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MARTA SAHAGUN: Por ESTO Tenía HECHIZADO a Vicente Fox… Sus Hijos Saquearon Pemex Entero

Esa misma noche, en una calle del fraccionamiento Santa Cecilia de la ciudad de León, Guanajuato, una mujer  también lloraba. Se llamaba Lilian de la Concha Estrada. Tenía 48  años. Había sido la esposa de Vicente Fox durante 19 años. Desde 1972 habían adoptado juntos cuatro hijos, Ana Cristina, Vicente, Paulina y Rodrigo.

Lo había acompañado en sus campañas primero como diputado, después como gobernador de Guanajuato. Habían vivido en el rancho San Cristóbal, criando los caballos de raza, los avestruces que Vicente había traído de Sudáfrica. Lilian fundó una casa hogar para niños abandonados, la casa cuna amigo Daniel, y se pasaba los días dándoles biberón a los bebés que llegaban en las madrugadas.

Era una mujer creyente, católica, practicante, que cuando se casó por la Iglesia el 18 de marzo de 1972 en la Iglesia de Nuestra Señora del Rayo, dijo lo que todas las mujeres católicas de México decían entonces, hasta que la muerte nos separe. Lo que finalmente los separó no fue la muerte que ella había prometido en el altar, fue otra mujer.

Lilian llevaba 9 años divorciada de Vicente  cuando él ganó la elección, pero todavía decía en cada entrevista que le hacían lo que para ella era una verdad religiosa. Lo que Dios ha unido no lo separa el hombre. Esa frase la repetía como una oración, como si el divorcio civil del año 1991 no contara, como si el hombre con el que había compartido 24 años de su vida fuera a regresar,  tarde o temprano al hogar que habían construido juntos.

Cuando Fox ganó la presidencia, Lilian incluso dijo en una entrevista que tenía esperanzas de un proceso de reconciliación. Esa frase salió  publicada el 5 de julio del año 2000, tr días después de la elección. Lo que Lilian todavía no sabía esa noche, lo que iba a saber  en pocos meses, era que mientras ella seguía esperando, dentro del equipo  de campaña de Fox había una mujer que llevaba años trabajando para que esa reconciliación nunca ocurriera.

una mujer que había pasado de ser candidata, derrotada a la alcaldía de Celaya en 1994, a ser vocera del candidato presidencial, una mujer que había aprendido el oficio  de la política en el PAN de Guanajuato, en los años en los que ese partido era todavía la oposición que nadie tomaba en serio. Una mujer divorciada con tres hijos varones, hija de un médico de un pueblo de Michoacán llamado Zamora.

Esa mujer se llamaba Marta María Saagún Jiménez y estaba a punto de convertirse en la primera dama más poderosa que ha tenido México, la que en Los Pinos, a sus espaldas los altos funcionarios empezaron a llamar con un solo apodo. La jefa. Acuérdate de ese nombre. La jefa, lo vas a necesitar para entender el final.

Para entender de dónde venía Marta Saagún, hay que conocer Zamora. Es una ciudad chica en el norte de Michoacán,  católica hasta los huesos, con una catedral inacabada que se ve desde cualquier punto del valle, rodeada de campos de fresa y de aguacate. Marta nació ahí el 10 de abril de 1953. Mane era la segunda de seis hijos.

Su papá, Alberto Saagún de la Parra era médico. Su mamá, Ana Teresa Jiménez Vargas, se dedicaba a la casa. La educaron las hermanas teresianas. Y de esa educación, dicen los que la conocieron en aquellos años, le quedó una devoción enorme por Santa Teresa de Jesús, esa monja española del siglo X, que escribió tratados sobre la vida interior y sobre las alturas que  el alma podía alcanzar si se entregaba completamente.

Santa Teresa hablaba de la oración como un combate. Marta, según los que la conocieron, leía esos textos con un subrayador. A los 18 años, en 1971, se casó con un veterinario llamado Manuel Briviesca Godoy, un hombre de Celaya,  varios años mayor que ella. La boda fue en Zamora, la iglesia llena, la mamá de Marta  sonriendo, su papá entregándola en el altar.

Lo que pasó después dentro de esa casa en Celaya durante los siguientes 27 años lo  contó la propia Marta en una carta que envió en el año 2003 a las autoridades eclesiásticas de la Sagrada Rota Romana en Roma, pidiendo la nulidad de su matrimonio religioso. En esa carta, Marta alegó violencia doméstica. Dijo que había sufrido abusos físicos y emocionales durante años.

Dijo que había callado por miedo por sus tres hijos. Por el qué dirán de un pueblo donde una mujer divorciada  era una mujer marcada. La nulidad se la otorgaron en 2005. Lo que esa carta contiene, en sus detalles más íntimos, fue parte del litigio que después la enfrentó con la periodista Olga Warnat. Pero el dato esencial es uno solo y ese  sí está confirmado.

A Marta Saagún sobrevivió a un matrimonio violento durante casi tres décadas antes de atreverse a divorciarse. Se separaron en 1998. Firmaron el divorcio civil en el año 2000 y cuando lo firmaron, Marta llevaba  ya 3 años trabajando para Vicente Fox, primero en el gobierno de Guanajuato, después en su campaña presidencial.

Si tú has conocido a una mujer que aguantó años lo que no debería haber aguantado, ya sabes de lo que estoy hablando. Porque en el México de los años 70 y 80 era lo normal. Una mujer no dejaba al marido. El marido la dejaba o se moría y entonces ya, pero no al revés. Lo que pasó dentro de Marta durante esos años de matrimonio, nadie lo sabe del todo.

Lo que sí se sabe es lo que pasó cuando salió de ese matrimonio. Cuando Marta llegó al equipo de Fox en 1995, ya tenía 42 años. ya había sido derrotada en la única elección a la que se había presentado por su cuenta, la alcaldía de Celaya, en 1994. Ya tenía tres hijos jóvenes que mantener y tenía algo más. tenía una ambición que ningún miembro del equipo había visto antes en una mujer.

La describen quienes trabajaron con ella en comunicación social del gobierno de Guanajuato como obsesiva, metódica, inagotable. Llegaba a las oficinas a las 7 de la mañana, se iba a pasada la medianoche y siempre, siempre donde estuviera Vicente Fox, ella estaba detrás. a media distancia, tomando notas, anticipando lo que el gobernador iba a necesitar antes de que él mismo lo supiera.

Vicente Fox lo contó él mismo, muchos años después  a en una entrevista con Jordi Rosado en 2022. Lo dijo con sus palabras y con risa, como si todavía no se diera cuenta del todo de lo que había pasado. Cuando llegó a Los Pinos, dijo, “Martita decidió que quería vivir en Los Pinos.” Y entonces dijo Fox en sus propias palabras, “Ahora sí, ya me agarraron.

” Esa frase  la dijo Entre Carcajadas. 20 años antes, cuando Lilian de la Concha todavía esperaba la reconciliación, esa misma frase tendría una lectura mucho más oscura, porque Marta había decidido y a partir del momento  en que Marta decidía algo, el resto del mundo se acomodaba alrededor de su decisión.

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