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Irma Serrano: De la Cama del Presidente a Morir Drogada y Sin Nada

Su padre, Santiago Serrano Ruiz, era lo opuesto, poeta, periodista. De la etnia Soke le decían el Chanti, un hombre de letras, de discursos bonitos, pero sin un centavo en el bolsillo. Se conocieron en 1919. Cuando él llegó a Chiapas en una gira que llamó unionista, tratando de pacificar la región después de la revolución, organizó reuniones en varios pueblos.

En Comitán fue invitado a una velada musical. Ahí estaba María Castro tocando el piano. Él la vio. Ella lo escuchó recitar y empezó todo. Cuando Santiago le confesó que solo tenía dos docenas de poemas y un libro apologético sobre los mapaches que no tenía nada que ofrecerle, María le respondió algo que suena a telenovela.

No me importa tu pobreza, sino la riqueza y nobleza de tu corazón. Se casaron en 1924. Ella le dio acceso a la hacienda la soledad. Él le dio hijos Mario, el primero. Luego Etel, María, María, Judith, Berta, Yolanda y al final la más pequeña, Irma Consuelo Cielo, un nombre largo, pomposo, como si los padres supieran que esa niña estaba destinada a ser alguien. Pero el matrimonio no duró.

Cuando Irma tenía 7 años, Santiago y María se divorciaron. El motivo depende de quién cuente la historia. Según el poeta, fue una minucia que incendió el matrimonio. Según Irma, fue algo más. La dadivosidad de su padre con los trabajadores indígenas y su gusto por el alcohol. Un poeta borracho que regalaba lo que no era suyo, una mujer rica que no soportó más.

Y en medio una niña de 7 años que perdió a su familia. Aquí es donde todo empieza a  torcerse. Después del divorcio, Irma se fue a vivir con su padre, no con su madre. Piensa en eso un momento. Una niña de 7 años separada de su mamá, viviendo con un padre alcohólico que pronto se casaría con otra mujer. Irma lo contó años después con esa honestidad brutal que la caracterizaba.

No conviví mucho con mi mamá a pesar de que era una mujer muy buena. Eso provocó que llegara a sentir una gran soledad y falta de amor. Soledad, falta de amor. A los 7 años, esa herida nunca sanó. Todo lo que Irma hizo después, los hombres que eligió, las decisiones que tomó, los escándalos que protagonizó, tiene su raíz en esa niña que creció sin el abrazo de su madre.

Santiago se volvió a casar con Carmen Espinoza, dueña de una imprenta llamada La Sirena en Tuxla Gutiérrez. Irma creció ahí en la imprenta entre máquinas y papel y tinta. Su padre veía potencial en ella. la ponía a cantar, a recitar poemas, a practicar durante horas él sabía que su hija tenía algo especial, una voz, una presencia, algo que atraía las miradas.

El poeta Laco Cepeda, que entonces era un niño, contaba que visitaba la imprenta no para ver a El Chanti, iba para ver a Irma. A veces, contó, Irma, me encargaba comprar chicles. Para eso sacaba con coquetería unas monedas de entre sus pechos. La tenía 12 años, Irma tenía 15. Ya entonces sabía el efecto que causaba en los hombres.

Pero lo que vino después no fue un juego de adolescentes. Aquí viene lo segundo que te prometí. En 1948 o 1949, cuando Irma tenía 15 o 16 años, posó desnuda para Diego Rivera, el muralista más famoso de México, el esposo de Frida Calo, un hombre de más de 60 años. Irma llegó al estudio de Diego en Altavista en San Ángel, ese estudio que hoy es museo, donde todavía cuelgan algunas de sus obras.

Diego Rivera era conocido por seducir a sus modelos. Tenía fama de conquistador insaciable. Frida  lo sabía. Todo México lo sabía. Y ahí estaba Irma, una adolescente de provincia, rubia, de ojos claros, desnuda frente al pintor más famoso del país. En una entrevista para la revista Proceso, décadas después, Irma lo confirmó.

Diego Rivera me hizo dos cuadros. No recuerdo el momento en que me sacaron la fotografía. Soy muy distraída. Le preguntaron si Diego se había enamorado de ella. No, nunca. Pero me platicaba cosas. Me veía muy chiquilla. Muy chiquilla. Esas fueron sus palabras. Él la veía muy chiquilla, pero igual la pintó desnuda. Uno de los cuadros se llamaba Mujer en llamas.

Irma aparecía desnuda, envuelta en fuego que surgía de sus pies como si estuviera ardiendo. Un amigo de Irma, Manuel Ávila Camacho, describió el cuadro. La muestra desnuda envuelta en una especie de fuego que surge de sus pies. Está en la bodega que tiene Irma. ¿Dónde están esos cuadros hoy? Irma dijo que uno estaba resguardado en un banco, en un lugar especial.

El otro quedó con la familia de Fernando Casas Alemán. Ese nombre, Fernando Casas Alemán, el hombre que cambió la vida de Irma para siempre. 1950. Irma tiene 17 años. Es seleccionada para representar a Chiapas en un concurso de belleza en Acapulco. Ahí conoce a Fernando Casas Alemán, jefe del departamento del Distrito Federal, uno de los políticos más poderosos de México, un hombre que alguna vez fue considerado presidenciable. Él tiene 45 años.

Ella tiene 17. La diferencia de edad es de 28 años. Algunas fuentes dicen que la relación empezó antes, que desde los 13 años Irma ya era cercana a Casas Alemán. 13 años, un político de 40 y tantos y una niña que acababa de perder a su familia. Irma mantuvo esa relación durante años hasta que tenía 19, según algunas versiones, 6 años, desde los 13 hasta los 19.

¿Qué buscaba ella? Irma lo explicó con una honestidad que corta. Buscaba protección. Lo más que logré fue que gente mucho mayor que yo se fijara en mí. Protección. No romance. No pasión, no aventura, protección. Una niña huérfana de madre buscando un padre en los brazos de hombres que le triplicaban la edad. Y ellos la tomaron, la usaron,  la exhibieron como trofeo.

Casas Alemán le presentó a Diego Rivera. Por eso ella posó para él. Por eso uno de los cuadros quedó con su familia. Todo estaba conectado. El poder político, el arte. La belleza de una adolescente y Irma en el centro, sin saber que estaba siendo moldeada para algo más grande, para el hombre más poderoso de todos.

Los años pasaron, Irma dejó atrás a Casas Alemán.  A los 28 años, en 1962, firma contrato con Columbia Records. Su carrera musical finalmente despega. Canción de un preso prisionero de tus brazos. El amor de la paloma. Nada gano con quererte. Las canciones sonaban en todas las radios de México. Irma se convierte en una de las cantantes de música ranchera más populares de la década.

La llamaban la tigresa de la canción ranchera, por la fuerza de su voz, por la forma en que cantaba, como si cada canción fuera una batalla. Y entonces llegó el cine santo contra los zombies. En 1962, su debú en la pantalla grande junto al luchador más famoso de México. Después vinieron más, el hijo de Gabino Barrera, Los amores de Juan Charrasqueado, La Venganza de Gabino Barrera.

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