Posted in

La Guardiana del Desierto de Sal: El Vínculo Sagrado en las Tierras de La Guajira

La Guardiana del Desierto de Sal: El Vínculo Sagrado en las Tierras de La Guajira

Don Benjamín: Quédate aquí en este almacén abandonado de las salinas, Sara; el viento ardiente de La Guajira calmará tu rebeldía mientras yo me encargo de registrar los pozos de agua de tu padre.

Sara: Tengo muchísimo miedo de los torbellinos de arena que cruzan el desierto, tío Benjamín; no me dejes sola en esta llanura blanca donde el mar ruge con fuerza al caer la noche.

Don Benjamín: Tu padre ya no está para defender tus caprichos y ahora soy yo quien administra el ganado; aprende a sobrevivir con lo que encuentres en estas chozas de barro seco.

Sara: (Viendo alejarse la carreta entre el polvo del camino) Madre mía, tú que me cuidas desde los altares divinos, dale frescura a mi alma y no permitas que la sed destruya mi pequeño corazón.

Kai: Tus sollozos rompen la paz de los cardones gigantes, pequeña niña de los puertos; el llanto consume la humedad que tu cuerpo necesitará para soportar el sol implacable de la mañana.

Sara: ¡Por favor, no me lances tus flechas de caza, señor del desierto! Mi tío Benjamín me dijo que los wayuus eran guerreros despiadados que devoraban a los niños que cruzaban sus fronteras.

Kai: Las palabras de tu pariente están llenas del veneno de la ambición; mi nombre es Kai, que significa sol en la lengua de mis abuelos, y vine a ofrecerte un poco de chicha de maíz dulce.

Sara: (Tomando la jícara con sus manos temblorosas) Esta bebida ha devuelto la fuerza a mis piernas y ha calmado mi garganta; gracias por no dejarme desamparada en este suelo estéril.

Kai: Este puesto de sal perteneció a un anciano sabio que respetaba los ciclos del mar; te enseñaré a encontrar las raíces subterráneas y a extraer el agua dulce de los jagüeyes ocultos.

Sara: Quiero aprender a caminar sobre la arena ardiente como lo hace tu gente, Kai; ya no quiero volver al pueblo donde mi tío me golpeaba y ocultaba las escrituras de mi herencia legítima.

Kai: El desierto de La Guajira es una maestra exigente que premia la humildad y castiga la soberbia; si escuchas el susurro del viento caribe, comprenderás que los espíritus nunca te dejarán sola.

Sara: He memorizado las primeras expresiones de hermandad en la lengua de tus ancestros, Kai; mañana quiero ayudarte a recolectar los cristales de sal para guardarlos en los sacos de yute grueso.

Don Benjamín: (Regresando tres lunas después con una mirada cargada de desprecio) ¡Qué clase de humillación es esta! La heredera de las mayores tierras comerciales conviviendo con los pastores del desierto.

Kai: Caballero, su presencia contamina la pureza de este horizonte blanco; usted abandonó a esta pequeña criatura para apoderarse de los manantiales que le pertenecen por derecho de sangre familiar.

Don Benjamín: ¡Cállate, indio de las salinas! Cuando las autoridades del puerto se enteren de que estás reteniendo a mi sobrina, vendrán con los soldados armados a desalojar estos terrenos comunales.

Sara: ¡No permitas que amenace a Kai, tío Benjamín! Él me dio la comida y el techo que tú me negaste, y todo el pueblo sabrá que falsificaste el testamento original de mi difunto padre.

Don Benjamín: (Levantando su fusta de montar con una furia descontrolada) Cállate la boca, niña insolente; pagarás muy caro este atrevimiento y terminarás encerrada en las bodegas oscuras del puerto viejo.

Read More