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El Guardián del Páramo de Niebla: El Canto del Frailejón y la Resistencia del Agua Sagrada de los Andes

El Guardián del Páramo de Niebla: El Canto del Frailejón y la Resistencia del Agua Sagrada de los Andes

Don Crisóstomo: Quédate aquí en las ruinas de esta vieja estación meteorológica del páramo, Santiago; el viento helado de la cordillera calmará tu absurda rebeldía mientras yo me encargo de legalizar los títulos del agua que tu difunto padre te heredó.

Santiago: Tengo muchísimo miedo de la niebla densa y de los osos de anteojos que rondan los bofedales, tío Crisóstomo; no me dejes solo en esta torre de piedra donde el frío congela las plantas medicinales al caer la tarde.

Don Crisóstomo: Tu padre confió en mí antes de su accidente en la mina y ahora soy el único dueño de las concesiones hidráulicas; aprende a respirar este aire helado hasta que decida si vale la pena regresar por ti.

Santiago: (Viendo la silueta de la carreta desaparecer entre las densas nubes de neblina blanca) Madre mía, tú que habitas en los altares celestiales, dale templanza a mi mente y no permitas que la soledad apague mi espíritu en esta altura.

Aquimin: Tus sollozos aceleran el pulso de las lagunas sagradas que descansan en las fosas de basalto, pequeña criatura de los valles bajos; el llanto consume el calor que tu cuerpo necesitará para resistir el viento del páramo.

Santiago: ¡Por favor, no me lances tus flechas de caña, señor de las cumbres! Mi tío Crisóstomo me aseguró que los guardianes del agua eran hombres salvajes que destruían los campamentos y no tenían ninguna piedad con los extraños.

Aquimin: Las palabras de tu pariente están manchadas con el lodo de la mentira comercial; mi nombre es Aquimin, que significa el que cuida las fuentes en la lengua de mis abuelos, y vine a ofrecerte una taza de infusión de muña.

Santiago: (Tomando el cuenco de arcilla cocida con sus manos entumecidas) Esta bebida tiene un aroma dulce y ha devuelto el calor a mis piernas; gracias por no dejarme abandonado en este abismo rodeado de frailejones centenarios.

Aquimin: Esta vieja estación perteneció a un científico sabio que estudiaba los ciclos de la lluvia sin dañar las venas de la montaña; te enseñaré a recolectar el agua de la niebla y a proteger los colchones de musgo que alimentan los ríos.

Santiago: Quiero aprender los secretos de las lagunas sagradas como lo hace tu comunidad, Aquimin; ya no quiero volver al pueblo donde mi tío me golpeaba y ocultaba los diarios de hidrología que mi padre me dejó como herencia.

Aquimin: El páramo andino es una escuela implacable que premia la observación constante y castiga la soberbia; si escuchas el susurro de las gotas de rocío, comprenderás que las fuerzas de la naturaleza nunca te dejarán en la soledad.

Santiago: He copiado los primeros diagramas de precipitación en mi cuaderno de cuero, Aquimin; mañana quiero ayudarte a limpiar los canales de piedra natural antes de que comience el ciclo de la helada nocturna de la alta montaña.

Don Crisóstomo: (Regresando tres lunas después con un pluviómetro de bronce y una mirada de profunda avaricia) ¡Qué clase de traición es esta! Mi mejor heredero viviendo como un ermitaño junto a los pastores de los bofedales altos.

Aquimin: Caballero, su presencia rompe el equilibrio de esta cuenca hidrográfica; usted desterró a esta pequeña criatura para robarle los planos de la fábrica de embotellado que pertenece legítimamente a los pueblos de la sierra.

Don Crisóstomo: ¡Cállate, indio de las lagunas! Cuando los representantes del sindicato industrial se enteren de que están ocultando las fuentes de agua de la nación, vendrán con las tropas del gobierno a despejar estas cumbres de una vez.

Santiago: ¡No permitas que amenace a Aquimin, tío Crisóstomo! Él me dio la protección y el alimento que tú me negaste, y todo el tribunal de tierras sabrá que asesinaste la reputación de mi padre para apoderarte de sus patentes científicas.

Don Crisóstomo: (Levantando su fusta de montar con una soberbia desmedida) Cállate la boca, niño insolente; pagarás muy caro este atrevimiento y terminarás tus días encerrado en los pozos profundos de la mina vieja del valle bajo.

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