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El sol de mediodía en Leganés no perdona.a

PARTE 1

El sol de mediodía en Leganés no perdona.

Es ese calor que no solo calienta, sino que juzga.

Elena bajó del coche cargando el maletín del portátil como si fuera una losa de granito.

Javi, a su lado, llevaba dos bolsas de plástico de la pastelería.

—¿Estás lista? —preguntó Javi, secándose el sudor de la frente con la manga de la camisa.

—¿Para el interrogatorio o para la paella? —respondió ella con una sonrisa cansada.

—Paco está hoy de humor. Ha estado toda la mañana en el huerto.

—Eso significa que ya tiene el discurso preparado.

Subieron las escaleras del bloque de pisos, ese olor característico a desinfectante de pino y guiso dominical.

Al abrirse la puerta, el estruendo de la televisión a todo volumen los recibió.

Era un programa de debates donde todo el mundo gritaba.

Paco estaba sentado en su sillón de orejas, con una camiseta de tirantes blanca y un palillo en la boca.

Sus manos eran como raíces de encina: nudosas, oscuras, marcadas por décadas de poner ladrillos.

—Ya están aquí los marqueses —dijo Paco, sin apartar la vista de la pantalla.

—Hola, papá —Javi le dio un beso en la frente.

Elena se acercó con cautela.

—Hola, Paco. ¿Cómo va todo?

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