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Maribel Guardia: Acaba De PERDER al Último Recuerdo Vivo de Su Hijo. La Razón Más Cruel

demandas y una conclusión legal que va a dejarte sin palabras. Te voy a avisar cuando llegue cada una de estas cuatro revelaciones para que las sigas conmigo. Pero antes necesito que conozcas el mundo del que venía Joan Sebastian. Porque para entender por qué este hombre logró tener ocho hijos con cinco o seis mujeres distintas, porque su rancho era una corte feudal, por qué los hijos se le morían de violencia sin que nada de eso lo bajara del caballo.

Necesitas conocer el universo del jaripeo mexicano de los años 70 y 80. el universo que lo hizo y que más tarde lo desmoronaría. Joan Sebastián nació en un pueblo de guerrero que tú quizá nunca has oído mencionar. Se llama Juliantla. Está a una hora de tasco, en plena sierra Madre del Sur, en una región donde la pobreza rural se mezcla con tradiciones rancheras antiguas y con economías marginales que la ciudad no entiende.

Su nombre real era José Manuel Figueroa Figueroa. Nació el 8 de abril de 1951. Era hijo de una familia humilde, pero su padre lo introdujo desde niño a un mundo que iba a definir su vida entera. El mundo de los caballos, el mundo de los jaripeos, esos eventos rurales donde los rancheros mexicanos compiten montando toros y caballos, donde el alcohol corre, donde la música suena toda la noche, donde el aplauso del público se gana con sangre, con sudor y a veces con muerte.

Tú has estado en un jaripeo alguna vez. Tú sabes de lo que estoy hablando. El polvo del ruedo, el olor a cerveza y a caballo. La canción ranchera sonando a todo volumen, la energía salvaje de un mundo que existe lejos de la ciudad y que tiene sus propias reglas. La infancia de José Manuel en Juliantla fue marcada por la dureza y por la cercanía con la naturaleza.

Caminaba descalzo por los caminos polvosos del pueblo. Ayudaba a su madre con las labores de la casa y de su padre José Figueroa Sánchez aprendió tres cosas que iba a aplicar toda su vida. Primero, que un hombre se gana el respeto montando un caballo. Segundo, que la música es un oficio igual de digno que cualquier otro.

Y tercero, que los rancheros mexicanos tienen su propio código de honor distinto al de las ciudades. Esa última lección iba a ser con los años una bendición y una condena al mismo tiempo. A los 10 años, Joan Sebastian montaba caballos como un adulto. A los 15 empezó a componer canciones de rancho. A los 19 se fue a buscar suerte a la Ciudad de México con una guitarra y un cuaderno de letras.

Llegó sin dinero, sin contactos, sin techo donde dormir. Durmió varias semanas en bancas de la Alameda Central. Trabajó lavando platos, vendió chicles en los semáforos y entre trabajo y trabajo tocaba puertas en casas disqueras intentando que alguien le comprara sus canciones. Después de meses de rechazos, alguien finalmente le abrió.

Fue el sello discográfico Musart. Le compraron una canción por 2000 pesos mexicanos de la época. Y a partir de ahí todo cambió. Durante los años 70, Joan compuso para los más grandes del regional mexicano. Le vendió canciones a Antonio Aguilar. Le compuso temas a Vicente Fernández, incluyendo el clásico El ídolo. Le escribió a Lucha Villa, a Lola Beltrán, a Rocío Durcal.

Y poco a poco, con esa voz nasal tan particular y con esos ojos que conquistaban a las mujeres con una sola mirada, fue construyendo una carrera propia como intérprete. Su primer éxito como solista fue maracas, Bongó y Conga, a finales de los 70. Para los años 80 ya era un cantante reconocido. Para los 90 era una figura central del regional mexicano.

Y a partir del año 2000 se convirtió junto con Vicente Fernández y Pepe Aguilar en uno de los tres patriarcas del género en todo Latinoamérica. Mi gente, antes de seguir adelante con esta historia, déjame hacerte una pausa porque sé que muchas de ustedes están escuchando este video mientras hacen otras cosas. Quizá están cocinando, quizá están lavando ropa, quizá están manejando rumbo al trabajo o al supermercado.

Si estás escuchando hasta este momento, eso significa que esta historia te está moviendo algo por dentro. Y eso, justamente eso, es lo que nos motiva a seguir contando estas verdades en este canal. Si quieres ayudarnos a que más mujeres como tú escuchen estas historias contadas con respeto y con investigación de verdad, dale me gusta al video y suscríbete al canal.

No te pido más, solo eso es la forma más sencilla de mantener vivos estos relatos. Sigamos adelante. Pero aquí está el detalle que cambia toda la historia. Joan Sebastian, mientras construía esa carrera, también construyó algo más. Construyó una vida personal donde las reglas del matrimonio convencional simplemente no se aplicaban.

Para los años 90, este hombre tenía relaciones simultáneas con varias mujeres, hijos con cada una y un rancho enorme en Juliántla, donde recibía a sus familias por turnos. No lo escondía, lo presumía. En entrevistas hablaba abiertamente de sus mujeres como si fueran una colección. Las mujeres mismas, mexicanas mayoritariamente, lo aguantaban porque él representaba el sueño imposible.

Era guapo, era famoso, era millonario, era el rey del jaripeo. Y tú conoces ese tipo de hombre. Tú sabes lo que es un hombre que tiene a todas y no es de ninguna. Quizá tu abuelo fue así, quizá el abuelo de tu esposo lo fue. En la generación de nuestros padres ese modelo de masculinidad era normal, era aceptado, era aplaudido.

Incluso con su primera pareja conocida, Teresa González, Joan tuvo tres hijos varones que serían los herederos directos del apellido. José Manuel Figueroa, el mayor, hoy es cantante. Juan Sebastián Figueroa el Segundo sería asesinado en 2010 en circunstancias turbias. Y trigo de Jesús Figueroa, el tercero, sería el primero en caer en agosto de 2006 con una bala en la cabeza en un concierto de Texas.

Recuerda esos nombres, los vas a volver a escuchar en los próximos minutos. Con otra mujer llamada María del Carmen Ocampo, Joan tuvo a Zarelea. De dos noviazgos diferentes nacieron Joana, Juliana y Dav. Y en 1991, en un evento de la farándula mexicana, Joan Sebastian conoció a la mujer que iba a cambiar su vida pública para siempre.

Una costarricense de 32 años, con un cuerpo de modelo, con una sonrisa que paraba el tráfico y con una carrera incipiente en el cine de ficheras y en las telenovelas de Televisa. Se llamaba Maribel Guardia. Y aquí entra la historia la mujer que va a ser tu protagonista de hoy. Esta es la primera víctima nombrada de este guion. Maribel del Rocío Fernández García, que el mundo conoció como Maribel Guardia.

Nacida en San José, Costa Rica, el 29 de mayo de 1959. Hija de una familia de clase media costarricense, ganadora del concurso Miss Costa Rica en 1978 cuando tenía 19 años. Llegó a México a los 20 años, en 1979, con una maleta y un sueño, y en menos de 5 años se convirtió en una de las caras femeninas más reconocibles del entretenimiento mexicano.

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