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CUBA SERÁ LIBRE por la lucha de sus presos y su pueblo dice Carlos Giménez

El mensaje que Washington acaba de enviar a las cárceles de Cuba ha cambiado las reglas del juego. El congresista Carlos Jiménez ha lanzado una declaración contundente que resuena en los pasillos de poder. Cuba será libre muy pronto y no será por negociaciones diplomáticas, sino por el valor de sus presos políticos.

Esta no es una frase vacía, es el reconocimiento oficial de que la resistencia interna es hoy el motor principal de la estrategia de liberación que lidera Marco Rubio.  Lo que Carlos Jiménez ha revelado en sus últimas declaraciones es una pieza fundamental del rompecabezas que estamos armando.

Mientras Gaeza intenta sobrevivir al aislamiento bancario, la administración Trump ha decidido poner el foco en los más de 1000 presos políticos que el régimen mantiene como rehenes. Jiménez fue claro, la libertad de Cuba no vendrá de una concesión de Díaz Canel, sino de la fuerza moral de quienes desde las celdas de combinado del Este o el Guayabo se niegan a claudicar.

Pero hay un detalle de inteligencia que pocos están viendo. La estrategia actual no busca un intercambio de prisioneros como en la era Obama. Fuentes cercanas al Congreso sugieren que Washington está utilizando la situación de los presos para presionar directamente a los carceleros y oficiales de rango medio. El mensaje es, “Sabemos quiénes son, sabemos lo que hacen y no habrá amnistía para los torturadores.

Esto está creando una fractura interna en el aparato represivo. Los oficiales encargados de las prisiones están empezando a entender que el régimen de Díaz Canel no podrá protegerlos cuando el sistema colapse.” Jiménez subrayó que el sacrificio de estos hombres y mujeres es lo que mantiene viva la llama de la rebelión. Al elevar su perfil internacional, Rubio y Jiménez están quitándole al régimen su moneda de cambio favorita.

Ya no son fichas de negociación, son los futuros líderes de la transición. Sumado a la resistencia inquebrantable dentro de las prisiones, forma una tenaza que la seguridad del Estado ya no puede controlar. La declaración de Jiménez es un grito de guerra diplomático. El mundo ya no mira hacia el palacio de la revolución, sino hacia las celdas donde se forja la verdadera soberanía cubana.

El reconocimiento de que la lucha es de su pueblo y sus presos es el preludio de un apoyo operativo mucho más agresivo que veremos en las próximas semanas. Para entender la magnitud de lo que dijo Carlos Jiménez, hay que mirar el contexto de la asfixia total que estamos analizando. Jiménez no solo habló de esperanza, habló de una realidad técnica.

El régimen cubano siempre ha usado a los presos políticos como una válvula de escape. Los arrestan para sembrar miedo y los liberan para obtener oxígeno financiero. Pero Rubio ha cerrado esa válvula. Al declarar que Cuba será libre por la lucha de sus propios ciudadanos, Washington le está diciendo a Díaz Canel que ya no hay nada que negociar.

El chantaje castrista ha perdido su valor de mercado. Jiménez enfatizó que el pueblo de Cuba tiene el derecho a ser libre y que esa libertad es inminente. Esta confianza no es casual. Se basa en informes que muestran que la moral dentro del Ministerio del Interior está en mínimos históricos. Los represores ven como sus jefes en Gaeza esconden los 20,000 millones de dólares, mientras ellos tienen que golpear a un pueblo que pide pan y luz.

Al poner el sacrificio de los presos políticos en el centro del discurso, Jiménez está apelando a la conciencia de los cubanos que aún visten el uniforme. ¿Van a seguir defendiendo a una cúpula moribunda contra sus propios hermanos? La narrativa ha cambiado. Ya no se habla de levantar el embargo para ayudar al pueblo, se habla de eliminar el sistema para que el pueblo respire.

Carlos Jiménez sabe que el apoyo masivo al capitalismo que vimos en las encuestas es el resultado directo del fracaso de la represión. Los presos políticos se han convertido en símbolos de una resistencia que el régimen no puede fusilar porque ya es una idea generalizada. Cada vez que Jiménez o Rubio mencionan a un preso por su nombre, desactivan una herramienta de miedo de la seguridad del Estado.

Además, hay un componente económico en esta libertad inminente. Jiménez ha sido uno de los arquitectos de las sanciones que buscan cortar los suministros a las fuerzas represivas. Sin recursos para mantener la logística de la vigilancia, el régimen se vuelve ciego. Los agentes de la seguridad del Estado están empezando a desertar no por ideología, sino por hambre y por el miedo a las represalias futuras que Jiménez ya está anunciando.

La declaración de que Cuba será libre pronto es una invitación a la deserción masiva. Es decirle a los militares, el bando ganador es el del pueblo y el tiempo de saltar del barco se acaba. El enfoque de Jiménez también valida la estrategia del Vaticano que discutimos antes. Al decir que la lucha es del pueblo, se refuerza la idea de que la ayuda humanitaria debe llegar directamente a la gente y no a través de los canales militares.

La cúpula [resoplido] de La Habana está viendo cómo sus pilares se derrumban. El pilar financiero con las sanciones de Rubio, el pilar diplomático con el vacío en el Vaticano y ahora el pilar del control social con el desafío frontal que Jiménez lanza en nombre de los presos políticos. La libertad de la que habla Jiménez no es una utopía, es un plan operativo que ya está en su fase de ejecución.

Los presos políticos son la vanguardia moral de ese plan. El régimen de Díaz Canel con sus 1900 medovedov de déficit y su 80% de rechazo popular no tiene cómo responder a una población que ha decidido que el costo de la libertad es menor que el costo de seguir viviendo bajo el socialismo. Jiménez solo ha puesto en palabras lo que la inteligencia ya sabe.

La dictadura ha perdido el control de la voluntad de su pueblo. El final no será un acuerdo entre gobiernos, será un derrumbe interno provocado por la presión externa y la valentía interna. Estamos presenciando el colapso de la última línea de defensa del castrismo, el miedo. Carlos Jiménez ha sido muy claro al señalar que el destino de Cuba ya no se decide en los despachos de los burócratas de la Habana, sino en el espíritu inquebrantable de su pueblo.

Esta declaración sumada a la asfixia financiera sobre Gaesa crea un escenario de tormenta perfecta. Los presos políticos han pasado de ser víctimas a ser el estandarte de una transición que Washington está dispuesto a respaldar hasta las últimas consecuencias. Lo que viene después del 5 de junio, la fecha límite marcada por Rubio, será el resultado de esta presión combinada.

El régimen está intentando desesperadamente sofocar las protestas que surgen cada noche por los apagones, pero se están quedando sin recursos y, lo más importante, sin soldados dispuestos a golpear a sus propios vecinos. La advertencia de Jiménez es un mensaje directo a la jerarquía militar. La justicia está observando y el cambio es inevitable.

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