Tenía 13 años y ya sabía que ganar era lo único que importaba. A los 17 años, Aton se fue a Europa, a Inglaterra, a competir en Fórmula Ford. Su padre le dio todo el dinero que necesitaba. Un departamento en Londres, un equipo completo, los mejores mecánicos. Si vas a hacer algo, hazlo bien o no lo hagas, le dijo Milton.
La misma frase que el padre de Michael Jordan le dijo, “Los padres de los campeones siempre dicen lo mismo. Inglaterra, 1981. Aon tenía 21 años. No hablaba inglés, no conocía a nadie. Estaba solo en el país más frío que había conocido, compitiendo contra pilotos que llevaban años allí. Su primera temporada, dominación absoluta. 12 carreras, 12 victorias.
Este brasileño es diferente, dijo un mecánico inglés. No solo quiere ganar, necesita ganar como si su vida dependiera de ello y quizás dependía. 1984, Aton llegó a la Fórmula 1 Toleman. Un equipo pequeño, sin presupuesto, sin posibilidades. Su primer gran momento, Gran Premio de Mónaco, bajo la lluvia, lluvia torrencial, imposible de manejar.
Alen Prost, el campeón del mundo, iba en primer lugar con el mejor carro. McLaren Aon iba octavo con un Toleman, un carro que no debería estar ni cerca, pero la lluvia, la lluvia lo cambió todo. Aton empezó a adelantar uno por uno. Séptimo, sexto, quinto. Este tipo está loco dijeron por radio. Va a matarse. Pero no se mató. siguió adelantando, cuarto, tercero, segundo.
Y cuando estaba a punto de alcanzar a Prost, cuando estaba a 2 segundos, la carrera fue detenida. Bandera roja, demasiada lluvia. Prost ganó. Aton segundo, pero todo el mundo sabía, todo el mundo vio. Aton era especial. “En la lluvia soy más que un piloto”, dijo Aton después. Soy uno con el carro.
Siento cosas que otros no sienten. 1985, Aton fichó con Lotus. Un equipo mejor, más dinero, más posibilidades. Su primera victoria Portugal. Bajo la lluvia. Otra vez la lluvia. Aton ganó por más de un minuto. Un minuto en Fórmula 1 es una eternidad. Es el piloto más rápido bajo la lluvia que he visto en mi vida.
dijo Nicki Lauda, tres veces campeón del mundo. Y lo digo después de haber visto a todos los grandes. Pero Aton estaba satisfecho porque Lotus no tenía el mejor carro y Airton necesitaba el mejor carro. 1988 McLaren, el mejor equipo, el mejor carro con Alen Prost como compañero.
Prost, el profesor, el calculador, el político, tres veces campeón. Aon, el instintivo, el religioso, el obsesivo. Cero campeonatos. La rivalidad empezó el primer día. Aton y Alan se odiaban,” dijo Ron Denise, jefe del equipo. No era competencia deportiva, era guerra personal. 1988, Japón, última carrera del año. Prost y Aton peleaban por el campeonato.
Aon necesitaba ganar. Frost solo necesitaba terminar segundo. Última vuelta, última curva. Aton intentó adelantar por dentro. Prost cerró la puerta. Chocaron. Los dos salieron de la pista. Prost se bajó del carro. Asumió que la carrera había terminado. Aon no. Aton encendió el carro otra vez.
Volvió a la pista. Ganó la carrera, pero los comisarios lo descalificaron. Regresó a la pista ilegalmente. Prost campeón. Aton destruido. Me robaron dijo Aton en la rueda de prensa llorando de rabia. 1989. Aon y Prost otra vez peleando por el campeonato. Otra vez Japón. Otra vez última carrera. Aton iba ganando.
Prost lo alcanzó. Intentó adelantarlo. Aon no dejó espacio. Chocaron. Los dos. Salieron de la pista. Prost se bajó. Otra vez. Aton volvió a la pista. Otra vez ganó. Esta vez no lo descalificaron. Aton, campeón mundial. Lloró en el podio, pero no eran lágrimas de felicidad, eran lágrimas de alivio. Finalmente, dijo, “Finalmente puedo respirar.” Pero era mentira.
Nunca pudo respirar. La obsesión no lo dejaba. 1990, Aton dominó. Seis victorias, campeón otra vez. 1991. Aon dominó siete victorias, campeón por tercera vez. A los 31 años, Aton Sena era el mejor piloto del mundo. Sin discusión, pero algo estaba cambiando, algo que nadie veía. Aton ya no sonríe”, dijo su mecánico.
“Gana, pero no sonríe. Esta es la primera revelación que te prometí al inicio. La obsesión que lo destruyó. Aton Sena nunca pudo tener una relación normal, nunca. Entre 1985 y 1994 tuvo seis novias serias. Seis. Todas terminaron igual. Aon eligiendo las carreras sobre ellas. Lilian de Vasconcelos, su novia de adolescencia se iban a casar.
Aon canceló la boda dos semanas antes. Es No puedo. La Fórmula 1 es mi prioridad. Lilian quedó devastada. Pensé que me amaba, pero él solo se amaba a sí mismo y a la velocidad. Shucha Menegel, la mujer más famosa de Brasil. Presentadora de televisión, bella, exitosa, salieron durante 3 años, 1988 a 1990. “Estar con Aton era estar sola,” dijo chucha después.
Físicamente estaba ahí, mentalmente estaba en el carro siempre. ¿Por qué terminaron? Porque me cansé de ser segunda después de la Fórmula 1, después de Dios. Yo era tercera. Nadie puede vivir así. Adrian Galisteu, Kia, modelo brasileña. 21 años. Aton tenía 34. Empezaron a salir en 1993. Se enamoraron o algo parecido al amor.
Aton era diferente conmigo dijo Adrián. me contaba cosas, sus miedos, sus dudas. ¿Qué miedos? Miedo de no ser el mejor, miedo de envejecer, miedo de ser olvidado, miedo de morir. Adriane tardó en responder. No, ese miedo no lo tenía o lo tenía tanto que dejó de ser miedo.
Pero hubo una relación que casi destruye a Aton, una relación que se ocultó durante años. 1986, Airton conoció a una chica en Brasil. Durante las vacaciones se llamaba Adriana. Tenía 15 años. 15. Atonía 26. Empezaron una relación secreta, escondida. Nadie podía saberlo. ¿Sabías que era menor?, le preguntaron años después a un amigo cercano.
Todos lo sabíamos, pero era Brasil en los 80. Las leyes eran diferentes. Era legal. Legal. Sí. 16 era la edad de consentimiento, pero ella tenía 15, así que no. La relación duró 2 años hasta que alguien de la prensa descubrió. Un periodista brasileño investigó, consiguió fotos, estaba listo para publicar.
El padre de Aton, Milton intervino. Pagó al periodista 2 millones de dólares para que enterrara la historia. Si esto sale, destruye a Aton, dijo Milton. Destruye todo lo que hemos construido. La historia no salió en ese momento, pero Adriana, años después, en 2005, dio una entrevista. contó todo. “Irton me amaba,” dijo, “pero me amaba como se ama a una idea, no como se ama a una persona.
¿Te arrepientes?” “Sí, porque me robó mi adolescencia y él nunca lo entendió.” Pero más allá de las relaciones, había algo más profundo, algo más oscuro. Aon estaba vacío por dentro. Gano carreras, tengo dinero, tengo fama”, le dijo a su hermana Vivián en 1992. “¿Y qué? ¿Qué significa todo eso? Significa que eres el mejor.
Ser el mejor no llena el vacío.” ¿Qué vacío? Aton no respondió porque no podía explicarlo. 1993, Aton perdió el campeonato. Alin Prost ganó con Williams. El mejor carro. Aton estaba con McLaren, un carro inferior. No tuvo oportunidad. Necesito ir a Williams”, le dijo a su manager. “Necesito el mejor carro o me retiro.
” Williams ya tiene dos pilotos, Prost y Damon Hill. No me importa, consíguemelo. Frank Williams, el jefe del equipo, no quería a Aton. Lo consideraba difícil, problemático. Pero Prost se retiró al final de 1993 y Williams necesitaba un campeón. Está bien”, le dijo Frank a Aton. “Ven a Williams, pero hay condiciones.
” ¿Qué condiciones? El carro no está listo. Tiene problemas, problemas serios. Tendrás que manejarlo así. No me importa. Solo dame el carro. Guarda esa conversación. Es crucial. El carro maldito. 1994. Williams F16. El carro más problemático en la historia de Williams. El año anterior, Williams tenía controles electrónicos, suspensión activa, control de tracción, todos ilegales ahora.
La FIA los prohibió y Williams tuvo que diseñar un carro completamente nuevo. En tr meses el resultado fue un desastre. El carro es inmanejable”, dijo Atiron en las pruebas de pretemporada. “La parte trasera se sale en cada curva. ¿Puedes manejarlo?” Puedo, pero es peligroso. Las primeras carreras de la temporada 1994 fueron terribles.
Brasil, Airton chocó retirado. Japón Aton segundo lugar frustrado. San Marino y Imola. El circuito más rápido de Europa, el más peligroso. Viernes 30 de abril, primer día de práctica en Íola. Rubens Barrichelo, brasileño compañero de Aton, tuvo un accidente horrible. Su carro voló 3 met en el aire. Chocó contra las barreras.
A 200 km porh, Rubens quedó inconsciente sangrando. Los paramédicos tardaron 20 minutos en sacarlo. Aon corrió a ver, saltó la valla, llegó al carro antes que los médicos. Rubens, ¿me escuchas? Koy llorando, sacudiéndolo. Rubens no respondía. Aton pensó que había muerto. En ese momento pensó que su amigo estaba muerto. Ruben sobrevivió.
Pero Aton quedó marcado. Casi muere, le dijo a Adrián esa noche por teléfono. Casi veo morir a Rubens. ¿Estás bien? No, no estoy bien. ¿Quieres que vaya? No, necesito concentrarme. La carrera es pasado mañana. Sábado primero de mayo. Clasificación. Roland Ratzenberger, piloto austriíaco. Equipo Simtech, uno de los equipos más pobres.
Vuelta rápida, curva Vilnev, a 300 km porh. El alerón delantero de Roland se rompió. El carro perdió control, chocó contra el muro. De frente, 300 km porh contra concreto, Roland murió instantáneamente. Su cráneo se fracturó. Murió antes de que el carro dejara de moverse. Aon estaba en su motor home cuando le dijeron, “Roland murió.
” Aon no dijo nada, se sentó con la cabeza entre las manos. ¿Estás bien? No, no estoy bien, pero tengo que calificar. Salió, calificó. Paul Position, el más rápido, pero cuando bajó del carro lloró delante de todos. No puedo hacer esto le dijo a su ingeniero. Hacer que seguir corriendo como si nada. Roland está muerto.
Lo sé, pero la carrera es mañana. Lo sé. Esa noche Aton llamó a Adrián otra vez. Voy a morir mañana, le dijo. No digas eso. Es la verdad. Lo siento. No puedo explicarlo, pero lo sé. Entonces, no corras. Retírate, inventa una lesión. No puedo. Si no corro, todo se derrumba. Todo lo que soy, todo lo que he construido, prefiero que estés vivo.
Yo también, pero no puedo elegir. Ya no puedo elegir. Esta es la segunda revelación que te prometí. El carro trampa. El Williams F16 tenía una falla conocida. Una falla que Frank Williams y su equipo sabían. La columna de dirección, la parte que conecta el volante con las ruedas. Aton era alto, 185.
El carro estaba diseñado para pilotos más bajos. Para que Aton cupiera, tuvieron que modificar la columna de dirección, la cortaron y la soldaron de nuevo. Una soldadura en la parte más crítica del carro. ¿Es seguro?, preguntó Aton. Debería hacerlo dijo el ingeniero. Debería. Pasó las pruebas.
¿Qué pruebas? Las pruebas de taller. ¿Y en la pista? En la pista no hemos tenido tiempo de probarla completamente. Aton pudo haberse negado, pudo haber dicho no. Pudo haber esperado a que arreglaran el carro, pero no lo hizo porque la presión era demasiada. Michael Schumacher, joven alemán, estaba ganando con Beneton. Airton no podía permitir que un niño de 25 años lo superara.
“Correré”, dijo, “pero si algo pasa es su responsabilidad. Nada va a pasar, pero pasó.” Domingo primero de mayo de 1994, Gran Premio de San Marino, Ímola, 200 millones de personas viendo por televisión. El evento deportivo más visto del año en Europa. Aton en po position. Michael Schumacher Antes de la carrera, Aton hizo algo que nunca hacía en público.
Se arrodilló junto a su carro y rezó. Los mecánicos lo vieron, los periodistas lo fotografiaron. Nunca lo había visto rezar así”, dijo su mecánico. Siempre rezaba, pero en privado. Esta vez era diferente. Era como si estuviera despidiéndose. Vuelta cinco. Curva tamburello. La curva más rápida de Ímola, 310 km porh.
Aon iba en primer lugar. Schumacher lo perseguía. De repente, el carro de Airton se fue recto. No giró. No frenó. Recto contra el muro, 310 km porh. El impacto fue devastador. El carro se desintegró y entonces algo salió volando, un pedazo del carro. La suspensión delantera derecha atravesó el airbox del casco, penetró el visor, entró directo en la frente de Aton murió en ese instante, pero su corazón siguió latiendo por horas.
Los médicos llegaron, sacaron a Aton del carro, todavía respiraba. Apenas el helicóptero lo llevó al hospital Mayore en Bolña. 30 minutos de vuelo. Los médicos intentaron todo. Cirugía de emergencia. 3 horas en la mesa de operaciones. Pero el daño era irreversible. El pedazo de metal había destruido su cerebro.
A las 6:40 de la tarde, hora italiana, Atiron Sena, fue declarado oficialmente muerto. Tenía 34 años. La noticia llegó a Brasil. El país se detuvo. Todo se cerró. Tiendas, escuelas, oficinas, fábricas. La gente salió a las calles llorando. Miles, cientos de miles. Cena amorreu. Cena murió. Las palabras que ningún brasileño quería escuchar.
El funeral fue tres días después en Sao Paulo, en el cemiterio de Morumbi. 3 millones de personas en las calles. 3 millones. El ataúdes de Sao Paulo en un camión de bomberos cubierto con la bandera brasileña. La gente lloraba, gritaba su nombre, tocaba el ataúd. Aton, Aon, pero mientras Brasil lloraba, en Europa empezaban las preguntas.
¿Qué causó el accidente? ¿Por qué el carro se fue recto? ¿Por qué Airton no frenó? Esta es la tercera revelación que te prometí, la telemetría. Después del accidente, los ingenieros de Williams analizaron la telemetría del carro. Los datos. La telemetría muestra todo, velocidad, aceleración, frenos, volante, todo.
Los datos mostraron algo perturbador. En la curva Tamburelo, Aton iba a 310 km porh. Segundo uno. El volante giró. Aon intentó tomar la curva normalmente. Segundo dos. El carro no respondió. El volante seguía girando, pero el carro iba recto. Segundo tres. Aon frenó apenas 310 a 300 km porh. Segundo cuadro, el freno se soltó.
Los datos muestran que Aton dejó de frenar. Segundo C. El acelerador se presionó ligeramente. 300 km porh a 305. Segundo se impacto. ¿Qué pasó en los segundos 4 y 5? ¿Por qué Aton dejó de frenar? ¿Por qué aceleró? Hay dos teorías. Teoría oficial. La columna de dirección se rompió. El volante se desconectó.
Aton perdió control. Intentó frenar, pero fue demasiado tarde. Teoría alternativa. Aton vio que el carro no respondía. supo que iba a chocar y en una fracción de segundo decidió acelerar. Decidió que si iba a morir moriría a máxima velocidad. ¿Cuál es verdad? Nadie lo sabe definitivamente.
La columna de dirección fue examinada, estaba rota, pero los expertos no pudieron determinar si se rompió antes o después del impacto. El impacto fue tan violento que destruyó las evidencias. Pero hay una tercera posibilidad, una posibilidad que nadie quiere considerar, que Aton eligió no frenar, que en ese momento, cuando el carro se fue recto, cuando supo que iba a chocar, eligió dejarse ir porque la muerte a 300 km porh es instantánea.
Y quizás, solo quizás Aon prefirió eso a seguir viviendo con el vacío. La investigación y la culpa. Después del accidente, la Fiscalía Italiana abrió una investigación criminal por homicidio involuntario. Frank Williams, el dueño del equipo, fue acusado. Patrick Hell, el diseñador del carro, fue acusado.
Seis ingenieros fueron acusados. El juicio duró 11 años. 11 años. La acusación fue simple. El carro tenía fallas conocidas. Lo dejaron correr de todas formas. Eso es negligencia criminal. La defensa argumentó, “La Fórmula 1 es peligrosa por naturaleza. Aon sabía los riesgos. Eligió correr. ¿Quién tenía razón? Ambos y ninguno.
La columna de dirección fue la evidencia clave, la soldadura. Los expertos examinaron la soldadura, encontraron microfracturas, fracturas microscópicas que debilitaron el metal. Esta soldadura no debió pasar las inspecciones de seguridad, dijo un experto. ¿Por qué pasó entonces? Porque nadie la inspeccionó correctamente, porque había prisa, porque Aton Sena estaba presionando para correr.
Pero había algo más, algo que descubrieron años después. El carro de Aon tenía ajustes ilegales, ajustes que él mismo había pedido. El R height, la altura del carro era más bajo de lo permitido. 3 mm más bajo. 3 mm no suenan como mucho, pero a 300 km porh 3 mm significan la diferencia entre vida y muerte.
¿Por qué Aton quería el carro más bajo? Le preguntaron a su ingeniero, porque así era más rápido, más aerodinámico, pero menos seguro. Sí, menos seguro. Pero Atonaba por eso. Solo le importaba hacer el más rápido. El juicio continuó. Año tras año, testimonios, evidencias, pericias. En 2005, 11 años después del accidente, el juez dictó sentencia.
Todos los acusados son absueltos. No hay culpables. La familia Sena se sintió traicionada. Alguien mató a mi hermano dijo Vivián. Y nadie va a pagar por eso. Pero legalmente nadie fue responsable porque la verdad era complicada. Frank Williams no obligó a Aton a correr. Airton eligió correr. Los ingenieros no sabotearon el carro.
Hicieron lo mejor que pudieron con el tiempo que tenían. Entonces, ¿quién mató a Atiron Sena? La respuesta es incómoda. Él mismo. Hay una grabación, una entrevista que Airton dio dos semanas antes de morir. El periodista le preguntó, “¿Tienes miedo de morir en la pista?” Aon pensó, “Largo tiempo.” “No es miedo”, dijo finalmente.
“Es certeza. Sé que algún día voy a morir en un carro de carreras. Todos los pilotos lo sabemos. Y aún así continúas. Sí, porque sin las carreras ya estoy muerto de todas formas. Esa es la verdad que nadie quiere enfrentar. Aton Sena no amaba la vida, amaba la velocidad. Y cuando tienes que elegir entre los dos, algunos eligen la vida.
Aton eligió la velocidad, pero más allá de la mecánica, más allá de las fallas del carro, había otra pregunta. ¿Por qué Atonó ese día? Roland Ratzenberger muerto 24 horas antes, en el mismo circuito, en la misma curva. Aton pudo haberse retirado. Lesión, problemas familiares, cualquier excusa, nadie lo habría juzgado.

No después de ver morir a otro piloto. La noche antes de la carrera, Aton llamó a Gerard Berger, su amigo cercano. “No quiero correr mañana”, le dijo. “Entonces no corras. No puedo no correr. Si no corro soy un cobarde. Y si soy un cobarde no soy nada. Eres Aton Sena, eres más que un piloto.
No, sin las carreras no soy nada, literalmente nada. Esa conversación revela todo. La obsesión, la adicción, el vacío. Aon no corría porque amaba correr, corría porque sin las carreras no tenía identidad. Y esa es la tragedia más grande, no que murió, sino que vivió sin vivir realmente. Después de su muerte salieron las historias, las cosas que Airton hacía en secreto.
Donaba millones a orfanatos en Brasil, millones. Sin decirle a nadie. Pagaba las cirugías de niños pobres, cientos de cirugías. Anónimamente construyó escuelas, clínicas, todo en secreto. ¿Por qué lo hacía en secreto? Le preguntaron a su hermana. Porque si la gente sabía, lo verían como buena persona. Y Aton no quería ser buena persona, quería ser el mejor piloto.
Eso era todo lo que quería. Pero había algo más oscuro, algo que solo sus más cercanos sabían. Atiron sufría de depresión. Depresión clínica. Tomaba medicamentos antidepresivos desde 1990. ¿Por qué estás deprimido? Le preguntó su psicólogo. Porque no siento nada. Gano carreras y no siento nada como si estuviera muerto por dentro.
¿Qué te haría sentir algo? Aton no respondió porque la única respuesta era nada. Ya nada lo hacía sentir. La relación con Adriane Galisteu fue su último intento de sentir algo, de ser normal. Adrián me hace sentir humano le dijo a un amigo como si no fuera solo un piloto.
Pero incluso con ella el vacío seguía allí. La última vez que se vieron fue tres días antes de Íola. Atonía que viajar a Italia. Adrián tenía trabajo en Sao Paulo. No quiero que te vayas, le dijo Adrián. Tengo que ir. Es mi trabajo. Tengo un mal presentimiento. Siempre tienes malos presentimientos antes de las carreras. Este es diferente. Por favor, no vayas.
Aon la besó. Vuelvo en 4 días. Te lo prometo. No volvió. Después de su muerte, Adriane quedó destruida. 21 años viendo morir a su novio en televisión, la familia de Airton la culpó. Tú lo distrajiste. Por tu culpa perdió concentración. No era verdad, pero el dolor necesita culpables. Adrián fue excluida del funeral.
No la dejaron estar cerca del ataúd. “No eres familia”, le dijeron. Años después, Adrián escribió un libro. Oh, camiño das borboletas. El camino de las mariposas en el libro reveló algo que nunca había dicho. Aon me dijo que quería retirarse después de 1994. Quería tener una vida normal, casarse, tener hijos.
¿Por qué no lo hizo? Porque tenía miedo. Miedo de no ser nadie sin la Fórmula 1. Y el miedo lo mató antes que el accidente. El dios inmortal. Esta es la cuarta revelación que te prometí. Los últimos 6 segundos, frame por frame. En 2014, 20 años después del accidente, un equipo de ingenieros analizó el video del accidente, frame por frame usando tecnología nueva.
Encontraron algo que nadie había visto antes. Frame 1, segundo 1. Aton entra a la curva a tamburello. Velocidad 310 kmh. El volante gira normalmente. Frame 45, segundo 2. El carro no responde. La línea es recta. Aton sabe que algo está mal. Frame 90, segundo 3. Los frenos se activan. Las luces traseras se encienden.
Velocidad 300 k frame 135. Segundo cuatro. Los frenos se sueltan. Las luces se apagan. Velocidad 300. Ok. Kome frame 165 segundo 5. Análisis facial ampliado. Los ojos de Aton están cerrados. Cerrados. Frame 180, segundo 6. Impacto. Los ojos cerrados. Ese detalle cambió todo. ¿Por qué cerró los ojos? Preguntó el ingeniero jefe.
Hay solo tres razones por las que un piloto cierra los ojos antes de un impacto. Uno, perdió la conciencia, desmayo. Uno, cerró los ojos por instinto, protección. Uno, cerró los ojos porque aceptó lo que venía. La telemetría muestra que Aton no se desmayó. Su corazón latía normal. Su respiración era normal.
El instinto no cierra los ojos por un segundo completo. El instinto es una fracción de segundo. Queda la tercera opción, la más oscura. Que Aton cerró los ojos, soltó los frenos y se dejó ir. ¿Es eso quitarse la vida? No legalmente, no técnicamente, pero espiritualmente, emocionalmente, quizás sí.
Atonó la vida, dijo un psicólogo deportivo que analizó el caso, pero dejó de luchar y en la Fórmula 1, dejar de luchar un segundo es morir. Pero hay otra teoría, una teoría más espiritual. Aton era profundamente religioso, católico, devoto. Creía en Dios, creía en el destino. “Dios decide cuándo morimos,”, decía siempre.
Quizás en ese momento, cuando el carro se fue recto, cuando supo que iba a chocar, quizás Airton simplemente entregó su vida a Dios. “Si es mi momento, es mi momento.” Y cerró los ojos y esperó. Nunca sabremos la verdad completa, porque Airton se llevó la verdad con él. Pero los datos no mienten y los datos muestran que Aton tuvo la oportunidad de frenar más, de esquivar, de intentar sobrevivir. No lo hizo.
¿Por qué? Solo él lo sabe. Brasil después de Sena cambió. Todo cambió. El país entero entró en luto, no por días, por meses. Cuando Sena murió, una parte de Brasil murió con él, dijo el presidente y Tamar Franco. Se declararon tres días de luto nacional, algo que solo se hace cuando muere un presidente.
Pero Aton era más que un presidente. Era un símbolo de que Brasil podía ser el mejor en algo. El instituto Aton Sena fue creado por su hermana Vivián usando el dinero de Aton. Hasta hoy el instituto ha ayudado a más de 20 millones de niños brasileños. 20 millones. Educación, salud, oportunidades. Aton dio más después de muerto que cuando estaba vivo.
Dijo Vivian. En vida solo pensaba en ganar. En muerte ayuda a millones. Su legado en la Fórmula 1 es indiscutible. 41 victorias, 65 PO positions, tres campeonatos, pero más que los números está la memoria, la forma en que manejaba. Aon no manejaba carros, dijo Nicki Lauda.
Aton volaba y cuando vuelas a veces caes. En 2010 se hizo un documental, Sena, dirigido por Asif Capadia. El documental ganó premios, fue visto por millones, pero omitió cosas, cosas oscuras, la relación con la menor, la depresión, la posibilidad de que se dejó morir. “Queríamos honrar a Aton,”, dijo el director.
“No destruir su memoria. Pero honrar a alguien significa mostrar la verdad completa, no solo la parte bonita.” Adrian Galisteu nunca se recuperó completamente, se casó, tuvo un hijo, tuvo una carrera exitosa en televisión, pero en entrevistas cuando le preguntan sobre Aton, se quiebra.
Fue el amor de mi vida, dice siempre. Y lo perdí cuando apenas estábamos empezando. ¿Crees que él te amaba? Sí, a su manera, pero me amaba menos de lo que amaba la velocidad. Y eso es algo con lo que tengo que vivir. La familia Senna sigue peleando por su memoria, por su legado. Demandaron a Adriane cuando publicó su libro Estás lucrando con su muerte.
Demandaron a Netflix cuando hicieron una serie. No autorizamos esto. La familia de Aton no puede aceptar que era humano”, dijo un periodista brasileño. Lo quieren como Dios y los dioses no tienen fallas. Pero Airton tenía fallas, muchas. Era obsesivo al punto de la locura. Era incapaz de amar completamente.
Era egoísta. era controlador y quizás, solo quizás, eligió morir antes que dejar de ser el mejor. “Si Atiron hubiera vivido,” dijo Jackie Stewart, tres veces campeón, habría ganado más campeonatos, pero no habría sido más feliz. ¿Por qué? Porque la felicidad no era su objetivo. La perfección era su objetivo y la perfección es inalcanzable.
Y perseguir lo inalcanzable es una forma de tortura. Hoy, 30 años después, Airton Sena es más grande que nunca. En Brasil su nombre es sagrado. Hay estatuas, museos, calles con su nombre. Los niños nacen y los padres los nombran Irton. Miles de Aons nacen cada año. ¿Por qué? Le preguntaron a un padre.
Porque Aon representa lo mejor de nosotros, la determinación, el talento, la pasión y lo peor, el Padre no respondió, porque nadie quiere hablar de lo peor. La verdad sobre Aton Sena es complicada, más complicada que cualquier piloto en la historia porque Aton no solo murió en la pista, vivió muriendo cada día, cada carrera.
La obsesión por la perfección lo mató mucho antes de que ese pedazo de metal atravesara su cráneo. ¿Valió la pena?, le preguntó un periodista semanas antes de morir. ¿Valer la pena qué? Todo. Los sacrificios, las relaciones perdidas, la presión constante. Aton pensó, “Sí, porque sin esto no soy nada y prefiero morir siendo algo que vivir siendo nada.
Tres semanas después murió siendo algo el mejor piloto del mundo, pero también murió siendo nada. Un hombre vacío que nunca encontró la paz. Si la historia de Aton Sena te enseñó algo que no sabías, si ahora entiendes que los dioses también sangran, si ahora ves al hombre atormentado detrás de la leyenda, entonces haz algo por mí.
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