Posted in

LUCERO ROMPE EL SILENCIO y REVELA lo que NADIE CONOCÍA de JOAN SEBASTIAN…

Hay secretos que se guardan por miedo y hay otros que se guardan por algo mucho más oscuro. Porque no es lo mismo callar por lealtad que callar porque alguien te advirtió que era mejor no hablar. y Lucero guardó silencio durante años, muchos años, hasta que un día abrió la boca y lo que dijo dejó helada a toda la industria.

fue en una entrevista cualquiera. No fue frente a las cámaras de un programa de espectáculos. Fue en un momento íntimo, rodeada de personas de confianza, donde Lucero creyó que sus palabras no iban a llegar tan lejos. Pero llegaron. Vaya que llegaron. y lo que reveló sobre Joan Sebastian, sobre sus hijos, sobre lo que pasaba en esos ranchos cuando se apagaban las cámaras.

Eso es lo que hoy vamos a contar. Pero antes de que sigas escuchando, necesito que te prepares porque hay una parte de esta historia que Lucero reveló que va más allá de los chismes, de las infidelidades, de los escándalos que ya todos conocemos. ¿Qué pasa cuando la persona que creías que era el poeta del pueblo resultó estar sentado a la misma mesa que los hombres más peligrosos de México? ¿Y qué papel jugaron sus propios hijos en todo eso, eso es lo que nadie se había atrevido a decir en voz alta? Hasta ahora. Para entender por qué

Lucero habló, primero hay que entender por qué había callado tanto tiempo. Lucero y Joan Sebastián no eran simplemente dos artistas que habían trabajado juntos. Entre ellos había algo que la gente de afuera nunca terminó de entender del todo. Una complicidad, un entendimiento, una amistad que iba mucho más allá de lo que se veía en los escenarios.

Joan le compuso canciones. Produjeron material juntos y en los últimos años de vida de él incluso trabajaron en un álbum que llevaba las iniciales de los dos. Un lujo, lo llamaron. Dos letras, una promesa. Pero lo que había detrás de esa amistad, lo que Lucero vio, escuchó y vivió en esos años al lado de Joan Sebastian, eso nunca salió a la luz.

Y no salió porque Joan era de esas personas que sabían muy bien cómo mantener sus mundos separados, el mundo que le mostraba al público y el mundo que quedaba entre las paredes de sus ranchos. Porque Joan Sebastian tenía varios mundos y no todos eran igual de limpios. Lucero lo sabía y durante mucho tiempo eligió no meterse, no porque no le importara, sino porque en ese ambiente meterse tenía un costo y ella era suficientemente inteligente para entenderlo.

Pero el tiempo pasa y hay cosas que pesan demasiado para cargarlas para siempre. Hay una noche en particular que Lucero describió. Una noche en un rancho del estado de Guerrero, no era la Candelaria, era otro lugar, uno que muy poca gente conocía. Ella había llegado invitada por Joan. Era una reunión que en principio parecía algo normal, de las que se hacían seguido en esos círculos, música, tragos, caballos, gente del medio.

Pero cuando llegó algo no cuadraba. Había hombres que ella no reconocía, hombres que no eran del medio artístico, hombres que no sonreían, que no bailaban, que solo estaban ahí. Observando, le preguntó a Joan en voz baja quiénes eran. Y Joan Sebastian la miró con esa sonrisa suya que lo decía todo sin decir nada.

y le dijo, “Son socios, mi hija. No preguntes, socios.” Esa palabra se quedó grabada en la memoria de Lucero como una cicatriz. Porque en ese mundo, en ese México, en esa época, cuando alguien del tamaño de Joan Sebastian llamaba socios a hombres sin nombre y sin sonrisa en un rancho perdido de guerrero, todo el mundo sabía lo que eso significaba.

Todo el mundo, menos los que preferían no saberlo. Lucero eligió no saber. Esa noche se fue temprano y durante años no habló de eso con nadie, pero la imagen de esos hombres se quedó con ella. Lo que vino después fue construyendo la historia poco a poco, porque no fue solo esa noche. Lucero empezó a notar cosas, detalles pequeños que por sí solos no significaban nada, pero que juntos pintaban un cuadro muy diferente al del poeta del pueblo que la gente adoraba, como la vez que Joan le comentó casi de pasada que el rancho Las

Palmas en Cuernavaca lo había arreglado con unos amigos. Ese rancho valuado en 11 millones de dólares con 16 habitaciones, con museo personal, con picadero y espejos. ¿Qué tipo de amigos ayudan a levantar algo así? o como las veces que ciertos proyectos musicales llegaban ya financiados sin que nadie preguntara de dónde venía el dinero.

Juan era el artista más premiado de su generación. 5 gramis, siete latin gramies, más de 1000 canciones. Pero el dinero que movía, Lucero dice que siempre fue demasiado, demasiado para un solo hombre, por exitoso que fuera, y ella no era la única que lo notaba, pero era de las pocas que estaba suficientemente cerca para verlo con claridad y suficientemente lista para no decir nada por años.

Pero lo que terminó de romper el silencio de Lucero no fue lo que pasó con Joan, fue lo que pasó con sus hijos, porque hay una parte de esta historia que nadie ha contado, una parte que involucra a los hijos de Joan Sebastian de una manera que va mucho más allá de la tragedia que el público conoce. Todo el mundo sabe que Trigo murió asesinado en Texas en 2006.

Todo el mundo sabe que Juan Sebastián fue matado en Cuernavaca en 2010. Dos hijos, dos muertes violentas. En 4 años, el mundo lo vio como una tragedia del destino, como la maldición de un padre que amaba demasiado. Pero Lucero dice que no fue el destino, que no fue una maldición, que hubo algo mucho más concreto detrás de esas dos muertes y que Joan Sebastián lo sabía.

Siempre lo supo para entender lo que Lucero reveló. Es menor que numeral cero. Sin conumeral es mayor que hay que entender primero el contexto en el que Joan Sebastian vivió los últimos 15 años de su vida. México estaba en guerra. No una guerra declarada con uniformes y fronteras. Una guerra invisible que se peleaba en ranchos y carreteras, en bares y plazas, en palen y conciertos.

Una guerra donde los hombres con poder necesitaban caras visibles, caras amables, caras que la gente quisiera. Y no había muchas caras más queridas en México que la de Joan Sebastián. Según lo que Lucero reveló, Joan no era solo alguien que amenizaba fiestas privadas. Eso lo hacían muchos artistas. Joan iba más allá.

Joan era parte de algo, de una estructura, una red. Sus ranchos no eran solo ranchos. Sus viajes no eran solo viajes y ciertos movimientos de dinero que pasaban por sus proyectos musicales tenían un propósito que nada tenía que ver con la música. Eso fue lo que Lucero dijo con todas sus letras. Y cuando le preguntaron cómo sabía todo esto, Lucero respondió algo que puso a temblar a más de uno en la industria, porque Joan me lo contó a mí.

Cuando ya no había forma de echarse para atrás, hay una conversación que Lucero recuerda con una claridad que asusta. Fue en los últimos años de vida de Joan, cuando el cáncer ya lo había reducido, cuando ya cantaba sentado en un banco en el escenario, cuando ya se le notaba que el cuerpo le estaba fallando. Pero la mente, la mente de Joan Sebastián siempre estuvo hasta el final.

Read More