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SHEINBAUM CATEA EL HANGAR DE PEDRO INFANTE EN MÉRIDA… Y LO QUE ENCONTRÓ LO OCULTARON 68 AÑOS

Ella firma de pie, pluma azul, trazo corto sin adorno, retiran la lona. El polvo cae como cortina. Tos, silencio.  La linterna recorre el fuselaje. Hay agujeros, hay manchas  oscuras que podrían ser muchas cosas. y que probablemente son una sola. Hay una hendidura  en el costado izquierdo que coincide con el punto donde, según  el parte del accidente de 1957 se habría roto la estructura del ala.

Esa hendidura  no es redonda, no es como las que deja la tensión del metal  cuando se fractura en el aire. Es una hendidura casi cuadrada, rectangular, como si algo hubiera empujado desde adentro. El perito la observa dos veces, toma una fotografía, no dice nada todavía, pero no es el fuselaje lo que le llama la atención, es lo que hay junto al fuselaje.

Una caja metálica sellada del tamaño de un maletín de médico con una etiqueta escrita a mano, tinta descolorida. Efectos personales, pasajero principal. El perito  pregunta si pueden abrirla. Ella no contesta inmediatamente. Se acerca a dos pasos. Se agacha, lee  la etiqueta, se ajusta las gafas.

Otra vez pide guantes blancos, se los pone, toca la etiqueta  con la punta del dedo índice y dice sin levantar la voz, “Esta caja no se abre aquí, se abre cuando aparezca la libreta. Primero la libreta. Pedro llevaba  una libreta. Eso lo sabe ella, eso no lo saben los peritos. Pero todo a su tiempo. Si estás viendo esto, necesitas un número, uno solo.

Porque lo que acaba de decir esa mujer con los guantes puestos  tocando una caja que lleva 68 años sin abrirse, no se entiende sin el número. Pedro  grabó 366 canciones, filmó 55 películas. Nosotros los pobres, solo en el año 50 la vieron más  de 4 millones de personas en cines mexicanos en un país  donde la mitad de la gente no sabía leer.

Era sin discusión el hombre  más escuchado de México. Y cuando murió, ¿sabes cuánto dejó oficialmente  declarado ante notario? $5,000. 75,000. Con eso, en 1957  se compraban 22 casas. 22. Eso es  todo lo que dejó oficialmente el ídolo del pueblo. Oficialmente. Esa palabra es la  que ella escribió en el margen del expediente 007 hace tres semanas, subrayada dos veces con la  misma pluma azul con la que acaba de firmar el acta de entrada al hangar.

Ahora entiendes por  qué está aquí. En este video te voy a contar cuatro cosas que nadie te ha  contado así sobre Pedro Infante. Cuatro cosas que aparecieron esa madrugada en el hangar de Mérida. Te voy a  avisar cuando llegue cada una. La primera es una lista. 22 propiedades  escondidas a nombre de terceros, casas, ranchos y terrenos que nunca aparecieron en ningún testamento.

Y un número  final que explica por qué las familias oficiales pelearon durante 40 años por fragmentos, cuando en realidad el pastel era otro, un pastel 20 veces más  grande que el que declararon los albaceas. La segunda son  43 cartas escritas de puño y letra por Pedro  entre el 52 y el 5 de abril del 57, 10 días antes de morir.

19  de esas cartas están dirigidas a una sola mujer, a una mujer  cuyo nombre no aparece en ningún documental, en ningún libro, en ninguna biografía autorizada. Una mujer que nadie ha nombrado  en 68 años. Ni los hijos reconocidos, ni las esposas, ni los biógrafos, nadie. La tercera es una  libreta negra del tamaño de la palma de una mano escrita a lápiz con una  marca en la cubierta y con una última página que contiene cinco nombres y cinco palabras escritos la  noche

antes del accidente. Una de esas cinco palabras va a cambiar la manera  en que entiendes todo lo que escuchaste sobre Pedro durante 68 años. La cuarta es un sobre, papel azul claro, sello de cera roja, sin abrir durante 68 años, dirigido a esa mujer con una frase escrita en el reverso por el propio Pedro. Dénselo a ella cuando pase.

Dentro de ese sobre no hay una carta. Dentro de ese sobre hay otra cosa, algo que redistribuye  lo que nadie se atrevió a reclamar en 68 años. Algo que explica por qué había dos demandas de paternidad que la familia nunca  quiso llevar a juicio abierto. Recuerda ese sobre azul, porque cuando escuches lo que hay dentro vas a entender  por qué estamos empezando este video con una frase tan rara.

Pero antes tienes que saber quién era Pedro de verdad. No el de las películas, no el de los noticieros de los domingos, el de la calle, el de la cama, el de la libreta. Pedro  nació en Sinaloa en 1917. Lo importante no es el año, es lo que ese año significaba  en Sinaloa. La revolución no había terminado.

Los carrancistas  tenían tomada la costa. Había hambre, había tifo, había niños  que nacían en cuartos con piso de tierra y se morían antes del año  por una fiebre que hoy se cura con un jarabe de 80 pesos. Fueron 15 hijos en esa casa. 15. Seis se mueren antes de cumplir  los 5 años. Seis. No, uno.

Seis. Y esto  que te voy a contar no está en Wikipedia. Tres de esos seis hermanos se mueren el mismo  verano, el verano de 1922. Pedro tiene  4 años. Ve llegar tres ataúdes pequeños a su casa en tr meses. Su mamá los lava, los viste, los acuesta  sobre la mesa de la cocina y le piden a Pedro que cante.

Cantar un rosario  en un velorio de niño era lo que hacían los hermanos mayores que todavía vivían. Pedro cantó tres  rosarios ese verano a los 4 años parado en una silla para que llegara su voz a toda la habitación. Ese es el  niño que después grabó Amorcito Corazón. Esa voz  no se parecía a la de nadie por una razón sencilla.

Había aprendido a cantar encima de cadáveres. Eso no es  biografía, eso es cicatriz. A los 7 años, su padre lo pone a trabajar por  primera vez de ayudante del carpintero del pueblo. Un hombre  que le enseña a usar el serrucho antes de saber las tablas de multiplicar. Pedro se corta dos veces en el  primer mes.

La segunda vez le quedó una marca en el pulgar izquierdo que se le veía  todavía en las fotografías de los años 50. Si te fijas  en las manos de Pedro tocando guitarra en los tres García, la marca está ahí. Nadie la había  identificado hasta que un archivista de la comisión la cruzó con el acta pediátrica de 1924.

A los 11 años  empieza a ganar dinero con la voz en el mercado Garmendia de Culiacán. Cantaba  entre los puestos de verdura. Le tiraban monedas de 5 centavos al sombrero. Una tarde  buena juntaba 40 centavos. 40 centavos en el año 28 alcanzaban para una torta, no para dos, para una.

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