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El ESCÁNDALO que Cuba ocultó 52 años | El sucio PACTO de FIDEL y el guardaespaldas del CHE

 

8 de octubre de 1967. Por la tarde, Bolivia, la quebrada del yuro. El aire huele a pólvora y a silencio de muerte. 3,000 soldados han tomado las alturas. Abajo, atrapados en el cañón, solo quedan 17 guerrilleros. Uno de ellos, herido en la pierna, recibe la última orden de Che Gevara. Rompe el cerco y sal. Ese hombre sale.

El Che no. Al día siguiente es ejecutado en el aula de una escuela. Pero el hombre que rompió aquel cerco, la mano derecha del Che, su guardaespaldas, su sombra inseparable en tres continentes, Harry Villegas, nombre de guerra Pombo, huyó durante meses de la Cía, cruzó los Andes a pie.

 fue uno de los hombres que Salvador Allende rescató personalmente y cuando regresó a la Habana no solo traía su fusil, traía también el secreto más peligroso del mundo. Él sabía que las radios no se habían averiado por accidente en aquellas montañas y que la ayuda vital nunca llegó por una razón muy concreta.La "doble vida" de Fidel Castro: el relato de un guardaespaldas - BBC News  Mundo

 Había sido testigo directo de que la verdadera traición que atrapó al Che en aquel valle no salió de la Cía, sino de una oficina mucho más familiar. Si hubiera abierto la boca, la leyenda de la revolución se habría hecho pedazos aquel mismo día, pero no la abrió. Tomó aquel conocimiento letal que llevaba dentro y se sentó a la mesa. Durante 52 años no pronunció una sola palabra.

 Entonces, ¿qué vio realmente este hombre? ¿Cuál era exactamente ese detalle escalofiante capaz de derrumbar toda la historia de una revolución, pero que al mismo tiempo lo obligó a guardar silencio? Quédate conmigo porque hoy vamos a rasgar los cuentos de héroes y a forzar la cerradura de ese secreto que fue custodiado con maestría durante 52 años. Esto es Cuba oculta. Empezamos.

Para entender el silencio de Pombo, hay que entender primero quién era este hombre antes de convertirse en general, antes de los honores y las medallas, antes de que el aparato lo devorara. Antes de todo eso, Harry Villegas no era más que un chiquillo afrocubano nacido al pie de la Sierra Maestra, en lo más profundo del oriente cubano, hijo de un carpintero y una pequeña comerciante, descendiente directo de esclavos africanos.

 Un dato que no es anecdótico, es la llave que abre toda su historia. Su hermano mayor, Teógenes, era activista del partido ortodoxo, el mismo partido donde un joven abogado llamado Fidel Castro empezaba a hacerse un nombre. Y fue ese hermano quien metió a Harry con apenas 14 años en las entrañas de la lucha contra Batista. A los 17 subió a la Sierra Maestra con un rifle que los rebeldes rechazaron por ser de calibre insuficiente.

 Lo mandaron de vuelta, pero Pombo regresó, esta vez con armas de verdad. Lo que casi nadie cuenta es la naturaleza real de la relación entre el Che y Pombo. No fue una amistad entre iguales, fue una máquina de obediencia radical. El Che era implacable con su círculo más íntimo. Cuando Pombo se unió a una huelga de hambre en Minas del frío para protestar por la calidad de la comida, Celo castigó con tres días sin comer absolutamente nada.

 La razón, protestar dentro de una unidad guerrillera era sedición. No importaban las condiciones, no importaba el hambre. El líder decidía y tú obedecías. Y no terminó ahí. Después del triunfo de la revolución en 1959, el Chele asignó un tutor a Pombo para que estudiara mientras trabajaba en su oficina.

 Cuando descubrió que Pombo y otro guardaespaldas, Juan Alberto Castellanos, habían faltado a las clases, los mandó a los dos a un mes de trabajo forzado en una finca fuera de la Habana. un mes entero por faltar a clase. Así funcionaba el mundo del che. No había espacio para la voluntad propia, no había margen para la desobediencia. Y esa disciplina de la coniana, esa sumisión total al líder, se grabó a fuego en el cerebro de aquel joven de Yara.

 Recuérdalo, porque ese condicionamiento es la primera clave para descifrar los 52 años de silencio que vinieron después. Y hay un detalle más que revela hasta dónde llegaba esa intimidad. Antes de partir a Bolivia, el Che le dio a Pombo una misión insólita, comprar 300 libros de filosofía y contrabandearlos al país. 300.

 Pombo no solo cargaba el fusil del comandante, cargaba también su mundo interior. Pero lo más oscuro de esta fase temprana vino en 1963. El Che organizó una misión sin retorno en Salta, al norte de Argentina. Con el ejército guerrillero del pueblo de Jorge Masetti, envió a dos de sus guardaespaldas más cercanos, Hermes Peña y Castellanos.

 Los dos murieron, pero Apombo no lo envió. La razón. Su piel negra lo habría hecho demasiado visible en el norte argentino. Fíjate bien en esto. El color de su piel lo salvó de la muerte en Argentina. Y ese mismo color de piel fue exactamente la razón por la que el che se lo llevó al Congo 2 años después.

 África necesitaba rostros africanos. La revolución cubana necesitaba un símbolo de inclusión racial y Pombo encajaba perfecto en ambas ecuaciones. Abril de 1965. Fidel Castro convoca personalmente a Pombo y a Carlos Coello, alias Tuma, y les dice que el Che los ha seleccionado para una misión internacionalista en África. La orden es clara.

 Garantizar que nada le pase al comandante. Es en el Congo donde nace el nombre que el mundo recordará. El Che bautiza a Harry Villegas como Pombo, un nombre en su agil y que lo acompañaría hasta la tumba. La misión del Congo fue un desastre absoluto. Pombo cruzó el lago Tanganica en canoas con una mochila de 34 kg a la espalda, trepando alturas de más de 1700 m en territorio hostil.

Participó en ataques a puestos militares en Muenga y Covimbira. en emboscadas fluviales, en asaltos a puertos. Pero el foco guerrillero no prendió. Los comandantes africanos no aparecían en el frente. La estructura tribal chocaba con la teoría marxista. Y mientras el Che se hundía en la selva congolesa, en la Habana ocurrió algo que marcó para siempre la relación entre Fidel y el Che.

 Fidel leyó públicamente la carta de despedida del Cheé, esa famosa carta donde Guevara renunciaba a su ciudadanía cubana, a sus cargos, a todo vínculo con Cuba. Se dice que cuando el Che escuchó la noticia por radio en medio de la selva, pateó el aparato con rabia y dijo una frase que Benigno, otro de los sobrevivientes, repetiría décadas después.

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