la propiedad, los agentes notaron que casi todas las luces estaban apagadas, pero a través del ventanal delantero alcanzaban a ver un televisor y una mesa tirado sobre el suelo.

 Todo parecía indicar que alguien había entrado forzosamente a la casa. Finalmente entraron por el porche, donde descubrieron que la puerta estaba abierta. Alberto ya sin vida en un pasillo cubierto de sangre. Los agentes avanzaron hacia uno de los dormitorios, donde descubrieron que una de las puertas había sido pateada. Adentro encontraron a Zoraida sin vida con las manos cubriéndose la cara.

 Los hijos de la pareja Adriel y Diego fueron descubiertos en la cama de sus padres. También habían sido asesinados y la policía no tardó en advertir que habían recibido disparos. Más adelante, los agentes descubrieron también a los tres perros de la familia. que habían tenido el mismo destino que sus dueños. Y eso no era todo.

 En total, había casi dos docenas de casquillos y una pistola 9 mm esparcidos por la casa. Todo indicaba que uno más tiradores habían entrado al hogar con el propósito de no dejar absolutamente a nadie con vida. La pregunta era, ¿por qué los peritos? indagaron en el lugar de los hechos y vieron muebles tirados, rociados con pintura, con insultos escritos y objetos rotos, pero nada indicaba que hubiera existido una lucha.

Las víctimas parecían haber sido tomadas por sorpresa o haberse escondido de los atacantes. La posibilidad de un asesinato de venido en una autoprivación de la vida de parte de uno de los padres se descartó rápidamente porque el arma no estaba en la casa. Los investigadores pensaron entonces que el asesino había intentado que el crimen pareciera aleatorio.

Lo más probable era que los asesinatos hubieran ocurrido entre las 9 de la noche del sábado y las 5 de la madrugada del domingo. Como Alberto hacía turnos nocturnos, debía estar despierto cuando él o los atacantes intentaron entrar al hogar. Soraida y los niños, por otro lado, probablemente habían estado durmiendo.

 Tal vez los niños tenían problemas para conciliar el sueño y se habían acostado en la cama con su madre, donde sus cuerpos habían sido hallados por la policía. Los agentes también teorizaron que Alberto debía haber sido el primero en recibir un disparo. Estando en el pasillo, había intentado correr hacia las habitaciones, pero el victimario le disparó cinco veces más antes de que pudiera llegar a donde estaban su esposa e hijos.

Kel L, que vivía en la casa vecina, dijo a la policía que estaba en su hogar durante el lapso dado por la policía de los ataques, pero que no escuchó los disparos. Tanto ella como otro vecino, Dan Lugo, dijeron que este tipo de crímenes no era habitual en la zona y que los Rolón eran una familia muy tranquila.

 Lyn Philips, también vecina, se mostró sorprendida porque no había oído nada. Otro vecino dijo que le parecía muy siniestro, que nadie hubiera oído las detonaciones. A pesar de que las casas estaban muy cerca, Cristina Ibarra, otra vecina más, aseguró que el barrio era tan tranquilo que la policía ni siquiera patrullaba el área los fines de semana.

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