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LA MESERA QUE TODOS HUMILLABAN DEJÓ SIN PALABRAS A UN MULTIMILLONARIO

The Plain Sister Was Sent to Apologise for Her Sister’s Scandal — The Duke Married Her Instead

Elizabeth no respondió de inmediato. Simplemente inclinó un poco la cabeza y dejó la taza de té sobre el platillo con una delicadeza casi peligrosa, como si el menor ruido pudiera romper la tensión que llenaba el salón.

La duquesa de Mersault estaba sentada frente a ella, recta como una espada envuelta en seda negra. Sus manos enguantadas descansaban sobre el bastón de mango plateado y sus ojos observaban a Elizabeth con la precisión de alguien acostumbrado a medir personas como si fueran piezas de ajedrez.

—Supongo que comprende —dijo la duquesa lentamente— que mi hijo jamás ha carecido de opciones.

—Sí, su excelencia.

—Y también comprenderá que la sociedad no mirará esta posible unión con amabilidad.

Elizabeth sostuvo su mirada.

—La sociedad rara vez mira algo con amabilidad.

El silencio cayó entre ambas.

La duquesa entrecerró apenas los ojos. No parecía ofendida. Más bien intrigada.

—Responde usted con rapidez.

—He pasado muchos años aprendiendo a sobrevivir en habitaciones donde los demás preferían que yo no existiera.

Por primera vez, algo parecido al interés apareció en el rostro de la duquesa.

—Dicen que no es tan hermosa como su hermana.

Elizabeth sonrió apenas.

—Eso también es cierto.

—Entonces dígame algo que todavía no comprendo. ¿Por qué mi hijo la eligió a usted?

La pregunta llegó limpia, directa, sin crueldad disfrazada de cortesía.

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