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(CHIHUAHUA, 2024): Nazario Case, a delivery driver delivered his last order and disappeared

Una sonrisa natural, nada forzado. A los 26 conoció a Miriam Castillo en una fiesta de 15 años en la colonia La Cañada. Ella estudiaba enfermería. Él ya manejaba un taxi de aplicación. Se casaron dos años después en una ceremonia pequeña en la parroquia de San Francisco de Asís en el centro histórico de Chihuahua. Para 2022, Nazario había dejado el taxi y se había registrado como repartidor en una plataforma de entrega de paquetes, uno de esos marketplaces grandes que operan en todo el país y que en Chihuahua tienen un centro de

distribución en la zona industrial del sur poniente. El trabajo le convenía. Podía organizar sus horarios con cierta flexibilidad, era bien pagado comparado con otras opciones y él conocía la ciudad como la palma de su mano. Tenían una hija de 2 años, Sofía. Vivían en una casa rentada en la colonia industrial Nogales, al sur de la ciudad.

Una zona tranquila, de clase media baja, calles angostas, bardas de block, perros que ladran detrás de las rejas, normal, común, la vida cotidiana de miles de familias chihuahüenses. Esa vida cotidiana se fracturó el 26 de abril. El turno de Nazario ese día comenzó como todos los demás. llegó al centro de distribución conocido entre los repartidores simplemente como el CD.

A las 7:20 de la mañana firmó entrada, cargó su lote de paquetes en la camioneta, una Nissan Suru modelo 2010 color blanco, placas de Chihuahua. Era un vehículo viejo, pero en buen estado mecánico. Nazario lo cuidaba, le hacía servicio cada 3 meses sin falta. El lote del 26 de abril comprendía 19 paquetes, direcciones distribuidas en distintas zonas del norte y nororiente de la ciudad, colonias como Altavista, Villa del Real, Periférico de la Juventud, Partes del Boulevar Ortiz Mena.

Una ruta larga pero manejable. Nazario había hecho rutas similares decenas de veces. Salió del CD a las 8:15. Las primeras horas transcurrieron con normalidad absoluta. El sistema de la plataforma registra en tiempo real cada confirmación de entrega. A las 8:17, primera entrega confirmada en la colonia Alta Vista.

A las 8:44 segunda confirmada a las 9:03 tercera. El patrón era consistente. El ritmo de un repartidor experimentado que conoce la ciudad y no pierde tiempo. A las 11:30 de la mañana, Nazario tenía ya 12 de los 19 paquetes entregados. mandó un mensaje a Miriam a esa hora, un mensaje de WhatsApp corto. “Voy bien, a mediodía paso a comer si puedo.

” Miriam respondió con un emoji de corazón y le preguntó si quería que le calentara sopa. Él no respondió eso. No era raro, estaba manejando. Lo que sí es raro, lo que los investigadores notaron meses después cuando revisaron el historial completo es que ese fue el último mensaje que Nazario envió voluntariamente, el último contacto humano documentado.

A partir de ahí solo quedan las confirmaciones del sistema y esas confirmaciones son lo que hace este caso tan desconcertante. Las entregas 13, 14, 15 y 16 fueron confirmadas entre las 11:48 y la 1:22 de la tarde. Tonas del periférico de la juventud. Un corredor amplio y comercial en el costado norponiente de la ciudad.

Nada inusual en los registros. Coordenadas GPS dentro del rango esperado. Tiempos razonables. La entrega número 17 se registró a las 277 en una calle de la colonia Villa del Real, la 18, a las 3:44 en una dirección del boulevar Ortiz Mena. La 19 y última, a las 4:51 de la tarde, en una colonia al nororiente de la ciudad, cuyo nombre los familiares de Nazario conocerían muy bien en los meses siguientes.

Ruta completada, sin incidencias, sin reportes de problema. El sistema cerró el turno de Nazario Fuentes como un día de trabajo normal, pero Nazario no regresó al CD a entregar el escáner. Eso era obligatorio, parte del protocolo. Al final del turno, cada repartidor regresa al centro de distribución, entrega el dispositivo de escaneo, firma salida y se va.

Nazario nunca hizo ese trámite. El encargado del CD esperó hasta las 6 de la tarde. Intentó llamarle, no contestó. Lo registró como incidencia menor. Asumió que habría tenido algún problema personal o mecánico con el vehículo. No era la primera vez que un repartidor faltaba al cierre sin avisar. Le mandó mensaje diciendo que pasara al día siguiente a regularizar.

Ese mensaje quedó enleído, solo enleído. Miriam comenzó a preocuparse de verdad a las 7 de la noche. Nazario no era impuntual, eso hay que decirlo con claridad. No era el tipo de hombre que llega tarde sin avisar. Si se iba a demorar, mandaba mensaje. Si había tráfico, mandaba mensaje. Si paraba a cenar con algún compañero, mandaba mensaje.

Era parte de su forma de ser. un detalle pequeño pero consistente que Miriam siempre agradecía. El silencio de esa noche no era su silencio habitual. Llamó a dos compañeros de Nazario que conocía de nombre. Uno no sabía nada. El otro le dijo que lo había visto en el CD por la mañana como siempre, pero que después no había tenido contacto.

Llamó a su cuñada, a su suegra en Cuautemoc. Nadie sabía nada. A las 9 de la noche fue a la delegación más cercana de la Fiscalía General del Estado, la que queda sobre la avenida División del Norte. El agente de guardia le explicó que para levantar una denuncia de persona desaparecida tenían que pasar 24 horas. Miriam le dijo que eso era mentira, que la ley había cambiado, que no había plazo mínimo.

El agente la miró fijo unos segundos y le dijo que volviera al día siguiente con más información. Miriam regresó a su casa con Sofía, dormida en brazos y una sensación en el estómago que no sabía cómo describir todavía. No era pánico, todavía no. Era algo más frío. La certeza de que algo había roto.

La denuncia formal se levantó la mañana del 27 de abril. Miriam llegó a la fiscalía acompañada por su hermano mayor Rodrigo, quien había viajado esa noche desde Cuautemoc en cuanto recibió la llamada. Rodrigo era mecánico, callado, práctico, el tipo de persona que en una crisis no llora, activa. El agente que los atendió esta vez se llamaba Donato Peralta, un investigador con 12 años en la unidad de personas desaparecidas.

Tomó los datos con calma profesional. Anotó la descripción física de Nazario. 175. complexión delgada, cabello negro corto, una cicatriz pequeña sobre la ceja derecha de un accidente de bicicleta en la infancia. Anotó las placas de Atsuru, anotó el nombre de la plataforma de entregas.

Cuando Miriam mencionó que el sistema del marketplace había registrado la ruta como completada, Peralta levantó la vista del formulario. Eso era inusual. En los casos que él había trabajado, había trabajado muchos, demasiados, lo más común era que hubiera una ruptura clara en el registro. El teléfono se apagaba, el vehículo quedaba abandonado, el patrón de movimiento se interrumpía de golpe.

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