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De décadas de rechazo a leyenda mundial: Morgan Freeman

Cuando ves a Morgan Freman en pantalla, tal vez ves a la máxima figura de respeto y seguridad. Durante años has escuchado su voz en taquilla guiando las historias más famosas del cine. Lo has visto interpretar el presidente de los Estados Unidos, a jefes de policía, a líderes mundiales e incluso a Dios.

 Pero si prestas atención a sus apariciones en la última década, notarás un detalle físico que siempre intenta disimular. Su mano izquierda rara vez se mueve de forma natural y casi siempre está cubierta por un guante de compresión. Detrás de la imagen del anciano sabio y perfecto existe un hombre que creció en la pobreza extrema recogiendo botellas vacías en la calle.

Un joven que se unió a la Fuerza Aérea buscando la libertad. Un actor que pasó sus mejores años hundidos en el alcohol. Esta no es la historia de una figura perfecta, es la historia de un sobreviviente real. En este video veremos el camino completo de Morgan Freeman y el altísimo costo personal que tuvo que pagar para convertirse en una verdadera leyenda.

 Yo soy Daniel y esto es Dan Fox. Morgan Freeman nace el primero de junio de 1937 en Memphis, Tennessee. Eran tiempos difíciles marcados por las fuertes leyes de separación racial en el sur de Estados Unidos. Fue el menor de cinco hijos. Su padre Morgan Pfrey Freeman trabajaba como barbero y su madre Meyna era maestra de escuela.

 Desde el principio, la situación en su casa fue muy tensa. Por la falta de dinero y el problema de pareja de sus padres, Morgan fue enviado a pocos meses de haber nacido a Charleston, Mississippi. Allí fue criado por su abuela materna mientras sus padres viajaban al norte del país en busca de trabajo. Su infancia estuvo llena de mudanzas y separación familiar.

Cuando su abuela murió, él apenas tenía 6 años. A partir de ahí empezó a mudarse constantemente entre Memphis, una ciudad en Indiana llamada Gary y finalmente Chicago. En todo este tiempo, la figura de su padre fue un problema silencioso. Él tenía una adicción muy grave al alcohol que lo llevó a tener cirrosis.

Aunque la bebida fue un factor presente durante años, el motivo de su muerte fue un derrame cerebral, una complicación de salud que marcó el final de una relación siempre tensa y distante. Crecer viendo esta debilidad en su padre y sufriendo la falta de dinero obligó a Morgan a aprender a cuidarse solo desde muy joven.

 En Chicago, su madre tenía empleos muy pesados y mal pagados para mantener a la familia. Para escapar de la dureza de las calles, Morgan pasaba el tiempo en los cines del barrio pagando las entradas con botellas de leche vacías que recogía y vendía. A los 12 años descubrió que tenía talento para la actuación luego de ganar un concurso de teatro en su estado.

 Sin embargo, él llegó a esta obra por obligación como castigo por un problema en la escuela. En ese momento no veía el arte como un trabajo real. Para un joven negro en los años 50 la actuación no daba ninguna seguridad económica. Su verdadera obsesión era volar. Por eso, al terminar la escuela secundaria en 1955, rechazó una beca de teatro en la universidad y decidió entrar a la Fuerza Aérea de los Estados Unidos.

 Morgan buscaba la libertad de ser un piloto de combate, pero la realidad militar fue un golpe duro. En lugar de volar aviones, lo pusieron a arreglar radares y equipos de radio. Pasó casi 4 años trabajando en tierra, viendo a los aviones desde lejos. Y el momento de quiebre definitivo ocurrió cuando por fin le dieron la oportunidad de sentarse en una cabina de avión de entrenamiento.

 En ese instante, su sueño se vino abajo. Sintió que estaba encerrado y que tenía encima un peso enorme que no quería cargar. entendió que su deseo de volar era solo una fantasía para escapar de su realidad y no un verdadero camino. En 1959, Morgan pidió su salida de la Fuerza Aérea. A los 22 años volvió a la vida civil sin un plan de apoyo.

 Cargaba con el peso de haber dejado su sueño y tenía que enfrentarse a un mundo del espectáculo en Nueva York y Los Ángeles que todavía no le daba espacio a un hombre como él. Había escapado de las reglas militares, pero estaba a punto de entrar en una etapa de pobreza que pondría a prueba su mente y su resistencia. La llegada a Nueva York a principio de los años 60 fue un choque duro con la realidad económica.

 Durante más de una década, Freeman sobrevivió en los bordes de la profesión. Alternaba entre pruebas de teatro que no daban resultado y trabajos comunes para pagar las cuentas, llegando a trabajar como oficinista o bailarín de apoyo en la feria mundial de 1964. El cambio de la disciplina militar a la falta de dirección en la vida civil lo mantuvo al borde de la pobreza durante años.

 Para 1971, a sus 34 años finalmente logró participar en su primera película llamada Who Ses a Can a Rainbow. Este fue su primer crédito oficial en la pantalla grande, pero la verdad es que fue un proyecto menor que pasó completamente desapercibido. No tuvo un impacto en su nombre dentro de la industria ni solucionó su falta de dinero.

 De hecho, fue precisamente porque esta película no cambió su situación, que se vio obligado a buscar opciones más seguras. Ese mismo año, la presión para sobrevivir lo empujó a tomar una decisión práctica. Aceptó un contrato fijo en el programa de televisión infantil The Electric Company. Su personaje, Easy Reader, fue creado para enseñar a leer a los niños usando ropas coloridas, frases repetitivas y movimientos exagerados.

 El programa fue un éxito total. Por primera vez en su vida, Freeman tenía dinero seguro y era reconocido por el público en todo el país. Pero este éxito comercial provocó una crisis profunda en su mente. Freeman quería ser un actor dramático en el cine y hacer obras serias en los teatros. Al verse obligado a ser un personaje infantil todos los días, sentía que su talento real se estaba pagando.

 Los directores de reparto empezaron a limitar sus opciones, asociando su rostro únicamente con ese programa en las mañanas. Desde un punto de vista, su carrera seria estaba muerta antes de haber comenzado. Para poder soportar el disgusto diario de ir a un estudio de grabación que odiaba, Freeman desarrolló un problema grave con el alcohol durante esa época.

La bebida funcionó como una vía de escape, pero lo puso en un lugar de mucho riesgo físico y mental, repitiendo los mismos problemas de adicción de su padre. A medida que se acercaba a los 40 años, el cansancio operativo era demasiado peso. En lugar de avanzar como un actor maduro, estaba atrapado en un formato del que parecía imposible salir.

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