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¡Escándalo en Culiacán! Noemí rompe el silencio contra el exalcalde… ¿Qué ocurrió realmente?

¡Escándalo en Culiacán! Noemí rompe el silencio contra el exalcalde… ¿Qué ocurrió realmente?

Todas las amenazas y todas las visitas que se hacían a mi casa, que se hacían a mi trabajo, todo siempre venía a nombre de Juan de Dios Games Mendivi. Él me toca un seno y me toca la entrepierna. Me comenta que ya estaba yo grande, que ya tenía hijos, que si no sabía lo que era tener relaciones sexuales, que para qué me asustaba.

 Al día siguiente yo no me presento a trabajar hasta el día siguiente y yo me acerqué con Juan de Dios Gámez Mendil, que en ese momento era delegado de la secretaría, y le comento lo sucedido con Antonio y la respuesta de él fue, “Levántate la blusa para ver si es cierto que tienes los pechos tan lindos.” Como dice Antonio,  lo le digo yo que yo los iba a denunciar.

 Él en una forma burlesca llegó y me dijo que sí, que adelante, que fuera y lo denunciara, que qué le podía hacer una denuncia mía teniendo él lo que tenía. Espero el momento nada más y que ese momento sea cuando ande yo sola. Sí, que me mate por hablar. Hay una foto que nunca se publicó. La tomaron en las instalaciones de la delegación de la Secretaría de Bienestar en Culiacán, en el estado de Sinaloa, durante el año 2021.

En ella aparece una mujer que acababa de presentar una denuncia formal contra su superior inmediato por tocamientos no consensuados e insinuaciones de naturaleza sexual. La mujer se llama Noemí  Rivera. Fue a ver a su jefe para pedir protección. Lo que ocurrió dentro de esa oficina no tiene fotografía, pero sí tiene número de expediente, tiene fecha y tiene consecuencias que 5 años después sacudieron la estructura de poder del  Estado más violento de México.

Lo que sigue no es una historia de violencia de género  aislada, es la radiografía de un sistema. Noemí Rivera era servidora de la nación, adscrita a la delegación sinaloense de la Secretaría de Bienestar Federal. Su trabajo consistía en la implementación de programas sociales en comunidades con alto índice de marginación en el municipio de Culiacán.

 Tenía un jefe inmediato, se llamaba Antonio Aguilar Gómez y ocupaba el cargo de director regional de esa dependencia. Durante el año 2021, Aguilar Gómez comenzó a realizar conductas que la legislación mexicana tipifica como acoso sexual, tocamientos físicos sin consentimiento e insinuaciones de carácter sexual reiteradas dentro del espacio de trabajo.

 Rivera siguió el procedimiento institucional que se supone existe para estos casos. elevó la denuncia a su superior jerárquico directo. Ese superior se llamaba Juan de Dios Gámes Mendívil, quien en ese momento fungía como delegado estatal de los programas federales de bienestar en Sinaloa. Lo que Noemí Rivera esperaba era la activación de los protocolos de protección a la víctima, el inicio de una investigación administrativa  interna y, en el mejor de los escenarios institucionales, la separación del agresor de su cargo. Lo que recibió fue

diferente. De acuerdo con las denuncias formalmente interpuestas, Gamés Mendyville utilizó su posición de autoridad para someter a Rivera a un nuevo episodio de acoso sexual y hostigamiento laboral. El funcionario a quien ella acudió en busca de protección repitió, según el expediente, la conducta que ella había ido a denunciar.

 Este dato no es un rumor, está contenido en la carpeta de investigación con número  de registro Fed sin CLN001314/2022 radicada ante la Fiscalía General de la República. La carpeta existe, lleva ese número y en el año 2026, cuando estas líneas se escriben, permanece sin sentencia, sin imputado formalizado ante un juez, sin ningún resultado procesal que pueda llamarse justicia.

La respuesta institucional ante la denuncia de Rivera no fue la inacción silenciosa, fue una operación activa de represalia. Desde el área de recursos humanos de  la Secretaría de Bienestar, instancia dirigida entonces por Abigail Monroy Acosta, se diseñó una estrategia de castigo administrativo cuyo objetivo era desgastar a la denunciante hasta obligarla a renunciar.

La primera medida fue una transferencia forzosa. Rivera fue removida de su adscripción y reubicada en el Banco del Bienestar, asignada específicamente al pago de pensiones en comunidades de alta marginación y difícil acceso geográfico. La selección de destino no era casual. Se trataba de las zonas más remotas, con mayor dificultad de desplazamiento y menor visibilidad.

 institucional, una forma de enterrar a una persona mientras permanece viva y en nómina. Pero el aparato de represalia fue más lejos. Durante la pandemia de COVID-19, cuando el gobierno federal implementó los esquemas prioritarios de vacunación para grupos vulnerables, el hijo menor de edad de  Noemí Rivera fue sistemáticamente excluido del acceso a la vacuna.

 La negativa no fue un error burocrático ni una omisión accidental. Fue, según la propia denunciante y los colectivos que acompañaron su caso, una medida  deliberada de presión. El niño no fue vacunado. Falleció el 13 de diciembre de 2022. Esta fecha es el pivote sobre el que gira toda la historia, porque a partir de ese momento lo que había comenzado como una denuncia de acoso sexual dentro de la administración pública se convirtió en algo cualitativamente diferente.

 Noemí Rivera dejó de ser únicamente una víctima que buscaba justicia laboral para convertirse en una mujer que había perdido a su hijo en circunstancias que ella atribuye directamente a la cadena de represalias desatada por sus superiores políticos. Los colectivos feministas  se buscan feministas y la costilla rota tomaron el caso y lo proyectaron a escala nacional.

 Rivera dejó de ser invisible. Para entender lo  que ocurrió a continuación, es necesario entender quién era Juan de Dios  Gámez Mendíbil en el momento en que Noemí Rivera tocó la puerta de su oficina. No era solo el delegado estatal de bienestar, era un operador político central del proyecto de Morena en Sinaloa, un cuadro con vínculos orgánicos tanto con el gobernador Rubén Rochamoya como con el entonces senador Enrique Insunza Cázares.

Su carrera dentro del partido en el gobierno federal no dependía de su gestión en la delegación de bienestar, dependía de su utilidad política para una red más amplia. Y esa red, como se demostraría años después, tenía ramificaciones que ningún expediente de acoso sexual en Culiacán habría podido revelar por sí solo.

 En las elecciones municipales de 2021, Gámes Mendivil fue postulado por Morena y ganó la presidencia municipal de Culiacán. Pasó de delegado estatal de programas sociales a alcalde de la capital sinalo ascenso fue veloz y la denuncia de Noemí Rivera, interpuesta ante la Fiscalía General de la República durante ese mismo  año, no frenó ninguna etapa del proceso, no generó ningún obstáculo  en la candidatura, no produjo ninguna investigación electoral.

El hombre acusado formalmente de haber replicado el acoso sexual que una subordinada fue a denunciarle, tomó posesión como presidente municipal de Culiacán, mientras la carpeta con su nombre esperaba en una gaveta de la FGR. Hay en México una norma que en teoría debería haber impedido exactamente esto. Se llama popularmente la ley 3 y su propósito es inhabilitar para cargos de representación popular y del servicio público a cualquier ciudadano con denuncias activas por violencia de género o delitos sexuales. La ley

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