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Su celular habló por ella. Ella preferiría que no lo hubieran encontrado

Su celular habló por ella. Ella preferiría que no lo hubieran encontrado

Recientemente el caso ocurrido en México, la señora Erika María Herrera, de 63 años le causa aparentemente, de acuerdo a unos videos, la muerte a su a su nuera, una joven modelo, esposa del hijo. Eh, de acuerdo a los audios ya habla de su familia. Nosotros aquí en Venezuela el día 28 de abril en esa coordinación entre gobiernos, el gobierno de México y el gobierno de Venezuela presidido por nuestra presidenta encargada Delsi Rodríguez, se recibe la información de que presuntamente esta ciudadana había ingresado a territorio venezolano.

Inmediatamente se hacen las coordinaciones. En las breves conversaciones que yo tuve con ella en el momento que no ubicamos en el apartamento, ella hablaba de que eso había sido un accidente, que lo que pasó allí fue un accidente que ocurrió con un juguetico que le dejó su esposo hoy difunto y ella habló de esa un juguetico, no dice un arma de fuego.

inquerirle sobre la ubicación de esa arma, que por supuesto ya no pudo haber viajado con ella, dice que no se recuerda. O sea, la señora tenía una actitud muy fuerte, diría yo, para su edad de 63 años, sabiendo que había cometido un hecho tan horrendo. Y no solamente eso, cuando uno ve la forma en que ella se mantuvo y se manejó y hoy que hoy la tenemos aún bajo nuestro resguardo, su comportamiento.

 Entonces, esa situación donde la madre no se desprende quizás de ese apego al hijo, así como es, hay muchas conductas de madre sobre el varón. Es más, la pregunta sería, ¿es más el celo de la madre hacia el varón o hacia la hembra? Sí, eso es un vínculo y más que el celo de hacia hacia el el 15 de abril de 2026, en un departamento ubicado en la colonia Polanco de la Alcaldía Miguel Hidalgo de la Ciudad de México, una cámara de seguridad registró algo que los investigadores forenses han descrito como una ejecución, no una pelea, no un forcejeo, no un

accidente, una ejecución. La cámara estaba instalada en la habitación del bebé. Era un dispositivo doméstico del tipo que los padres jóvenes colocan para vigilar el sueño de sus hijos. Esa tarde grabó otra cosa a una mujer de 63 años disparando en repetidas ocasiones contra el cuerpo de Carolina Flores de 27 años, exreina de belleza originaria de Baja California.

La necropsia posterior confirmó 12 lesiones por proyectil de arma de fuego, seis impactos en la cabeza, seis en el pecho. El arma utilizada era una pistola calibre 9 mm, un calibre de uso exclusivo de las fuerzas armadas mexicanas, cuya portación civil constituye por sí sola un delito federal en México.

 La mujer que aparece en esa grabación se llama Erika María Guadalupe Herrera Corián. Tenía 63 años al momento del crimen. Era la suegra de la víctima. Lo que ocurrió en ese departamento de Polanco no comenzó el 15 de abril, comenzó mucho antes en una dinámica que los investigadores de la Fiscalía de la Ciudad de México han reconstruido a partir de audios recuperados de la escena del crimen, mensajes extraídos del teléfono celular de la acusada y los testimonios de quienes estuvieron presentes.

 Lo que esas fuentes documentales revelan, pieza por pieza, es el retrato de una obsesión que se fue edificando con una lógica propia hasta alcanzar un punto de no retorno. Las investigaciones de la fiscalía apuntan a que el conflicto central giraba en torno al acceso de Erika María Herrera Corián a su hijo y a su nieto.

 La presunta limitación de esas visitas, impuesta o percibida, fue la grieta por la que se filtró todo lo demás. En los audios recuperados de la escena se escucha la voz de la acusada dirigiéndose a su hijo con una frase que los investigadores han citado textualmente en sus actuaciones, “Tu familia es mía, tú eres mío” y de ella no. La gramática es reveladora.

 No dice somos una familia. dice, “Tú eres mío.” La víctima en esa construcción no existe como persona, existe como un obstáculo. El día del crimen, Erika María Herrera Corián ingresó al departamento de Polanco con un pretexto documentado. Entregar una mascota, ese detalle no es menor, implica una planificación previa, un argumento de entrada que le permitiera franquear la puerta sin generar alarma inmediata.

Implica también que el arma de fuego que portaba no fue recogida de improviso en un momento de ira [música] espontánea. Había sido transportada desde Baja California hasta la Ciudad de México, una distancia superior a los 2800 km, [música] cargada, operativa y disponible. La Fiscalía de la Ciudad de México ha establecido este trayecto como uno de los pilares centrales de la teoría de premeditación.

El razonamiento es técnico antes que retórico. Una pistola calibre 9 mm no se dispara sola. Cada uno de los 12 proyectiles que impactaron el cuerpo de Carolina Flores requirió que un dedo humano ejerciera presión sobre el gatillo 12 veces. El arma no falla. El dedo no se equivoca 12 veces seguidas.

 Lo que la cámara del cuarto del bebé registró no requiere interpretación forense adicional. Muestra a la agresora disparando. Muestra a la víctima recibiendo los impactos. muestra una secuencia de hechos que en términos penales la Fiscalía de la Ciudad de México ha calificado como feminicidio agravado con las circunstancias de vínculo familiar, premeditación y ventaja.

El hijo de Erika María Herrera Corián, [música] identificado en los registros como Alejandro, estaba presente en el departamento cuando ocurrió el ataque. No llegó después, no descubrió el cuerpo al regresar de la calle. Los videos y los audios de seguridad lo ubican en la escena en el momento del crimen, sosteniendo en brazos al bebé de 8 meses que él y Carolina Flores tenían en común.

 Se le escucha gritar dos frases que quedaron grabadas. ¿Qué hiciste, mamá? Y ella es mi familia. La respuesta de Erika María Herrera Corián a esos reclamos quedó igualmente registrada. “Nada”, le dijo, “me hizo enojar. Tú eres mío. Alejandro no llamó a la policía. No lo hizo en ese momento, no lo hizo en las horas siguientes. Pasaron 24 horas desde el crimen hasta que el hecho fue reportado a las autoridades.

Durante ese tiempo, el cuerpo de Carolina Flores permaneció en el departamento. Durante ese mismo tiempo, su madre salió del país. La fiscalía investiga a Alejandro por los delitos de encubrimiento y posible complicidad en la fuga. Esa investigación sigue abierta. El 16 de abril de 2026, un día después del crimen, Erika María Guadalupe Herrera Corián llegó a Venezuela.

 No viajó de manera clandestina. Se hospedó en un hotel de lujo en La Guaira. Posteriormente se trasladó a Caracas y finalmente se instaló en una residencia ubicada en el Cigarral, un barrio residencial exclusivo de la capital venezolana. No se comportó como alguien que huye sin recursos ni dirección. se comportó como alguien que tenía un destino.

 La Fiscalía General de la República de México y la Fiscalía de la Ciudad de México activaron los mecanismos internacionales disponibles. Se solicitó una ficha roja a la Interpol. Los canales diplomáticos entre ambos países comenzaron a moverse. El 29 de abril de 2026, 14 días después del crimen, el cuerpo de investigaciones científicas penales y criminalísticas de Venezuela, el CICPC, ejecutó la detención provisional de Erika María Herrera Corián en la capital venezolana.

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