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ANA LUISA PELUFFO: El ASESINATO que CONFESÓ antes de MORIR… y el INFIERNO que CALLÓ 60 AÑOS

ANA LUISA PELUFFO: El ASESINATO que CONFESÓ antes de MORIR… y el INFIERNO que CALLÓ 60 AÑOS

4 de marzo de 2026. Rancho de Tepatitlán de Morelos, Jalisco. Una propiedad de tierra roja y árboles altos en las afueras del pueblo, donde el calor seco del vajío llega con la misma puntualidad con que llega el silencio cuando alguien se va. No hay cámaras esperando en el portón.

 No hay periodistas apostados en la carretera. No hay comunicado de ninguna televisora preparado con anticipación. Solo un rancho, una cama y una mujer de 96 años, cuyo corazón se detiene en las primeras horas de la mañana con la misma quietud con que había vivido sus últimos años. Esa mujer había sido 70 años antes la actriz que escandalizó a México entero en 1955 al aparecer desnuda en una pantalla de cine por primera vez en la historia del país.

 Había filmado más de 200 películas, había ganado dos diosas de plata, había llenado teatros en Italia, en España, en Inglaterra y había llevado consigo durante exactamente 61 años un secreto que la prensa había intentado destapar en 1965 y que alguien con suficiente poder había enterrado antes de que llegara a los tribunales.

 Pero lo verdaderamente inquietante no fue esa muerte tranquila en el rancho de Jalisco. Lo verdaderamente inquietante fue lo que su familia encontró en un cajón de su habitación tres días después. Recortes de periódico. Recortes amarillentos del diario La Prensa, fechados el 27 de junio de 1965. Recortes que hablaban de un hombre de 29 años con el cráneo fracturado y el hígado estallado, sacado sin vida de la alberca de su casa en Cuernavaca.

 Un hombre que según la versión oficial se había ahogado. Un hombre cuya autopsia decía exactamente lo contrario y una investigación que alguien con las manos correctas en los lugares correctos hizo desaparecer antes de que llegara a ninguna conclusión. 61 años antes, en 1965, esa misma mujer caminaba por los pasillos de los estudios de cine de la Ciudad de México con la seguridad de quien sabe que está en el mejor momento de su vida. Tenía 35 años.

 Llevaba una década siendo una de las actrices más reconocidas del cine mexicano. Había roto el tabú más grande de la industria en 1955 al aparecer desnuda en la fuerza del deseo, una escena de apenas unos segundos que la Liga de la Defencia de la época la llamó impúdica y que, sin embargo, le abrió los mercados de Europa que ninguna actriz mexicana había conquistado antes.

 Había filmado en Italia, había filmado en España, había filmado en Inglaterra y había vuelto a México siendo algo más que una actriz escandalosa. Era una figura que el cine mexicano necesitaba. El tipo de mujer que desafía las reglas con tanta naturalidad que hace que las reglas parezcan ridículas. En la ciudad de México de 1965, el nombre de Ana Luisa Pelufo era sinónimo de algo que el mundo del espectáculo mexicano producía muy raramente, libertad.

 Y detrás de esa imagen de libertad había algo que ese mismo domingo 27 de junio estaba a punto de cambiar todo. Había una fiesta en su casa de Cuernavaca y había un hombre que no iba a salir de esa fiesta con vida. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que cambian por completo lo que muchos creían saber sobre Ana Luisa Pelufo. Primero, como una niña nacida el 9 de octubre de 1929 en Querétaro, hija de una familia de clase media que no tenía ningún contacto con el mundo del espectáculo, terminó convirtiéndose en la primera actriz

mexicana en romper el tabú del desnudo en el cine nacional, en la mujer que abrió los mercados europeos para el cine mexicano y en una figura que durante más de seis décadas acumuló una carrera de más de 200 películas, seis matrimonios, dos diosas de plata y un secreto que se llevó al rancho de Tepaticlán sin habérselo confesado nunca completamente a nadie.

 Segundo, ¿qué ocurrió realmente el domingo 27 de junio de 1965 en la residencia que Ana Luisa Pelufo tenía en Cuernavaca, Morelos? ¿Qué encontraron los médicos legistas cuando realizaron la autopsia del periodista y exnovillero Rafael Romero Sánchez de 29 años? Cuáles fueron exactamente las lesiones que el parte forense describió como incompatibles con un ahogamiento y por qué el periodista Jorge Herrera del diario La Prensa, que llegó a la escena esa misma noche, describió un escenario con sillas rotas, botellas rotas y signos de violencia que nadie explicó

satisfactoriamente. Tercero, ¿quién era realmente Rafael Romero Sánchez? ¿A qué familia pertenecía su esposa? ¿Qué vínculo tenía esa familia con el poder político más alto del México de los años 60? ¿Y por qué el Ministerio Público que sostuvo la tesis del crimen fue cesado? El jefe de los servicios médicos legales, que dictaminó muerte por golpes, fue también cesado y el expediente completo comenzó a diluirse en los archivos hasta volverse prácticamente inaccesible.

 Y cuarto, cómo Ana Luisa Pelufo vivió durante 61 años con el peso de esa noche. ¿Qué dijo y que no dijo en cada entrevista que dio durante ese tiempo? ¿Y qué dice el hecho de que muriera en marzo de 2026 en el rancho de Tepatitlán con los recortes de la prensa del 27 de junio de 1965 guardados en un cajón de su habitación? En este video verás las notas originales del diario La Prensa, que cubrió el caso en tiempo real.

 El reporte del periodista Paco Macías, que reconstruyó la historia con documentos del archivo policial, la información publicada por Infobyay Univisión, El Heraldo de México y TV Notas en los días que siguieron a la muerte de Pelufo en marzo de 2026 y los registros judiciales que documentan el fece del Ministerio Público y del jefe de servicios médicos legales que habían sostenido la tesis del homicidio.

Pero para entender por qué una actriz que había desafiado a la Liga de la Decencia, a los productores de Hollywood y a los convencionalismos de toda una época, guardó silencio durante 61 años sobre lo que ocurrió en su casa de Cuernavaca. Primero hay que volver al principio porque para entender el peso de ese silencio, primero hay que entender de qué estaba hecha esa mujer.

Todo comenzó el 9 de octubre de 1929 en la ciudad de Querétaro, en el estado del mismo nombre, una ciudad colonial del centro de México, donde las iglesias barrocas y las callejuelas empedradas guardan una quietud que contrasta brutalmente con el tipo de vida que Querétaro estaba a punto de exportar al mundo del cine.

 La familia Pelufo era una familia de clase media sin conexiones en la industria del espectáculo. Su padre, Manuel Tránsito Pelufo, era un hombre trabajador y discreto que décadas después sería conocido principalmente por una sola declaración pública, la que dio a la prensa en junio de 1965 cuando intentó explicar cómo un hombre había amanecido muerto en la alberca de su hija con el cráneo fracturado.

 Pero en octubre de 1929, el señor Pelufo era simplemente un padre que acababa de tener una hija, una niña, Ana Luisa, como una cara que la cámara encontraría décadas después con la misma inevitabilidad con que el mar encuentra la orilla. La infancia de Ana Luisa Pelufo transcurrió entre Querétaro y la Ciudad de México con los desplazamientos característicos de las familias de clase media del México de los años 30 y 40 que buscaban oportunidades en la capital.

Fue en la Ciudad de México, donde Ana Luisa tuvo sus primeros contactos con el mundo del arte. Estudió pintura. Vivió un tiempo en Brasil donde siguió practicando las artes visuales con la seriedad de quien no lo hace como pasatiempo, sino como vocación. Y fue esa formación pictórica, esa familiaridad con el cuerpo humano como objeto de arte y no como objeto de escándalo, la que décadas después le permitiría pararse frente a una cámara de cine sin ropa y hacerlo con la naturalidad que escandalizó a la Liga de

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