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Casi mata a golpes a un hombre – Jon Bernthal

El rostro de John Bertal cuenta una historia antes de que él siquiera abra la boca. Su nariz fracturada 14 veces a lo largo de su vida no es el resultado de un maquillaje elaborado para un set de grabación. Es el mapa físico de una juventud marcada por el conflicto, la agresividad y la rabia interna que casi le cuesta la libertad para siempre.

Hollywood intentó verlo simplemente como el tipo duro o el villano de turno, pero detrás de esa máscara de cicatrices se esconde un graduado en Harvard, un estudioso del teatro y un padre que estuvo a punto de perderlo todo. Esta es la historia de un hombre que aprendió a usar su oscuridad para no ser consumido por ella.

 Yo soy Daniel y eso es Dan Fox. Jonathan Edward Belthard nace el 20 de septiembre de 1976 en Washington DC y creció en Kevin Jong, un próspero suburbio de Maryland. A simple vista, su entorno lo tenía todo para garantizarle un futuro tranquilo y corporativo. Venía de una familia de un estatus socioeconómico muy alto. Su padre, Eric, era un poderoso y respetado abogado corporativo de un buffet prestigioso.

Sus dos hermanos mayores trazaron caminos impecables. Su hermano Nicolas se convirtió en un destacado cirujano ortopédico y profesor. Mientras que Thomas forjó una carrera como un exitoso consultor y director ejecutivo. En medio de ese ambiente de alto rendimiento académico y profesional, John era la oveja negra absoluta.

 Mientras sus dos hermanos sacaban calificaciones perfectas, él se dedicaba a probar la paciencia de sus padres de todas las formas posibles. Asistió a la prestigiosa escuela Quickera Silw Friends, un lugar seguro y exclusivo, pero John y su grupo de amigos siempre estaban buscando problemas en las calles.

 Desde muy joven le gustaba las peleas. Si había un partido de baloncesto y alguien de su equipo recibió un golpe sucio, John era el matón designado para devolver ese golpe. Era un chico lleno de energía destructiva que se movía constantemente en los márgenes de los problemas graves con la ley de DC. Al terminar la escuela, su futuro era incierto.

 Ingresó en el skirm Cer en un estado de Nueva York, pero los libros no eran su prioridad. Estaba allí principalmente para jugar el béisbol y buscar una salida física a su intensidad. Fue durante esa etapa universitaria cuando ocurrió un accidente que cambiaría su trayectoria vital por completo. Buscando créditos fáciles se inscribió en una clase de introducción a la actuación.

John se inscribió en la clase de actuación de Alma Berker, su mentora, solo porque pensaba que sería una materia fácil donde no tendría que estudiar. En una de las primeras clases, la profesora les pidió un ejercicio de improvisación o un monólogo basado en una pérdida profunda o un dolor real. John, que en ese momento era un cínico y no respetaba el arte, decidió actuar una historia donde su madre, antes de morir, le dejó su guante de béisbol y dejó a toda la clase a la profesora en un silencio absoluto. Actuó con una

intensidad tan real que todos lloraron. Cuando terminó la escena, la profesora se le acercó con movida para darle el pésame o apoyarlo por el trauma que acababa de compartir. Fue en ese momento cuando se descubrió que todo era mentira. Su madre estaba perfectamente bien. La profesora, en lugar de simplemente castigarlo con una nota baja, lo confrontó con una dureza que John no esperaba.

 Le dijo algo como, “Eres un mentiroso y un manipulador, pero tienes un don peligroso. Tienes la capacidad de hacer que la gente crea cualquier cosa que sientas. Si no usas eso para el arte, vas a terminar usando ese talento para destruir tu vida y la de los demás.” Poco a poco, John encontró algo que nunca había sentido. Para un joven rudo y acostumbrado a resolver sus frustraciones a golpes, el escenario le ofrecía un canal donde su furia y su naturaleza peligrosa eran valoradas en lugar de ser castigadas.

Descubrió que la actuación le permitió utilizar su exceso de energía y explorar su propia fragilidad sin perder el control ni sentirse juzgado. Fue Alma quien le dio el consejo más radical que alguien le había dado. Le dijo que dejara la Universidad de Estados Unidos y se fuera a Rusia. le explicó que en Moscut nadie lo iba a tratar con guantes de seda ni a tolerar su actitud rebelde.

El teatro de artes de Moscú lo sometería un régimen estricto tratándolo como un simple trabajador que debía ganarse el respeto a base de disciplina extrema. John abandonó a Skid Moore y se mudó a Rusia sin hablar una sola palabra del idioma. El entrenamiento allí era implacable, casi de corte militar. El método Stanislaskiy no se enseñaba como un concepto abstracto, sino como una inmersión absoluta en las emociones humanas y en la crudeza de la realidad.

Aprendió ballet, acrobacia e idiomas y fue sometido a críticas despiadadas por parte de los instructores, quienes le decían en la cara que su talento era salvaje y carecía de elegancia. Lejos de ofenderse, John abrazó esa rudeza y para poder pagarse la comida y sobrevivir, terminó jugando como receptor de un equipo profesional ruso.

 Fueron años de aislamiento que forjaron su ética de trabajo implacable y le enseñaron que pararse frente a una cámara exigía una exposición emocional auténtica sin filtros ni atajos. Ese esfuerzo gigantesco dio frutos. Su desempeño y evolución en Rusia llamaron la atención de un director del Instituto de Formación Avanzada en teatro de la Universidad de Harvard.

 quien lo invitó a regresar a Estados Unidos para realizar una maestría. John aceptó y terminó sus estudios con un respeto profundo por la actuación. Sin embargo, al salir al mundo real del cine y la televisión a principios de los años 2000, chocó de frente con una industria que no sabía cómo utilizar su perfil. Su aspecto físico era demasiado tosco para los típicos papeles de Galan juvenil y su intensidad resultaba intimidante.

Durante años, los directores de casting lo limitaban a interpretar a matones, policías corruptos o criminales. Entre el 2000 y 2009, John sobrevivió tomando cualquier trabajo que le permitiera mantenerse a flote. Su debut llegó a un proyecto minúsculo llamado Mary Mary en el año 2002.

 A partir de ahí consiguió apariciones fugaces en televisión pasando por la ley el orden siasa Miami y también trabajó en un episodio de la comedia H May, interpretando a un joven llamado Carlos. Ese fue un breve respiro de humor en medio de una etapa de mucha frustración financiera y profesional. Durante estos años de lucha constante, su carácter explosivo seguía latente y casi arruinaba su esfuerzo.

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