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¡FIN DE UNA ERA! ASÍ MURIÓ EL MENCHO , EL NARCO QUE DESAFIÓ A DOS GOBIERNOS

Nemesioera Cervantes, el Mencho, el fundador del cártel Jalisco Nueva Generación, el narco más buscado del país, el hombre por cuya cabeza se ofrecían 15 millones de dólares, había muerto. En cuestión de horas, seis estados de la República ardieron, carreteras bloqueadas, vehículos incendiados, mensajes de terror enviados a la población civil.

Las células del CJNG respondieron como lo que eran una estructura militar entrenada para la guerra. Pero antes, antes de entender lo que pasó ese domingo, hay que entender quién era realmente este hombre, porque el Mencho no fue siempre el capo más temido de México. Hubo un tiempo en que era simplemente un muchacho pobre de Michoacán que no tenía nada y que decidió que el crimen organizado sería el camino para tenerlo todo.

 Esta es su historia y es también la historia de un país que lleva décadas pagando el precio de ese tipo de decisiones. Nemesioera Cervantes nació el 17 de julio de 1966 en Naranjo de Chil, una comunidad pequeña y pobre del estado de Michoacán. No hay registros de una infancia marcada por el crimen. Era parte de esa geografía que México históricamente ha ignorado.

 Pueblo sin oportunidades, sin infraestructura, sin futuro visible. Como tantos jóvenes de su generación, Oseguera Cervantes emigró al norte, cruzó la frontera hacia Estados Unidos y pasó varios años en California, donde trabajó de forma informal, pero también fue ahí donde comenzó a tener contacto con redes de tráfico de drogas.

En la década de los 90 fue detenido en Estados Unidos por cargos relacionados con heroína y fue deportado a México. Esa deportación, lejos de alejarlo del crimen, lo lanzó directo al corazón de él. De regreso en México, Oseguera Cervantes se acercó a Ignacio Coronel Villarreal, conocido como Nacho Coronel, uno de los líderes más poderosos del cártel de Sinaloa en la región de Jalisco y Nayarit.

Con él, el mencho aprendió el negocio, entendió cómo funcionaban las rutas, cómo se compraba a las autoridades, cómo se construía lealtad y cómo se usaba la violencia de forma estratégica. Pero en julio de 2010, el ejército mexicano mató a Nacho Coronel en una operación en Zapopán, Jalisco. El vacío que dejó fue enorme y en ese vacío el Mencho vio su oportunidad.

Junto a Eric Valencia Salazar, conocido como el 85, o Seguera Cervantes, fundó el cártel Jalisco Nueva Generación. No lo fundó como una organización tímida que buscaría sobrevivir en los márgenes. Lo fundó con una filosofía de confrontación total. El Cangi desde sus primeros años mandó un mensaje claro, no íbamos a negociar territorio, lo íbamos a tomar.

 Y eso fue exactamente lo que hicieron. En menos de 5 años, el CNG pasó de ser una organización regional a una de las estructuras criminales con mayor presencia en México y en el mundo. Para mediados de la década de 2010, el cártel tenía presencia en más de 20 estados de la República con operaciones documentadas en Europa, Asia y Sudamérica.

Su especialidad no era solo el tráfico de drogas, principalmente metanfetaminas y fentanilo, era también el terror como herramienta de control. El Cenji fue responsable de ataques con granadas contra instalaciones del gobierno emboscadas a policías y militares, el uso de drones con explosivos y la exhibición pública de cadáveres con mensajes amenazantes.

Cuando en 2015 derribaron un helicóptero de la Secretaría de Seguridad Pública con fuego de tierra en Jalisco matando a ocho agentes federales, el mundo supo que este no era un cártel del común. Para 2019 y 2020, después del colapso progresivo del cártel de Sinaloa, primero con la captura de Joaquín el Chapo Guzmán en 2016 y luego con el arresto de Ismael el Mayo Zambada en 2024, el CJNG se consolidó como la organización criminal más poderosa de México y el Mencho era su jefe absoluto.

El gobierno de Estados Unidos lo consideraba una amenaza a la seguridad nacional. El departamento del tesoro lo había designado como narcotraficante. La DEA lo rastreaba con recursos comparables a los usados para localizar a Bin Laden y la recompensa por información que llevara a su captura había llegado para diciembre de 2024 a 15 millones de pesos de dólares.

 Durante años fue un fantasma. Se especulaba sobre su estado de salud. Algunos decían que padecía diabetes grave y que debía diálisis frecuente, lo que limitaba su movilidad, pero también lo hacía extremadamente difícil de rastrear porque sus movimientos eran mínimos y sus círculos de confianza casi herméticos. Vivía en la sierra, se movía de noche, no usaba teléfonos, confiaba únicamente en un núcleo durísimo de personas cercanas.

Y el 22 de febrero de 2026, en las montañas de Tapalpa, las fuerzas federales finalmente lo encontraron. Los detalles precisos del operativo que terminó con la vida de Nemesio o Seguera Cervante se conocen de forma fragmentada. Las autoridades mexicanas mantuvieron desde el primer momento un hermetismo casi tota, total sobre los detalles tácticos, pero la información que fue confirmada por funcionarios de primer nivel a medios como Telediario y Grupo Milenio permite reconstruir, al menos en sus líneas generales lo que ocurrió esa

madrugada. Desde las primeras horas del domingo 22 de febrero se registró un despliegue inusual de fuerzas federales en el municipio de Tapalpa, Jalisco. Tapalpa es un municipio de unos 20,000 habitantes enclavado en la sierra sur de Jalisco, conocido principalmente como destino turístico por su arquitectura colonial y su clima de montaña, donde los caminos de tierra superan con creces a las carreteras pavimentadas.

Pero la zona montañosa que la rodea ha sido históricamente uno de los refugios y áreas de mayor influencia operativa del CHN, la Sierra de Jalisco, con sus comunidades dispersas, sus caminos de terracería y su difícil acceso, ha servido durante años como escudo natural para los líderes del cártel. Es exactamente el tipo de territorio donde un hombre que no puede moverse rápido, que depende de tratamiento médico constante, puede esconderse durante meses sin ser detectado si cuenta con la lealtad o el miedo de la

población local. El ejército mexicano encabezó el operativo. Según fuentes confirmadas, la operación fue el resultado de inteligencia acumulada durante un periodo prolongado y fue coordinada con agencias federales de seguridad. No se trató de un encuentro fortuito. Fue una operación planeada ejecutada con precisión en un momento y lugar que las fuerzas armadas eligieron deliberadamente.

Durante el enfrentamiento en Tapalpa hubo intercambio de fuego. Los elementos del ejército se toparon con resistencia armada. Eso no sorprende. Un hombre en la posición del mencho no se mueve sin escolta. A su alrededor siempre había un anillo de seguridad formado por hombres entrenados y armados dispuestos a morir por él o más precisamente a matar por él.

 Que hubiera resistencia en ese operativo es la señal más clara de que no fue una detención rutinaria, sino un enfrentamiento real en terreno hostil. Los detalles sobre cuántos combatientes estaban presentes, cuánto duró el enfrentamiento y si hubo bajas adicionales entre las fuerzas federales o entre los escoltas del capo no fueron divulgados de forma inmediata por las autoridades.

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