Su padre, Santiago Serrano Ruiz, era lo opuesto, poeta, periodista. De la etnia Soke le decían el Chanti, un hombre de letras, de discursos bonitos, pero sin un centavo en el bolsillo. Se conocieron en 1919. Cuando él llegó a Chiapas en una gira que llamó unionista, tratando de pacificar la región después de la revolución, organizó reuniones en varios pueblos.
En Comitán fue invitado a una velada musical. Ahí estaba María Castro tocando el piano. Él la vio. Ella lo escuchó recitar y empezó todo. Cuando Santiago le confesó que solo tenía dos docenas de poemas y un libro apologético sobre los mapaches que no tenía nada que ofrecerle, María le respondió algo que suena a telenovela.
No me importa tu pobreza, sino la riqueza y nobleza de tu corazón. Se casaron en 1924. Ella le dio acceso a la hacienda la soledad. Él le dio hijos Mario, el primero. Luego Etel, María, María, Judith, Berta, Yolanda y al final la más pequeña, Irma Consuelo Cielo, un nombre largo, pomposo, como si los padres supieran que esa niña estaba destinada a ser alguien. Pero el matrimonio no duró.
Cuando Irma tenía 7 años, Santiago y María se divorciaron. El motivo depende de quién cuente la historia. Según el poeta, fue una minucia que incendió el matrimonio. Según Irma, fue algo más. La dadivosidad de su padre con los trabajadores indígenas y su gusto por el alcohol. Un poeta borracho que regalaba lo que no era suyo, una mujer rica que no soportó más.
Y en medio una niña de 7 años que perdió a su familia. Aquí es donde todo empieza a torcerse. Después del divorcio, Irma se fue a vivir con su padre, no con su madre. Piensa en eso un momento. Una niña de 7 años separada de su mamá, viviendo con un padre alcohólico que pronto se casaría con otra mujer. Irma lo contó años después con esa honestidad brutal que la caracterizaba.
No conviví mucho con mi mamá a pesar de que era una mujer muy buena. Eso provocó que llegara a sentir una gran soledad y falta de amor. Soledad, falta de amor. A los 7 años, esa herida nunca sanó. Todo lo que Irma hizo después, los hombres que eligió, las decisiones que tomó, los escándalos que protagonizó, tiene su raíz en esa niña que creció sin el abrazo de su madre.
Santiago se volvió a casar con Carmen Espinoza, dueña de una imprenta llamada La Sirena en Tuxla Gutiérrez. Irma creció ahí en la imprenta entre máquinas y papel y tinta. Su padre veía potencial en ella. la ponía a cantar, a recitar poemas, a practicar durante horas él sabía que su hija tenía algo especial, una voz, una presencia, algo que atraía las miradas.
El poeta Laco Cepeda, que entonces era un niño, contaba que visitaba la imprenta no para ver a El Chanti, iba para ver a Irma. A veces, contó, Irma, me encargaba comprar chicles. Para eso sacaba con coquetería unas monedas de entre sus pechos. La tenía 12 años, Irma tenía 15. Ya entonces sabía el efecto que causaba en los hombres.
Pero lo que vino después no fue un juego de adolescentes. Aquí viene lo segundo que te prometí. En 1948 o 1949, cuando Irma tenía 15 o 16 años, posó desnuda para Diego Rivera, el muralista más famoso de México, el esposo de Frida Calo, un hombre de más de 60 años. Irma llegó al estudio de Diego en Altavista en San Ángel, ese estudio que hoy es museo, donde todavía cuelgan algunas de sus obras.
Diego Rivera era conocido por seducir a sus modelos. Tenía fama de conquistador insaciable. Frida lo sabía. Todo México lo sabía. Y ahí estaba Irma, una adolescente de provincia, rubia, de ojos claros, desnuda frente al pintor más famoso del país. En una entrevista para la revista Proceso, décadas después, Irma lo confirmó.
Diego Rivera me hizo dos cuadros. No recuerdo el momento en que me sacaron la fotografía. Soy muy distraída. Le preguntaron si Diego se había enamorado de ella. No, nunca. Pero me platicaba cosas. Me veía muy chiquilla. Muy chiquilla. Esas fueron sus palabras. Él la veía muy chiquilla, pero igual la pintó desnuda. Uno de los cuadros se llamaba Mujer en llamas.
Irma aparecía desnuda, envuelta en fuego que surgía de sus pies como si estuviera ardiendo. Un amigo de Irma, Manuel Ávila Camacho, describió el cuadro. La muestra desnuda envuelta en una especie de fuego que surge de sus pies. Está en la bodega que tiene Irma. ¿Dónde están esos cuadros hoy? Irma dijo que uno estaba resguardado en un banco, en un lugar especial.
El otro quedó con la familia de Fernando Casas Alemán. Ese nombre, Fernando Casas Alemán, el hombre que cambió la vida de Irma para siempre. 1950. Irma tiene 17 años. Es seleccionada para representar a Chiapas en un concurso de belleza en Acapulco. Ahí conoce a Fernando Casas Alemán, jefe del departamento del Distrito Federal, uno de los políticos más poderosos de México, un hombre que alguna vez fue considerado presidenciable. Él tiene 45 años.
Ella tiene 17. La diferencia de edad es de 28 años. Algunas fuentes dicen que la relación empezó antes, que desde los 13 años Irma ya era cercana a Casas Alemán. 13 años, un político de 40 y tantos y una niña que acababa de perder a su familia. Irma mantuvo esa relación durante años hasta que tenía 19, según algunas versiones, 6 años, desde los 13 hasta los 19.
¿Qué buscaba ella? Irma lo explicó con una honestidad que corta. Buscaba protección. Lo más que logré fue que gente mucho mayor que yo se fijara en mí. Protección. No romance. No pasión, no aventura, protección. Una niña huérfana de madre buscando un padre en los brazos de hombres que le triplicaban la edad. Y ellos la tomaron, la usaron, la exhibieron como trofeo.
Casas Alemán le presentó a Diego Rivera. Por eso ella posó para él. Por eso uno de los cuadros quedó con su familia. Todo estaba conectado. El poder político, el arte. La belleza de una adolescente y Irma en el centro, sin saber que estaba siendo moldeada para algo más grande, para el hombre más poderoso de todos.
Los años pasaron, Irma dejó atrás a Casas Alemán. A los 28 años, en 1962, firma contrato con Columbia Records. Su carrera musical finalmente despega. Canción de un preso prisionero de tus brazos. El amor de la paloma. Nada gano con quererte. Las canciones sonaban en todas las radios de México. Irma se convierte en una de las cantantes de música ranchera más populares de la década.
La llamaban la tigresa de la canción ranchera, por la fuerza de su voz, por la forma en que cantaba, como si cada canción fuera una batalla. Y entonces llegó el cine santo contra los zombies. En 1962, su debú en la pantalla grande junto al luchador más famoso de México. Después vinieron más, el hijo de Gabino Barrera, Los amores de Juan Charrasqueado, La Venganza de Gabino Barrera.
En 1972 protagoniza La Martina, una película que la consagra. Pero Irma quería más. No quería depender de productores, de directores, de hombres que decidieran su destino. Compró el Teatro Virginia Fábregas, un recinto histórico en el centro de la Ciudad de México. Lo remodeló completamente. Le cambió el nombre, Teatro Fru Fru.
Ahí producía obras, actuaba, cantaba, hacía lo que le daba la gana. En 1973 montó Naná basada en la novela de Emily Sola. Apareció desnuda en el escenario. México nunca había visto algo así. Una mujer desnuda en un teatro respetable, sinvergüenza, sin disculpas. Carlos Moncibis fue a verla, escribió sobre ella, la analizó como si fuera un fenómeno social.
Irma Serrano es un escándalo social de origen político, escribió. Y eso lo cambia todo. Para los años 70, Irma Serrano era una de las mujeres más famosas de México, rica, poderosa, dueña de su propio teatro y también una de las más deseadas por los hombres en el poder, pero ninguno la deseó como el presidente.
Gustavo Díaz Hortaz asumió la presidencia de México el 1 de diciembre de 1964. Era un hombre de físico peculiar, bajo de estatura, con una mandíbula prominente que sobresalía de forma extraña, ojos saltones, una cara que invitaba a las burlas. Los mexicanos hacían chistes sobre su apariencia. Lo dibujaban como sapo, como monstruo, como lo que fuera menos un hombre atractivo.
Pero nadie se atrevía a decírselo a la cara, porque Díaz Oordaz era ante todo un hombre de poder, un abogado de Puebla que había escalado cada peldaño del sistema político mexicano. Secretario de Gobernación con López Mateos, candidato del PRI, presidente. En esa época ser presidente de México era ser rey.
No había oposición real, no había límites. Lo que el presidente decidía se hacía y Día Sordaz decidió muchas cosas. La más terrible fue la del 2 de octubre de 1968. Ese año los estudiantes de México se levantaron, pedían libertad, democracia, un país diferente. El gobierno respondió con represión, golpes, detenciones. Y el 2 de octubre, en la plaza de las tres culturas en Tlatelolco, el ejército abrió fuego contra una multitud de estudiantes desarmados.
Nadie sabe exactamente cuántos murieron. Las cifras oficiales hablan de decenas, los testigos hablan de cientos. Lo que sí se sabe es que Gustavo Díaz Orda dio la orden. La Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado lo confirmó en 2007. Díaz Oordaz ordenó la represión sistemática del movimiento estudiantil y el operativo militar que desencadenó la masacre.
Díaz Oordaz nunca se arrepintió. Un año después, en su informe de gobierno, dijo, “Asumo íntegramente la responsabilidad personal, ética, social, jurídica, política e histórica, por las decisiones del gobierno en relación con los sucesos del año pasado, asumió la responsabilidad y siguió gobernando. se convirtió en el presidente más odiado de la historia moderna de México.
Y un año después de la masacre empezaron los rumores. El presidente tenía una amante, una cantante de música ranchera, una mujer hermosa, provocadora, que no le tenía miedo a nada. Irma Serrano. En su libro A calzón amarrado, Irma contó cómo empezó todo. Lo conocí en una de tantas reuniones de políticos.
Aquel personaje era un don nadie, pero llegó a ser el gusano mayor para regir los destinos del país durante 6 años. El gusano mayor, así le decía ella al presidente de México, en privado y en público. Descubrí que era más atractivo de lo que me imaginaba. No de su físico, del cual han hecho tantas bromas, sino por su intelecto.

Tiene una personalidad un tanto especial. Es simpático, duro, a veces determinante y necio, igual que yo. La relación comenzó en 1969. Irma tenía 35 años. Díaz Oordaz tenía 58. No era la diferencia de edad que había tenido con Casas Alemán, pero seguía siendo un hombre de poder, casado, con hijos, con un país entero mirándolo y ella aceptó ser la otra.
El romance duró 5 años, 5 años de encuentros secretos, de viajes, de regalos. Díaz Oordaz le compró una casa en jardines del Pedregal para sus citas. Otra casa en las lomas de Chapultepec, conocida como la pagoda china, le daba joyas, antigüedades, todo lo que ella pidiera. Y según Irma le dio algo más. La cama de la emperatriz Carlota. Sí.
La cama donde dormía Carlota, esposa de Maximiliano de Absburgo, el último emperador de México. Una pieza histórica que pertenecía al patrimonio del Estado. El presidente de la República le regaló a su amante una cama que era propiedad de todos los mexicanos. Esa cama hoy está en el castillo de Chapultepec.
Puedes ir a verla si quieres, pero durante años estuvo en la casa de Irma Serrano. Irma sabía quién era Díaz Sordaz. Sabía lo que había hecho. La masacre de Tlatelolco había ocurrido apenas un año antes de que empezaran su relación. ¿Cómo podía estar con el hombre que ordenó matar estudiantes? Años después, cuando le preguntaban sobre esto, Irma defendía a Díaz Oordaz.
le dijo Enrique Krause. Él estaba seguro de que era el único camino y lo hubiera vuelto a hacer, aunque todo el mundo hubiera estado equivocado. Y añadió algo que revela mucho sobre él. Él sabía que se iba a quedar solo. Solo el presidente más poderoso de México sabía que la historia lo condenaría, que nadie lo defendería, que sus propios aliados lo abandonarían cuando ya no fuera útil.
Y en medio de esa soledad encontró a Irma, la mujer que no lo juzgaba, que lo aceptaba, que compartía su cama, aunque el país entero lo odiara. Quizá por eso le daba todo lo que le daba. Quizá por eso nunca le dijo que no, hasta que Guadalupe Borja decidió que era suficiente. Guadalupe Borja era la esposa de Díaz Hordaz, una mujer de sociedad, de buena familia, que había cumplido su papel de primera dama con discreción y elegancia.
Pero después de Tlatelolko, algo se rompió en ella. Sara Sefchovic en su libro La suerte de la consorte cuenta que Guadalupe no pudo soportar las presiones surgidas tras la masacre. Su salud se deterioró. Se le veía temblorosa e inestable. Se aislaba de su marido. Casi no aparecía en público.
Y mientras tanto, su esposo vivía una historia de amor con la cantante más provocadora de México. Guadalupe lo sabía, todo el mundo lo sabía. Los regalos, las joyas, las casas, la cama de Carlota, la esposa del presidente sabía exactamente lo que estaba pasando, pero durante años no dijo nada hasta que decidió actuar. Y aquí es donde nos acercamos a lo que te conté al principio, a la serenata, a la cachetada, a los rifles apuntando.
Pero antes de llegar ahí, necesitas entender lo que Guadalupe le hizo a Irma. Según Irma, Guadalupe Borja inició una campaña de veto en su contra. No lo hizo públicamente, no lo hizo con escándalos, lo hizo a través del poder. Usó al secretario de Gobernación, Luis Echeverría, para boicotear todos los proyectos de Irma.
Películas que estaban por filmarse, canceladas, discos que estaban por salir, detenidos, apariciones en televisión que estaban confirmadas, eliminadas. Una por una, las puertas se cerraban. La esposa del presidente estaba destruyendo la carrera de la amante y no había nada que Irma pudiera hacer. ¿A quién iba a quejarse? ¿Al presidente? ¿Al mismo hombre que había ordenado matar estudiantes? Díaz Oordaz no iba a enfrentar a su esposa por ella.
Irma lo entendió. entendió que por más regalos que le diera, por más noches que compartieran, ella siempre sería la otra, la que podía desecharse cuando ya no convenía. Y entonces decidió que si la iban a destruir, al menos lo haría con estilo. Era el cumpleaños de Guadalupe Borja. Irma se preparó con cuidado.
Se puso un traje folclórico, de esos con listones de colores que usan las bailarinas de danza regional. Un vestido que gritaba México, contrató un mariachi, los mejores músicos que encontró, y se fue directamente a Los Pinos, la residencia oficial del presidente de México, donde vivía Díaz Hordaz con su esposa, donde estaban los guardias del Estado Mayor Presidencial, donde cualquier amenaza al presidente se eliminaba sin preguntas.
Irma llegó y les dijo a los guardias que iba a dar una serenata y la dejaron pasar. Quizá la reconocieron, quizá pensaron que era un regalo para alguien, quizá simplemente no imaginaron lo que estaba a punto de hacer. Irma caminó hasta donde ella intuyó que estaba la ventana de Guadalupe. El corazón le latía fuerte, las manos le temblaban, pero no iba a detenerse.
Había ensayado este momento en su cabeza cientos de veces. Había imaginado la cara de Guadalupe cuando escuchara la canción. Había soñado con este momento de venganza dulce, “Firme, Irma, firme”, se dijo a sí misma. Para recuperar el valor que se me andaba queriendo huir. Los mariachis afinaron sus instrumentos. La noche estaba silenciosa.
Los jardines de los pinos, oscuros y tranquilos, y entonces empezaron a tocar. Irma cantó con toda la fuerza de su voz. esa voz que la había hecho famosa, que había llenado estadios, que había vendido millones de discos. Ahora la usaba para esto, para humillar a la esposa del presidente en su propio cumpleaños.
Yo trataba a un casado, pero ya se me acabó. Su mujer lo había celado con todas. Conmigo no. La letra no dejaba lugar a dudas. Irma estaba declarando públicamente ante los oídos de cualquiera que pudiera escuchar que ella había sido la amante del presidente, que la esposa sabía de todas las otras mujeres que su marido había tenido, pero que con ella, con la tigrza, no había podido hacer nada.
Con ella no pudo. Eso era lo que cantaba. Imagina la escena un momento. La residencia oficial del presidente de México. La casa más protegida del país, donde viven el presidente y su familia, donde se toman las decisiones que afectan a millones de mexicanos. Y en el jardín, una cantante de rancheras con un grupo de mariachis cantándole a la esposa del presidente que su marido es un infiel.
Las luces de los pinos se encendieron. Alguien salió de la residencia. Era Gustavo Díaz Oordaz. El presidente de México, se acercó a Irma con paso firme. Su cara era inescrutable. “Muchas gracias, señora”, le dijo. Eso fue todo. Muchas gracias, señora. Después de 5 años juntos, después de las casas, las joyas, la cama de Carlota, después de escuchar sus secretos sobre Tlatelolco, después de compartir su soledad, muchas gracias, señora.
Como si fuera una desconocida, como si no significara nada, Irma sintió algo romperse dentro de ella, toda la rabia que había acumulado, toda la humillación. todo el dolor de haber sido usada una vez más. Levantó la mano y le soltó una cachetada tan fuerte que los lentes le volaron de la cara. Lo que pasó después duró un segundo, un segundo donde todo pudo terminar diferente.
Los guardias del Estado Mayor Presidencial cortaron cartucho, rifles, metralletas, apuntando a la cabeza de Irma. Estaban entrenados para eso, para eliminar cualquier amenaza al presidente y ella acababa de golpearlo. Un segundo, un solo segundo donde Irma Serrano pudo morir ahí mismo, en el jardín de Los Pinos, rodeada de mariachis.
Pero Díaz Sordaz levantó la mano. No la toquen, que nadie dispare. Los guardias bajaron las armas. Irma respiró. Algunos dicen que la cachetada le provocó un desprendimiento de retina al presidente. Irma nunca lo confirmó, pero tampoco lo negó. Esa noche el romance terminó. Irma se fue de Los Pinos y nunca volvió a ver a Díaz Hordaz en privado.
Aquí viene lo primero que te prometí, lo que Irma Serrano escuchó la noche después de la masacre de Tlatelolko. En una entrevista con Abraham Zabludowski en 1998, 30 años después de los hechos, Irma contó algo que pocos conocían. El 2 de octubre de 1968, Díaz Hordaz se encontraba en Guadalajara. Fue hasta el día siguiente que pudo regresar a la capital para reunirse conmigo por la noche.
Estaban juntos cuando el presidente recibió una llamada. Era Luis Echeverría, el secretario de Gobernación, el hombre que después sería presidente. Toda su furia se desató sobre Eche Berría. Contó Irma. El coraje, la rabia. Tuvo una conversación en la casa con Eche Berría y le dijo, “¿Cómo es posible? Tú fuiste? ¿Tú diste esa ord?” Irma escuchó toda la conversación desde la habitación de al lado cada palabra y según ella, Díaz Oordaz culpó directamente a Echeverría de la Masacre.
“Entonces, ¿quién fue el culpable del 2 de octubre?”, le preguntó Zabludowski. Echeverría, respondió Irma sin dudar. Echeverría siempre negó la acusación. dijo que el comandante supremo de las fuerzas armadas era Díaz Oordaz, no él, que él no podía dar esa orden. La verdad histórica sigue en disputa, pero Irma Serrano fue la única persona fuera del círculo más íntimo del poder que escuchó esa conversación y lo contó públicamente.
30 años guardó ese secreto. 30 años. ¿Por qué habló hasta entonces? Quizá porque ya no tenía nada que perder, quizá porque quería que el mundo supiera lo que ella sabía, quizá porque era su última venganza contra los hombres que la habían usado. Años después, cuando Díaz Oordaz fue nombrado embajador de México en España, le preguntaron en una conferencia de prensa sobre su relación con la tigresa.
Su respuesta fue devastadora. Fue como tener una experiencia con una totonaca. Una totonaca. Así definió 5 años de relación. Así humilló públicamente a la mujer que había compartido sus secretos más oscuros. Totonaca. Un insulto racial. Una forma de decir que ella no era nada, que no valía nada, que había sido un pasatiempo exótico.
La venganza de Irma fue brutal. publicó A Calzón quitado en 1978. Después vino a calzón amarrado y luego sin pelos en la lengua. Tres libros donde contó todo. Los encuentros, los regalos, las conversaciones, las noches en la pagoda china, la noche después de Tlatelolco, todo sin filtros, sin piedad. Él hacía rechinar el catre, escribió.
Así describió al presidente de México, un hombre que había ordenado matar estudiantes. Reducido a sus habilidades en la cama, Díaz Oordaz murió en 1979, solo un año después de que Irma publicara su primer libro. Algunos dicen que murió humillado, odiado por todos, abandonado hasta por su propio partido. Irma vivió 44 años más, pero esos años no fueron de gloria, fueron de caída.

Después del escándalo con el presidente, Irma siguió trabajando. Teatro, cine, música. No se detuvo. Siguió llenando el teatro Fru Fru. Siguió actuando en películas, siguió cantando, pero algo había cambiado. Ya no era la amante del presidente, era la mujer que le había dado una cachetada al presidente.
Para algunos eso la hizo más grande, para otros la convirtió en paria. En 1986 hizo su última película con un papel importante, Las amantes del Señor de la noche. Compartió créditos con Isela Vega, después el cine la olvidó. Pero Irma no estaba lista para desaparecer. En 1994, a los 60 años, decidió entrar a la política.
La carrera política de Irma Serrano es una de las cosas más extrañas de su vida. Empezó en el PRI, el mismo partido de Díaz Oordaz, el partido que había gobernado México durante más de 70 años. ¿Por qué el PRI? Después de todo lo que había pasado con el presidente priista, quizá porque era el único camino al poder, quizá porque ya no le importaba la coherencia, fue diputada federal, pero no duró mucho en el PRI.
Se cambió al PRD, el partido de izquierda. El partido de oposición y entonces algo inesperado, se convirtió en senadora por Chiapas de 1994 al 2000 y en el Senado Irma defendió causas que nadie esperaba de ella. Habló a favor del movimiento Zapatista, pidió prohibir el maíz transgénico. ¿Cuándo ha existido paz y justicia? Si con un rifle se le pega por la espalda a un campesino, preguntó a sus colegas senadores.
La mujer que había sido amante del presidente más represivo de México, ahora defendía a los indígenas. Pero fuera de la política, Irma estaba sola. Los hombres que la buscaban ahora eran diferentes. Ya no eran presidentes ni empresarios millonarios. Eran chicos de reality shows, 30 años menores que ella, buscando fama, buscando atención.
Ella lo sabía. Solo eran amiguitos para pasar el rato, admitió. Nunca les tuve cariño, tampoco fueron mi tipo. Uno de ellos, Poncho de Nigris, confesó años después que todo había sido una estrategia publicitaria, que nunca la besó, que la veía como una abuela. La tigresa que había seducido al presidente de México ahora era rechazada por chicos de televisión.
El tiempo no perdona a nadie. Y aquí quiero hacer una pausa, porque la historia de Irma no es solo la historia de una mujer famosa. Es la historia de lo que pasa cuando confundes protección con amor, cuando aceptas regalos en lugar de respeto, cuando te conformas con ser la otra, porque crees que no mereces ser la única.
Irma tuvo todo lo que el dinero puede comprar. casas, joyas, la cama de una emperatriz, pero nunca tuvo lo que de verdad necesitaba. Alguien que la eligiera a ella, no a escondidas, no como secreto, no como capricho. A ella. Quizá tú conoces ese patrón, quizá lo has vivido, quizá lo estás viviendo ahora mismo.
La historia de Irma no termina bien, pero todavía no hemos llegado a lo peor. Y entonces llegó el infierno. Aquí viene lo tercero que te prometí y quiero que pongas atención porque lo que voy a contarte es difícil de creer. María del Pilar León Moguel conoció a Irma porque su abuela trabajaba en el teatro Fru Fru.
Era una empleada más, una cara conocida, alguien que llevaba años cerca. Con el tiempo, Pilar empezó a ganarse la confianza de la tigresa. Se hacía la atenta, la servicial, la que siempre estaba disponible. Irma estaba envejeciendo. Ya tenía más de 70 años. Sus fuerzas no eran las de antes. Necesitaba ayuda y Pilar estaba ahí, siempre lista, siempre dispuesta.
Poco a poco se fue acercando más. Empezó a hacerse pasar por su sobrina. Aunque no lo era, se mudó con ella para cuidarla. Aunque sus intenciones eran otras, ¿qué podía salir mal? Todo, absolutamente todo. Lo que Pilar de León hizo durante los siguientes 3 años fue un crimen que debería haberla dejado en la cárcel de por vida. La drogaba.
Irma lo contó en una entrevista para Ventaneando. Ya cuando la habían rescatado. Me tenía drogada. Yo empecé a perder la memoria y entonces hacía lo que ella me ordenaba. No sé qué me daba. Me tenía totalmente idiota para decirles la palabra exacta, totalmente idiota. Esas fueron las palabras de Irma Serrano, la mujer que había enfrentado al presidente de México, que le había dado una cachetada delante de los guardias armados, que había cantado en Los Pinos sin temblar, reducida a un vegetal por las pastillas que le daba alguien que decía quererla.
No dejaba entrar a nadie a verme, continuó Irma. me hacía firmar cosas. Aú ahora estamos investigando qué fue lo que firmé, porque me tenía totalmente presa, presa en su propia casa, en la casa que había comprado, con su trabajo, con su talento, con los años de cantar y actuar y producir, presa como un animal, la golpeaba, me golpeaba en brazos y piernas, pero me cubría para que no se notara.
Me encerraba en el cuarto para no dejarme ver a mi familia. Piensa en eso. Una mujer de más de 70 años encerrada en una habitación, golpeada, con moretones en los brazos que tenían que esconderse sin poder ver a nadie, sin poder pedir ayuda. En una entrevista para TV Notas, Irma dio más detalles. Además, trató de volverme idiota con unas sustancias raras.
que me daba a tomar. Fueron 3 años sufriendo un martirio e infierno a su lado. 3 años. 1095 días. Drogada, golpeada, encerrada, aislada del mundo, sin que nadie lo supiera. Tengo miedo que logre salir de la cárcel, dijo Irma cuando Pilar fue arrestada. Porque se hace amante de todo el mundo, de los abogados. Además, es capaz de cualquier cosa con tal de salirse con la suya.
Capaz de cualquier cosa. Y vaya que lo demostró, porque mientras la drogaba y la golpeaba, también la robaba. Con la ayuda de un notario que era su cuñado, Pilar de León hizo que Irma firmara documentos, papeles que Irma no entendía, que no podía leer, que firmaba porque la tenían totalmente idiota, como ella misma dijo. Luis Felipe García, el sobrino verdadero de Irma, el que después la rescataría, explicó lo que pasó.
Se quedó con el 99% del teatro Frufru. Casas en Chiapas. Sacó joyas de Panamex y puso el testamento a su favor y el de sus familiares. Escucha eso de nuevo. El 99% del teatro Fru Fru, el teatro que Irma había comprado cuando era una estrella, el que remodeló con su propio dinero, donde montó obras durante décadas, donde apareció desnuda en Naná, donde hizo historia.
Se lo quitaron mientras estaba drogada. Las casas en Chiapas, las propiedades de su tierra natal, el lugar donde nació, se las quitaron las joyas, las que había acumulado durante toda su vida, algunas regaladas por el presidente, otras compradas con el sudor de su trabajo. Pilar fue a la caja de seguridad de Banamex con un poder notarial que su cuñado le fabricó y se las llevó todas.
El testamento, el documento donde Irma decía quién heredaría lo poco que tenía. Lo cambió para que todo quedara a nombre de Pilar y su familia. El cuñado de María del Pilar y ella hicieron fraude con Irma”, explicó Luis Felipe. Se apropiaron de una casa de Chiapas, se adueñaron del teatro Fru Fru, fue a sacar todas las joyas de la caja de seguridad, cobró regalías, destruyó muebles y antigüedades invaluables.
“Es una gran sinvergüenza.” Destruyó muebles y antigüedades, las cosas que Irma había coleccionado toda su vida, los objetos que tenían historia, la cama de Carlota, las piezas que le recordaban quién había sido, destruidas, vendidas, desaparecidas. Irma lo resumió con una frase que duele escuchar.
Estuve en las patas del infierno, pero mi familia me salvó. En septiembre de 2016, Pilar de León fue finalmente detenida. La arrestaron en las afueras de su casa alrededor de las 7 de la noche. Se puso violenta. Agredió a los policías. Toda su familia también se alteró. Se puso medio feo, contó Luis Felipe. La enviaron al penal de Santa Marta a Catitla por fraude, por robo, por todo el daño que le hizo a una anciana indefensa, pero para entonces el daño estaba hecho.
Irma había perdido casi todo. El teatro se recuperó después de años de batallas legales, pero ya no era lo mismo. Las joyas nunca aparecieron. Las casas se perdieron en juicios interminables y la salud de Irma nunca volvió a ser la misma. 3 años drogada dejan secuelas en el cuerpo, en la mente, en el alma. No me siento con la capacidad para poder reclamar todo lo mío”, admitió Irma después.
Ella es una ignorante que no sabe ni siquiera el valor de las cosas. La tigresa ya no tenía garras. Luis Felipe García, el sobrino verdadero, fue quien la rescató de ese infierno. No sabemos exactamente cómo se enteró de lo que estaba pasando. Las entrevistas no lo explican en detalle. Lo que sí sabemos es que actuó, sacó a Irma de esa casa, la alejó de Pilar de León, denunció todo ante las autoridades y la llevó a vivir con él a Tuxla Gutiérrez, Chiapas.
De vuelta a su tierra, lejos de la Ciudad de México, lejos del teatro Frufru, lejos de los reflectores y las cámaras y los periodistas, los últimos 13 años de su vida Irma vivió ahí en una casa en el fraccionamiento Buenos Aires, al surponiente de la capital de Chiapas, sin entrevistas, sin escándalos, sin nada de lo que la había definido durante décadas.
Solo una anciana que había sido la mujer más famosa de México pasando sus últimos días en el silencio de su tierra natal. Pero la pesadilla no terminó ahí. En febrero de 2022, Pilar de León salió de la cárcel 5 años. Eso fue todo lo que pagó. 5 años por 3 años de tortura, de drogas, de golpes, de robo.
5 años. Luis Felipe, el sobrino de Irma, habló con los medios cuando se enteró. Deja tú lo preocupada. Está encabronada. Está muy molesta. Ella misma es la que dice, “Procedan.” No hay que quedarnos de brazos cruzados. Reforzaron la seguridad en la casa de Irma. Pusieron más cámaras de vigilancia. Contrataron gente para que la protegiera.
Días anteriores, delincuentes se quisieron meter a casa de la famosa contó Luis Felipe. No descarto que haya sido tramado por Pilar de León, Irma. A los 88 años todavía tenía miedo de la mujer que la había drogado, golpeado, robado, encerrado y que ahora estaba libre. Un año después, Irma murió, pero antes de llegar a su muerte.
Déjame contarte cómo fueron esos últimos años. En una entrevista de 2017, a los 83 años, Irma habló de su vida actual. Ya estaba viviendo en Chiapas con su familia verdadera. Ya había dejado atrás la ciudad de México y todo lo que representaba. Me agrada estar en casa, dijo. No tengo por qué andar en la calle. No me aburro.
En mi hogar siempre hay actividades pequeñas para hacer. Actividades pequeñas. La mujer que había llenado teatros, que había protagonizado películas, que había seducido presidentes. Ahora hacía actividades pequeñas en una casa de Chiapas. También tenemos festejos familiares continuó. Y si no salen en los medios es porque no son famosos.
Pero mi vida actual es muy satisfactoria. Le preguntaron si había recuperado su patrimonio. En eso estoy. Ya logramos encarcelarla por fraude y todo el mal que me hizo. Acuérdense que me drogaba para robarme. Aún faltan personas para recuperar todo. Mi familia me está ayudando con procesos legales, pero no me gusta hablar de eso.
Recuperó algo? La verdad es que muy poco. No me siento con la capacidad para poder reclamar todo lo mío”, admitió. Ella es una ignorante que no sabe ni siquiera el valor de las cosas. La mujer que le había dado una cachetada al presidente de México ya no tenía fuerzas para pelear por lo suyo. Le preguntaron por la Navidad y su respuesta reveló algo sobre la vida que había llevado.
La Navidad no me gustaba. Nunca he sido religiosa ni cursy de poner árboles o adornos. Nunca celebró Navidad, nunca fue de fiestas familiares, nunca tuvo eso que otros dan por sentado. Pero desde que vivo con mi familia aquí, las Navidades han sido bonitas, rodeadas del amor de mis seres queridos.
Todos ellos organizan los festejos. Yo no hago nada, pero sí me tomo mis copitas de vino tinto. Y entonces dijo algo que lo resume todo. ¿Quién iba a decir que a mis años disfrutaría una Navidad? 83 años. 83 años para tener una Navidad con gente que la quisiera de verdad. Irma habló de su vida con una claridad que duele. He vivido mucho.
Viajé, amé, gocé, sufrí, hice todo lo que quise. Hizo todo lo que quiso. Esa fue siempre su filosofía, hacer lo que le diera la gana. Sin pedir permiso, sin disculparse, mi vida estuvo marcada por el drama. Continuó. Pero todo cambió para bien desde que mis sobrinos me rescataron del pozo en el que estaba hundida y me alejaron de la gente mala.
Le preguntaron si se arrepentía de algo. Para mí, el sentido de la vida ha sido hacer lo que me dé la gana, sin arrepentimientos, ni por los escándalos, ni por los hombres, ni por las decisiones que la llevaron a donde estaba. Le preguntaron por qué nunca se casó. Su respuesta fue devastadora.
La verdad no me lo propusieron. Silencio. Nadie se lo propuso. Piensa en eso. Ni Fernando Casas Alemán, el político que la tuvo desde los 13 años. El hombre que la conoció cuando era una niña, que la introdujo al mundo del poder, que la presentó con Diego Rivera, nunca le propuso matrimonio, ni Gustavo Díaz Oordaz, el presidente que le regaló casas y joyas y la cama de Carlota durante 5 años.

El hombre más poderoso de México, que compartía sus secretos más oscuros con ella, nunca le propuso matrimonio, ni Alejo Peralta, el empresario del que supuestamente guardaba semen congelado, el hombre del que dijo haber estado enamorada de verdad, nunca le propuso matrimonio, ninguno. La usaron, la exhibieron, la presumieron como trofeo.
Pero cuando llegó la hora de comprometerse, de hacer público lo que tenían, de tratarla como algo más que una amante, ninguno dio el paso. Le preguntaron si le frustraba no haber tenido hijos. No fue algo que deseara con todo su corazón. Quizá era verdad o quizá era lo que se decía a sí misma para no pensar en lo que pudo haber sido.
Porque hay una diferencia entre no querer algo y convencerte de que no lo querías porque nunca lo tuviste. Y a los 83 años ya no importaba cuál era la verdad. El 1 de marzo de 2023, a la 1 de la madrugada, Irma Serrano sufrió un infarto. La llevaron a un hospital privado de Tuxla Gutiérrez, pero ya era demasiado tarde. Murió esa misma noche. Tenía 89 años.
Había sobrevivido a la cachetada en Los Pinos, a los rifles apuntando a su cabeza, a la destrucción de su carrera, a 3 años de drogas y golpes y encierro, a la pérdida de casi todo lo que tenía, pero no pudo sobrevivir a su propio corazón. Aquí viene lo cuarto que te prometí, lo que dijeron sobre su muerte.
La Asociación Nacional de Inérpretes confirmó el fallecimiento con un comunicado escueto. Conocida como La Tigresa, fue una cantante, actriz y política mexicana de amplia trayectoria. A sus familiares y amigos les mandamos nuestras más sentidas condolencias. Amplia trayectoria. Eso fue todo. Poncho de Nigris publicó un video en sus redes sociales.
El mismo Poncho que había fingido ser su novio, que se había hecho pasar por gay para no acostarse con ella, que la había usado para ganar atención mediática. Con la lamentable noticia de que murió Irma Serrano, dijo, “Buena onda, la señora. nos ayudó mucho con el aprendizaje, con sus historias de vida que nos contaba cuando andaba con días sordaz, cuando salía también con echeverría y entonces dijo algo que nadie esperaba.
Mucha gente piensa mal que se le bajó un billete, se le estaba dando billete. Hay gente que sí acaparó, le robó, le quitaron todo y murió sola. Murió sola. Las palabras quedaron flotando en el aire. Se inventaron unos familiares ahí y la encerraron hasta que pasara esto. Familiares inventados. Encerrada hasta que pasara esto.
Hasta que muriera. ¿Era verdad? Exageraba, ¿estaba confundiendo la situación? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es lo que escribió Shanik Berman, la periodista de espectáculos en Twitter. Acaba de fallecer Irma Serrano, la tigresa, a quien artistas le robaron todo su patrimonio aprovechando su soledad y su enfermedad. Su soledad, su enfermedad.
Esas fueron las palabras que usó la mujer que había sido la más escandalosa de México, que había llenado portadas de revistas, que había dado de qué hablar durante seis décadas. murió sola, aprovechada por su soledad, el cuerpo de Irma fue cremado. No hubo velorio público, no hubo homenajes multitudinarios, no hubo largas filas de fans llorando frente a su ataúd.
Sus cenizas fueron llevadas a la casa familiar en Tuxla, Gutiérrez, donde había vivido los últimos 13 años. Ahí quedaron el teatro Frufru, el recinto que ella compró y remodeló. El lugar donde brilló durante décadas sigue en disputas legales. Nadie sabe exactamente qué va a pasar con él. Las joyas que le regaló el presidente nunca se recuperaron.
Probablemente fueron vendidas, dispersadas, perdidas para siempre. Las casas se vendieron o se perdieron en juicios que nunca terminaron. Y los cuadros de Diego Rivera, los dos desnudos que le pintó cuando tenía 15 años, siguen sin aparecer. Uno supuestamente está en un banco en alguna caja de seguridad. El otro quedó con la familia de Fernando Casas Alemán, el hombre que la tuvo desde los 13 años.
Irma Serrano, nació sin el amor de su madre. Pasó su infancia. buscando ese amor que nunca tuvo. Lo buscó en hombres mayores, en políticos poderosos, en presidentes casados. Lo buscó durante 89 años y murió sin que nadie la acompañara. Tal vez tú también conoces a alguien que pasó la vida buscando amor en los lugares equivocados.
Alguien que confundió protección con cariño, regalos con afecto, poder con seguridad. Alguien que terminó preguntándose por qué después de darlo todo, se quedó sin nada. Irma Serrano no fue víctima de nadie más que de sí misma. Eso es lo que algunos dirían. Ella eligió a esos hombres. Ella aceptó esos regalos. Ella se metió en esa cama con el presidente de un país manchado de sangre.
Pero también fue una niña de 7 años que perdió a su madre, una adolescente de 15 años posando desnuda para un hombre de más de 60, una joven de 17 en los brazos de un político de 45, cuando tuvo oportunidad de elegir diferente, cuando alguien le enseñó que merecía algo mejor, cuando alguien la protegió de verdad, sin pedir nada a cambio, la respuesta es nunca.
hasta que llegaron sus sobrinos cuando ya tenía más de 70 años, cuando ya era demasiado tarde para empezar de nuevo. En una de sus últimas entrevistas, Irma citó algo que Carlos Moncibis había escrito sobre ella décadas antes. Irma Serrano es un escándalo social de origen político y eso lo cambia todo. Tenía razón.
Irma no fue solo una cantante, no fue solo una actriz, no fue solo una amante, fue el espejo de un país donde los hombres poderosos toman lo que quieren, donde las mujeres hermosas son trofeos hasta que dejan de serlo, donde el escándalo se perdona si viene con poder, pero se castiga si viene sin él.
Díaz ordenó una masacre y murió como expresidente con honores, con una calle que llevaba su nombre en varias ciudades. Irma le dio una cachetada y murió sola, robada, olvidada. Esa es la historia de México. Esa es la historia de muchas mujeres. Quizá tú conoces a alguna. Hay algo que Irma dijo en una entrevista que no puedo sacarme de la cabeza.
Le preguntaron qué había aprendido de todos esos hombres, de Fernando Casas Alemán, de Díaz Oordaz, de todos los que pasaron por su vida. Su respuesta fue simple. Era algo muy paternal. Siempre necesité un amor. Nunca llegó. Siempre necesité un amor. Nunca llegó. Eso dijo la mujer que tuvo al presidente de México en su cama.
La que recibió la cama de una emperatriz, la que llenó teatros y vendió millones de discos. Nunca llegó, porque los regalos no son amor. El poder no es amor. La protección no es amor. Y ella lo supo siempre desde los 7 años, cuando su madre la dejó ir con su padre. Desde los 13. Cuando un político de 45 la miró por primera vez desde los 15, cuando posó desnuda para un hombre que la veía muy chiquilla, lo supo siempre, pero siguió buscando.
Porque cuando te enseñan que eso es lo más parecido al amor que vas a encontrar, dejas de buscar algo mejor. Y un día te despiertas con 89 años sola, en una casa de Chiapas, lejos de todo lo que construiste, lejos de todo lo que perdiste, lejos de los reflectores que alguna vez te adoraron y te das cuenta de que nadie va a venir a salvarte, porque los que dijeron que te querían ya no están, y los que están solo quieren lo que tienes.
En 1974, una mujer entró a Los Pinos con un mariachi, le cantó a la esposa del presidente, le dio una cachetada al hombre más poderoso del país. Los rifles la apuntaron y ella no se movió porque Irma Serrano nunca tuvo miedo de nada, ni de los políticos que la usaron, ni de las esposas que la odiaron, ni de los años que la olvidaron.
solo le tuvo miedo a una cosa, a morir sin que nadie la quisiera de verdad. Y eso fue exactamente lo que pasó. Irma Serrano, la tigresa, la mujer que México nunca supo cómo querer. Si esta historia te hizo pensar en alguien, si te hizo sentir algo, déjamelo saber en los comentarios. Y si todavía no estás suscrita al canal, este es el momento.
Cada semana traigo historias como esta. Historias que nadie más cuenta. Historias que duelen, historias que te hacen pensar, historias que pesan. Nos vemos en el próximo