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¿Qué hizo el nieto de Escobar frente a todo un país?

en un país que atravesaba uno de sus periodos más violentos en años recientes. Las estadísticas que Petro presentaba eran devastadoras, índices de violencia en ascenso, el narcotráfico aún arraigado y una polarización política que se profundizaba día a día. hablaba con pasión, presentando datos técnicos, cifras y propuestas para transformar el país, insistiendo en que la vía militar había fracasado y que era hora de probar algo diferente.

Entre el público atento se encontraba Sebastián Escobar, un joven de 28 años de complexión delgada y mirada seria. Durante 25 años de su vida había vivido escondido, huyendo de un apellido que lo perseguía. Era el nieto de Pablo Escobar. Desde la muerte de su abuelo en 1993, cuando él tenía apenas 3 años, Sebastián había vivido en diferentes países con identidades falsas, intentando escapar de la carga de ser el nieto del narcotraficante más famoso del mundo.

Esa tarde, sin embargo, algo era distinto. sentado en la última fila del auditorio, escuchaba las palabras del presidente sobre la paz, mientras una creciente decepción se apoderaba de él. Las cifras que Petro mencionaba sobre narcotráfico, violencia y corrupción eran casi idénticas a las de los años 90, cuando su abuelo gobernaba Colombia desde las sombras.

había cambiado realmente algo. En su mochila llevaba una carta que había escrito pero nunca enviado, dirigida a los colombianos, en la que explicaba el peso de llevar el apellido Escobar. Pero al ver la brecha entre las palabras del presidente y la realidad del país, decidió que había llegado el momento de hablar.

Mientras Petro daba la oportunidad al público de hacer preguntas, Sebastián sintió su corazón latir con fuerza. Recordó las historias que su madre le había contado sobre los años 90. No relatos románticos sobre su abuelo como un Robin Hood Paisa, sino historias reales de miedo, atracos y bombas que mataban a inocentes.

Su madre nunca había idealizado a Pablo, al contrario, le había enseñado a Sebastián el horror que representaba su abuelo, pero también le había mostrado que Colombia tenía una capacidad casi infinita para repetir sus errores. Cuando el moderador le dio la palabra, Sebastián se levantó lentamente. Su presencia provocó un murmullo en la sala.

Algunos reconocieron su apellido de inmediato, otros tardaron unos segundos en establecer la conexión. Las cámaras que retransmitían en directo se centraron en él y comenzaron a aparecer los primeros comentarios de sorpresa en las redes sociales. Petro lo observaba atentamente desde el estrado. Su expresión no cambió, pero quienes lo conocían bien pudieron notar una ligera tensión en su postura.

“Buenos días, presidente Petro”, comenzó Sebastián con voz clara pero cargada de emoción. Mi nombre es Sebastián Escobar. Se hizo un silencio absoluto, ni un susurro, ni el ruido de una silla moviéndose. Las 800 personas contenían la respiración. Sebastián hizo una pausa y mirando directamente a los ojos del presidente, formuló la pregunta que llevaba años guardando.

Señor presidente, usted que tanto habla de la paz, ¿qué opina de que mi abuelo fuera el verdadero dueño de Colombia? 12 segundos. El silencio duró tanto, 12 segundos que parecieron una eternidad, durante los cuales Gustavo Petro miró a Sebastián sin decir una sola palabra. Las cámaras capturaron cada momento.

La tensión en el rostro de Sebastián, la aparente calma de Petro, las caras de asombro en la sala. El vídeo comenzó a circular en las redes sociales con hashtags como Escobares Petro y Peplana pregunta incómoda. Finalmente, Petro habló, pero no se dirigió a Sebastián, sino a toda la sala. Sebastián, dijo con voz tranquila pero firme.

Antes de responder a la pregunta, quiero que todos los aquí presentes comprendan algo muy importante. Tú no eres tu abuelo. No tienes por qué asumir sus delitos, no eres responsable de sus actos. Sebastián parpadeó claramente sorprendido por el inicio de la respuesta. Pero ya que has hecho la pregunta, continuó Petro bajando del estrado y caminando hacia el centro de la sala, te diré la verdad.

No la verdad que venden los libros o las series de Netflix, sino la verdad verdadera. Tu abuelo, Sebastián no era el dueño de Colombia. Pablo Escobar era en realidad el empleado más productivo del sistema, afirmó Petro ante un murmullo de confusión. Empleado de quién, Drenia, preguntó Sebastián. Del sistema que hoy intento cambiar, respondió Petro sin dudar.

Pablo no creó la corrupción en Colombia. La corrupción creó a Pablo. Él no inventó el narcotráfico. El narcotráfico lo inventó a él. Los políticos corruptos lo necesitaban a él. Petro explicó que la guerra era el negocio más rentable. Sebastián, el nieto de Escobar, con voz temblorosa, preguntó, “¿Está diciendo que mi abuelo no es responsable de las más de 3000 personas que mató?” Petro respondió, “Por supuesto que era responsable, pero ¿sabes cuántas personas murieron por el narcotráfico después de su muerte? Más de 150,000 en

30 años. El problema nunca fue Pablo, sino el sistema que permitió que existieran personas como Pablo. Y mientras no cambiemos ese sistema, seguirán apareciendo personas como Pablo. Petro continuó señalando que la desigualdad, la corrupción y la violencia que crearon a Escobar seguían igual.

Con un tono más suave, Petro le dijo a Sebastián, “Llevas 28 años cargando con un sentimiento de culpa que no te pertenece. Tu decisión de alejarte de la violencia, de no seguir los pasos de tu abuelo, de cuestionarte a ti mismo, de venir aquí y hacer preguntas incómodas, esa decisión te convierte en alguien totalmente opuesto a él.

Pablo Escobar nunca se cuestionó, nunca dudó. Tú ya has roto el ciclo que él representaba. Sebastián se cubrió el rostro liberando el dolor acumulado. Petro añadió, “La mejor manera de honrar la memoria de las víctimas de tu abuelo no es escondiéndote, es usar tu voz, tu historia, tu dolor para asegurarte de que este país nunca vuelva Pirmu a producir otro Pablo Escobar.

” Sebastián preguntó, “¿Cómo se rompe un ciclo cuando todo el país te ve como el nieto del mal?” Petro sonríó. Ya lo has empezado a romper. Has venido aquí. Has revelado tu identidad. Has hecho una pregunta difícil. Eso requiere un valor que tu abuelo nunca tuvo. Colombia necesita que los jóvenes como tú, que han visto de cerca las consecuencias de la violencia sean la voz de la paz.

Necesitamos que cuenten sus historias, no para glorificar el pasado, sino para construir un futuro diferente. Si el país no quiere escucharle, Petro le instó, “leses demostrarás que se equivocan palabra por palabra, acción por acción, día a día, porque la mejor venganza contra el legado de la violencia es una vida dedicada a la paz.

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