Noticia de última hora. Michoacán está en estado de guerra. Sus carreteras están en llamas. Dos hombres fueron abatidos por sicarios, un radio encendido y una orden que nadie en los noticieros conectó con lo que pasó 48 horas antes. Omar García Harfuch desenterró el hilo el lunes por la mañana cuando los reportes de tres frentes simultáneos llegaron a su despacho al mismo tiempo.
Sbina, Charapán, carretera, Carapán, Tangancíuaro. Y lo que parecía violencia dispersa mostró su verdadera forma, una operación quirúrgica contra el único modelo de seguridad en México que el dinero del crimen organizado no había podido comprar. Pero hay algo que los noticieros no te van a contar. Lo que atacaron esa noche no fue una barricada, fue un experimento.
Fue la demostración de que comunidades indígenas pueden protegerse solas, sin presupuesto federal, sin armamento táctico, sin nómina del Estado. Y eso para el CJNG era más peligroso que cualquier operativo policial. A las 20:30 horas del domingo, en el acceso principal de Sevina, Michoacán, dos hombres con rifles de asalto defendieron ese experimento con sus vidas.
Sus nombres eran Jesús Álvarez Gutiérrez e Ignacio Campos Guerrero. Y hay una pregunta que ningún noticiero está respondiendo. ¿Quién dio la orden de atacarlos esa noche? ¿Dónde estaba cuando los disparos terminaron? ¿Y por qué esta mañana sigue sin una orden de aprensión? Esa pregunta tiene nombre en los archivos de Harf y este video te va a contar lo que esos archivos dicen.
Para entender lo que pasó en Sevina tienes que entender que son las cuarichas y por qué su existencia le quitaba el sueño al crimen organizado en la meseta Purépecha. La meseta es un mundo aparte. 1800 m sobre el nivel del mar, pinos que bloquean el sol a mediodía, niebla que no se levanta hasta las 10 de la mañana, caminos de terracería que el GPS no registra, una geografía diseñada para El Secreto.
Durante años esa geografía trabajó a favor de los grupos criminales. Primero los Caballeros Templarios, luego Los Viagras, luego las células del CJNG que fueron ocupando municipio por municipio como quien llena vasos con agua. Nahwuatsen fue uno de esos vasos, pero se vina no. Los cuarichas, guardianes comunales en purépecha, llevan años operando dos retenes en los accesos al poblado, sin sueldo federal, sin equipo táctico, con radios que se consiguen en ferreterías y armas que en cualquier corporación policial ya habrían sido
reemplazadas. Aproximadamente 30 hombres protegiendo a una comunidad entera porque decidieron que el Estado mexicano no iba a llegar a protegerlos y tenían razón. Ese modelo funcionó y eso fue su condena. Porque para el operador regional del CJNG en la meseta, el hombre que en este video vamos a llamar el arquitecto, una comunidad que no se puede corromper y no se puede intimidar, no es un obstáculo, es una amenaza estratégica.
Y entonces llegó el dato que lo cambió todo el sábado previo al ataque sobre una brecha que conecta los poblados de Ojo de Agua y El Pino, alguien atacó un convoy de la policía municipal de Nahwatsen con balazos y con explosivos lanzados desde drones. Tres patrullas con daños severos, cero víctimas. El ataque del sábado no buscaba muertos, buscaba información, tiempos de respuesta, rutas de refuerzo, capacidad de reacción institucional, pero había algo que el grupo armado no sabía todavía.
Ese ataque del sábado iba a ser su primer error de una cadena de tres que selló su destino antes de que dispararan el primer tiro en Sevina. El arquitecto no era un improvisado. Llevaba meses consolidando el control del CJNG sobre los municipios periféricos de la meseta y Sevina era el último punto de resistencia real en esa cuadrícula.
Para eliminarlo, diseñó una operación en tres tiempos. Lo que no calculó fue que cada decisión que tomó, cada una de ellas inteligente en el momento se mant lo acercando al colapso. El primer error lo cometió tres semanas antes. El arquitecto decidió no infiltrar elementos dentro de Sevina. El razonamiento era lógico. Una comunidad de acceso controlado con solo 30 guardias y sin comunicación directa con fuerzas federales no justificaba el riesgo de infiltración.
era más eficiente atacar desde afuera con velocidad y superioridad de fuego. Lo que el arquitecto no sabía era que esa decisión acababa de privarlo de un dato crítico. Dos semanas antes del ataque, el Consejo Supremo Indígena había detectado movimiento inusual en los caminos de acceso y había ordenado rotación de turnos y refuerzo nocturno en ambos retenes.
El módulo que el arquitecto tenía mapeado como punto débil ya no era el mismo módulo que iba a encontrar el domingo por la noche. El segundo error lo cometió el sábado, 48 horas antes. El ataque con drones sobre el convoy municipal de Nahwatsen fue presentado internamente como reconocimiento táctico y en términos estrictos cumplió su función.
confirmó que la Guardia Nacional tardaba aproximadamente 40 minutos en llegar desde Uruapan, que la policía municipal no tenía protocolo de respuesta rápida y que la carretera Carapant Tangancícuaro era una ruta viable de retirada. Ese detalle pequeño cuenta una historia grande. Lo que el arquitecto no calculó fue que ese ataque del sábado activó el estado de alerta máximo del Consejo Supremo Indígena de Michoacán.
Esa misma noche, el CSIM estableció comunicación de emergencia entre comunidades, reforzó los dos retenes de Sevina con guardias adicionales y colocó un elemento en el acceso proveniente de Nahwatsen, el acceso que el arquitecto había identificado como su ruta de entrada. El ensayo le dio información. La información que le dio fue incompleta y esa incompletitud iba a costarle todo.
El tercer error lo cometió el domingo, 2 horas antes del ataque. El grupo armado se desplazó desde la cabecera municipal de Nahwatsen en vehículos sin placas por la ruta directa de siempre a las 6:30 de la tarde, calculando que la oscuridad y la velocidad eran cobertura suficiente. Habían usado esa ruta antes.
Nunca había habido problemas. Lo que no vieron fue al guardia adicional que el CSIM había colocado esa noche precisamente en ese acceso. Los cuarichas los detectaron con anticipación suficiente para asumir posición defensiva, el ataque que debía ser una ejecución rápida. Qui entrar, neutralizar el módulo, retirarse en menos de 4 minutos se convirtió en un enfrentamiento de fuego cruzado.
Jesús Álvarez e Ignacio Campos murieron defendiendo ese retén, pero el grupo armado tuvo que huir, tuvo que replegarse hacia Nahwatsen sin completar el objetivo. Y esa huída documentada con dirección conocida fue lo que el Consejo Indígena reportó al Estado mexicano esa misma noche. Ese tercer error fue lo último que calcularon mal, porque esa madrugada Harf ya tenía todo lo que necesitaba.
A las 4:17 de la madrugada del lunes, el primer convoy salió de Uruapan sin sirenas y sin luces de emergencia. No había nada en los radios de frecuencia abierta. No había comunicados de prensa. No había patrullas con torretas encendidas abriendo camino. Lo que había era columnas de vehículos militares moviéndose en formación cerrada por la carretera federal hacia la meseta Purepecha con instrucciones precisas.
Posicionarse antes del amanecer, sin contacto visual con civiles, sin confirmación de presencia, hasta que el cerco estuviera completo. Harf había activado el protocolo en tres ejes simultáneos. El primer eje era Charapán, donde los reportes de la madrugada confirmaban enfrentamientos activos, vehículos en llamas sobre la carretera Carapán, Tangancíuaró y grupos armados en distintos puntos del municipio.
El segundo eje era la carretera bloqueada, el tramo donde una combi del servicio público había recibido disparos y al menos dos vehículos civiles ardían como señales de control territorial. El tercer eje era Nahwatsen, donde el grupo que atacó Sevina se había replegado, donde el Consejo Indígena señalaba una dirección concreta y donde el arquitecto operaba con la comodidad de quien se siente intocable.
Un dron de reconocimiento llevaba 42 minutos sobrevolando el municipio de Charapán cuando los primeros elementos tocaron tierra. Desde la imagen térmica, la escena era nítida. Tres puntos de calor correspondientes a vehículos en llamas sobre la carretera. Dos concentraciones de entre 8 y 12 figuras humanas en los márgenes de la vialidad y movimiento esporádico en las calles del centro municipal.
Civiles desplazándose hacia el interior de sus casas, alejándose de las detonaciones. Lo que encontraron después no estaba en ningún reporte previo. Una cuarta concentración de figuras, seis personas armadas en posición estática. Estaba postada en un punto elevado sobre la carretera, cubriendo la única ruta de acceso vehicular desde el sur.
No era un bloqueo improvisado, era una posición defensiva establecida con anticipación. Alguien había ordenado cubrir esa ruta antes de que comenzaran los enfrentamientos visibles, lo que significaba una cosa. El grupo sabía que la respuesta institucional vendría del sur. El cerco se diseñó en consecuencia. La Guardia Civil tomó los accesos norte y este.
El ejército mexicano con elementos que llegaron en paracaídas desde aeronaves que sobrevolaron la meseta sin luces de navegación visibles desde tierra, ocupó las posiciones elevadas al oeste. La Guardia Nacional cerró el corredor sur neutralizando la posición de cobertura que el dron había identificado 40 minutos antes. 300 elementos, tres corporaciones, un solo perímetro.
La comunicación operaba en frecuencia encriptada, canal alternante cada 12 minutos. Según protocolo de seguridad activa, no había manera de interceptarla con el equipo disponible en la zona. A las 5:53 de la madrugada, el último punto de acceso quedó sellado. Los grupos armados adentro del perímetro todavía no lo sabían. Afuera todo parecía normal, adentro ya era demasiado tarde.
A las 6:08 de la mañana, Harf dio la orden de avance. Los primeros 18 minutos fueron de contención. Los elementos de la Guardia Civil y la Guardia Nacional avanzaron en formación de pinza sobre los dos puntos de mayor concentración armada en Charapán, el margen norte de la carretera bloqueada y el acceso al centro municipal. El objetivo en esta fase no era el enfrentamiento directo, era el desplazamiento.
Empujar a los grupos hacia el interior del perímetro, lejos de las casas de civiles, lejos de las vialidades principales, hacia el espacio abierto donde el ejército mexicano tenía posiciones establecidas. Los grupos armados respondieron con fuego. Detonaciones de rifles de asalto A47 y a R15 identificados por el patrón de disparo desde posiciones de cobertura detrás de los vehículos incendiados.
El humo de los vehículos trabajaba a su favor, reducía visibilidad, complicaba la identificación de posiciones y creaba corredores de movimiento que el dron tardó varios minutos en compensar desde mayor altitud. No se rindieron fácil. Eso no es todo. El siguiente hallazgo hizo silencio en la sala. Entre los vehículos incendiados había una combi del servicio público, ruta Charapan, Uruapan, con impactos de bala en la carrocería lateral.
Adentro no había pasajeros. El operador había logrado evacuar antes de que el bloqueo se cerrara completamente, pero dejó algo su celular tirado en el asiento del conductor con una llamada de emergencia activa que llevaba 13 minutos conectada al número de la Guardia Civil. había llamado antes de que llegara el primer convoy.
Había estado reportando posiciones en tiempo real sin que nadie del grupo armado lo supiera. Los siguientes 21 minutos fueron de repliegue forzado con el perímetro cerrado y las posiciones de cobertura neutralizadas una a una por los elementos del ejército. Desde las alturas los grupos armados comenzaron a fracturarse.
El primer quiebre fue en el acceso norte. Siete elementos del grupo intentaron forzar el corredor hacia Nahwatsen. La misma ruta por la que habían llegado, la misma ruta que el arquitecto había identificado como salida viable. Los encontró la Guardia Nacional con posición establecida y ventaja de terreno. No hubo paso. El segundo quiebre fue en el centro municipal, donde un grupo de cuatro personas intentó dispersarse hacia viviendas civiles.
Los elementos de la Guardia Civil los interceptaron antes de que llegaran a la primera barda. Fue en esa intercepción donde ocurrió el detalle humano que nadie esperaba. Uno de los detenidos Non Pusitos, no mayor de 17 años. con tenis sin agujetas y una chamarra escolar con el nombre de una preparatoria de Zamor abordado en la manga.
Soltó el arma antes de que se lo ordenaran. Llevaba tres semanas en el grupo. No sabía exactamente en qué municipio estaba. Los últimos 9 minutos fueron de colapso, sin rutas de salida, sin comunicación efectiva entre facciones dispersas dentro del perímetro y con el dron actualizando posiciones en tiempo real al comando central. La resistencia organizada se fragmentó en individuos aislados buscando rendirse o esconderse.
Los elementos del ejército avanzaron desde las posiciones elevadas hacia el centro del perímetro en movimiento de cierre. El líder de la célula operativa en Charapán, el hombre que había coordinado el bloqueo carretero y los puntos de fuego esa madrugada, identificado en comunicaciones interceptadas como el enlace directo del arquitecto en la zona, fue localizado a las 6:37 de la mañana detrás de un vehículo calcinado en el margen de la carretera con el radio apagado y las manos visibles.
Intentó negociar, dijo que tenía información. Los elementos del ejército lo esposaron sin responderle. Lo colocaron en posición de seguridad, lo trasladaron al vehículo de comando y lo mantuvieron incomunicado mientras el resto del perímetro se limpiaba sistemáticamente. A las 6:44 de la mañana, el comandante del operativo emitió el reporte de cierre: Alto al fuego.
Amenaza neutralizada. Cero bajas federales. Detente un segundo aquí porque lo que sigue es peor. Porque lo que encontraron adentro del perímetro, una vez que el polvo bajó y el humo de los vehículos se disipó, no era solo el arsenal de una célula operativa, era el mapa de algo mucho más grande. Lo primero que los elementos contaron fueron las armas.
17 rifles de asalto FC ATUM, 9 AK47 y 8 AR15 con cargadores extendidos. cuatro pistolas calibre 45, dos lanzagranadas artesanales del tipo que los grupos del CJ en Michoacán llaman lechuguillos. Tubos de acero modificados que disparan granadas de fragmentación improvisadas con un radio de daño de aproximadamente 12 m.
11 chalecos tácticos, seis de ellos con placas de cerámica nivel 4, el mismo estándar que usa el ejército mexicano, tradúcelo así, no era el armamento de una célula de cobro de piso, era el inventario de un grupo entrenado para enfrentar a fuerzas federales en campo abierto y sobrevivir el tiempo suficiente para retirarse. Después contaron las municiones, 43, cartuchos de distintos calibres distribuidos en mochilas tácticas numeradas.
El sistema de numeración indicaba reabastecimiento programado, no acumulación orgánica. Alguien había calculado cuántas balas necesitaba cada elemento para 3 horas de enfrentamiento sostenido. El inventario continuó y cada objeto contó una historia diferente. Tres teléfonos satelitales con las últimas llamadas borradas manualmente, pero con los registros de conexión todavía en los metadatos del sistema.
Los metadatos mostraban conexiones activas con tres números distintos en las 12 horas previas al operativo. Uno de esos números tenía prefijo de Nawatsen, dos vehículos no incendiados, una camioneta RAM doble cabina y una Suburban con vidrios polarizados con tanques llenos y coordenadas GPS preprogramadas en los navegadores.
Las coordenadas apuntaban a dos direcciones, una en los límites de Cherá y otra en la colonia centro de Nahwatsen. Y entonces llegó el objeto que nadie esperaba encontrar. Junto al vehículo calcinado donde detuvieron al enlace del arquitecto, en el suelo parcialmente cubierto por ceniza había un radio de comunicación.
No era equipo táctico, era un Motorola T200, el modelo que se vende en ferreterías y tiendas de electrónica por 400 pesos con una calcomanía en la parte trasera. El escudo comunal de Sevina era el radio de Jesús Álvarez Gutiérrez. no estaba ahí por accidente. Alguien lo había tomado del módulo de Sevina después del ataque y lo había traído a Charapán como trofeo, como prueba de que el trabajo estaba hecho.
Ese detalle pequeño cuenta una historia grande. El radio todavía estaba encendido. Canal 4, el canal de comunicación de la ronda comunitaria de Sevina. Y en ese canal, desde la madrugada, otras cuarichas de comunidades vecinas habían estado llamando a Jesús Álvarez sin respuesta, llamando a Ignacio Campo sin respuesta, sin saber todavía que los dos hombres que debían contestar estaban muertos desde las 8:30 de la noche anterior.
Pero la pregunta que nadie está respondiendo es esta: ¿cómo llegó ese radio de Sevina a manos del grupo que operaba en Charapán a más de 20 km de distancia en menos de 10 horas? ¿Quién coordinó el traslado? ¿Y qué más viajó esa noche entre Sevina y Charapán que los elementos todavía no han terminado de inventariar? Los documentos que encontraron después respondían la primera pregunta y habrían tres más.
A las 11:15 de la mañana del lunes, García Jarfuch emitió su declaración. No habló de victoria, no habló de números, habló de estructura a cuatro oraciones sin adjetivos, sin eufemismos. Las comunidades indígenas de Michoacán tienen el derecho y la capacidad de organizarse para su propia protección y ese derecho va a ser defendido por el Estado mexicano con todos los recursos disponibles.
Lo que ocurrió en Sevina es un ataque contra una forma de vida, no contra una barricada. Hemos identificado la cadena de mando que ordenó esa operación. El proceso de desarticulación está activo. Analiza cada frase porque ninguna es inocente. Las comunidades indígenas tienen el derecho y la capacidad. Harfush no dijo que el Estado iba a protegerlas.
Dijo que las comunidades tienen capacidad propia. Eso es un reconocimiento político que ningún secretario de seguridad había hecho en esos términos. Significa que el modelo cuaricha no va a ser absorbido por el estado. Vetas va a ser blindado por él. Para el arquitecto. Esa frase es una sentencia.
El blanco que atacaste acaba de volverse intocable. Lo que ocurrió en Sevina es un ataque contra una forma de vida, no contra personas, no contra un módulo policial, una forma de vida. Harfuch está elevando el hecho de incidente de seguridad a declaración de guerra cultural. Eso cambia la categoría jurídica de la agresión y abre la puerta a una investigación federal que no puede ser archivada por un Ministerio Público local. Pero lo más valioso no brillaba.
Hemos identificado la cadena de mando y en Milmo. Presente perfecto. No estamos identificando. Ya está hecho. Esa precisión verbal en un comunicado oficial no es accidental. Es un mensaje codificado dirigido a alguien específico, a alguien que esa mañana estaba leyendo cada palabra de esa declaración desde una dirección en Nahwatsen.
El proceso de desarticulación está activo. No vamos a desarticular, está activo. Tiempo presente continuo. Lo que Harfuch está diciendo, sin decirlo es que el operativo del lunes no fue el final, fue el primer movimiento visible de algo que ya lleva semanas en marcha. Lo que encontraron después no estaba en ningún reporte previo, porque la declaración de Harfush no terminó en las cámaras, terminó en un documento de dos páginas que su despacho envió esa tarde a la Fiscalía General de la República con nombres, fechas, coordenadas y un número de teléfono con
prefijo de Nahwatsen que aparecía en los metadatos de los teléfonos satelitales recuperados en Charapán. El documento pedía una sola cosa, una orden de cateo para una dirección en la colonia centro de Nahwatsen, la misma dirección que estaba preprogramada en el GPS de la Suburban de vidrios polarizados.
Lo que pasó en la meseta Puré Pecha este fin de semana no es un episodio aislado. Es la cuarta vez en 5 años que un grupo criminal intenta destruir una estructura de autogobierno indígena en Michoacán. Y la primera vez que el patrón se ejecuta con esta sofisticación. El precedente más cercano es Cherán.
En 2011, la comunidad pureppecha de Cherán expulsó a los caballeros templarios, canceló las elecciones municipales y estableció un gobierno autónomo basado en usos y costumbres que la Suprema Corte avaló un año después. Ese modelo demostró que una comunidad organizada podía resistir al crimen organizado sin depender del Estado y sobrevivir.
Cherán lleva 15 años sin un homicidio registrado dentro de su perímetro. Sevina observó a Cheran, copió el modelo, lo adaptó a su geografía y aquí es donde la historia cambia de dirección completamente, porque lo que el CJNG entendió y lo que el ataque del domingo confirma es que el modelo Cherá Sevina es contagioso.
En la meseta hay al menos seis comunidades más en proceso de organización comunitaria autónoma. Cada una de ellas representa un territorio que el crimen organizado no puede controlar, no puede cobrar, no puede usar como corredor. Si el ataque contra Sevina hubiera tenido éxito, si las cuarichas hubieran sido eliminadas esa noche, el mensaje para esas seis comunidades habría sido inequívoco.
Organizarse tiene un costo que el Estado no puede cubrir. El ataque falló, pero el mensaje llegó de todas formas. El Consejo Supremo Indígena de Michoacán declaró estado de alerta máximo, no como retórica, como protocolo operativo. Eso significa comunicación de emergencia activada entre comunidades, refuerzo de retenes, restricción de circulación nocturna y según fuentes del propio Consejo, una reunión de emergencia convocada para esta semana, donde se va a discutir una solicitud formal al gobierno federal. Armamento de mayor
calibre, equipo de comunicación táctico y reconocimiento oficial de las cuarichas como fuerza auxiliar de seguridad. Pero la pregunta que nadie está respondiendo es esta: ¿Por qué el gobierno municipal de Nahuace no respondió al ataque del sábado con drones? ¿Por qué no reforzó la seguridad en los accesos a Cebina la noche del domingo sabiendo que había un estado de tensión activo en la región? Y sobre todo si el grupo armado se replegó hacia la cabecera municipal de Nahwatsen después del ataque, como el CSIM reportó
esa misma noche, ¿por qué no hubo una sola detención en esa dirección antes del amanecer del lunes? Esas tres preguntas tienen una sola respuesta posible y esa respuesta lleva nombre y cargo. El arquitecto no disparó una sola bala este fin de semana. Coordinó todo desde una dirección en la colonia centro de Nahwatsen.
Ordenó el ensayo con drones del sábado. Dio luz verde al ataque de Sevina. Designó al enlace que terminó esposado detrás de un vehículo calcinado en Charaapan. Y cuando el cerco se cerró y los reportes de fracaso empezaron a llegar, apagó el teléfono satelital, el mismo cuyo número apareció en los metadatos recuperados por el ejército y esperó.
Esta mañana el arquitecto sigue esperando. Sin una orden de aprensión, sin un cateo ejecutado, sin una sola consecuencia visible por una operación que dejó dos policías indígenas muertos, un tercero hospitalizado en Uruapan y una comunidad entera en estado de alerta máximo. Eso explica el error. Lo que sigue explica la magnitud, porque el arquitecto no opera solo, opera con cobertura.
Y esa cobertura tiene nombre, tiene cargo y tiene una oficina en el palacio municipal de Nahuatsen. Sergio Antonio Puntos Molina, presidente municipal de Nahuatsen, militante del PRD, fue señalado formalmente por el Consejo Supremo Indígena de Michoacán en un comunicado oficial publicado el lunes por la mañana.
La acusación es específica. Permitir que el grupo armado que atacó Sevina se refugiara en la cabecera municipal después del ataque. No es una insinuación. Es una acusación directa con nombre y cargo, firmada por una autoridad comunitaria reconocida constitucionalmente. Ese comunicado está en los archivos de la Fiscalía General de la República desde el lunes.
Puntos Molina no ha respondido públicamente, no ha convocado conferencia de prensa, no ha emitido un posicionamiento formal sobre los hechos del fin de semana. Su oficina no contestó las llamadas de los medios regionales que intentaron comunicarse el lunes por la tarde. Lo que Harfou tiene ahora es el mapa completo, el enlace operativo detenido en Charapan, los metadatos de tres teléfonos satelitales, las coordenadas preprogramadas en dos vehículos y un número de teléfono con prefijo de Nahwatsen que conecta la operación del fin de semana con una
dirección específica en la cabecera municipal. Lo que le falta es una cosa, la firma de un juez federal sobre una orden de cateo para esa dirección. Esa orden, según fuentes cercanas al proceso, podría ejecutarse antes del viernes. Y si se ejecuta lo que encuentren adentro de esa dirección en Nahuatsen va a ser el tema del próximo video en este canal.
Dale like si llegaste hasta aquí porque esto apenas comienza. Porque la historia de la meseta Purépecha no termina con el operativo del lunes. Termina cuando el arquitecto tenga esposas o cuando quede demostrado con documentos y coordenadas porque eso todavía no ha pasado. Al principio de este video te mostré tres cosas.
Dos hombres muertos, un radio encendido y una orden que nadie conectó. Los dos hombres tienen nombre, Jesús Álvarez Gutiérrez e Ignacio Campos Guerrero. Y tienen una historia que los noticieros convencionales resumieron en dos oraciones de nota roja antes de pasar al siguiente tema. Este canal dedicó 27 minutos a esa historia porque esos dos hombres no eran estadística, eran la demostración de que una comunidad sin presupuesto federal, sin equipo táctico y sin nómina del Estado puede organizarse, resistir y sobrevivir, aunque a veces el precio de
esa resistencia sea demasiado alto. La orden que nadie conectó ya está conectada. Harfush tiene el mapa, la FGR tiene el comunicado del CSIM y el arquitecto, el hombre que diseñó una operación de tres frentes contra comunidades indígenas y que esta mañana sigue sin una orden de aprensión, tiene los días contados o tiene protección en lugares que todavía no podemos nombrar en cámara y el radio.
Motorola T200 con la calcomanía del escudo comunalina, el que encontraron junto al vehículo calcinado en Charapán, el que alguien tomó como trofeo de una ejecución que no se completó. Ese radio fue recuperado por los elementos del ejército y devuelto al Consejo Supremo Indígena de Michoacán el lunes por la tarde. Lo devolvieron encendido.

Canal 4, el canal de la ronda comunitaria. Y cuando el representante del consejo lo recibió, lo primero que hizo fue presionar el botón de transmisión y decir, “Sebina, aquí base. Reportando novedad.” Nadie contestó porque los dos hombres que debían contestar ya no estaban. Pero el canal seguía abierto. Ese canal sigue abierto esta noche.
Y mientras esté abierto, mientras haya comunidades en la meseta Purépecha que decidan organizarse en lugar de rendirse, el arquitecto no habrá ganado todavía. Si llegaste hasta aquí es porque este tipo de periodismo te importa. El periodismo que no resumen dos oraciones, el que conecta el radio con el mapa, el mapa con el nombre y el nombre con la orden que todavía no existe.
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El cerco sobre el arquitecto se está cerrando y en este canal el cerco nunca se abre solo.