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TALINA FERNÁNDEZ: MUERTES EN LA FAMILIA Y MALA RELACIÓN CON SU HIJO COCO LEVY

TALINA FERNÁNDEZ: MUERTES EN LA FAMILIA Y MALA RELACIÓN CON SU HIJO COCO LEVY

A los 22 años era el heredero de un apellido que brillaba en cada pantalla de México, el hijo de la elegancia, de la leyenda. A los 58 años, cinco actrices lo señalaron con el dedo. Lo despidieron de Televisa y Videocine en el mismo día y la industria que lo vio crecer le cerró todas las puertas. A los 60 años enterró a su madre, a su hermano, a su hermanastro y perdió a una de sus hijas que decidió no volver a hablarle.

 Hoy tiene 61 años y vive medicado para la depresión en la misma casa donde murieron dos de las personas que más amó. Su nombre es Juan Jorge Levi Fernández, pero el mundo lo conoció como Coco Levi. Y lo que le pasó en junio de 2022, lo que le hizo la fama, la industria y el apellido que cargó con orgullo, es una historia que México enterró bajo el escándalo, pero nunca entendió completa.

Esta es la investigación que la familia intentó proteger. Esta es la historia de la última generación Levi que quedó viva. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que cambiarán todo lo que creías saber sobre Coco Levi [música] y la maldición que persiguió a los hijos de Talina Fernández.

 Primero, el testimonio exacto de Dana Ponce el 3 de febrero de 2022 en las oficinas de videocine en Coyoacán. las palabras que dijo Coco y por qué ella pagó 500,000 pesos para detener un juicio que llevaba ganando. Segundo, como Talina Fernández defendió a su hijo hasta el último aliento, rechazó creerle a las acusadoras y murió sin saber que un año después él estaría pensando en no despertar.

 [música] Tercero, la cascada de muertes que destruyó a esta familia en 20 meses. Mariana Levi en 2005, Fernando Carrillo en marzo de 2024, Talina en junio de 2023, Pato en junio de 2024 y la llamada de Coco a un medium rogando escuchar la voz de su hermano. Y cuarto, el estado [música] actual de Coco Levi hoy, febrero de 2026.

 medicado para la depresión, una de sus hijas sin hablarle, impartiendo clases de guionismo para sobrevivir y tratando de vender la casa de su madre porque dice que cada habitación le recuerda a un muerto. Te voy a avisar cuando llegue cada una de estas revelaciones. Si te vas antes del final, [música] te pierdes la cuarta.

 Y la cuarta es la que explica por qué este hombre que tuvo todo el poder terminó completamente [música] solo. Pero antes de hablar de las acusaciones que lo destruyeron, necesitas entender de dónde venía. Necesitas saber qué significa nacer Levi Fernández en México y necesitas entender que esta familia cargó una maldición que nadie vio venir.

 El apellido que brillaba 2 de agosto de 1944, Hospital Inglés, Colonia Anzures, Ciudad de México. Nació una niña que el mundo no olvidaría. Su nombre completo era Catalina María del Sagrado Corazón Fernández Verovela. Pero un primo que apenas podía caminar cuando fue al hospital a conocerla no podía pronunciar Catalina.

 Le salió Talina y todos en la familia se rieron con ternura. Y Talina se quedó. Era hija única del matrimonio de Jorge Fernández Veró y Catalina Bela Alcaraz. Dos personas de familias acomodadas en una ciudad de México que apenas comenzaba su transformación en Megaurbe. Su padre tenía negocios. Su madre venía de una familia tradicional. Crecieron esperando que esa niña siguiera los pasos de las jóvenes de buena familia.

 Casarse bien, tener hijos, vivir cómoda, pero discreta. No entendieron con quién estaban tratando. Desde pequeña, Talina mostró una personalidad que no encajaba en los moldes. Era curiosa, inteligente, hablaba sin miedo. Su familia la inscribió en el colegio alemán Alexander von Humbolt, una de las instituciones más prestigiosas de México, donde los hijos de empresarios, diplomáticos y políticos, se educaban con disciplina europea.

 Ahí aprendió alemán, también inglés y francés. A los 15 años hablaba cuatro idiomas con fluidez. Después la mandaron a un internado en Illinois, [música] Estados Unidos. Querían pulirla, querían que se convirtiera en una señorita refinada. Lo lograron, pero no de la manera que esperaban. Talina regresó a México con algo que sus padres no habían anticipado, ideas propias, ambición y una voz que no sabía quedarse callada.

 En los años 60, Talina decidió estudiar enfermería en el Instituto Nacional de Cardiología. quería ayudar, quería hacer algo más que asistir a cenas y reuniones sociales, pero no terminó. Se casó, tuvo hijos de sus primeros matrimonios, se divorció y en 1970, cuando tenía 26 años y ya llevaba dos matrimonios a cuestas, algo cambió. Raúl Astor, un productor argentino que trabajaba en la televisión mexicana, la vio. No se sabe exactamente dónde.

Algunos dicen que en una fiesta, otros que en un evento social. Lo que se sabe es lo que Raúl le dijo. Tienes presencia, tienes voz, sube a mi programa. El programa se llamaba La cosquilla. Era un show de comedia y sketches. Talina no era actriz, no era comediante, pero subió y nunca bajó. En la [música] cosquilla, Talina descubrió algo. La cámara la amaba.

 Su voz, grave y elegante, era perfecta para la televisión. Su manera de hablar sin gritos, sin exageraciones, era refrescante en una industria donde [música] todos parecían estar compitiendo por quién hablaba más fuerte. Talina hablaba bajo y todos se callaban para escucharla. De la cosquilla saltó a los noticieros.

 En los años 70 los noticieros eran territorio [música] casi exclusivo de hombres, pero Talina entró. Trabajó en contacto directo con Juan Ruiz Hilly. Trabajó en Antena 5 en punto [música] final y después vino su propio programa. ¿Qué crees? Ahí Talina se convirtió en leyenda. ¿Qué crees? Era un programa de entrevistas donde Talina hablaba con presidentes, actores, cantantes, escritores, políticos.

 Y lo hacía de una manera que nadie más lo hacía. sin adulaciones, sin preguntas superficiales, sin miedo. Le preguntaba a los poderosos lo que nadie se atrevía a preguntar y lo hacía con una sonrisa, con elegancia, con esa voz que no necesitaba alzarse para intimidar. La llamaron [música] la dama del buen decir, porque nunca gritaba, nunca insultaba, nunca perdía la compostura, pero tampoco se dejaba intimidar.

 podía hacer que un presidente sudara sin alzar la voz. Podía hacer que un actor admitiera cosas que nunca había dicho en público. Podía desarmar a cualquiera con una pregunta bien hecha y una mirada directa. Y México la adoraba. Durante 53 años, desde 1970 hasta 2023, Talina fue una institución, no solo una conductora, una institución.

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