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El Che SABÍA Quién MATÓ a Camilo Cienfuegos — Por Qué GUARDÓ El SECRETO 8 Años Te DESTRUIRÁ

 

En este momento muy pocas personas saben que la viuda del Che guardó durante 60 años el secreto más doloroso sobre Camilo y fuegos. No un secreto político, no una conspiración, algo mucho más devastador. La culpa que Ernesto Guevara cargó en silencio hasta el día de su muerte, lo que ella finalmente reveló en 2019, cambiaría para siempre la forma en que el mundo entiende no solo la desaparición de Camilo, sino el tormento interior del hombre al que llamaban el Che, octubre de 2019, la Habana, Cuba.

Aleida March, de 87 años, se sienta frente a la cámara. Sus manos descansan sobre una fotografía amarillenta. En ella, dos hombres jóvenes ríen hombro con hombro. Uniformes verde olivo manchados de barro, boinas inclinadas, cigarros en las comisuras de los labios. Uno de ellos tiene una sonrisa abierta, casi infantil, el otro una mirada tranquila, casi paternal.

 Son Camilo Cien Fuegos y Ernesto Guevara. Sierra Maestra, 1958. La guerra aún no ha terminado. La revolución aún es una promesa. Aleida acaricia la imagen con el pulgar como si tocara un recuerdo que duele. Luego mira a la cámara. Su voz es firme, pero hay un temblor casi imperceptible en las primeras palabras.

 Cuando la gente ve esta foto dice, “Qué tiempos aquellos! ¡Qué hermandad! ¡Qué victoria! Pero yo cuando la veo lo único que puedo pensar es en lo que Ernesto me susurró una noche de 1965, 6 años después de que Camilo desapareciera, me dijo, “Yo fui el último en verlo. Yo lo dejé subir a ese avión y desde ese día una parte de mí también murió.

 La cámara se acerca al rostro de Aleida. Hay lágrimas contenidas, pero no llora, solo respira hondo y continúa. La gente cree que lo sabe todo sobre Camilo 100 fuegos, que fue el héroe del pueblo, que desapareció en un accidente aéreo, que Fidel lloró, que Cuba entera lloró. Todo eso es verdad, pero hay algo que nadie supo durante décadas, algo que Ernesto nunca pudo decir en voz alta, porque decirlo era aceptar que tal vez, solo tal vez, pudo haberlo evitado.

 La pantalla se funde a negro. Luego aparecen imágenes de archivo, blanco y negro. Enero de 1959. Multitudes en las calles de La Habana. Banderas, gritos de júbilo. La revolución ha triunfado, Batista ha huído. Y en medio de ese tsunami de euforia hay tres rostros que la historia recordará para siempre. Fidel Castro, el líder. Ernesto Guevara, el estratega.

Camilo 100 fuegos, el guerrero sonriente. Camilo no era solo un comandante, dice Aleida Enovas imágenes muestran a Camilo saludando desde un jeep, rodeado de campesinos que lo abrazan. Era la alegría de la revolución. Fidel tenía el carisma, Ernesto tenía la ideología, pero Camilo tenía algo que ni uno ni otro podían fabricar. La risa.

 En medio de la guerra, cuando todo era sangre y miedo, Camilo se reía y esa risa mantenía vivos a los demás. Un corte abrupto. Ahora vemos a Che y Camilo juntos en una trinchera. Fotogramas estáticos que parecen cobrar vida. Están compartiendo un cigarro. Camilo dice algo. Che sonríe. Es una sonrisa rara en él. Genuina, desarmada.

Ernesto me contó que Camilo lo salvó tres veces en la Sierra maestra. Continúa Aleida. Una vez lo cargó en su espalda durante kilómetros cuando el asma casi lo mata. Otra vez se interpuso entre él y una bala. La tercera vez simplemente le dijo, “Che, respira, vamos a ganar esto.” Y Ernesto respiró porque cuando Camilo lo decía, uno le creía. La música baja, el tono cambia.

Ahora la voz de Aleida se vuelve más grave. Pero en 1959 algo empezó a cambiar. La guerra había terminado. Fidel estaba en el poder. Camilo era el segundo hombre más popular de Cuba, más popular que el propio Ernesto. Y eso, en un país donde el poder aún se estaba definiendo, era peligroso. Un nuevo archivo.

 28 de octubre de 1959. Aeropuerto de La Habana. Camilo 100 fuegos se prepara para abordar un pequeño avión Cesna. Va a volar a Camawey. Una reunión de rutina. Nada importante. El clima está gris. Nubes bajas, viento fuerte. Hay testigos que recuerdan ese momento. Uno de ellos es Ernesto Guevara. La pantalla muestra una reconstrucción en cámara lenta.

 Che y Camilo de pie junto al avión. Che pone una mano en el hombro de Camilo, le dice algo. Camilo sonríe, hace un gesto despreocupado con la mano, luego sube al avión. Che se queda ahí mirando. Aleida habla con la voz quebrada por primera vez. Ernesto me dijo que esa mañana tuvo un mal presentimiento. Me dijo que le advirtió a Camilo, “El tiempo está malo. Mejor vuela mañana.

” Y Camilo le respondió, “Che, tú eres un doctor demasiado preocupado. Yo siempre regreso.” Ernesto se quedó viéndolo despegar. Fue el último en verlo con vida. El avión despega. La cámara lo sigue desde el suelo. Se eleva, se pierde entre las nubes grises y luego simplemente desaparece. Pantalla negra. Solo la voz de Aleida.

 El avión nunca llegó a Camagüy, nunca lo encontraron, ni restos, ni cuerpo, nada. Camilo 100 fuegos, el hombre que había sobrevivido a cientos de batallas, había desaparecido en el aire como un fantasma. 29 de octubre de 1959. Oficina de Fidel Castro. Ernesto Guevara entra. Fidel está de pie frente a un mapa. No voltea cuando Che entra.

No encontramos el avión”, dijo Fidel. “Probablemente se estrelló en el mar”. La reconstrucción muestra a Che congelándose. Sus labios se mueven, pero no hay sonido, solo la narración de Aleida. Ernesto me dijo que en ese momento sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Le preguntó a Fidel, “¿Mandaste equipos de búsqueda?” De Fidel le dijo, “Claro, pero el mar se lo tragó.

 No hay nada que hacer.” Entonces, Ernesto hizo la pregunta que nunca debió hacer, la pregunta que lo perseguiría durante 8 años. La cámara vuelve a Aleida en 2019. Ella mira directamente a la lente. Ernesto le preguntó a Fidel, “¿Tú sabías que iba a pasar esto? Un silencio largo, insoportable.

” Fidel no respondió, se quedó mirándolo y luego dijo, “Che, a veces la revolución cobra sus propios mártires. Camilo era demasiado querido, tal vez demasiado.” La pantalla muestra una última imagen de archivo, el funeral simbólico de Camilo Cfuegos. Miles de personas en la plaza de la revolución, Fidel en el podio hablando, llorando y en la esquina del escenario, casi fuera de cuadro.

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