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¡NARCOBLOQUEOS en MICHOACÁN TRAS ATAQUE a INDIGENAS; HARFUCH YA RESPONDE CON 300 SOLDADOS!

Noticia de última hora. Michoacán está en estado de guerra. Sus carreteras están en llamas. Dos hombres fueron abatidos por sicarios, un radio encendido y una orden que nadie en los noticieros conectó con lo que pasó 48 horas antes. Omar García Harfuch desenterró el hilo el lunes por la mañana cuando los reportes de tres frentes simultáneos llegaron a su despacho al mismo tiempo.

Sbina, Charapán, carretera, Carapán, Tangancíuaro. Y lo que parecía violencia dispersa mostró su verdadera forma, una operación quirúrgica contra el único modelo de seguridad en México que el dinero del crimen organizado no había podido comprar. Pero hay algo que los noticieros no te van a contar. Lo que atacaron esa noche no fue una barricada, fue un experimento.

Fue la demostración de que comunidades indígenas pueden protegerse solas, sin presupuesto federal, sin armamento táctico, sin nómina del Estado. Y eso para el CJNG era más peligroso que cualquier operativo policial. A las 20:30 horas del domingo, en el acceso principal de Sevina, Michoacán, dos hombres con rifles de asalto defendieron ese experimento con sus vidas.

Sus nombres eran Jesús Álvarez Gutiérrez e Ignacio Campos Guerrero. Y hay una pregunta que ningún noticiero está respondiendo. ¿Quién dio la orden de atacarlos esa noche? ¿Dónde estaba cuando los disparos terminaron? ¿Y por qué esta mañana sigue sin una orden de aprensión? Esa pregunta tiene nombre en los archivos de Harf y este video te va a contar lo que esos archivos dicen.

Para entender lo que pasó en Sevina tienes que entender que son las cuarichas y por qué su existencia le quitaba el sueño al crimen organizado en la meseta Purépecha. La meseta es un mundo aparte. 1800 m sobre el nivel del mar, pinos que bloquean el sol a mediodía, niebla que no se levanta hasta las 10 de la mañana, caminos de terracería que el GPS no registra, una geografía diseñada para El Secreto.

Durante años esa geografía trabajó a favor de los grupos criminales. Primero los Caballeros Templarios, luego Los Viagras, luego las células del CJNG que fueron ocupando municipio por municipio como quien llena vasos con agua. Nahwuatsen fue uno de esos vasos, pero se vina no. Los cuarichas, guardianes comunales en purépecha, llevan años operando dos retenes en los accesos al poblado, sin sueldo federal, sin equipo táctico, con radios que se consiguen en ferreterías y armas que en cualquier corporación policial ya habrían sido

reemplazadas. Aproximadamente 30 hombres protegiendo a una comunidad entera porque decidieron que el Estado mexicano no iba a llegar a protegerlos y tenían razón. Ese modelo funcionó y eso fue su condena. Porque para el operador regional del CJNG en la meseta, el hombre que en este video vamos a llamar el arquitecto, una comunidad que no se puede corromper y no se puede intimidar, no es un obstáculo, es una amenaza estratégica.

Y entonces llegó el dato que lo cambió todo el sábado previo al ataque sobre una brecha que conecta los poblados de Ojo de Agua y El Pino, alguien atacó un convoy de la policía municipal de Nahwatsen con balazos y con explosivos lanzados desde drones. Tres patrullas con daños severos, cero víctimas. El ataque del sábado no buscaba muertos, buscaba información, tiempos de respuesta, rutas de refuerzo, capacidad de reacción institucional, pero había algo que el grupo armado no sabía todavía.

Ese ataque del sábado iba a ser su primer error de una cadena de tres que selló su destino antes de que dispararan el primer tiro en Sevina. El arquitecto no era un improvisado. Llevaba meses consolidando el control del CJNG sobre los municipios periféricos de la meseta y Sevina era el último punto de resistencia real en esa cuadrícula.

Para eliminarlo, diseñó una operación en tres tiempos. Lo que no calculó fue que cada decisión que tomó, cada una de ellas inteligente en el momento se mant lo acercando al colapso. El primer error lo cometió tres semanas antes. El arquitecto decidió no infiltrar elementos dentro de Sevina. El razonamiento era lógico. Una comunidad de acceso controlado con solo 30 guardias y sin comunicación directa con fuerzas federales no justificaba el riesgo de infiltración.

era más eficiente atacar desde afuera con velocidad y superioridad de fuego. Lo que el arquitecto no sabía era que esa decisión acababa de privarlo de un dato crítico. Dos semanas antes del ataque, el Consejo Supremo Indígena había detectado movimiento inusual en los caminos de acceso y había ordenado rotación de turnos y refuerzo nocturno en ambos retenes.

El módulo que el arquitecto tenía mapeado como punto débil ya no era el mismo módulo que iba a encontrar el domingo por la noche. El segundo error lo cometió el sábado, 48 horas antes. El ataque con drones sobre el convoy municipal de Nahwatsen fue presentado internamente como reconocimiento táctico y en términos estrictos cumplió su función.

confirmó que la Guardia Nacional tardaba aproximadamente 40 minutos en llegar desde Uruapan, que la policía municipal no tenía protocolo de respuesta rápida y que la carretera Carapant Tangancícuaro era una ruta viable de retirada. Ese detalle pequeño cuenta una historia grande. Lo que el arquitecto no calculó fue que ese ataque del sábado activó el estado de alerta máximo del Consejo Supremo Indígena de Michoacán.

Esa misma noche, el CSIM estableció comunicación de emergencia entre comunidades, reforzó los dos retenes de Sevina con guardias adicionales y colocó un elemento en el acceso proveniente de Nahwatsen, el acceso que el arquitecto había identificado como su ruta de entrada. El ensayo le dio información. La información que le dio fue incompleta y esa incompletitud iba a costarle todo.

El tercer error lo cometió el domingo, 2 horas antes del ataque. El grupo armado se desplazó desde la cabecera municipal de Nahwatsen en vehículos sin placas por la ruta directa de siempre a las 6:30 de la tarde, calculando que la oscuridad y la velocidad eran cobertura suficiente. Habían usado esa ruta antes.

Nunca había habido problemas. Lo que no vieron fue al guardia adicional que el CSIM había colocado esa noche precisamente en ese acceso. Los cuarichas los detectaron con anticipación suficiente para asumir posición defensiva, el ataque que debía ser una ejecución rápida. Qui entrar, neutralizar el módulo, retirarse en menos de 4 minutos se convirtió en un enfrentamiento de fuego cruzado.

Jesús Álvarez e Ignacio Campos murieron defendiendo ese retén, pero el grupo armado tuvo que huir, tuvo que replegarse hacia Nahwatsen sin completar el objetivo. Y esa huída documentada con dirección conocida fue lo que el Consejo Indígena reportó al Estado mexicano esa misma noche. Ese tercer error fue lo último que calcularon mal, porque esa madrugada Harf ya tenía todo lo que necesitaba.

A las 4:17 de la madrugada del lunes, el primer convoy salió de Uruapan sin sirenas y sin luces de emergencia. No había nada en los radios de frecuencia abierta. No había comunicados de prensa. No había patrullas con torretas encendidas abriendo camino. Lo que había era columnas de vehículos militares moviéndose en formación cerrada por la carretera federal hacia la meseta Purepecha con instrucciones precisas.

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