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🇲🇽🚨CHIHUAHUA COLAPSA: EJÉRCITO DESCUBRE “NARCO-PUEBLO FANTASMA” DEL CJNG: 120 SICARIOS ESCONDIDOS

El pueblo aparecía en Google Maps, tenía nombre, tenía calles, tenía una iglesia, una plaza, una escuela, un campo de fútbol y unas 40 casas distribuidas en seis manzanas irregulares alrededor de la plaza principal. Si lo buscabas en el satélite, veías los techos de las casas, los árboles del atrio de la iglesia y las líneas de las calles de terracería que conectaban las manzanas entre sí.
Parecía un pueblo como cientos que hay en la sierra de Chihuahua, pequeño, polvoriento, aislado, olvidado, solo que nadie vivía ahí. El pueblo estaba vacío desde hacía 6 años. Los habitantes se fueron cuando la violencia del narcotráfico en la sierra se volvió insoportable. Balaceras de madrugada, extorsiones que no dejaban nada para comer, jóvenes reclutados a la fuerza, familias amenazadas por negarse a cooperar.
Se fueron uno por uno, familia por familia, cerrando sus casas con candado, cargando lo que cabía en una camioneta y bajando de la sierra hacia Ciudad Juárez, Chihuahua capital, o directamente hacia El Paso, Texas. Los últimos en irse fueron los viejos que no querían abandonar la tierra donde habían nacido.
Pero cuando los viejos también se fueron, el pueblo se quedó solo. Los perros callejeros se comieron lo que quedaba en las alacenas. abiertas, las puertas se pudrieron, los techos se cayeron y la sierra reclamó las calles con hierba y matorral que creció entre las piedras del empedrado. Un pueblo fantasma, otro más en la lista de comunidades que la violencia expulsó de la sierra de Chihuahua, otro nombre en un mapa que ya no corresponde con nada vivo, o eso parecía.
El ejército llegó al pueblo a las 5 de la mañana un martes después de una caminata nocturna de 4 horas por veredas de la Sierra desde el punto donde dejaron los vehículos. 180 soldados que avanzaron en silencio por la oscuridad, guiados por GPS y por un informante que conocía el terreno. Cuando la primera luz del amanecer iluminó las calles vacías del pueblo fantasma, los soldados estaban ya en posición rodeando las seis manzanas.
cubriendo cada salida, cada calle, cada callejón. Desde fuera el pueblo seguía pareciendo abandonado. Las calles vacías, las puertas cerradas, las ventanas oscuras, el silencio de un lugar donde no vive nadie. Si hubieras pasado por ahí de día, habrías visto lo que todo el mundo veía. un pueblo muerto, otra víctima de la violencia, otro cascarón de adobe y piedra que el desierto se estaba comiendo.
Pero los soldados sabían lo que había adentro y cuando el comandante dio la orden por radio, entraron a las casas simultáneamente, todas las 40. Al mismo tiempo, la entrada simultánea a 40 casas requirió una coordinación que los mandos del operativo planificaron con la precisión de un reloj suizo. 180 soldados divididos en 40 equipos de cuatro o cinco, cada equipo asignado a una casa, cada equipo con la fotografía de su casa objetivo tomada por el drone nocturno, cada equipo sabiendo dónde estaba la puerta, dónde estaban las ventanas y
cuántas personas habían sido observadas entrando y saliendo de esa casa en las noches de vigilancia. A las 5 en punto, el comandante dijo por radio una sola palabra, ejecuten. Y 40 puertas fueron abiertas, forzadas o derribadas simultáneamente en un pueblo que hacía 5 minutos parecía muerto. El ruido de 40 puertas rompiéndose al mismo tiempo, reverberó entre las paredes de adobe como un trueno seco.
Los 120 ocupantes, dormidos en sus catres y colchones después de una noche de operaciones, despertaron con linternas en la cara y gritos de ejército mexicano no se muevan retumbando en las habitaciones oscuras. La confusión de los primeros segundos fue total. Algunos intentaron levantarse y fueron sometidos inmediatamente.
Otros se quedaron inmóviles con las manos arriba, parpadeando contra la luz de las linternas. Uno intentó salir por la ventana trasera de su casa y fue interceptado por un soldado que lo esperaba afuera. Otro intentó esconder algo debajo de su colchón y fue detenido antes de que pudiera terminar el movimiento.
Y en una de las casas del laboratorio, un operador intentó bajar al sótano, probablemente para activar algún protocolo de destrucción de evidencia, y fue alcanzado en la escalera por dos soldados que lo arrastraron de vuelta a la superficie. En menos de 15 minutos, los 120 estaban sometidos sin un solo disparo.
180 soldados contra 120 sicarios en 40 casas de un pueblo fantasma. Y nadie disparó porque los sicarios estaban dormidos, porque las armas estaban en la iglesia armería y no en las casas, porque la sorpresa fue total. Y porque cuando despiertas a las 5 de la mañana con un rifle a 30 cm de tu cara y no tienes tu arma al alcance, la rendición es la única opción racional.
Los soldados sacaron a los 120 de las casas y lo sentaron en la plaza del pueblo, en la misma plaza donde los habitantes originales se sentaban a tomar el fresco por las tardes, en la misma plaza donde los niños jugaban durante las fiestas del pueblo. En la misma plaza donde don Mclovio se sentaba a recordar cuando subía de visita. 120 personas esposadas sentadas en el suelo de la plaza, mientras el amanecer de la sierra de Chihuahua iluminaba las casas de adobe y las calles de terracería del pueblo que ellos habían ocupado y que ahora les era arrebatado.
Lo que encontraron dentro de las casas aparentemente vacías de un pueblo aparentemente abandonado fue un contingente de 120 sicarios del cártel Jalisco Nueva Generación, distribuidos en las 40 casas del pueblo, viviendo en silencio, sin salir de día. Sin encender luces visibles desde fuera, sin hacer ruido, sin dar señal alguna de presencia humana.
120 personas escondidas a plena vista en un pueblo que todo el mundo daba por muerto. 120 es el número más alto de detenidos en un solo punto que hemos cubierto en este canal. más que los 95 de la ciudad subterránea de Coahuila, más que los 93 del volcán de Colima, más que los 91 del hotel de Jalisco. 120 personas operando desde un pueblo fantasma donde las calles estaban vacías, donde las puertas parecían cerradas, donde las ventanas estaban oscuras y donde el único sonido era el viento del desierto que silva entre los
muros agrietados de las casas de adobe y lo que descubrieron cuando empezaron a revisar las casas una por una, lo que había en los sótanos, lo que habían construido debajo del pueblo y lo que los interrogatorios revelaron sobre la función de este pueblo fantasma dentro de la estrategia del CJNG en la sierra de Chihuahua.
Eso es lo que convierte este caso en el más ambicioso y el más perturbador de toda la serie. Chihuahua, el estado más grande de México. 247,000 km² de desierto, sierra, cañones, bosques de pino y cielos que se extienden hasta donde los ojos pueden ver y más allá. Chihuahua es la barranca del cobre, que es más profunda y más extensa que el Gran Cañón de Arizona.
Es Ciudad Juárez, que fue la ciudad más violenta del mundo durante los años del apogeo de la guerra del narcotráfico. Es la comunidad menonita de Cuautemoc con sus quesos y sus overoles. Es la ruta del Chepe, el tren que cruza las barrancas entre puentes y túneles como una serpiente de acero.
Y es la sierra Taraumara, territorio del pueblo Raramuri, una de las regiones más aisladas y más violentas de todo el continente americano. La sierra de Chihuahua ha sido zona de producción de drogas desde hace más de medio siglo. Amapola y marihuana crecieron en las laderas de la sierra desde los años 60, alimentando el mercado estadounidense a través de las rutas de tráfico que cruzan el desierto de Chihuahua hacia Nuevo México y Texas.
Durante décadas, el cártel de Juárez y el cártel de Sinaloa se disputaron el control de esas rutas en una guerra que dejó miles de muertos y que destruyó comunidades enteras. Los pueblos fantasma de la sierra de Chihuahua son el resultado de esa guerra. Decenas de comunidades fueron abandonadas cuando la violencia hizo imposible la vida cotidiana.
Familias que habían vivido en la sierra durante generaciones tuvieron que elegir entre irse o morir. La mayoría eligió irse y los pueblos se quedaron vacíos con sus casas de adobe desmoronándose, sus iglesias sin feligreces, sus escuelas sin niños y sus calles sin pisadas. El seto ATNG llegó a la sierra de Chihuahua hace aproximadamente 2 años, según la inteligencia militar.
Su expansión hacia el norte del país, que ya los había llevado a Zacatecas, a Durango y a Coahuila, ahora apuntaba hacia Chihuahua. El premio, las rutas de cruce fronterizo hacia Nuevo México y Texas, que son de las más rentables del narcotráfico mexicano. Y la estrategia, ocupar los pueblos fantasma de la sierra como bases de operaciones.
Porque un pueblo fantasma es la base perfecta. Tiene casas, tiene calles, tiene infraestructura básica, pozos de agua, corrales que sirven de estacionamiento, iglesia que sirve de almacén, escuela que sirve de dormitorio, tiene muros que protegen, tiene techos que cubren y tiene algo que ninguna otra infraestructura del CJNG ha tenido hasta ahora. El anonimato del abandono.
Un pueblo fantasma es un lugar que nadie visita, que nadie vigila, que nadie reclama. Es territorio de nadie y territorio de nadie es territorio del primero que llegue. El CJNG fue el primero en llegar a este pueblo y lo convirtió en algo que los soldados que lo descubrieron describieron con una palabra que me parece exacta: un campamento militar disfrazado de pueblo.
Vamos casa por casa. Porque la distribución de funciones dentro del pueblo revela un nivel de planificación que transforma un asentamiento abandonado en una base de operaciones con la eficiencia de un cuartel diseñado desde cero. Las 40 casas del pueblo

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