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El SECRETO que Pepe Biondi se llevó a la tumba | El secuestro que Fidel y Batista CENSURARON 🤫

 

4 de septiembre de 1958, 7 de la noche. La Habana, Vedado. El sol del Caribe lanza la sombra gigantesca del edificio Foxa sobre la acera, mientras un hombre de 49 años recién cumplidos sale de la puerta de su casa. Lleva puesta su ropa de escena y a su lado camina su asistente cargando el vestuario en una percha.

 Va a recorrer tres cuadras, entrar al estudio de televisión y esa noche hacer reír en vivo a un millón de cubanos. Al menos ese es el plan. Pero al doblar la esquina aparecen dos jóvenes abrazados como una pareja de enamorados. Bondi os confunde con admiradores. Discúlpenme, no puedo. Voy rumbo al trabajo. Dice con una sonrisa.

 Los jóvenes insisten y en ese instante un tercer hombre sale de las sombras, abre su chaqueta y el brillo de una pistola calibre 45 corta el aire tropical. El hombre lo mira fijamente a los ojos y le dice una sola frase, “Tan fría, tan corta, que esa noche va a pagar la risa de todo un país. Durante décadas te dijeron que los guerrilleros entraron al estudio en vivo con ametralladoras.

 La verdad es completamente distinta y mucho más aterradora, porque el hombre que empuñaba esa pistola era un maestro de primaria de 26 años. El muchacho que hacía de novio tenía apenas 16 y años después se convertiría en uno de los más grandes directores de cine de América Latina. Y el cura que esa noche escondería al comediante ya tenía a otro revolucionario metido en el campanario de su iglesia.

 Quédate conmigo porque esta historia empieza con el secuestro de un comediante y termina con el derrumbe de una dictadura. Pero antes de llegar a esa esquina envedado, necesitas entender quién era el hombre que caminaba hacia la trampa. Pepe Bondi no era el típico comediante de televisión. Si piensas en las estrellas de la pantalla de los años 50, te imaginas a tipos elegantes con estudios, con familia de clase media que los empujó al escenario.

 Pero Beyondi era otra cosa, un niño de la calle convertido en fenómeno, un sobreviviente que transformó el dolor en carcajada. Nació en 1909 en un barrio miserable de Buenos Aires, hijo de inmigrantes italianos. La pobreza era tan brutal que a los 7 años su familia lo entregó al circo Anselmi, un niño de 7 años descalzo que ve como su madre lo deja en manos de un desconocido porque no puede alimentarlo.

El desconocido se llamaba Juan Bonamorte, pero todos lo conocían como Chocolate, un payaso brasileño que le enseñaría acrobacia a golpes. 5 años, 5 años de palizas diarias. Chocolate no enseñaba con palabras, enseñaba con los puños. Cada salto mal ejecutado terminaba en una golpiza que dejaba al niño orinando sangre.

 Las hemorragias urinarias lo acompañaron el resto de su vida. Ese dato no es una metáfora. Es un diagnóstico médico que los doctores le confirmaron décadas después. Lo rescató una mujer, una jinete del circo llamada Rosita, que un día no aguantó más y sacó al niño a punta de pistola de las manos de chocolate.

 Tenía 12 años cuando volvió a su casa, pero la miseria seguía ahí. Entonces hizo lo que hacen los que no tienen red debajo. Se inventó una vida, lustró zapatos, vendió diarios, se peleó a puñetazos para defender su esquina y cuando pudo volvió al circo. Porque el circo era lo único que sabía hacer.

 Es precisamente en este punto donde la historia de Beiondi se vuelve única. Este hombre no aprendió comedia en una escuela. La aprendió esquivando golpes. Cada chiste suyo, cada caída absurda que después haría reír a millones, estaba construida sobre la memoria muscular de un niño que caía de verdad y sangraba de verdad. La carrera despegó cuando conoció a Bernardo Salman Bertworkin, un inmigrante ruso que se hacía llamar Dick.

 Juntos formaron el dúo Dicky Beyondi en 1941, 23 años de sociedad, recorrieron Argentina, Chile, México. En México alcanzaron tal popularidad que cuando compartieron escenario con Josephine Baker, el público los aplaudió tanto que Baker amenazó con no salir si los aplausos no paraban. Pero la vida de Biondi tiene un patrón.

 Cada vez que alcanza una cumbre, algo se rompe. En Chile, durante una función de acrobacia, cayó mal. Se destrozó la columna vertebral. Pasó casi un año en cama. Su esposa Teresa Moraca, cantante de tango, mantuvo a la familia mientras él no podía moverse. La acrobacia había terminado para siempre, pero Bondi se reinventó como comediante puro y esa reinvención lo llevó en 1953 al lugar más determinante de su vida, La Habana.

 Para comprender la magnitud de lo que viene después, hay que entender qué era Cuba en aquella época. La primera estación de televisión del Caribe se encendió en La Habana el 24 de octubre de 1950. Para 1954, Cuba era el segundo país del mundo después de Estados Unidos en tener una red nacional de televisión. En 1958 tenía aproximadamente 27 emisoras, no un país atrasado, un laboratorio de modernidad financiado por azúcar, dinero norteamericano y la visión de un hombre, Goar Mestre.

 Mestre era el dueño de CMQ, la cadena más poderosa del país. Cuando vio a Dick y Beyondi en México, los trajo a La Habana. El show de Dick y Beyondi debutó en CMQ en julio de 1953 y explotó. Los miércoles a las 9:30 de la noche, la Habana se paralizaba. Sin embargo, bajo este éxito subyacía un quiebre definitivo. Después de 23 años juntos, Dick quiso meter a su esposa española en el acto. Beondi se negó.

Ruptura total. 1956. Mestre apostó todo por Beyondi en solitario. Le dio su propio programa, El show de Pepe Beondi los jueves en horario estelar. Y Biondi inventó personajes que se metieron en el ADN del humor cubano. Pepe Galleta, el único guapo en camiseta. Pepe Curdeles, el abogado tramposo.

 Pepe Estropajo, el vago profesional. El hombre vivía en el edificio Foxa, la torre residencial más grande de la Habana, a tres cuadras del estudio. Cada jueves hacía el mismo recorrido a pie, tan regular, tan predecible, que cualquiera podía calcular a qué hora exacta pasaría por cada esquina. Y alguien lo calculó. Ahora quiero que hagas un zoom hacia fuera conmigo.

 Porque mientras Bionondi hacía reír a Cuba cada jueves, el país se desangraba. Furgencio Batista llevaba 6 años de dictadura. Su policía torturaba con impunidad total. El jefe de operaciones en la Habana era Esteban Ventura Novo, apodado El Chacal, el hombre del traje blanco, responsable de la tragedia de Humboldt VI, donde cuatro jóvenes del directorio revolucionario perdieron la vida en un apartamento.

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