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HARFUCH CATEA 7 CLINICAS FANTASMA y EXPONE como OPERABAN y HACIAN DESAPARECER a MUJERES 

HARFUCH CATEA 7 CLINICAS FANTASMA y EXPONE como OPERABAN y HACIAN DESAPARECER a MUJERES 

Lunes 25 de mayo de 2026 y lo que Omar García Harfuch acaba de exponer ante México esta mañana no es una historia de terror inventada, no es el argumento de una serie de crimen que ves en la noche antes de dormir. Es lo que estaba ocurriendo detrás de las puertas de siete clínicas que tenían letreros de salud, personal con batas blancas y registros médicos en sus archivos.

mientras en sus sótanos desaparecían mujeres. Siete clínicas fantasma catadas simultáneamente en Chihuahua y Durango, siete fachadas médicas desmanteladas en un solo operativo coordinado desde el centro mismo de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. Siete espacios donde el horror se organizaba con la misma frialdad burocrática con que se llena un expediente clínico y todo conectado, según la evidencia encontrada esta mañana a la red de encubrimiento y crimen organizado ligada directamente a Maru Campos. Detente un

momento en la imagen que eso genera porque vale la pena procesarla con toda su dimensión. No estamos hablando de casas de seguridad improvisadas, de cuartos rentados en zonas marginales, de bodegas sin nombre en polígonos industriales abandonados. Estamos hablando de instalaciones que tenían fachada médica completa, que aparecían en registros oficiales como centros de rehabilitación y salud mental, que recibían visitas de inspección sin que nadie encontrara nada, porque quienes debían encontrar algo formaban parte de

la misma estructura que administraba el horror. Esa es la diferencia entre una operación criminal de nivel medio y lo que esta mañana los equipos tácticos de la Guardia Nacional, la Secretaría de la Defensa Nacional y los peritos forenses encontraron al irrumpir simultáneamente en las siete instalaciones.

 La diferencia no es solo de escala, es de sofisticación institucional, es de acceso al poder, es del tipo de protección que solo existe cuando quien está detrás de la red tiene nombre, tiene cargo y tiene décadas, construyendo un sistema de impunidad que hasta esta mañana funcionó sin interrupciones.

 Para entender el peso real de lo que ocurrió este lunes 25 de mayo, hay que entender primero quién es Maru Campos y qué clase de estructura construyó durante los años en que el norte del país estuvo bajo su órbita de influencia. María Eugenia Campos Galván gobernó Chihuahua como una de las figuras más poderosas del norte de México, con conexiones que los investigadores de la Unidad de Inteligencia Financiera llevan años documentando en registros financieros, en contratos de obra pública y en los movimientos de efectivo que efectivo

circulaban entre su administración y las organizaciones criminales que operaban en la región. Pero lo que esta mañana salió a la luz va más allá de los mecanismos habituales de corrupción político que implican sobornos. Desvío de recursos y protección a cárteles a cambio de cuotas económicas. Lo que esta mañana apareció detrás de las puertas de siete clínicas con letreros médicos en Chihuahua y Durango tiene un nombre legal específico y ese nombre es Desaparición Forzada.

 Escribe en los comentarios si alguna vez pasaste frente a una clínica de rehabilitación en el norte del país y pensaste que era simplemente uno de esos negocios que proliferan en ciudades con altos índices de consumo de sustancias. Porque esa imagen que tienes en la cabeza, ese edificio con letrero institucional y personal nunfiado en la entrada, es exactamente la cobertura perfecta durante años.

 Protegió uno de los mecanismos más macabros que una red de corrupción política haya utilizado para eliminar testigos. Silenciar víctimas y hacer desaparecer a mujeres que representaban una amenaza para la continuidad del sistema. La pista que llevó a este operativo no surgió esta semana ni surgió de una denuncia anónima que alguien dejó caer en un buzón de quejas.

 Surgió del análisis cruzado de datos que los investigadores de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana comenzaron a procesar después de los golpes anteriores contra la red de corrupción que esta ofensiva lleva meses desmantelando capa por capa. cuando los analistas rastrearon los flujos de personas, no de dinero, sino de personas, específicamente de mujeres que habían sido identificadas en distintos momentos como testigos, como denunciantes potenciales o como víctimas directas de la estructura de de poder en Chihuahua. Encontraron un patrón que no

correspondía con los mecanismos habituales de intimidación y silenciamiento que utilizan las organizaciones criminales de nivel regional. Las mujeres no solo dejaban de aparecer públicamente después de representar una amenaza para la red. desaparecían de manera total, sin rastro en sistemas de salud, sin registros migratorios, sin presencia en redes sociales, sin reportes de familiares que encontraran respuesta institucional, como si hubieran sido absorbidas por un sistema diseñado específicamente para hacer que personas concretas dejaran de

existir sin generar evidencia del mecanismo que las había eliminado. Ese perfil no corresponde con una organización criminal que improvisa la desaparición de personas caso por caso. corresponde con una infraestructura institucionalizada de eliminación que tiene protocolos, que tiene instalaciones permanentes, que tiene personal con conocimiento técnico suficiente para administrar el proceso de manera que no genere alertas en los sistemas de vigilancia convencionales y que tiene la cobertura legal e institucional necesaria para que

cualquier investigación que se acerque demasiado sea redirigida, archivada o simplemente nunca llegue a producir resultado. Cuando los analistas cruzaron ese patrón con los registros de operación de establecimientos de salud en Chihuahua y Durango, cruzaron los datos con los flujos de financiamiento de clínicas de rehabilitación registradas ante la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios en los últimos 6 años y cruzaron los resultados con los mapas de propiedad inmobiliaria de los predios

donde esas clínicas operaban. El nombre que apareció una y otra vez en los registros de arrendamiento, en los contratos de prestación de servicios y en las autorizaciones sanitarias que deberían haber requerido inspecciones físicas rigurosas. no fue el de ningún operador del crimen organizado, con perfil conocido en las bases de datos federales.

 Fue el de una red de prestanombres, cuya composición, cuando se [carraspeo] trazó el mapa completo de sus vínculos patrimoniales y políticos, convergía en un único punto de origen. La inteligencia que precedió al operativo de esta mañana acumuló 7 meses de trabajo de seguimiento satelital, de análisis de patrones de movimiento de vehículos en los accesos de las siete instalaciones, de cruce de registros de ingreso con listas de mujeres reportadas como desaparecidas en los estados de Chihuahua y Durango y de coordinación entre la Secretaría de Seguridad y

Protección Ciudadana, la Guardia Nacional, la Secretaría de la Defensa Nacional, la Fiscalía General de la República y los peritos especializados en identificación de fosas clandestinas y en recuperación de evidencia forense en entornos contaminados. Cada institución aportó una pieza del rompecabezas, la inteligencia satelital.

identificó los patrones de movimiento nocturno en los patios traseros de cuatro de las siete instalaciones, movimientos que no correspondían con ninguna actividad médica legítima de ningún turno. El análisis de registros de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios documentó que ninguna de las siete clínicas había recibido una inspección física real en los últimos 4 años, a pesar de que tres de ellas habían recibido reportes de irregularidades que fueron archivados sin seguimiento.

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