Cuando su padre Rashid bin Said Al Mactum murió en 1990 y Mohamed empezó a tener más peso en las decisiones del Emirato. Dubai era todavía una ciudad mediana del Golfo, que vivía principalmente de los ingresos del petróleo y del comercio tradicional. 30 años después, Dubai es la ciudad más visitada del mundo con 70 millones de turistas anuales antes de la pandemia.
un aeropuerto que es el más transitado del planeta en tráfico internacional, una zona financiera que compite con Singapur y con el City de Londres y el icono de la ciudad moderna que puede construirse de la nada si tiene suficiente dinero y suficiente voluntad. El precio de esa transformación en términos humanos es algo que los informes del turismo de Dubai no incluyen.
La construcción del Burf Khalifa y del Palm Islands y de todas las infraestructuras que convirtieron a Dubai en lo que es se hizo con trabajo de migrantes principalmente del sur de Asia en condiciones que las organizaciones de derechos humanos han documentado repetidamente como explotación laboral. El sistema de Cafala, que vincula la situación legal de un trabajador migrante a su empleador, de manera que hace prácticamente imposible salir de una relación laboral abusiva sin consecuencias legales, ha sido criticado por Human Rights Watch, por Amnistía
Internacional y por los relatores especiales de la ONU. En múltiples informes, los Emiratos Árabes Unidos son un estado autoritario que prohíbe los sindicatos, restringe la libertad de prensa, criminaliza la disidencia política y como el Olossintrop proceso judicial de Aya puso de manifiesto, retiene a miembros de su propia familia gobernante contra su voluntad.
La paradoja de Dubai en el siglo XXI es exactamente esa. Es el destino de vacaciones de elección de millones de personas que valoran el sol. los hoteles de lujo, los centros comerciales y la seguridad superficial de un estado donde el crimen callejero es prácticamente inexistente y es simultáneamente un estado donde una princesa necesitaba huir en secreto con sus hijos porque le habían dejado un arma cargada en la habitación como advertencia de lo que le esperaba si no obedecía.
Las dos cosas son ciertas al mismo tiempo y la mayoría de los turistas que se fotografían ante el Burch Khalifa eligen conscientemente no pensar demasiado en la segunda. Aya y Mohamed se conocieron en 2002 en un concurso en Jerez de la Frontera, España, durante uno de los eventos ípicos que eran la afición compartida que los conectaba.
Se casaron el 10 de abril 2004 en el palacio al Barakaca de Amán, en una ceremonia privada a la que asistieron Abdalá y Rania de Jordania. Aya tenía 30 años, Mohamed tenía 55. La diferencia de edad era de 25 años. Él era ya, en 2004, uno de los hombres más poderosos del mundo. Ella era la primera mujer de linaje real que se convertía en esposa de un gobernante Miratí.
era su sexta esposa, no la única. La primera esposa de Mohamed, la jequesa Jin Bint Mactum, es la primera dama oficial de Dubai y la madre de 12 de sus hijos, incluyendo el heredero designado Hamdan bin Mohamed. Mohamed tiene, según los registros disponibles, al menos seis esposas y 30 hijos. La poligamia es legal en los Emiratos Árabes Unidos y en el contexto de la familia gobernante es también una práctica política.
Las alianzas matrimoniales con distintas ramas de las familias de la élite del Golfo son parte del tejido de poder que sostiene el sistema. Aya era la joya internacional de ese sistema. La princesa Jordana con Oxford y los Juegos Olímpicos y la agenda humanitaria que presentaba a Dubai en el Foro Económico Mundial de Davos y en las galas de la realeza europea.
Los primeros años del matrimonio produjeron la imagen pública que se esperaba. Apariciones en Royal Ascott, en los grandes premios ípicos de Europa, en las cumbres internacionales, donde Mohamed asistía en su calidad de primer ministro. tuvieron dos hijos, Aljalila, nacida el 2 de diciembre de 2007 y el Jeque Zayed, nacido el 7 de diciembre de 2011.
Mohamed anunció el nacimiento de Zayed en Twitter con el orgullo de un padre que en ese momento tenía 62 años y que consideraba a su hijo con Aya un vínculo especial. Aya declaraba públicamente su admiración por su marido con la fluidez de alguien que sabe exactamente qué se espera que diga. Cada día me fascina todo lo que hace.
Doy gracias a Dios todos los días por lo afortunada que soy junto a él. Eso fue antes. Lo que vino después empezó en diciembre de 2018 cuando algo que Haya vio o descubrió cambió el eje de su vida de una manera que no tuvo vuelta atrás. La princesa Latifa Bind Mohamed al Mactum es una de las hijas del Emir, nacida de un matrimonio diferente al de Aya.
En febrero de 2018, la Tifa intentó escapar de Dubai por segunda vez. La primera había sido a los 16 años, en 2002, cuando fue capturada y, según su propio testimonio grabado en video, encarcelada y torturada durante 3 años como castigo. En 2018, con 32 años, Latifa planeó una segunda fuga con una amiga finlandesa llamada Tina Jainen, que era su instructora de artes marciales, y un espesespía francés llamado Herb Joberg.
El 24 de febrero de 2018, Latifa y Yaugienen tomaron una lancha inflable desde la costa de Omán hasta aguas internacionales, donde les esperaba un yate con bandera estadounidense. Llevaban 8 días navegando cuando el yate fue abordado frente a las costas de la India por comandos que lanzaron granadas de humo y encañonaron a las mujeres.
La Tifa fue sedada e introducida en un avión privado de vuelta a Dubai. Yaanen fue detenida en Dubai durante dos semanas. Antes de la fuga, Latifa había grabado un video de 40 minutos que sus amigos publicaron después de su captura como seguro de vida. En ese video grabado con una calma que resulta más escalofriante que cualquier dramatismo, la Tifa decía, “Si estáis viendo esto, no significa algo bueno, quiere decir que estoy muerta o en una situación muy muy mala.
Describía las restricciones bajo las que vivía. No poder conducir, no poder viajar, no poder salir de Dubai desde 2002. Criticaba a un padre que solo piensa en su propia imagen y que ha destruido la vida de tantas personas y decía que el fallido intento de fuga de 2002 le había costado 3 años de encarcelamiento y torturas.
Aya conocía a Latifa. Era su madrastra en el sentido en que el matrimonio la había puesto en esa posición dentro de la familia. Y en diciembre de 2018, cuando el escándalo internacional por la captura de la Tifa amenazaba con convertirse en un problema diplomático serio, Aya tomó una decisión que cambiaría el curso de su propia vida.
Llamó a su amiga Mary Robinson, expresidenta de Irlanda y exalta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, y le pidió que viajara a Dubai para ayudar con lo que describió como un dilema familiar. Robinson fue, se reunió con la Tifa en presencia de la familia y al salir hizo una declaración que los activistas de derechos humanos en todo el mundo criticaron con una dureza que la propia Robinson reconoció después.
dijo que la Tifa estaba al cuidado amoroso de su familia y que todo estaba bien. Pero lo que Robinson vio en esa visita le dijo algo diferente a lo que dijo en público. Según la BBC, Robinson descubrió durante la visita hechos preocupantes sobre la situación de la Tifa que la hicieron sentirse no segura sobre la situación que había validado públicamente.
Y fue esa información la que comenzó a transformar la percepción de Aya sobre el hombre con quien estaba casada. Según el relato que emergería después en los tribunales, fue lo que haya descubrió sobre el trato a la Tifa, lo que la llevó a empezar a sentirse en peligro ella misma. Y fue en ese periodo, a finales de 2018, cuando el tribunal británico, que examinaría el caso, años después determinaría que Mohamed bin Rashid Al Mactum comenzó a actuar de una manera destinada a intimidar y asustar a Haya.
Lo que ocurrió exactamente en el palacio entre diciembre de 2018 y mayo de 2019 solo lo conocen las personas que estaban dentro. Lo que salió a la luz en el juicio es suficiente para entender la escala del miedo. Aya tuvo durante ese periodo una relación con uno de sus guardaespaldas, Russell Flowers, un exmilitar británico.
El tribunal determinó que la relación duró aproximadamente 2 años. Cuando Mohamed se enteró o cuando los miembros de la corte que lo vigilaban todo le informaron, la situación se tornó peligrosa de una manera que haya, articuló en el juicio con la franqueza de alguien que ya no tiene nada que perder.
Le dejaron un arma cargada en su habitación. Le dijeron que un helicóptero aterrizaría en el palacio y la llevaría a prisión. Era el mensaje más explícito posible. Esto es lo que te esperas y sigues aquí. En mayo de 2019, Aya salió de Dubai. Los informes iniciales la situaron en Alemania, escoltada por un diplomático alemán solicitando asilo.
Su hermano, el rey Abdalá, segundo, actuó de inmediato. En octubre de 2019 la nombró primera secretaria de la embajada de Jordania en Londres, lo que le proporcionó inmunidad diplomática en el Reino Unido y cerró la posibilidad de cualquier extradición forzosa. Era la protección que su posición de hermana de un rey podía comprar.
No perfecta, pero sí suficiente para que el proceso legal pudiera desarrollarse. Mohamed bin Rashid Almactum respondió a la huida de la única manera en que un hombre de su posición y su cultura podía responder con un poema. Lo publicó en Instagram en árabe inglés. El título era Viviste, moriste. El contenido era lo que se esperaba de un hombre acostumbrado a que nadie lo contradijera.
acusaciones de traición, de engaño, de haber usado mal la confianza que él había depositado en ella. Algunas frases circularon en la prensa internacional como amenazas explícitas. “Podemos contactarle en cualquier lugar”, le habían dicho mensajes que llegaban a Aya. El poema en Instagram era la versión pública de esa amenaza, la declaración de un hombre que quería que el mundo supiera que lo habían traicionado y que no lo iba a aceptar en silencio.
Lo que Mohamed no calculó o calculó mal es que el juicio se celebraría en Londres y no en Dubai. que el juez Philip Moore del Tribunal Superior de Justicia del Reino Unido no era un cargo que el Emir pudiera llamar por teléfono con la misma eficacia con que llamaba a los jefes de Estado del Golfo, que el sistema legal británico tenía sus propias reglas y que esas reglas no preveían excepción para ser el gobernante de Dubai y el primer ministro de los Emiratos.
La magnolia de acero merece una mención específica porque la elección de abogada por parte de Aya fue ella misma una declaración de intenciones. Fiona Shackelton, varonesa de Belgrave, hiperconservadora de la Cámara de los Lores, es la abogada de divorcios de las élites más poderosas de Gran Bretaña. Representó al príncipe Carlos en su divorcio de Lady Diana.
representó a Paul McCarney en su divorcio de Heeder Mills, uno de los casos más mediáticos de los últimos 20 años. Es conocida en los juzgados de familia por su combinación de elegancia exterior y dureza absoluta en las negociaciones, que es exactamente lo que produce el apodo. Magnolia por fuera, acero por dentro.
Cuando haya apareció en los tribunales de Londres con Fiona Shackelton a su lado. El mensaje era inequívoco. No estoy aquí para negociar. Estoy aquí para ganar. El equipo legal de Mohamed, representado por el abogado Nigel Deer, intentó en las audiencias financieras argumentar que los reclamos de Aya eran sin precedentes en su magnitud y que no eran justificados por las circunstancias.
El juez no estuvo de acuerdo. En su sentencia anotó que el dinero nunca fue un problema durante el matrimonio y que el nivel de vida que habían llevado los hijos durante los años en Dubai establecía el estándar de referencia para cualquier cálculo de manutención futura. Era el argumento que los abogados de divorcios de alta élite conocen perfectamente.
Si acostumbraste a tu hijo de 9 años a recibir tres coches como regalo, el tribunal va a tomar nota de eso cuando calcule qué estilo de vida necesita mantener. La abogada Fiona Shackelton utilizó en el proceso una estrategia que los especialistas en derecho de familia han analizado como un ejemplo de primera clase de cómo gestionar un caso en que el adversario es simultáneamente el demandado y el jefe del gobierno de un estado soberano.
La clave fue no intentar convertir el proceso en un juicio político sobre el sistema de los Emiratos Árabes Unidos, que habría dado a Mohamed la posibilidad de presentarse como víctima de un ataque a su país. La estrategia fue mantenerse dentro de los límites estrictos del derecho de familia inglés, la seguridad de los niños, el nivel de vida establecido durante el matrimonio, las amenazas documentadas contra la madre.
Era exactamente el tipo de caso para el que el sistema judicial inglés de familia tiene herramientas específicas y Shackleton las usó todas. La varonesa Shackelton es también en su propia historia una figura que encaja perfectamente en la narrativa del canal. una mujer que construyó una de las carreras más poderosas del derecho de familia británico en una disciplina que en el pasado era dominada por hombres que representó a los clientes más ricos y más poderosos del mundo, sin perder ninguno de los casos que definieron su
reputación y que en este caso específico se enfrentó a los abogados del gobernante de uno de los emiratos más ricos del Golfo, en representación de una mujer que huía de ese gobernante. la magnolia de acero contra la fortuna del jeque y la magnolia de acero ganó. El caso también reveló en los documentos que se hicieron públicos durante el proceso, una dimensión de la vida de los super ricos en el Golfo, que raramente sale a la luz de esta manera.
La fortuna de Mohamed bin Rashid Al Mactum es en parte personal y en parte institucional de una manera que los tribunales occidentales encuentran difícil de gestionar. El gobernante de Dubai no es exactamente equivalente a un empresario privado porque sus activos personales y los activos del Estado que gobierna no están claramente separados en la manera en que el sistema legal occidental requiere.
El juez More tuvo que navegar esa complejidad para determinar exactamente qué era lo que Mohamed debía pagar y de qué fuentes. El proceso fue largo y complejo, con múltiples audiencias y múltiples decisiones intermedias. En diciembre de 2019, el tribunal determinó que Mohamed había orquestado los secuestros de sus hijas Latifa y Shamsa, y que seguía manteniendo las privadas de libertad.
En marzo de 2020, el juez Andrew McFarlin publicó su veredicto en 34 páginas. El jeque Mohamed bin Rashid Al Mactum había ordenado y orquestado el secuestro y retorno forzoso de Shamsa desde Cambridge en 2000 y de Latifa en 2002 y de nuevo en 2018. Había llevado a cabo una campaña de intimidación contra Haya, que la había obligado a huir y había actuado de una manera que en el balance de las probabilidades equivalía a romper leyes internacionales y británicas.
La princesa Shamsa, nacida en 1981, había intentado escapar a los 19 años durante unas vacaciones en Inglaterra en el verano del año 2000. Según el relato de su hermana Latifa, fue localizada dos meses después de su fuga, drogada, de vuelta a Dubai, en un jet privado y encerrada. Un detective de Scotland Yardó investigar el caso fue bloqueado por las autoridades de Dubai.
Desde entonces, de Shamsa no se sabe prácticamente nada. En octubre de 2021, el tribunal determinó que Mohamed había autorizado el hackeo del teléfono de Aya utilizando el software Spia Pegasus, producido por la empresa israelí NSO Group y vendido exclusivamente a gobiernos. Era la evidencia tecnológica más sólida de la campaña de vigilancia.
El emir de Dubai había ordenado que se instalara en los dispositivos de su exesposa y de su equipo legal el mismo software que se usa para espiar a disidentes y periodistas. El tribunal consideró que esa evidencia reforzaba la conclusión de que Mohamed representaba la principal amenaza para la seguridad de Aya y sus hijos.
El 21 de diciembre de 2021, el juez Philip More publicó su sentencia final sobre las cuestiones financieras. En 73 páginas llegó a una conclusión que ningún caso de divorcio de la historia legal británica había producido antes. Mohamed bin Rashid Al Mactum debía pagar a la princesa Haya y a sus hijos una suma total de aproximadamente 550 millones de libras esterlinas, equivalente a unos 728 millones de dólares al tipo de cambio del momento.
era la mayor indemnización concedida por un tribunal británico en un caso de divorcio en la historia del país. El desglose era el siguiente, 251,5 millones de libras para cubrir los costos de seguridad de Aya durante el resto de su vida. Porque el juez había determinado que Mohamed representaba para ella un riesgo claro y permanente que persistiría indefinidamente.
Aproximadamente 290 millones de libras para la manutención y seguridad de sus dos hijos, Aljalila y Zayed, hasta que alcanzaran la independencia y sumas adicionales para cubrir los costos de administración de sus dos propiedades en el Reino Unido. una mansión junto al palacio de Kensington en Londres y su residencia principal en Egam, Sorry.
El tribunal también ordenó vehículos blindados para la familia, un presupuesto de seguridad independiente y el mantenimiento de los ponis y mascotas de los niños que estaban acostumbrados a ellos desde su vida en Dubai. El juez fue explícito en algo que las sentencias de divorcio raramente articulan con tanta claridad.
La principal amenaza a la que se enfrenta la princesa Aya no viene de fuentes externas, viene del propio Jeque Mohammed. Era el tribunal de un estado soberano, declarando que el primer ministro de otro estado soberano era un peligro para la seguridad de su exesposa. Era una declaración sin precedentes que ningún gobierno árabe podía hacer sobre Mohammed y que el sistema legal británico había hecho por sus propios mecanismos.
Mohamed no apeló la sentencia. Su portavoz emitió un comunicado breve. Siempre ha garantizado que sus hijos estén bien cuidados. El tribunal ha decidido ahora sobre la cuestión financiera y él no desea efectuar comentarios. Ha pedido a los medios que respeten la privacidad de sus hijos. Era la respuesta de alguien que había perdido la batalla legal y que necesitaba salvar la cara con la única dignidad que le quedaba. El silencio.
Aya obtuvo la custodia exclusiva de Aljalila y Zayed. Mohamed puede mantener contacto telefónico con sus hijos, pero no puede verlos en persona en el Reino Unido según las condiciones del acuerdo. Es la dimensión más personal de la derrota. El hombre que construyó el edificio más alto del mundo, que gobierna un emirato de 40 millones de visitantes anuales, que tiene 30 hijos con seis esposas, no puede abrazar a los dos hijos que tuvo con la mujer que lo desafió, porque un juez de Londres determinó que él mismo era el mayor
peligro para su seguridad. El contexto más amplio de la historia de Aya incluye también lo que le pasó a la reina Nor de Jordania, la cuarta esposa del rey Hussein, después de la muerte del rey en 1999. La reina Nor, que era americana de nacimiento y se llamaba Lisa Jalabi, antes de convertirse al Islam y casarse con Hussein, quedó viuda a los 47 años y encontró que su posición dentro de la familia real Jordana se había vuelto complicada con la sucesión al trono.
Abdalá Segi, el hijo de Hussein con su segunda esposa. Es el heredero que gobernó Jordania y la posición de Nior como viuda de rey sin hijos en el trono, es simbólicamente respetable, pero institucionalmente periférica. Es la estructura que el sistema de sucesión de las monarquías árabes crea inevitablemente.
Cuando el rey muere, las esposas que no son madres del heredero pierden la protección que les daba la posición del marido. Aya, en cambio, tenía su propio linaje independiente del de su marido. Era hija de rey, hermana de rey y eso le daba un acceso a la protección institucional que la mayoría de las esposas de Jeques no tienen.
Cuando el rey Abdalá, segundo la nombró primera secretaria de la embajada Jordana en Londres, estaba ejerciendo exactamente esa protección. El poder del Estado Jordano, colocado como escudo entre su hermana y el poder del estado Emiratí. Era diplomacia familiar aplicada a una batalla personal y funcionó. El papel de Russell Flowers en toda esta historia es el elemento que los críticos de Aya usaron para intentar cuestionar su credibilidad moral durante el proceso.
Flores, el guardaespaldas británico, con quien haya mantuvo una relación mientras todavía estaba casada, fue fotografiado con ella en varias ocasiones antes de la huida, incluyendo en la visita anual de la familia de Dubai a Royal Ascott. Fue esa fotografía, según los relatos disponibles, la que alertó a los miembros de la corte de Mohamed sobre la relación que lo transmitieron a Lemir.
La reacción de Lemir fue la que fue. Los cuatro guardaespaldas que luego chantajearon a Aya por esa relación recibieron en total más de 6 millones de libras en pagos silenciadores. Flowers firmó su propio acuerdo de confidencialidad. El tribunal reconoció los hechos sin usarlos para invalidar la narrativa central del peligro al que se enfrentaba Aya.
La vida de Aya en Londres desde 2019 ha sido la de alguien que sabe que no puede bajar la guardia. Sus propiedades tienen los sistemas de seguridad que el tribunal ordenó financiar. Se mueve con un equipo de protección. Aparece en público raramente y cuando lo hace elige los contextos. una aparición junto a Sara Ferguson en un acto de una organización benéfica, una presencia en eventos relacionados con su fundación.
Se desconoce si ha encontrado una nueva relación. La historia con Russell Flowers, el guardaespaldas, terminó con acuerdos de confidencialidad que él firmó a cambio de aproximadamente millón y medio de euros. Los cuatro miembros del personal de seguridad que la habían chantajeado por esa relación recibieron en total alrededor de 6,7 millones de libras en pagos que el tribunal identificó como extorsión.
El elemento que convierte esta historia en algo que va más allá del drama de alta sociedad es lo que reveló sobre el sistema, sobre cómo funciona el poder en los estados del Golfo, donde las mujeres de la familia gobernante pueden ser retenidas en palacios que son prisiones sin que ningún mecanismo interno tenga el poder ni el interés de intervenir.
Shamsa lleva más de dos décadas desaparecida del mundo público. La Tifa fue capturada en el océano Índico por comandos y de vuelta a Dubai sedada. Mary Robinson, la expresidenta de Irlanda y excomisionada de los derechos humanos de la ONU, fue usada como herramienta de lavado de imagen para que el mundo creyera que la Tifa estaba bien.
Y el único mecanismo que funcionó, el único que produjo un resultado real, fue la combinación específica de privilegio, dinero y conexiones que haya tenía y que la mayoría de las mujeres en situaciones similares en los países del Golfo no tienen. La Tifa reapareció públicamente en los años siguientes al juicio en España en 2021. En París en febrero de 2022 junto a Michele Bachelé, la entonces alta comisionada de la ONU para los derechos humanos.
Las apariciones se interpretaron de manera diferente, según quien las evaluara. Para el gobierno de los Emiratos eran la prueba de que la Tifa estaba bien y era libre. Para los activistas eran apariciones controladas, diseñadas para callar a los críticos internacionales. La verdad de lo que ocurre dentro del palacio sigue siendo como siempre invisible.
Mohamed bin Rashid Al Mactum es también poeta y eso merece más análisis del que suele recibir en las crónicas sobre el proceso judicial. En la tradición árabe clásica, desde la época preislámica de los grandes, poemas de la mucat hasta la poesía del andaluz, la capacidad de un líder para componer versos era inseparable de su autoridad.
El poeta árabe no era solo un artista, era el portavoz de su tribu, el custodio de su honor, el que traducía en palabras lo que la comunidad sentía y lo que el enemigo debía saber que se enfrentaba. Mohamed publica sus versos en Instagram con regularidad y tiene seguidores que los leen como si fueran declaraciones políticas, porque en cierto sentido lo son.
El poema que publicó después de la huida de Aya, el que tituló Viviste, moriste, era la continuación de esa tradición por otros medios. No estaba hablando al vacío ni a un público genérico. Estaba hablando a Haya, a los que la rodeaban, a los que pudieran estar tentados de ayudarla, a todos los que en su corte y en su entorno necesitaban saber que el jeque sabía lo que había pasado y que tenía un nombre para ello.
Traición era el equivalente moderno del poeta guerrero árabe que recitaba versos de advertencia antes de la batalla, excepto que la batalla era legal y que los versos terminarían como evidencia en un tribunal de Londres. Hay también en la historia de Mohamed una dimensión que las crónicas europeas raramente abordan con honestidad, la de un hombre formado entre dos mundos.
Estudió en Cambridge en 1966 en la Bell English School. donde aprendió inglés y donde conoció la Gran Bretaña que se convirtió en el segundo hogar de su familia. Tiene propiedades en el Sorry, donde su estud de caballos Godolphin tiene una de sus bases principales. Asiste a Royal Ascott cada año como una de las figuras más reconocibles del mundo de las carreras de caballos.
Es, en ese sentido, perfectamente cómodo en el mundo occidental cuando ese mundo le ofrece lo que quiere. Lo que el juicio de Londres demostró es que no estaba preparado para que ese mismo mundo occidental le dijera que no podía tener todo lo que quería. La sentencia del juez Mur es entre sus muchas dimensiones, también la declaración de que el dinero tiene límites que el dinero mismo no puede comprar.
Mohamed bin Rashid Al Mactum tiene 18,000 millones de dólares. Es el primer ministro de uno de los estados con más poder financiero del mundo. Sus relaciones diplomáticas incluyen a prácticamente todos los líderes occidentales que asisten a los foros económicos internacionales en los que Dubai participa como anfitrión o como invitado.
Y con todo eso no pudo hacer que un juez de la Sala de Familia del Tribunal Superior de Londres dictaminara en su favor. Porque el juez no recibe llamadas de sus asesores de relaciones públicas. Porque las pruebas del software Pegasus están documentadas y son verificables, porque Shamsa lleva décadas desaparecida y eso no puede ser explicado de manera satisfactoria por ningún portavoz, porque los hechos son los hechos y en un tribunal independiente los hechos pesan más que los 18,000 millones.
Poema que Mohamed publicó en Instagram después de la huida de Haya. el que tituló viviste, moriste, fue borrado de la plataforma en algún momento después de que empezara el proceso judicial. Su abogado declaró ante el tribunal que el jeque no había tenido ninguna intención de causar daño a la princesa, pero la existencia del poema quedó registrada en los documentos del juicio y los que lo leyeron cuando circuló en la prensa internacional tienen sus propias conclusiones.
era el testimonio más íntimo disponible de cómo un hombre acostumbrado a no recibir un no, procesa recibir uno, convirtiendo la traición de una persona en una declaración pública escrita en versos que iba a leer el mundo entero. Era también, aunque probablemente no lo sabía cuando lo escribió, la prueba documental que más claramente ilustraría para el tribunal lo que Haya sentía cuando huyó.

El programa mundial de alimentos de la ONU le concedió a Ayao en 2015. Era el 168, reconocimiento de décadas de trabajo humanitario que incluía la fundación de Tquillet Umali, descrita como la primera organización no gubernamental del mundo árabe dedicada específicamente a la lucha contra el hambre y la presidencia de la Dubai International Humanitarian City.
Ese trabajo humanitario era también, en el contexto de la vida de Haya en Dubai la dimensión más autónoma de su existencia, el espacio donde era Haya, no solo la sexta esposa del Emir, el espacio donde usaba los recursos y los contactos que su posición proporcionaba para fines que ella había elegido.
Y era también la razón por la que su nombre y su imagen eran conocidos en círculos internacionales que de otra manera nunca habrían tenido razones para saber de su existencia. Cuando se presentó en los tribunales de Londres, no era una figura anónima. Era una princesa con un historial público de trabajo humanitario, con una trayectoria deportiva olímpica documentada, con relaciones en organizaciones internacionales que podían certificar quién era y qué había hecho.
Era la última persona que Mohamed bin Rashid Al Mactum podía esperar que convirtiera el proceso de divorcio en una ventana pública sobre lo que ocurría dentro del palacio. Y es posible que eso haya sido, paradójicamente lo que lo protegió durante más tiempo de lo que debería haberlo protegido. La dificultad de creer que una mujer con ese perfil podía estar en peligro real dentro de uno de los estados más seguros y más prósperos del Golfo Pérsico.
Lo que el proceso judicial demostró es que la prosperidad y la seguridad de Dubai son conceptos que se aplican de manera diferente según quien seas y cuál sea tu relación con el poder. Para los turistas que llegan al aeropuerto Queen Alía de Amán con la maleta llena de trajes de baño, Dubai es segura porque tienen el privilegio de ser visitantes.
Para Shamsa, capturada en una calle de Cambridge, Dubai era el lugar del que había huido precisamente porque no era seguro. para la Tifa, de vuelta sedada en un jet privado desde el océano Índico. Dubai era la cárcel de la que necesitaba escapar. Para Aya dejaron un arma cargada en la habitación.
La seguridad de Dubai es real para los que el sistema protege. Para los que el sistema persigue. La cosa más peligrosa que podías encontrar en Dubai era el propio sistema. La historia de Aya tiene también una dimensión que las crónicas del divorcio raramente mencionan, la de lo que significa que una princesa jordana consiga ganar un juicio de esta naturaleza en un tribunal británico.
Para las mujeres en los Emiratos Árabes Unidos y en los países del Golfo, en situaciones similares, la historia de Aya es simultáneamente alentadora y desoladora. Alentadora porque demuestra que el sistema puede ser vencido. Desoladora porque el precio de vencerlo incluye ser hija de un rey. Haber estudiado en Oxford, tener inmunidad diplomática concedida por un hermano que gobierna otro estado, poder pagar a la mejor abogada de divorcio de Gran Bretaña y vivir el resto de la vida con una evaluación de seguridad que el
tribunal calificó de severa. Las mujeres que no tienen ninguna de esas cosas no tienen ese camino disponible. Ya lo sabe. Y en las pocas apariciones públicas que ha tenido desde 2019, cada vez que habla de su futuro o del de sus hijos, usa una palabra que aparece de manera consistente: “Libertad. Solo quiero ser libre y quiero que ellos sean libres.” Lo dijo ante la corte.
Era la frase que la Tifa también había dicho en su video grabado en secreto desde el baño del palacio. “Solo quiero ser libre”. Era la misma frase que Shamsa, capturada en una calle de Cambridge, había pensado en algún momento que sería real. Era la palabra que el dinero y el poder y los 27 pisos del Burge Khalifa sobre el desierto del Golfo no habían podido comprar para las mujeres de la familia Almctum.
Para Haya, esa libertad llegó. Costó 728 millones de dólares. 4 años de juicio, la exposición pública de los detalles más íntimos y más vergonzosos de su vida, y la certeza de que para el resto de sus días vivirá con una evaluación de seguridad severa y vehículos blindados. Pero llegó y llegó de una manera que ningún emir con 18,000 millones de dólares y 30 hijos y el poema en Instagram podía evitar porque llegó a través de los mismos mecanismos que el mundo occidental había construido para casos exactamente como el suyo y que en esta ocasión funcionaron
exactamente como se suponía que debían funcionar. Hay un elemento de la arquitectura del poder en los Emiratos Árabes Unidos que el proceso judicial de Aya iluminó de una manera que los periodistas especializados en la región habían intentado documentar durante años sin el tipo de evidencia judicial que produce un proceso en un tribunal independiente.
Los emiratos son una federación de siete emiratos con estructuras de gobierno diferentes, pero una cultura política compartida. El poder no se discute, la familia gobernante no se critica y los mecanismos que existen en los estados democráticos para que los ciudadanos puedan desafiar decisiones de sus gobernantes simplemente no están disponibles de la misma manera.
No hay prensa libre, no hay poder judicial independiente del ejecutivo, no hay oposición política legal. Lo que hay es una prosperidad material distribuida de manera suficientemente amplia como para que la mayor parte de la población no tenga incentivos inmediatos para pedir las cosas que le faltan. Para las mujeres en el sistema, los mecanismos de control son adicionales.
El sistema de guardianship masculina, que en distintos grados existe en todos los países del Golfo, limita la capacidad de las mujeres de tomar decisiones autónomas sobre viajes internacionales, matrimonio y en algunos casos, trabajo y atención médica, sin el consentimiento de un tutor masculino. La Tifa no podía salir de Dubai porque no tenía pasaporte propio al que acceder libremente.
Shamsa fue de vuelta desde Cambridge porque su padre tenía los recursos para enviar a sus hombres a recogerla. Yaya necesitó la protección diplomática de su hermano, el rey de Jordania, para que el sistema legal británico pudiera funcionar sin que Mohamed tuviera la capacidad de repatriarla por las mismas vías que había usado con sus hijas.
El software Pegasus merece también una explicación más detallada de la que suele recibir en los resúmenes de prensa. Pegasus es un producto de la empresa israelí NSO Group que lo vende exclusivamente a gobiernos con la justificación declarada de que sirve para combatir el crimen y el terrorismo. Lo que los investigadores de seguridad del Citizen Lab, de la Universidad de Toronto y de Amnistía Internacional han documentado es que Pegasus ha sido usado por múltiples gobiernos para espiar a periodistas, activistas, abogados,
políticos de la oposición y, en este caso a la exesposa de un gobernante, su equipo legal y sus guardaespaldas. El hecho de que los Emiratos hayan usado Pegasus para espiar a Haya no es solo una violación de su privacidad, es la evidencia de que el Estado Emiratí usa tecnología de vigilancia avanzada contra personas que están en territorio de otro estado soberano, lo que tiene implicaciones que van más allá de un divorcio.
El tribunal que determinó que Mohamed había autorizado ese jaqueo estaba haciendo algo que los estados rara vez hacen con tanta claridad. Declarar que el gobierno de un estado aliado había operado ilegalmente en su territorio. Gran Bretaña y los Emiratos Árabes Unidos tienen relaciones diplomáticas y comerciales estrechas, incluyendo acuerdos de defensa y ventas de armas que son políticamente sensibles.
El gobierno británico no tomó ninguna acción diplomática formal como resultado de las conclusiones del tribunal sobre el hackeo. Pero las conclusiones del tribunal están en el registro judicial permanente y son citadas en los informes de organizaciones de derechos humanos sobre los patrones de vigilancia del gobierno Emiratí.
El legado jurídico del caso Aya es significativo más allá de la cifra récord de la sentencia. El caso estableció que los tribunales ingleses tienen jurisdicción para juzgar asuntos de familia que involucran a jefes de Estado o miembros de familias gobernantes extranjeras cuando los hijos en cuestión están presentes en territorio inglés.
estableció que el software espía, instalado por un gobierno extranjero en dispositivos de personas en territorio británico, puede ser analizado como evidencia en un proceso judicial inglés y estableció que la riqueza y el poder de un demandado, por extremos que sean, no son factores que el Tribunal de Familia Inglés pondera en favor del demandado cuando las pruebas apuntan en la otra dirección.
Para las organizaciones que trabajan en los derechos de las mujeres en los estados del Golfo, el caso Aya es un recurso que se cita con frecuencia, pero también con la advertencia de sus limitaciones. Lo que permitió que Haya ganara fue una combinación de factores irrepetible para la inmensa mayoría de las mujeres en situaciones similares.
El linaje real que le daba acceso a la protección diplomática de un estado extranjero. los recursos económicos para financiar años de litigación en los tribunales más caros del mundo. La reputación internacional que hacía políticamente costoso para el gobierno Emiratí tratarla del mismo modo que trató a Shamsa y a Latifa.
Sin esos factores, el resultado habría sido diferente y sin esos factores, la situación de Aya habría sido la de la Tifa, de vuelta sedada y sin acceso al mundo exterior. La princesa Haya tiene hoy 50 años. Sus hijos Aljalila y Zayet viven con ella en Londres y en Sry, rodeados de la seguridad que el tribunal ordenó financiar.
La evaluación de riesgo, por severa que el tribunal reconoció, sigue siendo parte de su realidad diaria. Aljalila tiene 17 años ahora. Zayed tiene 13. Son los años en que los hijos empiezan a hacer preguntas sobre su historia y sobre por qué su vida es como es y no de otra manera. Y lo que sus padres y su entorno habrán decidido contarles sobre lo que ocurrió es algo que no está en ningún documento judicial y que probablemente no lo estará nunca, porque pertenece a ese espacio privado que el proceso legal nunca puede alcanzar completamente.
Hay también en la historia de Aya un elemento que el análisis jurídico y periodístico raramente desarrolla con el detalle que merece. La dinámica específica de ser la esposa más joven de un polígamo poderoso en un sistema donde la primera esposa es la primera dama y las demás tienen posiciones que dependen completamente de la voluntad del marido.
La jequesa Hind Bint Mactum, primera esposa de Mohamed, madre de 12 de sus hijos, incluido el heredero, es la primera dama oficial de Dubai. es la que aparece en las fotografías de los eventos de estado cuando el protocolo lo requiere. Es la que tiene el estatus institucional que una primera esposa en ese sistema posee.
Ella era la sexta esposa, la más educada en términos occidentales, la más visible internacionalmente, la que aportaba el linaje real a Chemita que ninguna de las otras esposas podía aportar. Pero su posición dentro del palacio dependía enteramente de la atención que Mohamed quisiera prestarle. Esa dependencia es el núcleo del problema que el proceso judicial de Aya puso de manifiesto con una claridad que los análisis de la poligamia en los estados del Golfo raramente alcanzan con tanto detalle documentado.
No era que Mohamed fuera necesariamente más violento o más controlador que otros hombres en posiciones similares en su cultura. era que el sistema en el que operaba le daba herramientas de control que ningún sistema democrático pone a disposición de ningún marido. El poder de retirar el pasaporte, de prohibir los viajes, de movilizar fuerzas de seguridad para recuperar a miembros de su familia que habían escapado, de usar software espía para vigilar las comunicaciones de su exesposa en el territorio de otro estado. era el poder
de un gobernante aplicado a un conflicto matrimonial. Y ese poder no tiene equivalente en ningún sistema que haya habría podido encontrar en el mundo occidental donde se había educado. La ironía que el proceso judicial de Haya subraya es que Mohamed bin Rashid al Mactum construyó Dubai con la intención expresa de convertirlo en un hub global en el punto de encuentro entre oriente y Occidente, en el lugar donde los negocios internacionales, el turismo de lujo y la diplomacia multilateral se encuentran en condiciones de neutralidad y
prosperidad. es el proyecto de toda su vida profesional y el proceso judicial de su divorcio demostró que la apertura que Dubai vende como su marca es una apertura selectiva para el dinero, para los turistas, para los ejecutivos internacionales, no necesariamente para las mujeres que viven dentro del sistema.
Lo que le queda a Mohamed después de la sentencia es la pregunta de cómo convive con haber sido derrotado públicamente en un tribunal de un país occidental por la mujer con quien estuvo casado 15 años. Las culturas del honor en el mundo árabe tienen formas específicas de procesar esa clase de derrota que no son equivalentes a las formas occidentales.
El poema que publicó y luego borró era una forma de procesarla. El silencio posterior, la declaración de que no deseaba efectuar comentarios era otra forma. Lo que no puede hacer es cambiar los documentos judiciales que están en el registro permanente del Tribunal Superior de Justicia del Reino Unido, que describen sus acciones con el lenguaje específico que los jueces ingleses usan cuando han llegado a conclusiones que no dejan lugar a interpretaciones alternativas.
Esos documentos existen y serán citados durante décadas por cualquiera que quiera entender cómo funciona el poder en el interior de los palacios del Golfo Pérsico. La historia del jeque que usa Pegasus para espiar a su exesposa en Londres mientras ella litiga contra él en los tribunales tiene también una dimensión geopolítica que rara vez se conecta explícitamente con el caso.
El software Pegasus fue diseñado por una empresa israelí y vendido a los Emiratos Árabes Unidos, que son uno de los estados árabes que firmaron los acuerdos de Abraham en 2020, el proceso de normalización de relaciones con Israel, que fue uno de los logros diplomáticos que el gobierno de Trump promovió con más énfasis en sus últimos meses.
Era la cooperación tecnológica entre Israel y los Emiratos en su dimensión más oscura. Un sistema de espionaje desarrollado en Telviv, siendo usado en Londres por el gobierno de Abu Dhabi, contra una exprincesa que se había refugiado en el Reino Unido. Ninguna de las tres capitales implicadas sacó ventaja narrativa de esa conexión específica.
El impacto de la historia de Aya en la percepción pública de los estados del Golfo en el mundo occidental fue real, pero limitado en el tiempo. Durante los meses de los procesos judiciales, las revelaciones sobre el jaqueo con Pegasus y sobre los secuestros de Latifa y Shamsa generaron cobertura en todos los medios internacionales de referencia.
Hubo editoriales que pedían consecuencias diplomáticas. Hubo declaraciones de organizaciones de derechos humanos y luego, con la velocidad con que el ciclo de noticias deja atrás los escándalos que no producen consecuencias directas para el lector, la historia pasó al archivador de los grandes casos que quedaron sin consecuencias sistémicas.
Mohamed siguió siendo el gobernante de Dubai. Los emiratos siguieron siendo el destino de turismo de lujo, más visitado del Golfo. Los negocios entre Gran Bretaña y los Emiratos siguieron como antes. Lo que no volvió como antes fue la vida de Haya y lo que tampoco volvió como antes fue la narrativa pública de la familia Almctum.
Antes del caso, Mohamed era presentado en la prensa occidental principalmente como el visionario empresarial que había transformado el desierto en una metrópoli global. Después del caso, a ese retrato se le añadieron capas que no podían borrarse. El hombre que había orquestado el secuestro de sus propias hijas, que había usado Pegasus para espiar a su exesosa en Londres, que le había dejado un arma cargada en la mesilla de noche como advertencia.
Esas capas están ahora en el registro permanente de los tribunales ingleses y en los archivos de todos los medios que cubrieron el proceso. Y cualquiera que quiera entender quién es Mohamed bin Rashid Al Mactum tiene ahora acceso a una versión de esa historia que ningún departamento de relaciones públicas puede reescribir.
Haya dijo ante el tribunal en una de las frases que más circularon en la prensa. Realmente quiero ser libre y quiero que ellos sean libres. Era una frase que en su sencillez absoluta decía todo lo que había que decir sobre lo que había vivido. No quería venganza, no quería exposición pública por el placer de la exposición.
Quería la libertad que cualquier persona en cualquier lugar del mundo daría por garantizada. Y el hecho de que para conseguirla necesitara 4 años de juicio, los mejores abogados de Gran Bretaña, la protección diplomática de su hermano rey y 728 millones de dólares dice algo sobre el mundo en que vivimos, que no debería olvidarse tan fácilmente como tiende a olvidarse.
Elixir de caballos que une a Aya y a Mohamed es también una de las claves para entender cómo se construyeron 15 años de matrimonio antes de que todo se rompiera. Mohamed bin Rashid Al Mactum es uno de los propietarios de caballos de carreras más importantes del planeta. El Stutgolphing tiene establos en Gran Bretaña, en Irlanda, en Francia, en Australia y en los Emiratos.
Sus caballos han ganado en Ascot, en el Arco de Triunfo, en el derby de Epson. Es una pasión que ocupa una posición singular en la jerarquía de sus actividades. No es solo un hobby de hombre rico, sino una identidad. La parte de su vida donde el poder árabe y la tradición inglesa de las carreras se mezclan en una síntesis que él ha cultivado durante décadas.
Aya compartía esa pasión de manera genuina. Había competido en salto ecuestre en los Juegos Olímpicos. Tenía caballos propios. Conocía el mundo de la ípica desde dentro. Era el lenguaje común que los conectó cuando se conocieron en Jerez en 2002 y que durante años fue el espacio donde la relación tenía su dimensión más auténtica.
Lo que el juicio reveló es que compartir una pasión no es suficiente si lo que rodea a esa pasión es un sistema de poder que no admite igualdad. Aya era la única de las esposas de Mohamed con educación universitaria en Oxford y con carrera deportiva olímpica y con agenda internacional independiente, pero seguía siendo la sexta esposa de un hombre que gobernaba un estado autoritario.
Y cuando la relación se fracturó, ese sistema tenía mecanismos a su disposición que ninguna educación en Oxford podía neutralizar desde dentro. solo podían neutralizarse desde fuera, desde un tribunal de otro país, con la protección diplomática de un hermano rey. Era la única manera y que esa única manera existiera para Haya es el privilegio específico que la diferenció de Latifa y de Shamsa y de todas las mujeres que no tienen hermanos reyes, ni Oxford ni inmunidad diplomática.
Si esta historia te ha llegado, si en algún momento has pensado en qué significa tener todo el dinero y el poder del mundo y perder de todas formas, deja tu opinión en los comentarios. ¿Crees que el sistema que protegió a Ayaces para todas las mujeres o solo para las que tienen el privilegio que ella tenía? El debate está abierto.
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