100 voces, 100 historias, 100 esperanzas. Y entre todas ellas, los productores eligieron a Ángela Carrasco. Esa mujer que había llegado a España con una beca de diseño, iba a ser María Magdalena en la producción más polémica del teatro español de aquella época. Pero lo que nadie sabía en ese momento era el precio que esa decisión iba a costarle. Los ensayos fueron intensos.
La obra era exigente, apasionada, llena de momentos que pedían entregarse por completo. Y en ese proceso de preparación, de trabajo compartido, de horas y horas juntos en el teatro, la relación entre Camilo VI y Ángela Carrasco fue creciendo, construyéndose, haciéndose más profunda. Había algo entre ellos dos que iba más allá del trabajo, una complicidad especial, una manera de mirarse que la gente que los rodeaba notaba, aunque nadie se atrevía a decir nada en voz alta.
Pero entonces llegó el día del estreno y con él una de las noches más difíciles de la vida de Ángela Carrasco. La mañana del estreno de Jesucristo Superstar, el padre de Ángela sufrió un ataque al corazón y murió. Jesús Carrasco Gómez. El guitarrista, el padre, el hombre que había llenado de música la infancia de Ángela, se fue exactamente el día en que su hija iba a subirse al escenario más importante de su vida.
La pregunta que cualquiera se haría en ese momento es, ¿cómo se actúa después de eso? ¿Cómo se sube a un escenario con el corazón roto? ¿Cómo se canta cuando lo único que quieres es llorar? Ángela Carrasco lo hizo. Esa misma noche subió al escenario, cantó. actuó, cumplió porque el espectáculo debía continuar y porque dentro de ella había una fuerza que su padre le había dado y que aquella noche fue la única manera que tuvo de honrarlo.
Hay personas que son de una pasta diferente. Ángela Carrasco es una de ellas. Jesucristo Superstar no tuvo una llegada tranquila al público español. No podía tenerla. Los guerrilleros de Cristo Rey, un grupo de extrema derecha profundamente católico, se apostaron cerca del teatro para intimidar a la gente que compraba entradas.
Las taquilleras recibían amenazas de bomba por teléfono y tenían que salir corriendo de sus puestos. El ambiente alrededor del teatro era tenso, cargado, peligroso. Y aún así la gente fue. Noche tras noche la sala se llenaba porque había algo en esa obra que tocaba algo muy profundo en las personas. La voz de Camilo Sexo como Jesucristo, la presencia de Ángela como María Magdalena, dos artistas en el escenario que no solo actuaban, que vivían cada escena con una intensidad que el público sentía en cada rincón del teatro. El
propio Andrew Lloyd Weber, el compositor original de Jesucristo Superstar, reconoció públicamente que la mejor interpretación de su obra en un país extranjero había sido precisamente la española. la española, la de Camilo y Ángela. Eso dice todo. Pero lo que ocurrió después entre ellos dos va mucho más allá del teatro.
Después de Jesucristo Superstar, la amistad entre Camilo VI y Ángela Carrasco ya era algo sólido, profundo, real. Pero había algo más, algo que flotaba entre los dos sin que nadie quisiera nombrarlo del todo. Ángela estaba casada. es menor que numeral cer numeral es mayor que desde joven con Ramón, un economista dominicano, compatriota suyo, al que había conocido desde la adolescencia y que era, según ella misma siempre ha dicho, su gran amor, su único amor verdadero. Eso era un hecho.
Ángela lo dejó claro siempre. Pero entonces, ¿qué era lo que Camilo sentía? ¿Qué era eso que los unía y que iba más allá de la música, de los ensayos, de los escenarios? La respuesta llegó de la manera más pública posible y de la manera más inesperada también. Era el 10 de mayo de 1977. El programa de televisión se llamaba Noche de Fiesta.
Camilo Sexo estaba en el escenario, como tantas otras veces bajo los reflectores, con su voz capaz de detener el tiempo, con esa presencia escénica que hacía que todo a su alrededor pareciera secundario. Esa noche interpretó una canción, una canción que habla de un amor no correspondido. Un amor que se ofrece y no es recibido.
Un amor que duele precisamente porque es demasiado grande para caber en silencio. La canción se llamaba Con el viento a tu favor y en el público en primera fila estaba Ángela Carrasco. Lo que ocurrió en los minutos siguientes es algo que quedó grabado y que quienes lo vieron con atención no pudieron ignorar.
Camilo comenzó a cantar y mientras lo hacía miraba a Ángela. No todo el tiempo, no de manera obvia, pero miraba con esa mirada que no es la de un amigo, con esa mirada que solo se tiene cuando hay algo adentro que no cabe en palabras. El camarógrafo lo notó y enfocó la reacción de Ángela.
Y la cámara capturó algo que ningún guion podría haber escrito mejor. Para no levantar sospechas, Camilo dedicó una primera parte de la canción a otra joven que estaba sentada frente a Ángela. un gesto calculado, sutil, como el de alguien que sabe que hay ojos mirando y que tiene que ser cuidadoso. Pero entonces llegó un momento de la letra, una frase muy específica, una frase que dice, “No sé qué más puedo esperar de ti, qué más puedo esperar.
” Y Camilo miró de reojo a Ángela y luego en la parte que dice, “Si no tengo la esperanza de un mañana”, se decidió. volteó completamente y la miró a ella directo sin disimulo, con toda la carga emocional de alguien que lleva tiempo guardando algo que ya no puede seguir guardando. Y le cantó esa frase a ella, solo a ella.
Si no tengo la esperanza de un mañana. El público aplaudió. Las cámaras siguieron grabando y Ángela Carrasco sentada en primera fila, recibió ese momento con la dignidad y la elegancia que siempre la han caracterizado. Pero lo que ocurrió dentro de ella en ese instante solo ella lo sabe. Este momento pasó casi desapercibido para la mayoría. La televisión siguió.
El programa continuó y los dos artistas siguieron sus caminos esa noche como si nada extraordinario hubiera ocurrido. Pero algo había cambiado o quizás algo había sido dicho por fin, aunque fuera en el único idioma en que Camilo Sexo podía permitirse decirlo. El idioma de las canciones.
Porque hay personas que no pueden decir ciertas cosas de frente, que necesitan esconderse detrás de una melodía, de una letra, de un escenario con luces y música para ser capaces de abrir el corazón. Y Camilo Sexo era, antes que nada un artista, un hombre que sentía profundamente y que sabía expresar ese sentimiento de una manera que el mundo entero podía escuchar.
Esa noche lo hizo y lo hizo frente a todos. Y sin embargo, la vida siguió. Ángela Carrasco siguió con su esposo Ramón, siguió con su familia, siguió construyendo la vida que había elegido. Y Camilo siguió siendo su amigo, su aliado, su colega, el hombre que más creía en ella como artista. Y precisamente esa parte de la historia es la que viene ahora.
Un año después de aquella noche en noche de fiesta, en 1978, Camilo VI tomó una decisión que definiría la carrera artística de Ángela Carrasco para siempre. decidió producirla, compuso canciones para ella, se sentó en el estudio con ella, puso su nombre, su trabajo, su credibilidad artística al servicio de la mujer dominicana que había llegado a España con una beca de diseño y que se había convertido en mucho más que eso.
El primer álbum de Ángela Carrasco se llamó Amigo mío, Cuenta conmigo y fue producido y compuesto en gran parte por Camilo Sexo. De ese disco nacieron canciones que todavía hoy se escuchan con emoción. No hay nadie más. Es menor que numeral cercal es mayor que es más que amor. Y la canción que da nombre al álbum, Canciones con esa marca especial que solo Camilo sabía imprimir en una melodía.
Esa capacidad de tocar algo muy adentro con solo unas pocas notas y unas pocas palabras. Pero la historia de ese primer disco tiene también su lado más humano, su lado más revelador. Cuando Ángela comenzó a presentarse en los escenarios con ese material nuevo, no todos la recibieron bien. Era una artista desconocida para muchos. era extranjera, era dominicana en una España que todavía estaba descubriendo el mundo.
Y hubo públicos que no la aceptaron de entrada, que la rechazaron desde las butacas, que le demostraron con frialdad que para ellos no era bienvenida. Y fue entonces cuando Camilo Sexo dijo algo que resume perfectamente, quién era como persona y qué sentía por Ángela. Se plantó y dijo, si no la quieren a ella, no me quieren a mí.
Eso fue todo. Sin negociaciones, sin términos medios. O Ángela era bien recibida o Camilo se iba. Y ante esa declaración tan clara, tan contundente, tan llena de fuerza, el público comenzó a cambiar su actitud poco a poco, hasta que la voz de Ángela Carrasco se abrió paso sola. Porque cuando uno tiene esa voz y esa presencia, solo necesita que le den la oportunidad de ser escuchada.
Camilo Sexo le dio esa oportunidad con todo lo que tenía y entonces llegó una canción que lo cambió todo para Ángela Carrasco, una canción que Camilo Sexo compuso para ella, una de las más recordadas de toda su carrera. Una canción que cuando suena todavía hoy hace que la gente se detenga. Callados. Esa canción llegó de la mano de Camilo como un regalo envuelto en melodía y en sentimiento.
Y Ángela la cantó con esa voz que tiene algo muy especial, algo que viene de muy adentro y que no se puede explicar con palabras técnicas. Solo se siente. El éxito de Callados fue tan grande que en 1981, apenas unos años después de su lanzamiento, los dos artistas fueron invitados a uno de los festivales de música más prestigiosos de toda América Latina, el festival de Viña del Mar en Chile.
Ese festival que tiene algo mágico, esa quinta vergara llena de personas que van a escuchar música y terminan siendo parte de algo mucho más grande, donde la ovación del público puede sentirse como una ola que lo lleva a uno por los aires. Y allí estuvieron los dos juntos como tantas veces, haciendo lo que mejor sabían hacer. Pero la historia entre ellos aún tenía más páginas por escribir.
En 1979, Ángela Carrasco lanzó su segundo álbum. se llamó Quererte a ti. Y esa canción en particular, Quererte a ti, generó algo que los fans de los dos artistas todavía recuerdan con una mezcla de emoción y de preguntas sin respuesta, porque la letra de esa canción habla de un amor que se ofrece y no es recibido.
Habla de querer a alguien que no sabe corresponder. Habla de ese dolor tan particular de amar a alguien que simplemente no puede amarte de la misma manera. ¿Quién escribió esa letra? ¿Desde qué lugar? ¿Qué historia personal estaba detrás de esas palabras? Esas preguntas avivaron los rumores que ya circulaban entre la gente que seguía de cerca las carreras de ambos artistas.
Rumores sobre una relación que iba más allá de la música, sobre sentimientos que no cabían en la categoría simple de amistad. Pero Ángela siempre fue muy clara, muy directa. Cuando le preguntaban por su vida personal, respondía con una seguridad que no dejaba espacio para la duda. Ramón era su amor, su esposo, el hombre de su vida desde la adolescencia.
Y sin embargo, la música a veces dice cosas que las palabras no se atreven a decir. Del álbum Quererte a ti también se destacaron canciones como Quiéreme, Lástima, y tú también me haces falta. Canciones que juntas pintaban un retrato emocional muy intenso, muy honesto, muy humano. Lo que Camilo Sexo hizo por la carrera de Ángela Carrasco no tiene comparación fácil en la historia de la música latina.
En total, el español le compuso 11 canciones. 11 cada una de ellas con esa marca inconfundible de su manera de entender el amor y el dolor y la vida. y fue su productor en cuatro de los 14 discos que Ángela grabó a lo largo de su carrera. Cuatro discos. cuatro veces que se sentaron juntos en el estudio, que trabajaron juntos, que construyeron juntos algo que trascendería el tiempo.
Y no solo eso, juntos hicieron giras por varios países, recorrieron escenarios de toda España, de toda América Latina y llegaron hasta el Madison Square Garden de Nueva York, uno de los recintos más famosos del mundo. El Madison Square Garden, una niña de Santo Domingo que había llegado a España con una beca.
cantando en el Madison Square Garden de Nueva York, acompañada del hombre que más había creído en ella. Si alguien hubiera contado esa historia en 1972, cuando Ángela tomó aquel avión hacia Madrid, nadie lo habría creído y sin embargo, ocurrió. Los años siguientes fueron de un éxito que no paraba. En 1983 llegó el álbum Unidos con canciones que hablaban de amor con una profundidad que llegaba directamente al corazón.
No me puedo quejar. Mi único amigo, libérate y libérame. Canciones que se pegaban a la memoria de quien las escuchaba y no la soltaban. Y en 1985, Ángela Carrasco hizo algo que para muchos fue una sorpresa, pero que en realidad era inevitable. decidió volver a sus raíces, volver al Caribe, volver a los ritmos con los que había crecido, a la música que corría por sus venas desde que era una niña en Santo Domingo.
Lanzó el álbum La dama del Caribe y en ese disco interpretó el tema Caribe junto a uno de los alceros más queridos de la historia, Willy Chirino. Fue un encuentro perfecto. La voz elegante y romántica de Ángela, mezclada con el sabor caribeño más puro, es menor que numeral cero. Cinco numerales mayor que como si esa niña de Santo Domingo, que había aprendido a conquistar Europa con las baladas más emotivas por fin se permitiera recordar de dónde venía sin abandonar el romanticismo que ya era su sello.
Porque en ese mismo disco también estaban canciones como Atrapada y alguien como tú. Esa capacidad de Ángela Carrasco para moverse entre el Caribe y la balada más profunda es una de las cosas que la hacen única. Y un año después, en 1986, llegó otro encuentro que marcó su discografía con letras de oro, el álbum La Candela.
Y en ese álbum el tema homónimo lo grabó junto a alguien que no necesita presentación en ningún rincón del mundo latino. La inigualable Celia Cruz. Imaginen eso. La voz de Ángela Carrasco y la voz de Celia Cruz en la misma canción. Dos mujeres, dos historias, dos maneras de entender la música caribeña que se encontraron en un estudio y produjeron algo que todavía hoy hace moverse a quien lo escucha.
De ese mismo álbum también se destacan canciones como No lo cambio por nada y Tiempo de bares, una composición de José María Cano. Y también si tú eres mi hombre y yo tu mujer, que es la versión en español de la canción de Power of Love de Jennifer Rash, aquella pieza que había emocionado al mundo entero en 1984.
Ángela Carrasco la tomó y la convirtió en suya, en algo que sonaba como si hubiera sido escrita específicamente para ella. Esa es la marca de los grandes artistas. En 1988, Ángela Carrasco tomó otra gran decisión. Con su familia se mudó a los Estados Unidos y desde allí siguió cosechando éxitos. Siguió grabando, siguió actuando, siguió construyendo una carrera que parecía no tener techo.
De esa época son canciones como ese hombre, que salió en 1989 y Piel Canela, que llegó en 1992. Ese álbum, Piel Canela, fue el que le trajo uno de los reconocimientos más importantes de su carrera. Los premios Billboard y lo nuestro la distinguieron como la mejor cantante tropical del año. La mejor cantante tropical del año. En los premios más importantes de la música latina en los Estados Unidos, la niña de Santo Domingo había llegado muy muy lejos.
Pero quizás uno de los capítulos más curiosos, más insólitos y más fascinantes de toda la carrera de Ángela Carrasco es el que involucra a otro gigante de la música latina, Juan Gabriel. El divo de Juárez, uno de los compositores más prolíficos y más amados de la historia de la música en español. En 1995, Ángela Carrasco y Juan Gabriel se sentaron juntos a trabajar.
La producción tomó dos meses completos. Se preparó en la propia casa de Juan Gabriel en Santa Fe. Dos meses de trabajo, de música, de canciones que fueron tomando forma poco a poco. El repertorio que eligieron fue de una belleza particular. Canciones de las décadas de los 30, 40, 50 y 60. Joyas de la música latinoamericana que merecían ser revisitadas por dos artistas de ese nivel.
Un homenaje a la música que había construido los cimientos de todo lo que vino después. Y entre todas esas canciones también había una composición propia, un tema que escribieron juntos Ángela y Juan Gabriel y que se llamó Libro abierto. Una canción donde cada uno cantó su parte. Un dueto nacido de dos semanas de una creatividad compartida muy especial.
Dos meses de trabajo, un álbum completo, listo para salir al mundo. Y entonces la discográfica dijo que no. El disco fue rechazado porque eran canciones que no eran de ninguno de los dos artistas, porque el sello no veía el proyecto comercialmente viable, porque en la industria musical a veces lo que vale artísticamente no siempre es lo que se publica. Y ese álbum nunca vio la luz.
Todavía hoy quienes conocen esa historia se preguntan cómo habría sonado, qué habría pasado si ese disco hubiera llegado al público, si esas canciones de los años 30 y 40 y 50 interpretadas por Ángela Carrasco y Juan Gabriel juntos, hubieran podido ser escuchadas por todos, es una de esas historias que quedan suspendidas en el aire, una de esas puertas que se cerraron antes de abrirse del todo.
Y a veces lo que no pudo ser duele casi tanto como lo que fue. Con los años, Ángela Carrasco fue acumulando una carrera que muy pocos artistas pueden igualar. Más de 45 años sobre los escenarios, 14 álbumes, premios en todos los países donde su música había llegado. En 2009 fue honrada con un Casandra especial en la vi5a edición de los premios Casandra en República Dominicana.
El reconocimiento más importante de la música en su país natal, en la tierra donde había nacido, donde había cantado su primer jingle a los 7 años, donde todo había comenzado. Y en 2015 llegó el reconocimiento definitivo, el que no necesita ninguna explicación adicional. Los premios Gramy Latino le otorgaron el premio a la excelencia musical.
La excelencia musical, no por una canción, no por un álbum, sino por toda una carrera, por décadas de entregas, de trabajo, de voz puesta al servicio de la emoción de millones de personas. Ese premio es el que dice, “Lo que tú hiciste, no se olvida”. En septiembre de 2006, Ángela Carrasco celebró algo muy especial, un espectáculo llamado Viva Voz, 30 años de música, celebrado en el teatro de Madrid.
Y ese espectáculo duró 4 días, 4 días seguidos. Teatro lleno, público entregado, una ciudad entera recordando con ella todo lo que había construido en tres décadas de carrera. El show estuvo dividido en tres partes que contaban las etapas de su vida artística. La primera dedicada a Jesucristo Superstar, al teatro musical que la había lanzado al estrellato.
La segunda llena de baladas románticas de esos éxitos que habían viajado por el mundo entero. Y la tercera parte rendía homenaje al Caribe, a sus raíces, a la República Dominicana, que siempre llevó en el corazón, sin importar en qué país estuviera viviendo. Todo acompañado por una orquesta de 13 músicos y bailarines.
un espectáculo completo, redondo, como solo puede hacerlos un artista que conoce perfectamente quién es y de dónde viene. El éxito fue tan grande que el espectáculo se llevó a otros teatros de España y del continente americano, porque hay artistas cuya historia merece ser contada en grande.
Y en 2008, Ángela Carrasco abrió algo que quizás sea una de las partes más bonitas y más silenciosas de toda su historia. creó una escuela BS Studio, una escuela de teatro musical en Madrid, un lugar donde jóvenes talentos van a aprender, a crecer, a prepararse para subirse a los escenarios con todas las herramientas que necesitan.
Esa escuela ha formado artistas que hoy participan en los musicales más importantes de España, Los Miserables, El Rey León. Programas de televisión como La Voz. Entre sus alumnos figuran nombres reconocidos como Natalia Millán. Ángela Carrasco no se quedó solo en los escenarios, no se quedó solo en los discos. Decidió construir un puente hacia el futuro.
Decidió que todo lo que ella había aprendido, todo lo que había vivido, todo lo que la vida y la música le habían enseñado, tenía que llegar a las nuevas generaciones. Eso es lo que hacen los grandes artistas. No solo brillan, también iluminan el camino de los que vienen detrás.
Y mientras todo esto ocurría en los escenarios y en los estudios de grabación, en la vida personal de Ángela Carrasco, había algo que se mantuvo constante durante todos estos años. Ramón, su esposo, el economista dominicano que conoció en la adolescencia y con quien lleva más de 40 años de matrimonio. Ramón Ignacio el hombre que eligió, el amor que eligió, el que siempre estuvo.
Con él tiene dos hijos. El primero nació en 1975 en plena época de Jesucristo Superstar y lo llamaron Elvis Rafael en homenaje a la admiración que sentían por Elvis Presley. El segundo llegó 10 años después y se llama Iron Bird. Y hoy Ángela y Ramón ya son abuelos. Una vida entera construida, una familia entera construida.
Mientras la voz seguía cantando y los escenarios seguían aplaudiendo, hay personas que saben cómo tenerlo todo en su lugar, que saben dónde termina el escenario y dónde empieza la vida real, que aman su profesión con toda el alma y también saben amar a las personas que eligieron. Ángela Carrasco es una de esas personas.
Y Camilo Sexo, ¿qué pasó con Camilo Sexo? El hombre que la había visto cantar aquella noche en la embajada dominicana, que la había apoyado cuando el público no la quería, que le había compuesto canciones, que la había producido, que la había mirado con esa mirada en televisión, el 10 de mayo de 1977, Camilo VI siguió siendo su amigo, su aliado, su colega, uno de los pilares de su carrera.
Y cuando en los años posteriores Ángela Carrasco grabó un disco de homenaje llamado A Puro Dolor, que reunía éxitos de distintos cantantes, incluyó un homenaje especial a su gran amigo Camilo Sexo. Porque hay personas que merecen ser recordadas, que merecen que alguien se tome el tiempo de decir, “Lo que hiciste por mí no lo olvido.
” Camilo VI se fue de este mundo el 8 de septiembre de 2019 y con él se fue una voz que no va a repetirse jamás. Una voz que formó parte de la banda sonora de generaciones enteras. Una voz que en más de una ocasión cantó lo que el corazón no se atrevía a decir en voz alta, incluida quizás aquella noche de mayo de 1977. Hay preguntas que la historia de la música a veces deja abiertas.
Preguntas que no tienen respuesta definitiva porque las personas que las vivieron eligieron guardar ciertos secretos, ciertos silencios, ciertas cosas para adentro. Y quizás eso es lo más hermoso de todo, porque esos silencios, esas miradas que no se explican del todo, esas canciones que dicen más de lo que la letra admite, son los que hacen que la música siga viva.
Son los que hacen que décadas después alguien escuche con el viento a tu favor y piense, “¿Qué ocurrió realmente esa noche? ¿Qué ocurrió entre Camilo Sexo y Ángela Carrasco? ¿Fue solo amistad? ¿Fue admiración artística? O había algo más que ninguno de los dos quiso nunca nombrar en voz alta.
Solo ellos dos lo saben y uno de ellos ya no está para contarlo. Lo que sí sabemos es lo que quedó. Las canciones, los discos, las actuaciones, las noches en el teatro con el público de pie, la amistad que duró décadas, el respeto mutuo que nunca flaqueó y aquella mirada en televisión que el camarógrafo captó casi sin querer.
Una mirada que dice más que 1000 palabras, una mirada que todavía hoy cuando uno la ve hace suspirar. Ángela Carrasco sigue hoy firme, vigente, presente, formando a los artistas del futuro en su escuela de teatro musical, recordando con cada clase todo lo que aprendió en décadas de escenarios y de vida, siendo el puente entre una época dorada de la música latina y las generaciones que vienen.
Una mujer que llegó a España con una beca de diseño y se quedó para siempre en el corazón de millones de personas. Una voz que cruzó el océano, conquistó Europa, llenó estadios en América, grabó con Celia Cruz y Juan Gabriel, subió al Madison Square Garden y ganó un gramy latino a la excelencia musical y que a pesar de todo eso siempre fue antes que nada una mujer de carne y hueso con su amor, con su familia, con su historia, con esas canciones que Camilo Sexo escribió para ella y que guardan entre sus notas algo que nunca se dijo del
todo, porque Algunas historias no necesitan una conclusión, solo necesitan ser contadas para que la gente las recuerde, para que la gente sienta algo al escucharlas, para que cada vez que suene callados o no hay nadie más o con el viento a tu favor, alguien en algún lugar del mundo, cierre los ojos por un momento y recuerde, porque eso es lo que hace la música cuando es verdadera.
No solo entretiene, no solo suena bonito, guarda pedazos de vida dentro de sus notas, pedazos de las vidas de quienes la hicieron y pedazos de las vidas de quienes la escucharon. Y quizás por eso, décadas después de aquella noche en noche de fiesta, la historia de Camilo VI y Ángela Carrasco sigue emocionando, sigue haciendo que la piel se erice, sigue siendo en el fondo una historia de amor del tipo que sea, del tipo que solo ellos saben, pero amor al fin y al cabo y eso nunca pasa de moda.
Gracias por quedarte hasta aquí. Gracias por recordar con nosotros. Y si tú también sientes que la voz de Ángela Carrasco y las canciones de Camilo Sexo fueron parte de los mejores momentos de tu vida, suscríbete porque aquí vamos a seguir contando estas historias que la música guarda, estas historias que merecen ser recordadas, estas historias que son de alguna manera también un poco tuyas.