Es un cultivo que requiere atención. que requiere inversión, que requiere tomar riesgos. El paquete tecnológico es intermedio, no es tan caro como el maíz, pero tampoco es tan barato como la soja. Y a pesar de todo eso, a pesar de todos esos riesgos, los productores argentinos están apostando fuerte por el girasol.
¿Y sabes por qué? porque tienen confianza, porque ven un horizonte, porque sienten que finalmente hay un contexto en el cual vale la pena invertir, vale la pena arriesgar, vale la pena producir. Algo que durante años, durante décadas, parecía imposible en este país. Y acá hay que meter un dato que es clave para entender por qué el girasol está creciendo tanto.
Las retenciones al girasol están en el 4,5%. Mucho más bajas que las de la soja, mucho más bajas que las del maíz. Eso permite que el productor reciba un porcentaje mayor del precio internacional. Eso le da margen para invertir, para tomar riesgos, para apostar a un cultivo que es más complicado, pero que en el contexto actual es muy rentable.
De hecho, hay productores del sector que están pidiendo que el girasol sea tratado directamente como una economía regional, así como pasa, por ejemplo, con el algodón, lo que implicaría retenciones todavía más bajas. o directamente cero retenciones. Es un debate que está abierto, que se está dando y que tiene mucho sentido cuando ves como ciertos cultivos pueden cambiar la realidad de regiones enteras del país.
Pero la historia no termina ahí porque lo que está pasando con el girasol es apenas una pieza más de un panorama mucho más amplio que está viviendo el campo argentino. Esta campaña gruesa, la que se cosecha después del verano, está mostrando algo que hacía rato no se veía en Argentina. Producción récord de maíz, producción récord de girasol, cosecha de soja sostenida con buenos precios.
Y a todo esto, sumale que el trigo de la campaña fina anterior también tuvo una performance destacada con buenos precios internacionales. ¿Te das cuenta lo que estamos viviendo? Estamos hablando de un campo argentino que está mostrando una variedad productiva como hacía mucho tiempo no se veía. Y esto es importantísimo desde varios puntos de vista.
Primero, porque diversificar la producción agrícola es saludable para los suelos. Evita la sojización extrema que durante años fue criticada por los propios productores. Cuando rotas cultivos, cuando alternás soja con maíz, con girasol, con trigo, le das descanso a la tierra. Mantenés los nutrientes, evitás plagas y enfermedades y en definitiva hacés una agricultura más sustentable a largo plazo.
Segundo, porque diversificar también significa diversificar los mercados, los compradores, los destinos de exportación. No depender de un solo cultivo, no depender de un solo comprador, no depender de un solo mercado. Esto le da a Argentina mucha más estabilidad económica, mucha más resiliencia frente a los baivenes internacionales.
Si cae el precio de la soja, por algún motivo no se derrumba la economía. Si hay problemas con un comprador, hay otros mercados a los que recurrir. Es un sistema mucho más robusto, mucho más sano. Y tercero, y esto es fundamental porque el contexto internacional está jugando a favor de Argentina, como hacía rato no pasaba. En el caso del maíz hay una demanda creciente por los biocombustibles a nivel mundial.
Cada vez más países están apostando al etanol producido a partir de maíz para diversificar sus matrices energéticas. Y Argentina es uno de los grandes productores mundiales de maíz, así que tenemos para vender, tenemos para abastecer esa demanda creciente. En el caso del girasol, ya te conté lo que está pasando con Ucrania y la oportunidad que se abre para nuestro país en el mercado europeo.
Pero hay más. La demanda global de aceites vegetales saludables viene creciendo año tras año. El consumidor está cambiando sus hábitos, está buscando alternativas más naturales, más saludables y el aceite de girasol cumple con todas esas características. O sea, no es solamente que Ucrania cayó como productor, es que además la demanda mundial está creciendo.
Es la tormenta perfecta para Argentina, pero en el buen sentido, en el sentido de la oportunidad histórica que se nos presenta. Ahora, hay algo que hay que decir y que es muy importante para entender la magnitud de lo que está pasando. Esto no surgió de la nada. Esto no es casualidad. Esto no apareció de un día para el otro como por arte de magia.
Esto es el resultado de un cambio profundo en las reglas de juego que vive el campo argentino. Durante años, durante décadas, el productor argentino fue tratado como el enemigo, como el oligarca al que había que esquilmarle hasta el último peso, como el sector que tenía que financiar todos los desastres que cometía la política.
Retenciones cada vez más altas, cepos para liquidar, restricciones para exportar, controles de precios, regulaciones absurdas, cierres de mercados, intervenciones permanentes en la cadena comercial, todo lo que se les ocurría para complicarle la vida al que producía lo hacían y el resultado era el que todos conocemos.
caída de la producción, descapitalización del sector, productores que tenían que vender sus campos, regiones enteras que se vaciaban porque ya no era rentable producir, pueblos del interior que se morían lentamente porque la actividad agrícola no podía sostenerlos. Eso era lo que vivíamos, eso era lo que nos vendían como modelo de país y mientras tanto, los discursos vacíos sobre la justicia social, sobre la redistribución sobre el pueblo, mientras la realidad concreta era que los pueblos del interior se estaban muriendo y el campo
argentino que durante un siglo había sido el motor de la economía nacional, estaba siendo lentamente destruido por políticas absurdas. Pero cuando cambian las reglas de juego, cuando se baja la presión impositiva, cuando se permite que el productor pueda planificar largo plazo, cuando se le saca el pie de encima al que produce, los resultados aparecen y aparecen rápido, porque el campo argentino tiene una capacidad productiva enorme.
Tiene una calidad de tierras que no tiene casi ningún otro país del mundo. Tiene un nivel de tecnificación que está a la altura de los mejores productores del planeta. Lo único que necesitaba era que lo dejaran trabajar. Y eso es exactamente lo que está pasando ahora. Por eso vemos los resultados que vemos, por eso vemos los récords que vemos.
Por eso el girasol está rompiendo marcas que tenían más de un cuarto de siglo de antigüedad. No es magia, no es suerte, es trabajo, es inversión, es confianza. Es un contexto que finalmente le permite al productor hacer lo que sabe hacer mejor que nadie en el mundo, producir alimentos de calidad para abastecer al planeta entero.
Y acá viene algo que tenemos que ponderar bien, porque es fácil quedarse solamente con los números fríos, con las toneladas, con los porcentajes, con las estadísticas, pero detrás de cada uno de esos números hay personas reales, hay familias, hay pueblos, hay regiones enteras que dependen de esta actividad.
Cuando hablamos de 3,00000000 de hectáreas sembradas con girasol, estamos hablando de cientos de miles de productores que decidieron apostar por este cultivo. Cuando hablamos de 6,000000es de toneladas producidas, estamos hablando de pueblos enteros del interior que tienen movimiento, que tienen actividad económica, que tienen comercios abiertos, que tienen escuelas funcionando, que tienen un futuro posible para los chicos que están creciendo en esos lugares.
Cuando hablamos de exportaciones récord, estamos hablando de dólares que entran al país, que permiten financiar importaciones, que permiten estabilizar la economía, que permiten que toda la cadena productiva funcione mejor. Esto no es abstracto, esto es concreto, palpable, real. está pasando en este momento en cada rincón de la Argentina productiva y los resultados se van a sentir en todos lados, no solamente en el campo.
Cuando el campo gana, gana toda la Argentina porque el campo traciona industrias enteras. La industria del transporte, las empresas de logística, los puertos, las fábricas de maquinaria agrícola, los proveedores de insumos, los comercios de los pueblos del interior, los servicios profesionales, todo se mueve cuando el campo se mueve.
Es como una piedra que cae al agua y genera ondas que se expanden por toda la economía. Por eso es tan importante lo que está pasando. Por eso es tan trascendente este récord de girasol, porque no es un dato aislado, no es una curiosidad estadística, es la prueba concreta de que cuando el país se ordena, cuando se respetan las reglas básicas de la economía, cuando se le permite al sector privado trabajar sin tantas trabas absurdas, los resultados aparecen y aparecen rápido, aparecen contundentes, aparecen como están apareciendo Ahora, pero claro, todo esto
es algo que muchos no quieren reconocer, porque admitir que las cosas están funcionando es admitir que durante años estuvieron equivocados, es admitir que las políticas que defendieron durante décadas eran las que destruían el país. Es admitir que el modelo que ahora se está aplicando, ese modelo que ellos criticaron tanto, ese modelo que pronosticaron que iba a ser un fracaso absoluto, está dando los frutos que prometía.
Y claro, eso no lo pueden tragar, eso les genera una urticaria política tremenda. Por eso vas a notar que esta noticia, esta noticia tan importante para el país, prácticamente no aparece en los grandes medios. No la vas a ver de etapa en los diarios que durante años nos llenaron de tragedias económicas. No la vas a escuchar en los programas de radio donde hablan de política todo el día.
No la vas a ver en los noticieros centrales de la tele. ¿Por qué? Porque las buenas noticias del país no encajan con la narrativa que ellos quieren imponer. Ellos necesitan que vos pienses que todo está mal, que todo es un desastre, que no hay salida, porque solamente así pueden seguir vendiendo su producto político. Solamente así pueden seguir manteniendo el negocio que tuvieron durante décadas, pero la realidad les pasa por arriba.
Los récords están ahí, los números están ahí, las exportaciones están ahí, los pueblos del interior que están volviendo a tener actividad están ahí y por más que lo intenten ocultar, por más que lo intenten minimizar, por más que lo intenten desviar con cualquier otro tema, los hechos son tosudos.
Los hechos hablan por sí solos. Y mientras tanto, el productor argentino, el que se levanta antes que salga el sol, el que arriesga su capital, el que apuesta por su tierra, el que confía en que el país tiene futuro, sigue trabajando, sigue produciendo, sigue rompiendo récords sin hacer ruido, sin pedirle nada a nadie, simplemente haciendo lo que sabe hacer.
Y eso es lo más hermoso de todo esto, que mientras los políticos pelean en los estudios de televisión, mientras los operadores escriben sus notas tendenciosas, mientras los economistas catastrofistas pronostican desastres que nunca llegan, el país real, el país productivo, el país que se levanta todos los días a trabajar sigue avanzando y avanza con paso firme, con récords históricos, con números que están a la vista de todos.
Esto es Argentina, la Argentina de verdad. la que produce, la que exporta, la que genera riqueza, la que da de comer al mundo entero, la que durante años fue maltratada, esquilmada, despreciada por la política, pero que siempre estuvo ahí esperando el momento de poder volver a mostrar todo su potencial.
Y ese momento llegó y los resultados están a la vista. Récord de girasol en 27 años con posibilidades concretas de superar el récord histórico absoluto. Récor de maíz, buena cosecha de soja, trigo con buenos precios, una campaña gruesa que está terminando con números que hace mucho tiempo que no se veían en este país y un contexto internacional que sigue jugando a favor con una demanda mundial creciente y con competidores tradicionales que están perdiendo terreno.
Es la oportunidad de oro para Argentina y por suerte esta vez no la estamos desaprovechando. Esta vez sí estamos sabiendo aprovecharla. Esta vez sí estamos haciendo las cosas como hay que hacerlas. Hay que decirlo con todas las letras. Esto que está pasando con el girasol, con el maíz, con el conjunto del campo argentino, es histórico y va a quedar registrado en los libros de la historia económica del país como un punto de inflexión, como ese momento en el cual Argentina dejó de ser el país que se hundía solo y empezó a ser el país que aprovechaba sus
enormes potencialidades. Porque la Argentina siempre tuvo todo para ser un país rico, próspero, desarrollado. Tierras fértiles como pocas en el mundo. Climas favorables, recursos naturales en abundancia, productores con conocimiento, con tradición, con capacidad, tecnología agrícola de primer nivel, todo lo que hace falta para ser una potencia agroexportadora mundial.
Lo único que faltaba era que lo dejaran trabajar. Lo único que faltaba era que eh las políticas no fueran un palo en la rueda permanente. Y cuando eso pasó, cuando finalmente eso empezó a pasar, los resultados aparecieron. Aparecieron rápido, aparecieron contundentes, aparecieron récord tras récord, como los estamos viendo ahora.
A los productores argentinos hay que reconocerles el esfuerzo. A ellos hay que agradecerles que sigan apostando por la Argentina a pesar de todo lo que les hicieron pasar durante tantos años. A ellos hay que pedirles que sigan así, que no aflojen, que no se cansen, porque el camino es largo todavía, pero los frutos ya empiezan a verse.
Argentina está rompiendo récords. Argentina está produciendo como nunca. Argentina está aprovechando un contexto internacional excepcional y todo esto es solamente el principio. Lo mejor está por venir si seguimos en este camino, si seguimos respetando las reglas de la economía, si seguimos dejando que los que producen produzcan, si seguimos sacándole el pie de encima al sector privado, si seguimos abriéndole las puertas al mundo, los resultados van a ser cada vez mejores.
Los récords van a ser cada vez más impactantes. La Argentina va a volver a ser lo que siempre debió ser, una potencia productiva, una potencia exportadora, una potencia agropecuaria de las grandes ligas mundiales. El girasol nos está mostrando el camino, el maíz nos está mostrando el camino, la soja nos está mostrando el camino, el trigo nos está mostrando el camino, todo el campo argentino en su conjunto nos está mostrando que cuando se hacen las cosas bien, los resultados aparecen.
Hay que ir a fin de mes para tener los números definitivos de la cosecha de girasol. Hay que esperar para ver si finalmente se rompe el récord histórico absoluto que tiene más de 25 años de antigüedad. Pero más allá del número final, lo importante es que estamos frente a un cambio de época para el campo argentino. Estamos frente a un nuevo paradigma productivo.
Estamos frente a una Argentina que vuelve a creer en sí misma, que vuelve a apostar por sus capacidades, que vuelve a mirar al mundo con la frente alta. Y eso más allá de cualquier número, más allá de cualquier récord, es la verdadera noticia. Argentina vuelve, Argentina produce, Argentina exporta, Argentina rompe récords.
Argentina por fin, después de tantos años de oscuridad vuelve a brillar y el girasol, ese cultivo que durante décadas fue un actor secundario en el mapa productivo nacional, hoy se convierte en el símbolo perfecto de este Renacimiento, porque el girasol, como dice su nombre, busca siempre el sol y la Argentina también está buscando el sol.
después de tantos años de tormenta y lo está encontrando y lo está encontrando como nunca antes. Quédate anto porque esto recién empieza.