El 8 de septiembre de 2022, el mundo de la música en español se tiñó de luto. Horacio Eduardo Cantero Hernández, conocido por todos como “Marciano”, dejó este plano terrenal para elevarse a la eternidad. Pero su historia no comenzó con un adiós, sino con una serie de eventos casi paranormales, una pasión inquebrantable por el bajo y un amor de juventud que esperó tres décadas para cerrarse en un círculo perfecto.
El origen de un apodo y una leyenda
Nacido en Mendoza, Argentina, el 25 de agosto de 1960 , Marciano creció en una época donde la televisión empezaba a moldear la cultura popular. Fue un amigo quien, al encontrarlo parecido al protagonista de la serie estadounidense Mi Marciano Favorito, le otorgó el sobrenombre que lo acompañaría por el resto de su vida . Lejos de molestarle, Marciano abrazó su identidad intergaláctica.

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Su primer contacto con la música fue transformador. A los 9 años, descubrió a The Beatles. Mientras otros niños jugaban, él se quedaba hipnotizado por el bajo de Paul McCartney . Esa obsesión lo llevó a ahorrar peso tras peso para comprar su primer instrumento: un bajo humilde, casi de dudosa procedencia, pero que fue el canal para que sus dedos empezaran a sangrar y a crear los callos de un artista .
Los Enanitos Verdes: Entre ovnis y guitarras
En 1979, junto a Felipe Staiti y Daniel Piccolo, Marciano dio vida a Los Enanitos Verdes. Sin embargo, pocos conocen el origen real de este nombre. No fue solo una ocurrencia bohemia; se inspiraron en una leyenda urbana de Mendoza sobre una fotografía familiar en la que aparecía un extraño ser (un “duende” o extraterrestre) cerca del Puente del Inca . Aquel suceso, que incluso llamó la atención de la NASA en su momento, bautizó a la banda que se convertiría en la banda sonora de millones.
Los inicios no fueron fáciles. En sus primeras presentaciones, llegaron a recibir “tomatazos” de un público que aún no entendía su propuesta . Pero la perseverancia rindió frutos. En 1984 fueron la revelación en el Festival de La Falda y, para 1986, con el disco Contrarreloj, su fama saltó las fronteras de Argentina para conquistar Chile, México y el resto de Latinoamérica .
El “Lado B”: El amor y las cartas viejas
Detrás de los himnos de rock, Marciano escondía una profunda melancolía. Al mudarse a Buenos Aires para perseguir su sueño, tuvo que dejar atrás a Viviana, su novia de la adolescencia. Esa distancia y el dolor de lo que pudo ser inspiraron uno de sus temas más icónicos: Tus viejas cartas . Durante años, Marciano cantó sobre la nostalgia de una relación perdida, sin saber que el destino le tenía preparada una sorpresa digna de una película.
La Explosión Global y “Lamento Boliviano”
Si bien ya eran estrellas, 1994 fue el año del “Big Bang”. Con la edición del álbum homónimo, lanzaron una versión de Lamento Boliviano (original de la banda Alcohol Etílico). La canción se convirtió en un fenómeno cultural absoluto . No había bar, radio o fiesta en el continente donde no resonara la voz de Marciano. Su éxito lo llevó a instalarse en México, país que amó profundamente y del cual obtuvo la ciudadanía en 2006, afirmando: “México, te llevo en mi corazón” .
El Regreso al Hogar y el Final de la Melodía
Tras 14 años en México, Marciano sintió el llamado de sus raíces. En 2017 regresó a su Mendoza natal . Allí, en un giro poético del destino, se reencontró con Viviana, la mujer de sus “viejas cartas”. Treinta años después, el amor que nació en la juventud floreció de nuevo y se casaron en 2019 .

Marciano vivía una etapa de paz, dedicado a su jardín, a la carpintería y al aeromodelismo, mientras seguía girando con bandas como Hombres G . Sin embargo, su salud comenzó a flaquear. El desgaste de décadas de giras se manifestó en una afección renal. A pesar de los esfuerzos médicos y de haber sido intervenido para extirparle un riñón, su cuerpo no resistió .
Un Legado Eterno
Su muerte fue lamentada por artistas de todas las generaciones, desde leyendas del rock hasta figuras del género urbano como Bad Bunny y J Balvin, demostrando que su música no conocía fronteras de estilo .
Marciano Cantero no fue solo un músico; fue un arquitecto de emociones. Logró que canciones tan tristes como optimistas se convirtieran en himnos de resiliencia. Como aquel “enanito verde” de la foto en el Puente del Inca, Marciano apareció de una forma que nadie imaginó y se quedó para siempre en la memoria colectiva . Hoy, cuando escuchamos su voz, recordamos que, aunque la melodía se detenga, la leyenda de un marciano que amó la tierra nunca morirá.