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 GERARDO MÉRIDA ACORRALADO: YA VE EL BANQUILLO EN EU LOS CHAPITO LO ENTREGARON

 GERARDO MÉRIDA ACORRALADO: YA VE EL BANQUILLO EN EU LOS CHAPITO LO ENTREGARON

acorralado. Esa es la única palabra que describe a Gerardo Mérida en este momento, porque el general que mandaba a toda la policía de Sinaloa hoy ya ve el banquillo de frente en una corte de Estados Unidos y los mismos que lo tenían en nómina, los chapitos, son los que lo están destruyendo, los que lo soltaron, los que ahora quieren verlo con una sentencia encima.

 Gerardo Mérida Sánchez, general en retiro, exsecretario de Seguridad Pública de Sinaloa entre septiembre de 2023 y diciembre de 2024. El hombre fuerte, el de las medallas y el discurso de mano dura, hoy sin escolta, sin charola, sin un solo poder que mueva un dedo por él, escuchando como un juez le lee cargos que pueden dejarlo preso el resto de su vida.

 Y según el expediente judicial, ese 92380 que tienen en esa corte del distrito sur de Nueva York, este general no estaba combatiendo al narco. Estaría cobrándole más de $100,000 al mes en efectivo en billetes contados de los hijos del Chapo Guzmán. Los que le llenaban esos sobres son exactamente los mismos que hoy lo están dejando caer hasta el fondo.

 ¿Y por qué sus propios patrones lo destruyen a él? ¿Por qué lo entregaron? ¿Por qué quieren su sentencia? Es lo que vamos a destapar. Y le adelanto que la razón completa no la va a contar ningún noticiero de los grandes. Si a usted le da esa mezcla de coraje y de justicia, tardía ver como por fin uno de estos hombres con uniforme y charola termina acorralado, solo, sin nadie que lo salve. Este es su canal.

 Suscríbase y acompáñeme hasta el final, porque lo que se está destapando aquí apenas empieza y aquí no lo vamos a dejar a medias. Hay que entender bien quién es el hombre que hoy está viendo ese banquillo de frente, porque no es cualquiera. Y eso es justamente lo que hace tan grave esta historia.

 Gerardo Mérida no era un policía de calle, ni un comandante de patrulla, ni un mando intermedio que nadie ubicaba en el organigrama. Era el secretario de seguridad pública de todo el estado de Sinaloa, el jefe de jefes, el que mandaba sobre miles de elementos, el que sabía dónde iba a caer cada operativo antes de que cayera, el que firmaba las órdenes y decidía con un trazo a quién se perseguía y a quién se dejaba dormir tranquilo en su cama.

 un general del ejército mexicano con carrera en inteligencia y en operaciones que aterrizó en Sinaloa procedente de Michoacán en septiembre de 2023, vendido en cadena nacional como la solución, como el hombre que por fin venía a ponerle orden a la tierra más brava del país. Y la gente cansada de tanta sangre y de tanto entierro quiso creerle.

Porque cuando llega un general con el pecho lleno de insignias y el uniforme bien planchado, uno quiere creer, aunque sea por un rato, que ahora sí alguien le va a apretar el cuello a los que tienen secuestrado el estado entero. Esa fue la promesa. Lo que vino después, según el expediente, fue exactamente lo contrario, porque según lo que hoy sostiene la Fiscalía de Estados Unidos, ese hombre que llegó con cara de Salvador habría estado casi desde el primer día sentado en la mesa equivocada. No del lado del pueblo que

le pagaba el sueldo, sino del lado de los chapitos. Y aquí es donde a uno se le revuelve el estómago, porque mientras supuestamente recibía esos fajos de billetes mes con mes sin fallar uno solo, los sinaloenses estaban viviendo el peor periodo de violencia que esa tierra había visto en años. La guerra entre los hijos del Chapo y la gente del Mayo estaba reventando Culiacán de adentro hacia afuera.

 Y el hombre que tenía el deber, el cargo y el sueldo para pagar ese fuego estaría según el papel que está en la corte, cobrándole puntualmente a los que lo prendían. No es un funcionario chico el que se vendió, es el que tenía todas las llaves de la seguridad de un estado entero en la mano. No se vaya, porque lo que ese general hacía exactamente a cambio de ese dinero es lo que convierte esta historia en algo que ningún noticiero se ha atrevido a contar completo.

 Acuérdese de lo que fue el otoño de 2024 en Culiacán. Porque eso no fue una telenovela, eso lo vivió gente real, gente como usted, camionetas incendiadas atravesadas en mitad de las avenidas, escuelas que cerraron sus puertas de un día para otro, niños que ya no pudieron salir a jugar a la banqueta, familias enteras durmiendo pegadas al piso de su propia casa para que una bala perdida no las alcanzara mientras dormían.

 Negocios bajando la cortina a plena luz del mediodía, porque no se sabía cuándo empezaba la siguiente balacera. La señora que ya no fue al mercado, el señor que no salió a chambear ese día, el muchacho que dejó la escuela media semana porque el camino se volvió línea de fuego. Toda esa gente atrapada en medio de una guerra que no era suya, sin deberle nada a nadie, mirando hacia el cielo a ver si paraban los balazos.

 Y el hombre responsable de protegerlos a todos ellos, el que cobraba del herario para cuidarlos, el responsable, según el expediente, estaba en la nómina de uno de los dos bandos que disparaban en esas calles. Si usted siente que durante años nos vieron la cara de tontos, que nos pusieron de jefes a gente ya comprada y nos la vendieron empaquetada como seguridad pública, suscríbase a este canal porque aquí no vamos a dejar pasar ni una sola de estas historias sin contarla completa.

 y le decía que la violencia de aquellos meses no cayó del cielo, ni fue una racha de mala suerte. Fue, según lo que hoy se maneja en los tribunales, el resultado directo de un sistema en el que quien debía pagar el incendio le estaba cobrando a los incendiarios. Esa es la herencia podrida que recibió este país, la que durante años nadie se atrevió a tocar y la que apenas ahora se está empezando a destapar de verdad, con nombres, con fechas y con un expediente firmado del otro lado de la frontera.

 Y hay un dato que pone toda esta historia en su sitio y conviene tenerlo bien claro. Desde ahora, Gerardo Mérida estuvo al frente de la Policía de Sinaloa entre septiembre de 2023 y diciembre de 2024 durante la administración del entonces gobernador Rubén Rocha Moya. Ese nombre, guárdelo que va a volver a aparecer. En diciembre de 2024 renunció justo en plena ola de violencia y se fue a su vida tan tranquilo como si nada hubiera pasado en su estado.

 Nadie en México le pidió cuentas, nadie lo tocó, nadie le preguntó nada. Así operaba el viejo sistema, ese mecanismo bien aceitado. El funcionario señalado salía por la puerta de atrás, se le perdía la pista a propósito, se enfriaba el tema y caso cerrado a otra cosa. Durante décadas funcionó así. sin una sola excepción. Y por eso estos personajes se acostumbraron a sentirse intocables.

Quédese conmigo porque lo que este general hizo en cuanto olió que ahora sí lo venían a buscar, lo retrata de cuerpo entero y lo va a reconocer en el instante en que se lo cuente. Porque semanas antes de terminar acorralado en esa sala de Nueva York, el general hizo un movimiento que dice más que 1000 declaraciones juntas.

 Sabiendo perfectamente lo que se le venía encima, no esperó tranquilo confiando en su inocencia. corrió a tramitar un amparo ante un juzgado en Morelia, Michoacán, con un único objetivo, uno solo, que no lo pudieran detener ni extraditar a Estados Unidos. Léalo despacio. Un general en retiro, un exsecretario de seguridad de un estado entero corriendo a esconderse detrás de un papel firmado a las prisas.

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