El soldado que abrió la primera puerta sellada vomitó, se dio la vuelta, se quitó el casco, se agachó sobre sus rodillas y vomitó en el pasillo del sótano, mientras sus compañeros lo miraban sin saber si avanzar o retroceder. Llevaba 11 años en La Sedena. Había participado en 22 operativos contra el narco.
Había visto cosas que la mayoría de las personas solo ven en pesadillas. Y lo que encontró detrás de esa puerta sellada con soldadura lo hizo vomitar como si fuera un cadete en su primer día. No voy a decirte todavía qué había detrás de esa puerta. Te lo voy a contar cuando lleguemos ahí, pero quiero que guardes esa imagen.
Un soldado de 11 años de experienci arrodillado en un sótano vomitando porque lo que vio le superó. Guárdala porque cuando entiendas qué había dentro vas a entender por qué nadie quería abrir esos cuartos. La propiedad fue asegurada en un operativo de rutina, una casa de tres pisos en una colonia residencial de una ciudad del Bajío con fachada de cantera, jardín con palmeras, cochera para cuatro vehículos y una alberca en la parte trasera que se veía desde Google Maps como un rectángulo azul entre los techos color terracota de las casas vecinas.
n nada raro, nunca olieron nada extraño.
La casa era silenciosa, limpia y discreta. Lo cual, dado lo que había en el sótano, es quizás lo más perturbador de todo. La vecina de enfrente, una mujer de 53 años que vive en la colonia desde hace 15, declaró a los medios que me dé. Da vergüenza decirlo, pero me caían bien. El chavo que salía en la camioneta blanca me saludaba todas las mañanas.
Me ayudó a cargar unas bolsas del súper una vez. Nunca habría pensado que debajo de su casa había todo eso. El vecino del lado derecho, un ingeniero jubilado de 61 años, dijo que una vez escuché como un ruido de motor a las 3 de la mañana pensé que era el aire acondicionado de ellos.
Ahora sé que era el sistema de ventilación del sótano. El ruido que el vecino atribuyó al aire acondicionado era el extractor que filtraba el olor del ácido sulfúrico y de los restos humanos. un ruido de motor a las 3 de la mañana en una colonia residencial y el vecino se dio la vuelta en la cama y volseó a dormir. La colonia entera fue notificada de lo que se encontró en la casa.
La reacción fue una mezcla de horror, incredulidad y el tipo de miedo que nace cuando te enteras de que el infierno estaba a 10 m de tu cocina. Varias familias pusieron sus casas en venta en las semanas siguientes al operativo. Otras instalaron cámaras de seguridad apuntando hacia la calle y todas, sin excepción, empezaron a mirar a sus vecinos con una desconfianza nueva que antes no existía en una colonia donde las familias se prestaban herramientas y se invitaban a las parrilladas del domingo.
La confianza entre vecinos es una de las víctimas invisibles del narcotráfico. Cuando descubres que la casa de al lado tenía un sótano con tinas de ácido, empiezas a preguntarte qué hay debajo de la casa del otro lado y del otro y de la de enfrent y la paranoia se instala como un huésped que no te invitaron, pero que ya no se va. Ahora bajemos al sótano.
La escalera detrás del muro falso de la cochera bajaba 3 m hasta el nivel del sótano. El muro falso era una sección de la pared de la cochera que se abría con un mecanismo hidráulico activado por un botón escondido detrás de un cuadro eléctrico. Desde la cochera, la pared parecía continua. Mismo color de pintura, misma textura, mismas marcas de desgaste.
Solo si sabías dónde estaba el botón podías abrir la sección y acceder a la escalera. Los soldados encontraron el muro falso cuando uno de los detenidos, presionado durante el interrogatorio inicial señaló la cochera y dijo, “Ahí hay un sótano. Pero yo no bajo ahí. Yo nunca bajé.” El soldado que verificó la información golpeó las paredes de la cochera con el puño hasta que una sección sonó hueca.
Encontraron el mecanismo, abrieron el muro y vieron la escalera que bajaba a la oscuridad. Lo primero que los soldados notaron al bajar fue el olor. Un olor denso, químico, que picaba en la nariz y en los ojos. Un olor que los soldados con experiencia en operativos contra laboratorios de drogas reconocieron inmediatamente solventes químicos, acetona, ácido, algo orgánico en descomposición debajo de los químicos y algo más que ninguno pudo identificar.
pero que todos describieron como dulce y pesado, como fruta podrida mezclada con algo metálico. El sótano estaba iluminado por los tubos fluorescentes que parpadeaban con esa luz blanca agresiva que te hace ver todo con una claridad que no quieres. El pasillo central tenía charcos de un líquido amarillento que los peritos identificaron después como una mezcla de ácido muriático diluido y agua.
Las paredes de concreto tenían manchas de humedad y de algo oscuro que bajaba desde el techo en líneas irregulares, como si algo se hubiera derramado arriba y se hubiera filtrado por las grietas del concreto. Y las ocho puertas de acero, cuatro a cada lado, cerradas, selladas con las cerraduras de combinación intactas.
El mando del operativo llamó a un equipo de serrajería especializada del ejército. Los serrajeros llegaron 4 horas después con equipo de corte. discos de diamante, sopletes de acetileno y una sierra hidráulica. Las cerraduras de combinación no se podían abrir sin el código y nadie tenía el código, así que iban a cortar.
Quiero describir el momento antes de la apertura porque tiene una carga emocional que los soldados que estuvieron ahí todavía recuerdan. Los serrajeros se prepararon frente a la primera puerta. Los soldados se posicionaron detrás con armas listas como si esperaran que algo saliera de adentro cuando se abriera.
El olor químico era más fuerte cerca de las puertas y el silencio del sótano, ese silencioso subterráneo que absorbe todos los sonidos del mundo de arriba, hacía que cada ruido pareciera más grande de lo que era. El chirrido de la sierra hidráulica. Cuando empezó a cortar el acero de la cerradura, sonó como el grito de algo que no quería ser abierto.
La primera puerta tardó 20 minutos en cortarse. La cerradura era de acero templado con un cilindro antitaladro. que resistió dos discos de diamante antes de ceder. Cuando la cerradura se soltó y la puerta se abrió unos centímetros, el olor que salió del cuarto hizo retroceder a los serrajeros. Uno de ellos se tapó la boca con el brazo.
Otro se quitó los lentes de seguridad para limpiarse los ojos que le lloraban por los vapores. El soldado que abrió la puerta del todo, el de 11 años de experiencia, empujó la hoja de acero con la mano izquierda mientras con la derecha sostenía su linterna. La luz entró al cuarto y el soldado vio lo que había dentro.
No voy a describirlo todavía, falta contexto. Porque lo que había dentro de ese primer cuarto solo se entiende cuando sabes lo que había dentro de los otros siete. Y lo que había dentro de los otros siete solo se entiende cuando sabes para qué los usaba el CJG. Vamos cuarto por cuarto. Del segundo al octavo primero y el primero al final.
El segundo cuarto, el que estaba al lado del primero en la pared izquierda del sótano, contenía dinero. Fajos de billetes de 500 empaquetados con ligas y apilados en estantes metálicos que iban del suelo al techo. Los peritos contaron durante 3 días. El total fue de 84 millones de pesos en efectivo. 84 millones de pesos en un cuarto de 3 por 4 m en un sótano sellado debajo de una casa con alberca en el vajío.
Los billetes estaban organizados por denominación y por fecha de empaque. Cada fajo tenía una etiqueta con un número de serie interno del CJNG, una fecha y un código que los investigadores creen que corresponde a la fuente del dinero. La plaza de la que proviene cada pago, 84 millones de pesos. En un cuarto, detrás de una puerta de acero que nadie quería abrir.
Cualquiera pensaría que el dinero era lo que los detenidos no querían que se descubriera, pero los detenidos sabían del dinero. Unos de ellos incluso admitió que sabía que había lana abajo. Lo que no sabí o decían no saber era en los otros cuartos. El tercer cuarto contenía drogas. 140 kg de metanfetamina cristalina en bolsas selladas al vacío, apiladas en cajas de plástico con tapas herméticas, 92 kg de cocaína en bloques marcados con el logo del CJ y 47 kg de fentanilo en polvo almacenados en contenedores especiales con doble sello
y etiquetas de precaución que decían manejo con guantes y máscara en letras rojas. El fentanilo estaba separado de las otras drogas por una razón práctica. Un gramo de fentanilo puede matar a una persona por contacto con la piel. Los 47 kg almacenados en ese cuarto contenían la cantidad suficiente de dosis letales para matar a varios millones de personas.
Los peritos que entraron al cuarto de Fentanilo lo hicieron con trajes de protección química completa, máscara con filtro, guantes dobles, botas selladas y mono de Tibec. Uno de los peritos dijo después que entrar a cuarto era como entrar a una cámara de gas al revés. Tú entras sabiendo que lo que hay dentro puede matarte si respiras sin protección.
El cuarto, cuarto y el quinto contenían armas. 160 y siete rifles de asalto en el cuarto organizados en bastidores verticales como en una armería militar. 84 pistolas en el quinto junto con 52 granadas de fragmentación, 11 lanzagranadas y una cantidad de municiones que los peritos tardaron un día en contar, 230,000 cartuchos de diversos calibres.
Las armas estaban catalogadas en un inventario digital que los investigadores encontraron en una computadora del piso de arriba. Cada arma con su número de serie, su calibre, su estado de mantenimiento y el nombre en clave del sicario al que estaba asignada. 230,000 cartuchos. Los peritos lo sacaron del sótano en cubetas durante horas, cubeta tras cubeta de municiones, subiendo por la escalera detrás del muro falso, cruzando la cochera y cargándose en los camiones del ejército estacionados frente a una casa con jardín de palmeras y alberca azul. El
sexto cuarto contenía equipo de comunicaciones y tecnología, radios de largo alcance, inhibidores de señal celular, laptops con software de encriptación, discos duros externos y lo que los peritos de inteligencia describieron como un centro de monitoreo portátil, pantallas conectadas a receptores que interceptaban comunicaciones de las fuerzas de seguridad en la región.
El CJNG escuchaba las frecuencias de la Policía Estatal de la Guardia Nacional. y del ejército desde un cuarto sellado en un sótano debajo de una casa con alberca. El séptimo cuarto contenía documentación, cajas de archivo con carpetas que los investigadores están analizando y que contienen registros financieros de la célula, nómina nombres y alias fotóolis, door, mapas de rutas de transporte, fotografías de propiedades del CJNG en la región y expedientes de personas, policías, funcionarios, empresarios, periodistas.
Cada expediente con el nombre de la persona, su dirección, su rutina diaria, fotografías tomadas con teleobjetivo y una clasificación que los investigadores interpretan como el nivel de cooperación o de amenaza que esa persona representa para el CJNG. Algunos expedientes tenían una marca roja en la esquina superior.
Los investigadores creen que la marca roja significa que la persona ha sido identificada como objetivo. ¿De qué tipo de objetivo es lo que están tratando de determinar? Los expedientes de personas son quizás lo más alarmante del decomiso porque representan una capacidad de inteligencia que normalmente se asocia con servicios de espionaje gubernamentales.
El CJNG tenía archivos de seguimiento de policías, funcionarios y periodistas con un nivel de detalle que incluía horarios de salida de sus casas, placas de sus vehículos, nombres de sus hijos y las escuelas donde estudian sus hijos. Es información que se recopila con un propósito, intimidar, corromper o eliminar, y que estaba almacenada en un cuarto sellado en un sótano que nadie quería abrir.
El octavo cuarto contenía algo que los soldados no esperaban. Equipo médico. Una mesa de operaciones de acero inoxidable, lámparas quirúrgicas, un carro de anestesia con tanques de oxígeno y ceboflurano. Instrumental quirúrgico, visturí, pinzas, separadores, suturas, bolsas de suero, medicamentos, antibióticos, analgésicos, coagulante y un refrigerador médico con bolsas de sangre clasificadas por tipo.
El cuarto estaba limpio, limpio de una manera que contrastaba con el resto del sótano. Piso de loseta blanca, paredes pintadas de blanco, olor a desinfectante, todo estéril o intentando serlo. Era un quirófano improvisado, pero funcional, un lugar donde alguien con conocimientos médicos podía operar a una persona herida sin llevarla a un hospital donde tendría que dar explicaciones.
Los cárteles del narcotráfico han mantenido médicos clandestinos durante décadas. Es conocido sicarios heridos en enfrentamientos que no pueden ir a un hospital porque el hospital está obligado a reportar heridas de bala a las autoridades. Así que el cártel tiene su propio quirófano con su propio médico que opera a sus heridos en un sótano sechado y que cobra lo que el cártel quiera pagarle.
Los peritos encontraron en el quirófano restos de uso reciente, gasas usadas en un contenedor de residuos biológicos, una bolsa de suero vacía colgada del soporte de venoclisis y manchas de sangres en la mesa de operaciones que alguien había limpiado con desinfectante, pero que la luminiscencia fores reveló en patrones que indican que una persona fue operada ahí no más de dos semanas antes del operativo.
Alguien fue operado en ese sótano detrás de una puerta de acero sellada en un cuarto que los seis detenidos del piso de arriba juraban no conocer. ¿Operado por quién? ¿De qué con qué resultado? Son preguntas que la investigación está tratando de responder. Ahora, el primer cuarto. El primer cuarto, el que hizo vomitar al soldado de 11 años de experiencia, el que tenía un olor que nadie pudo identificar, pero que todos describieron como dulce y fesado, como fruta podrida mezclada con algo metálico.
El primer cuarto contenía tres tinas industriales de polipropileno de 200 L cada una. del tipo que se usa en la industria química para almacescenar ácidos. Las tinas estaban tapadas con sus respectivas tapaderas de rosca y dentro de las tinas había un líquido oscuro, espeso, con una capa superficial de grasa amarita que flotaba encima.
Los peritos de servicios periciales abrieron la primera tina con guantes dobles, máscara de gases y el estómago apretado porque ya sabían lo que iban a encontrar. El líquido era ácido sulfúrico diluido y dentro del ácido sulfúrico había restos humanos en proceso de disolución. No voy a dar detalles gráficos porque este canal tiene límites que respetamos.
Lo que puedo decir es lo que los peritos documentaron en su informe. Los restos encontrados en las tres tinas corresponden a múltiples individuos cuya identidad se está determinando mediante análisis de ADN. El proceso de disolución estaba en distintas etapas en cada tina, lo que sugiere que los cuerpos fueron introducidos en diferentes momentos y la presencia de las tinas en un cuarto sellado con cerradura de nivel bóveda bancaria indica que el cuarto se usaba de manera regular, no como algo improvisado.
El cuarto tenía un desagüe en el centro del piso conectado a un tubo que los peritos rastrearon hasta una fosa séptica en el jardín trasero de la casa junto a la alberca. La fosa séptica contenía residuos químicos y orgánicos que los peritos están analizando. El análisis va a tomar semanas.
Los peritos forenses que trabajaron en el primer cuarto lo hicieron en turnos de 30 minutos. 30 minutos adentro, 30 minutos afuera respirando aire limpio y tomando agua, porque el ambiente dentro del cuarto, a pesar de las máscaras de gas, generaba una fatiga química y emocional que después de media hora reducía la capacidad de los peritos para trabajar con la precisión que la evidencia requiere.
El proceso de extracción de los restos de las tinas tomó 4 días. Cada tina fue vaciada parcialmente con una bomba de succión que extraía el líquido ácido sin disturbar los restos sólidos del fondo. El líquido extraído se almacenó en contenedores especiales para su análisis químico y los restos sólidos, los fragmentos óseos y los tejidos parcialmente disueltos fueron extraídos a mano por los peritos con instrumentos de acero inoxidable y depositados en bolsas de evidencia forense para su traslado al laboratorio.
El laboratorio forense está trabajando con muestras de ADN extraídas de los restos para identificar a las víctimas. El proceso es lento porque la exposición prolongada al ácido sulfúrico degrada el material genético. Algunas muestras pueden dar resultado, otras puede que no contengan ADN suficiente para una identificación.
Los familiares de personas desaparecas en la región del Bajío fueron notificados de que se encontraron restos humanos y se les pidió que proporcionaran muestras de ADN para comparación. México tiene más de 100,000 personas desaparecidas oficialmente. Muchas de ellas desaparecieron en el vajío durante los últimos años de violencia entre el CJNG y los grupos rivales.
Las tres tinas de ácido en un sótano sellado de una casa con alberca pueden contener las respuestas que hasta algunas familias llevan años buscando o pueden contener preguntas nuevas que nadie quería hacer. Quiero volver al cuarto del quirófano porque hay un detalle que los peritos encontraron que conecta el cuarto médico con el primer cuarto de una manera que me parece necesario documentar.
En el refrigerador médico del octavo cuarto, junto a las bolsas de sangre clasificadas por tipo, los peritos encontraron viales de sucinilcolina. La sucinilcolina es un relajante muscular de acción rápida que se usa en anestesia para facilitar la intubación endotraqueal durante cirugía. También se ha usado, según la literatura forense, como agente para inmovilizar personas porque produce parálisis muscular completa en menos de un minuto, mientras la persona permanece consciente.
Los peritos encontraron 18 viales usados de sucinilcolina en el contenedor de residuos del quirófano. Y en el primer cuarto, el de las tinas de ácido encontraron marcas de sujeción en las paredes. cuatro anillos de acero empotrados en el concreto a la altura de los brazos y las piernas de una persona de pie.
Los anillos tenían marcas de desgaste consistentes con el roce de esposas o cadenas. Los anillos de sujeción estaban en la pared opuesta a las tinas. A 2 m de distancia, quien estuviera sujeto a esos anillos podía ver las tinas, podía oler el ácido, podía ver lo que había dentro. No voy a especular sobre para qué se usaban esos anillos en combinación con las tinas de ácidos.
El informe pericial documenta: “Los hallazgos y las autoridades determinarán la narrativa de los hechos. Lo que puedo decir es que la combinación de un quirófano con sucinilcolina y un cuarto con tinas de acido y anillos de sujeción en el mismo sótano sellado sugiere sugiere un nivel de crueldad organizada que trasciende la violencia espontánea y que apunta a una infraestructura diseñada para un propósito específico y recurrente.
una fosa séptica con restos humanos disueltos en ácido junto a la alberca azul de una casa con jardín de palmeras en una colonia residencial del Bajío. Los vecinos nadaban en sus albercas los fines de semana, mientras al otro lado de la barda, en el jardín de al lado, los residuos de personas disueltas en ácido se filtraban en una fosa séptica a 3 m de distancia.
Es la imagen más perturbadora de este caso, la normalidad de la superficie, si es la alberca, las palmeras, los vecinos que nunca escucharon nada. Y debajo un sótano con ocho cuartos sellados que contenían 84 millones de pesos, cientos de kilos de droga, incluido fentanil suficiente para matar a millones, un arsenal de guerra, un centro de espionaje, un quirófano clandestino y tres tinas de ácido con restos humanos.
La distancia entre la normalidad y el horror era una escalera detrás de un muro falso en una cochera, 3 m de escalones de concreto. Eso separaba la alberca azul de las tinas de ácido. Eso separaba la vida del vajío de clase media alta de lo peor que el narcotráfico produce. Ahora entiendes por qué nadie quería abrir esos cuartos.
Los seis detenidos del piso de arriba probablemente sí sabían lo que había abajo. Al menos lo intuían porque el olor que subía del sótano, a pesar de las puertas selladas y del muro falso, era un olor que no se olvida. Es un olor que se mete en la ropa, en el pelo, en las paredes. Un olor que los vecinos nunca detectaron porque la casa tenía un sistemas de ventilación industrial instalado en el sótano que extraía el aire contaminado y lo filtraba a través de carbón activado antes de expulsarlo por una chimenea disfrazada de tubo de
calefacción en el techo. El CJNG diseñó el sótano para que nada de lo que pasaba abajo se detectara arriba. Las puertas de acero contenían el sonido, el sistema de ventilación contenía el olor, el muro falso contenía la vista y las cerraduras de nivel bóveda bancaria contenían la curiosidad.
Ocho cuartos sellados donde el CJNG guardaba lo que no quiere que nadie vea. Su dinero, su droga, sus armas, sus secretos, su capacidad médica y sus muertos. Quiero hablar de las implicaciones de los expedientes de inteligencia porque me parecen la evidencia más relevante para la seguridad de la región. Los expedientes encontrados en el séptimo cuarto contenían información sobre 47 personas.
De esas 47, 19 eran policías municipales y estatales. Ocho eran funcionarios de gobierno municipal y estatal. Seis eran empresarios de la región, cinco eran periodistas y nueve eran personas que los investigadores clasifican como civiles de interés. Personas que por su ubicación, su profesión o sus relaciones tienen acceso a información que el CJNG necesita o representan un obstáculo para sus operaciones.
Los expedientes de los policías incluían sus turnos de trabajo, sus rutas de patrullaje, los nombres de sus compañeros y una clasificación que usaba tres colores: verde para los policías que cooperan con el CJNG, amarillo para los que son neutrales y rojo para los que representan un riesgo. Los expedientes verdes tenían anotaciones de pagos, cantidades, fechas y el método de entrega.
Los expedientes rojos tenían anotaciones de vigilancia, movimientos, horarios, vulnerabilidades. Los expedientes de los periodistas tenían el mismo sistema de colores. Los verdes eran periodistas que el sexta NG consideraba controlados, que publicaban lo que el cártel quería que se publicara o que callaban lo que el cártel quería que se callara.
Los amarillos eran los que no cooperaban, pero que tampoco investigaban activamente. Y los rojos eran los que investigaban al CJNG y que representaban un riesgo. Cinco periodistas con expedientes en un sótano sellado de un cártel del narcotráfico. Cinco personas cuyas rutinas diarias, direcciones de domicilio, placas de vehículo y nombres de familiares estaban documentados en carpetas con marca de color en una casa con alberca en el Bajío.
Cuando las autoridades les notificaron de la existencia de los expedientes, dos de los cinco pidieron protección federal inmediata. Los otros tres dijeron que ya habían con medidas de seguridad porque ya sabíamos que nos vigilan. Lo que no sabíamos era que tenían nuestras direcciones en una carpeta. Quiero hablar del sistema de ventilación del sótano porque su sofisticación revela la inversión que el CJNG hace en infraestructura permanente.
El sistema de ventilación fue diseñado e instalado por un ingeniero en climatización que fue contratado por el CJ bajo el pretexto de que la casa necesitaba ventilación especial para una bodega de vinos en el sótano. El ingeniero diseñó un sistema de extracción con filtros de carbón activado que eliminaba los olores del sótano antes de expulsar el aire al exterior.
Los ductos estaban ocultos en las paredes y en el techo del sótano, y la chimenea de expulsión en el techo de la casa estaba disfrazada como un tubo de calefacción que desde la calle parecía completamente normal. El ingeniero declaró que nunca bajó al sótano terminado, que diseñó el sistema a partir de los planos que le proporcionaron, que instaló los ductos y los filtros, que cobró 200,000 pesos por el trabajo y que se fue sin preguntar por qué una bodega de vinos necesitaba filtros de carbón activado con capacidad para neutralizar vapores de ácido

sulfúrico. 200,000 pesos compran mucho silencio. El muro falso de la cochera fue construido por un albañil local que cobró 80.000 1000 pesos por el trabajo y que declaró que le dijeron que el sótano era para almacenar mercancía delicada y que necesitaba un acceso discreto. El mecanismo hidráulico fue instalado por un técnico de automatización que cobró 45,000es y que pensó que estaba instalando un sistema de acceso para una caba de vino.
Todos mintieron o todos creyeron las excusas que les dieron. El resultado es el mismo, un sózano invisible construido por profesionales que cobraron su dinero y no preguntaron. Quiero hablar ahora del contexto del vajío, porque este caso es parte de un patrón que está transformando la región. El bajío mexicano que incluye Guanajuato, Querétaro, Aguascalientes, San Luis Potosí y partes de Jalisco, era hasta hace una década una de las regiones más seguras de México.
Una región industrial, próspera, con fábricas automotrices, agroindustria y una clase media creciente. Ciudades como León, Querétaro, Irapuato y Celaya eran sinónimo de seguridad y de progreso económico. El CJNG llegó al vajío a disputar el territorio al cártel de Santa Rosa de Lima y a otros grupos locales y lo que era una región seguras se convirtió en una de las más violentas del país.
Guanajuato pasó de ser un estado turístico conocido por sus momias y sus callejones coloniales. A ser el Estado con más homicidios de México durante varios años consecutivos. La violencia transformó el vajío. La infraestructura que el CJIG construye en la región, casas con sótanos sellados en colonias residenciales, refleja que el cártel no está de paso.
Está instalándose con raíces, con inmuebles, con inversión en infraestructura permanente diseñada para durar. La casa con los ocho cuartos sellados costó 9 millones de pesos. La construcción del sótano, las puertas de acero, las cerraduras, el sistema de ventilación, el muro falso, el mecanismo hidráulico. Todo eso representa una inversión adicional de al menos 2 millones de pesos, 11 millones de pesos en una propiedad que el CJNG usaba como centro de operaciones financieras, almacén de drogas y armas, centro de inteligencia,
quirófano clandestino y lugar de disposición de cuerpos. 11 millones de pesos que el CJNG puede perder sin que le represente un problema financiero, porque los 84,000ones en efectivo que tenían en un solo cuarto del sótano son casi ocho veces el valor de toda la propiedad. Quiero hablar del mercado inmobiliario del Bajío porque este caso ilumina dimensión del narcotráfico que pasa desapercibida.
La penetración del crimen organizado en el sector de bienes raíces. El CJNG compra propiedades en el vajío a un ritmo que las autoridades apenas empiezan a dimensionar. Casas, terrenos, locales comerciales, ranchos, bodegas industriales. Las compran con empresas fantasma, con prestanombres, con recursos de procedencia ilícita que se lavan a través de notarías que no hacen las verificaciones que la ley exige.
El resultado es que en colonias residenciales del Bajío hay un número desconocido de propiedades que pertenecen al CJNG, pero que en el registro público aparecen a nombre de agricultores de 78 años o de empresas de 50,000 pesos de capital. La Unidad de Inteligencia Financiera ha identificado patrones de compra sospechosos en varias ciudades del Bajío, pero el proceso de aseguramiento de propiedades lento, burocrático y requiere órdenes judiciales que tardan meses en obtenerse.
Mientras tanto, las propiedades siguen operando, los sótanos siguen sellados y lo que hay dentro de los cuartos sigue ahí, esperando a que alguien se atreva a abrir las puertas. Las familias de los desaparecidos de la región tienen una esperanza terrible depositada en este caso, esperanza de que los restos en las tinas sean de sus familiares, porque al menos así tendrían certeza, así podrían enterrar algo, así podrían dejar de buscar.
Una madre de Celaya, que lleva 4 años buscando a su hijo desaparecido, dijo cuando se enteró del hallazgo, “Ojalá sea él. Ojalá que esté ahí, porque si está ahí, ya sé dónde está. Y si sé dónde está, puedo descansar. Ojalá sea él. Una madre pidiendo que los restos de su hijo estén en una tina de ácido en un sótano. Porque la alternativa seguir sin saber, seguir buscando, seguir imaginando es peor.
En México, la certeza de la muerte es preferible a la incertidumbre de la desaparición y eso dice más por el país que cualquier estadística. El decomiso total del operativo sumando el dinero en efectivo, el valor estimado de las drogas, las armas, los vehículos y la propiedad supera los 500 millones de pesos.
500 millones de pesos en una sola casa con alberca en el vajío. Una casa que desde la calle parecía la casa de un dentista próspero o de un concesionario de autos. Los investigadores creen que hay más propiedades similares en la región. Los registros encontrados en las computadoras del piso de arriba contienen direcciones de otras casas que podrían funcionar como centros de operaciones con infraestructura subterránea similar.
Las autoridades están verificando esas direcciones. Quiero hablar del patrón de los cuartos sellados porque este caso se conecta con otros hallazgos recientes en la región que sugieren que el CJ está replicando esta infraestructura de manera sistemática. En los últimos 2 años, las fuerzas de seguridad han encontrado sótanos sellados en al menos cinco propiedades aseguradas al CJNG en el Bajío, cada uno con características similares: puertas de acero reforzado, cerraduras de alta seguridad, sistemas de ventilación con filtros de carbón
activado y accesos ocultos detrás de muros falsos o bajo pisos pavantis. Los contenidos varían. En algunos había solo dinero y armas, en otros había drogas y en al menos dos se encontraron evidencias de que los cuartos se habían usado para retener personas. El patrón indica que el CJNG tiene un protocolo de construcción estandarizado para estas instalaciones subterráneas.
Las puertas de acero vienen del mismo proveedor, una empresa de seguridad industrial en Guadalajara que vende puertas de bóveda para bancos y para la industria joyera. Las cerraduras son del mismo modelo, Sarge and Greenlift, fabricadas en Estados Unidos, importadas legalmente como equipo de seguridad comercial. Y los sistemas de ventilación con filtros de carbón adidó tienen el mismo diseño en todas las propiedades, lo que sugiere que el mismo ingeniero o el mismo equipo de ingenieros los instaló todos.
El CJNG está construyendo una red de instalaciones subterráneas en el vajío con la misma metodología que una cadena de franquicias construye sus sucursales. Mismo plano, mismos proveedores, mismo diseño. La diferencia es que las sucursales del CJNG están debajo de casas con alberca en colonias residenciales y que lo que almacenan no son productos comerciales, sino dinero, drogas, armas, inteligencia y los instrumentos para hacer desaparecer persona.
Quiero ahora cerrar con una reflexión sobre lo que los cuartos sellados representan para la comprensión de cómo opera el CJNG en México. Los 8 cuartos del sótano son un mapa de las capacidades del CJNG, condensado en 15 por 10 m de concreto subterráneo. El cuarto del dinero demuestra la capacidad financiera, 84 millones de pesos en efectivo en un solo punto de almacenamiento, lo que implica que el flujo de efectivo de la célula es varias veces esa cantidad.
El cuarto de las drogas demuestra la capacidad logística. Siis cientos de kilos de droga almacenados a la espera de distribución, incluyendo fentanilo, que requiere manejo especializado. Los cuartos de armas demuestran la capacidad militar, un arsenal suficiente para equipar un batallón. El cuarto de comunicaciones demuestra la capacidad de inteligencia, monitoreo de las fuerzas de seguridad en tiempo real.
El cuarto de expedientes demuestra la capacidad de espionaje. Seguimiento mático de personas de interés con nivel de detalle profesional. El quirófano demuestra la capacidad de autosuficiencia, independencia del sistema de salud público para atender a sus heridos. Y el primer cuarto, el de las tinas de ácido, demuestra la capacidad de hacer desaparecer, de borrar, de eliminar no solo a una persona, sino la evidencia de que esa persona existió.
Ocho capacidades en ocho cuartos. Ocho funciones del narcotráfico moderno concentradas en un sótano de 15 por 10 m debajo de una casa bonita en el Bajío. Si quieres entender qué es el CJQG, baja esa escalera detrás del muro falso y abre las ocho puertas. Cada puerta es una respuesta. A ti que llegaste hasta aquí, te dejo con la imagen que me persigue desde que investigué este caso.
La alberca azul vista desde arriba, el rectángulo azul entre los techos color terracota. Google Maps te muestra eso. Una casa bonita con alberca en una colonia bonita del Bajío. Y si haces zoom, ves las palmeras del jardín. Y si haces más zoom, ves la sombra de la cocha donde detrás de un muro falso hay una escalera que baja al sótano donde hay ocho puertas de acero que nadie quería abrir.
La distancia entre lo que se ve desde Google Maps y lo que hay debajo es la distancia entre la superficie de México y su realidad. Desde arriba albercas azules y jardines con palmeras. Desde abajo tinas de ácido y fajos de billetes de 500 apilados hasta el techo. Desde arriba colonias residenciales donde los niños juegan en la calle.
Desde abajo, expedientes con las direcciones de periodistas y los nombres de los hijos de policías. El vajío sigue creciendo, siguen abriendo fábricas, siguen construyendo fraccionamiento, siguen llegando familias que buscan la seguridad que ya no encuentran en otros estados. Y entre las casas nuevas, entre las palmeras y las albercas y los jardines bien cuidados, puede haber una con un muro falso en la cochera y ocho copuertas de acero en el sótano que nadie quiere abrir.
Dale like, suscríbete, activa la campanita. El soldado que vomitó en el sótano lleva 11 años en la Sena, ha visto de todo y dice que lo que más le impactó de este operativo fue salir del sótano, subir la escalera, cruzar la cochera y ver la alberca brillando bajo el sol de la tarde con el agua limpia y azul moviéndose con el viento.
“Salí del infierno y llegué a la alberca”, dijo. Y pensé, “Los vecinos llevan 3 años viviendo al lado de esto y no saben. Ven la alberca y no saben lo que hay debajo. Nos vemos mañana. Cuídate. Y si algún día estás en una colonia bonita del Bajío y ves una casa con alberca y palmeras y cochera para cuatro camionetas, recuerda que lo que se ve desde la calle es solo la superficie y que en México la superficie miente.
Siempre miente. El muro falso de la cochera ya fue demolido. La escalera al sótano está expuesta. Las ocho puertas de acero fueron cortadas y retiradas como evidencias A. Los cuartos están vacíos. Los peritos terminaron su trabajo y la casa asegurada por las autoridades está cerrada con candados federales y con cinta amarilla que el viento del vajío mueve como las banderas que se ponen en las casas cuando alguien muere. La alberca sigue ahí.
El agua se ha puesto verde porque nadie la limpia. Las palmeras del jardín siguen creciendo y la fosa séptica junto a la alberca sigue en el suelo esperando que los peritos terminen de analizarla. Los vecinos pasan fr la casa cerrada cuando salen a trabajar por las mañanas. La miran de reojo. Algunos se persignan, otros aceleran el paso y todos piensan lo mismo, aunque nadie lo diga en voz alta.
Durante 3 años viví al lado de eso. Durante 3 años mis hijos jugaron en la calle frente a esa cochera. Durante 3 años saludé al tipo de la camioneta blanca que me ayudó con las bolsas del súper. Y durante 3 años, debajo de esa casa, detrás de esas puertas de acero que nadie quería abrir, pasaron cosas que prefiero no imaginar. Pero las imaginas de todos modos, porque ahora sabes y lo que sabes no se desabe.
Esa es la maldición de este caso. Lo que está detrás de las puertas selladas, una vez que se abre, ya no se puede volver a cerrar, ni en el sótano ni en la cabeza. Dale like por las familias que esperan identificación. Suscríbete por los cinco periodistas que viven con la dirección de su casa en una carpeta del CJN.
Activa la campanita por los vecinos que ahora miran a sus vecinos con miedo y nos vemos mañana porque mañana hay otro caso, otra casa, otra superficie que miente y debajo la verdad que nadie quería encontrar pero que alguien tuvo que abrir. Yeah.