Posted in

La decisión imposible que tuvo que tomar un joven pescador tras encontrar una mercancía prohibida en su propia red VL

La decisión imposible que tuvo que tomar un joven pescador tras encontrar una mercancía prohibida en su propia red

ACTO I: EL PESO DEL DIABLO EN LA RED

(El sonido ensordecedor del mar embravecido golpea el casco del pequeño pesquero “La Esperanza”. La lluvia cae como cuchillos. El motor ruge, agonizando. En la cubierta, iluminada por un foco intermitente, dos hombres luchan contra el cabrestante).

MATEO: (Gritando sobre el rugido del viento, con la cara empapada y pálida) ¡Elías! ¡Dale más potencia! ¡La red se atascó! ¡Pesa demasiado, joder!

ELÍAS: (Viejo lobo de mar, con las manos ensangrentadas por la cuerda) ¡No es pescado, muchacho! ¡Te lo digo yo! ¡El cable está a punto de reventar! ¡Corta la red, Mateo! ¡Córtala ya!

MATEO: ¡No puedo! ¡Si pierdo esta red, el banco me quita el barco mañana mismo! ¡Lucía está embarazada, Elías! ¡Tira de la maldita palanca!

ELÍAS: (Tirando de la palanca metálica con todas sus fuerzas. Los engranajes chillan) ¡Ahí viene! ¡Que Dios nos proteja, ahí viene!

(La enorme red negra emerge del agua espumosa. No hay escamas plateadas. No hay peces aleteando. Solo un bulto gigantesco, pesado y oscuro. Al caer sobre la cubierta de madera con un golpe seco y enfermizo, la red se desgarra).

MATEO: (Jadeando, acercándose con una linterna) ¿Qué… qué demonios es esto?

ELÍAS: (Retrocediendo de golpe, el terror absoluto deformando su rostro arrugado) ¡No lo toques! ¡Por la virgen santa, Mateo, aléjate de eso!

MATEO: (Iluminando el interior de la red rota) Son… son paquetes. Fardos. Decenas de ellos. Envueltos en plástico negro y cinta americana.

ELÍAS: (Con voz temblorosa, santiguándose) Droga. Cocaína. Han tenido que tirarla de alguna planeadora. ¡Tírala al mar! ¡Tírala ahora mismo o estamos muertos!

MATEO: (Sus ojos se abren de par en par. La linterna ilumina algo más. Su voz se quiebra) Elías… hay algo más enganchado en los fardos.

ELÍAS: ¿Qué dices?

MATEO: (Cae de rodillas sobre la cubierta mojada, paralizado) Es… es un brazo. Elías, hay un puto brazo humano atado a uno de los paquetes. Y un ancla pequeña. Querían hundirlo todo.

ELÍAS: (Vomita por la borda, aterrorizado) ¡Es del cártel del Golfo! ¡Tíralo todo! ¡Arranca el motor, corta la red y vámonos! ¡Si nos encuentran con esto, nos desollarán vivos!

MATEO: (Respira agitadamente. Mira el brazo, luego mira los fardos. El agua de mar lava la sangre de la cubierta. Su mente calcula rápido) No.

ELÍAS: ¿Estás loco? ¿El mar te ha sorbido el seso?

MATEO: (Se pone en pie, la mirada inyectada en sangre, aferrando un gancho de pesca) ¿Sabes cuánto dinero hay aquí, viejo? ¿Tienes idea?

Read More