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Era un domingo de julio en el que el asfalto de Madrid parecía a punto de volverse líquido.a

PARTE 1

Era un domingo de julio en el que el asfalto de Madrid parecía a punto de volverse líquido.

El sol caía a plomo sobre el capó del Seat León de Carlos.

El aire acondicionado del coche tosía.

No enfriaba, solo movía aire caliente de un lado a otro.

Carlos iba al volante.

Tenía la camisa pegada al respaldo.

Respiraba por la boca, como un perro viejo.

En el asiento del copiloto iba Laura.

Laura estaba espectacular.

Se había puesto un vestido de tirantes color mostaza.

Un vestido fresco, veraniego, ligero.

Ideal para sobrevivir a los cuarenta grados a la sombra.

El vestido dejaba los hombros al descubierto.

Y los brazos.

Especialmente el brazo derecho.

El brazo derecho de Laura no era un brazo cualquiera.

Era una declaración de intenciones.

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