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Así Vive El Chapito en la Cárcel: De Heredero de El Chapo a Llorar Solo en una Celda a

Así Vive El Chapito en la Cárcel: De Heredero de El Chapo a Llorar Solo en una Celda a

El 25 de julio de 2024, Ismael el Mayo, Zambada aterrizó en el Paso, Texas, esposado, confundido, sin haber entendido todavía completamente lo que acababa de ocurrirle. A su lado, en ese avión, iba Joaquín Guzmán López el Chapito, hijo del Chapo, heredero de facto del cártel de Sinaloa, el hombre que lo había invitado a una reunión en Sinaloa, le había prometido que era una cita de trabajo y en un momento determinado lo había subido a un avión que no iba a donde el mayo pensaba que iba. La traición más grande del

narcotráfico mexicano en décadas la ejecutó el hijo del hombre al que el mayo había servido durante años. Y ese mismo hombre, el traidor, también fue detenido ese día porque la entrega del mayo era al mismo tiempo la entrega de sí mismo. Joaquín Guzmán López está bajo custodia federal en Chicago desde julio de 2024.

 Coopera con el gobierno de Estados Unidos. El alcance exacto de lo que está entregando es secreto. Lo que no es secreto es lo que su traición produjo afuera, una guerra en Sinaloa entre los chapitos y la malliza que ha dejado miles de muertos desde entonces. Lo que tampoco es secreto es lo que produjo adentro. un hombre que si algún integrante del cártel lo alcanza está muerto.

 Pasé semanas revisando los documentos judiciales del caso federal en Chicago, los reportes de inteligencia sobre la guerra en Sinaloa, las declaraciones de los abogados de ambas partes y los registros del proceso de cooperación para traerte este documental. Lo que encontré es la historia más específicamente contradictoria de esta serie.

 El heredero del cártel de Sinaloa, que traicionó a su propio aliado para salvar su propio pellejo y que hoy vive en una celda en Chicago, con la certeza de que los únicos que pueden salvarlo son los mismos gringos a quienes su padre dedicó décadas a evadir. Pero hay algo que ningún análisis del acuerdo de cooperación puede responder todavía.

¿Qué exactamente le prometieron al chapito a cambio de lo que está entregando? Y cuando ese acuerdo termine, cuando haya entregado todo lo que puede entregar, ¿qué le queda? Joaquín Guzmán López está bajo custodia federal en Chicago, Illinois, desde el 25 de julio de 2024, no en ADX Florence, donde está su padre cumpliendo cadena perpetua más 30 años con deterioro cognitivo progresivo y 23 horas de aislamiento diario.

 en el MDC Brooklyn, donde está el mayo, el hombre a quien traicionó esperando su propio proceso con la confusión y la ira de alguien que llegó a ese aeropuerto de El Paso sin haber elegido llegar. Chicago, la ciudad del Distrito Judicial Federal que tiene competencia sobre el caso del Chapito y donde el proceso que él mismo eligió iniciar al entregar a el mayo se está resolviendo.

 Chicago tiene una particularidad para este proceso que no es geográfica, sino institucional. El distrito norte de Illinoy tiene experiencia procesando casos del crimen organizado internacional que datan de décadas. El sistema judicial de Chicago tiene la infraestructura, los jueces con experiencia en casos de narcotráfico internacional y los fiscales especializados que hacen posible que un proceso de la complejidad del caso Guzmán López avance con la eficiencia que la cooperación del acusado requiere.

Las condiciones de su reclusión en Chicago reflejan algo que ningún comunicado oficial confirma directamente, pero que la lógica del proceso federal americano hace obvio para quien entiende cómo funciona un acuerdo de cooperación de alto nivel. está siendo tratado como un activo activo, no como un recluso ordinario, un cooperante de alto valor que el sistema necesita que esté disponible, que esté mentalmente funcional, que tenga condiciones suficientes, como para que el acuerdo continúe siendo atractivo para él comparado con la alternativa de

romperlo o de declararse incapaz de continuar cooperando. Eso no significa lujo. No significa las condiciones de vida que el hijo de El Chapo tenía en Sinaloa cuando era el heredero intocable del cártel más poderoso del hemisferio, La movilidad, el acceso a personas y recursos, la sensación de ser alguien para quien las reglas del mundo ordinario no aplican de la misma manera que aplican para todos los demás.

Significa que sus condiciones son distintas a las de los presos federales que no tienen el mismo tipo de valor para el sistema que los tiene y que el sistema tiene interés en mantener esa distinción suficientemente clara como para que el acuerdo de cooperación continúe funcionando. El caso de octubre de 2024, cuando su abogado reveló públicamente que Guzmán López había solicitado ser trasladado de su instalación original, por lo que describió como malas condiciones, es la evidencia más concreta disponible de esa

lógica. El sistema procesó la queja, atendió la solicitud. Eso no es lo que el sistema federal americano hace con los presos ordinarios. Los presos ordinarios no tienen abogados presentando solicitudes de traslado por condiciones inadecuadas que el Bureau of Prisons atiende con esa velocidad. Es lo que hace con los cooperantes, cuyo bienestar tiene implicaciones directas para el valor del proceso.

 La ciudad de Chicago en invierno tiene condiciones que un hombre criado en Sinaloa no experimentó durante los primeros 30 años de su vida. Los inviernos del lago Michigan, con temperaturas que producen ventiscas que las ciudades del Pacífico Mexicano no conocen. La distancia geográfica de todo lo que el Chapito conocía la Sierra sinaloense, las costas del Pacífico, los municipios donde el apellido Guzmán tenía el peso que tenía, que en términos de cultura, de clima, de paisaje y de red de personas, es una distancia que ningún mapa puede medir

completamente. La pregunta que el acuerdo sellado no responde públicamente cuándo termina, qué condiciones se negociaron exactamente, qué le prometieron a cambio de lo que está entregando, es la que define lo que le queda debida a Joaquín Guzmán López dentro del sistema federal americano. Esas preguntas están selladas y el chapito en su celda en Chicago conoce las respuestas que le prometieron, pero no tiene garantía de que las promesas se cumplan exactamente como fueron presentadas. Para entender la magnitud

de lo que el chapito destruyó, incluyendo lo que se destruyó a sí mismo, hay que entender lo que tenía antes del 25 de julio de 2024. Joaquín Guzmán López es uno de los hijos varones del Chapo Guzmán. No el único los chapitos son varios hermanos que en su conjunto heredaron el acceso a la infraestructura que el Chapo construyó durante las décadas en que el cártel de Sinaloa se convirtió en la organización criminal más poderosa del hemisferio.

Pero Joaquín fue uno de los que operaba con mayor presencia directa en terreno, no el que manejaba las finanzas, no el que gestionaba las relaciones de largo plazo con los proveedores, sino el que estaba presente en las decisiones operativas cotidianas del cártel en el periodo posterior a la extradición del padre.

 Lo que los hijos del Chapo heredaron no era solo el nombre, aunque el nombre en el mundo del narco mexicano tiene un valor que el dinero no puede producir de manera independiente. Era la infraestructura, las rutas hacia Estados Unidos con sus puntos de cruce específicos y sus protecciones institucionales en cada punto. las relaciones con los proveedores colombianos que garantizaban el suministro de cocaína, las redes de distribución en las ciudades americanas donde el producto llegaba después de cruzar la frontera y la red de relaciones institucionales con

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