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Sin doctores y 3 días de lucha: La heroica misión de este hombre en la montaña para salvarla

—Dilo otra vez —susurró su madrastra, Helena, con una sonrisa temblorosa—. Quiero escuchar cómo te atreves a venir aquí, en la casa de tu padre, a acusarnos de asesinato.

Lucía respiró hondo. Había conducido seis horas hasta aquella mansión en la montaña de Colorado porque necesitaba respuestas. Tres días antes, su padre, Samuel Whitmore, uno de los hombres más poderosos del estado, había muerto oficialmente de un infarto. Pero la carta que él le había enviado en secreto decía otra cosa.

“No confíes en Helena. Si algo me pasa, busca a Tomás Reyes. Él conoce la montaña. Él te llevará al lugar donde escondí la verdad.”

Lucía levantó la mirada hacia su hermano mayor, Adrien. Él no lloraba. No parecía un hijo de luto. Parecía un hombre esperando que se cerrara una puerta para siempre.

—Papá no murió de forma natural —dijo ella—. Y ustedes lo saben.

La copa de Adrien golpeó la mesa.

—Basta.

—No —respondió Lucía—. Basta fue cuando me echaron de esta familia por casarme con alguien pobre. Basta fue cuando me obligaron a firmar mi renuncia a la empresa. Basta fue cuando papá intentó encontrarme y ustedes interceptaron sus cartas.

La sala quedó en silencio.

Helena se levantó lentamente.

—Tu padre te desheredó.

Lucía abrió la carpeta y sacó un documento doblado.

—No. Papá cambió su testamento hace dos semanas. Me dejó el control de la fundación, de las tierras del norte y de la clínica que planeaba construir para los pueblos de la montaña.

Adrien se puso de pie tan rápido que la silla cayó hacia atrás.

—Eso es falso.

—Está firmado por él.

—Entonces también es inútil —dijo Helena, y sus ojos, por primera vez, perdieron toda elegancia—. Porque nadie va a creerle a una mujer desesperada que vuelve embarazada, sin marido, sin dinero y con una historia conveniente justo después de la muerte de un millonario.

Lucía sintió el golpe, pero no retrocedió.

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