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“Sé mi novia por dos meses” — un millonario sorprendió a una campesina con una propuesta inesperada

Un joven millonario le entregó un contrato a una campesina y dijo, “Seminovia por dos meses.” Pero al leer las cláusulas ella quedó en SOC, horarios rígidos, normas estrictas en público, prohibición de contacto fuera de los eventos y hasta un beso obligatorio. Lo que parecía un simple acuerdo, pronto se convirtió en algo que nadie esperaba.

El sol caía implacable sobre los extensos viñedos de la familia Torres mientras Suelen Mel recogía los últimos racimos de uva de su jornada. El sudor perlaba su frente y sus manos ásperas por el trabajo diario, mostraban pequeños rasguños. A sus 25 años, Suelen conocía cada rincón de estas tierras que, irónicamente nunca serían suyas.

Emel, la voz autoritaria del capataz rompió la tranquilidad de la tarde. El señor Torres quiere verte ahora. Suelen se incorporó limpiándose las manos en el delantal y sintiendo un nudo en el estómago. En los tr años que llevaba trabajando en los viñedos Torres, jamás había sido llamada personalmente por el dueño.

Las pocas veces que lo había visto, siempre a distancia, Oliver Torres parecía una figura sacada de otro mundo, trajes impecables, automóviles lujosos. Y esa actitud de quien está acostumbrado a que sus órdenes sean obedecidas sin cuestionamiento. ¿Dice algo mal?, preguntó intentando recordar si había cometido algún error en la cosecha.

El capatá se encogió de hombros. No me dio detalles. Solo dijo que dejes todo y vayas a la mansión principal. La mansión Torre se alzaba majestuosa al final de un camino bordeado de cipces, una imponente estructura de piedra y cristal que parecía observar con desde en los humildes dormitorios de los trabajadores. Mientras caminaba por el sendero de Grava, Suelen intentaba ignorar las miradas curiosas de los otros empleados.

Un mayordomo la recibió en la entrada, su expresión revelando cierta sorpresa al ver a una trabajadora del campo con su ropa sencilla y manchada. El señor Torres la espera en su despacho, indicó secamente, guiándola a través de pasillos decorados con obras de arte que probablemente costaban más que todo lo que su familia poseía.

El despacho de Oliver Torres era exactamente como Suelem lo había imaginado, minimalista, elegante y frío. Grandes ventanales ofrecían una vista panorámica de los viñedos, un recordatorio constante de su posición de poder sobre todo lo que se extendía ante él. Oliver estaba de pie junto a la ventana, de espaldas a ella.

Alto, con un físico que delataba horas de gimnasio privado, vestía un traje gris perfectamente ajustado. Cuando se giró para mirarla, Suelen confirmó lo que había escuchado. A sus 30 años, Oliver Torres no solo era obscenamente rico, sino también injustamente atractivo, con rasgos angulosos, ojos penetrantes y ese tipo de presencia que llenaba la habitación.

Señorita Mel, saludó con un tono neutro, evaluándola con una mirada clínica. Gracias por venir tan rápido. Suelem asintió consciente de su apariencia desaliñada frente a la perfección de él. No creí tener opción, señor Torres. Una sonrisa fugaz, casi imperceptible cruzó el rostro de Oliver. Directa. Me gusta eso”, comentó antes de señalar la silla frente a su escritorio.

“Por favor, siéntese.” Suelem obedeció intrigada y nerviosa. El silencio se extendió por unos segundos mientras Oliver tomaba asiento frente a ella, colocando una carpeta en el escritorio entre ambos. “He estado observándola, señorita Mel”, dijo finalmente, su voz controlada y profesional. Sus evaluaciones son excelentes.

Trabajadora,  eficiente, sin quejas innecesarias y lo más importante, discreta, “Gracias”, respondió Suelem cautelosamente, preguntándose a dónde iba esta extraña conversación. Oliver abrió la carpeta revelando lo que parecía ser un contrato legal de varias páginas. Voy a ser directo.

Tengo una propuesta para usted, una que podría resultarle muy beneficiosa económicamente. Suelen sintió que su corazón se aceleraba. Un ascenso quizás a supervisora, el dinero extra sería una bendición. Las deudas médicas de su madre se acumulaban y el pequeño terreno familiar estaba a punto de ser embargado. La  escucho, señor Torres.

Oliver la miró directamente, sus ojos evaluando cada reacción de ella. “Necesito una novia”, declaró con la misma naturalidad con que habría solicitado un informe de producción. “Por dos meses exactamente y quiero contratarla a usted para ese papel.” Suelen parpadeó, segura de haber escuchado mal. Disculpe, una novia, repitió él con paciencia, como si explicara algo obvio.

Aparente, por supuesto. La junta directiva de Torres Enterprise se reunirá en dos meses para confirmar mi posición como SEO, sustituyendo a mi padre. Algunos miembros consideran que mi enfoque demasiado analítico y mi aparente incapacidad para mantener relaciones personales estables son señales de que no estoy listo.

Hizo una pausa evaluando la reacción de Suelem antes de continuar. Necesito demostrarles que estoy perfectamente equilibrado, que puedo manejar tanto los negocios como una vida personal satisfactoria y para eso necesito una relación que parezca sólida y genuina justo a tiempo para la gala del 30 aniversario de la empresa.

Suelen se reclinó en la silla aturdida por la propuesta. Estaba realmente este hombre, el poderoso heredero de una de las fortunas más grandes del país, pidiéndole a ella, una trabajadora del campo, que fingiera ser su novia. ¿Por qué yo? Preguntó finalmente. Debe haber cientos de mujeres de su círculo social que estarían encantadas con la idea.

Precisamente por eso, respondió Oliver, su tono volviéndose más empresarial. Cualquier mujer de mi entorno social inmediatamente despertaría sospechas. La familia Torres está constantemente bajo escrutinio mediático. Necesito a alguien completamente desvinculada de mi círculo, alguien cuya presencia en mi vida parezca inesperada,  romántica, incluso.

Suelen sintió una mezcla de indignación y curiosidad. ¿Y qué ganaría yo exactamente con este arreglo?  Oliver deslizó el contrato hacia ella. Página 3. Cláusula de compensación, indicó. Suelen miró el número y sintió que se le cortaba la respiración. Era más dinero del que ganaría en 5 años de trabajo en los viñedos.

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